«Ese mundo llegó en el año 2016, cuyas catástrofes democráticas fueron demasiadas como para que pensáramos en la posibilidad de una mera coincidencia. Muchos seguían considerando, sin embargo, que no había nada nuevo bajo el sol: que asistíamos a la misma mentira política de siempre, sólo que amplificada por las nuevas tecnologías. Pero muchos otros, entre los que me cuento, creímos entrever ya entonces algo inédito en lo que estaba sucediendo, pues no sólo se trataba del extraño impulso que las redes sociales habían dado a la desinformación y a la falsedad, ni del reemplazo de los hechos por las emociones como razón de nuestras decisiones políticas, sino de la lenta aceptación de que la verdad y la mentira se predican de la realidad, y eso, la realidad, había dejado de existir.»
Estas frases son del libro Esto ha sucedido de Juan Gabriel Vásquez, publicado por Alfaguara y que desde el 19 de febrero está en todas las librerías. Durante los años recientes, Vásquez ha ofrecido en sus columnas para El País una mirada incisiva y crítica sobre los eventos que han trastocado nuestra sociedad y nuestros tiempos. En Esto ha sucedido reúne una selección de esos textos, en los que no sólo analiza los hechos, sino que también se aventura en una reflexión profunda sobre el rol de los ciudadanos en la construcción de la verdad y la memoria colectiva, además de señalarnos que el arte no es un lujo, sino una necesidad. Así, con plena lucidez, Vásquez nos recuerda la importancia de reconocer, observar y documentar la realidad.
Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) es autor de las colecciones de relatos Los amantes de Todos los Santos y Canciones para el incendio (Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana) y de las novelas Los informantes, Historia secreta de Costaguana, El ruido de las cosas al caer (Premio Alfaguara, Premio Gregor von Rezzori-Città di Firenze, The International IMPAC Dublin Literary Award), Las reputaciones (Premio Real AcademiaEspañola, Premio Literario Arzobispo Juan de San Clemente, Prémio Casa da América Latina de Lisboa), La forma de las ruinas (Prémio Literário Casino da Póvoa) y Volver la vista atrás (Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa). Vásquez ha publicado también dos recopilaciones de ensayos literarios, El arte de la distorsión y Viajes con un mapa en blanco, y una breve biografía de Joseph Conrad, El hombre de ninguna parte. Ha traducido obras de Joseph Conrad, Victor Hugo y E. M. Forster, entre otros. Ha ganado dos veces el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. En 2012 ganó en París el Prix Roger Caillois por el conjunto de su obra. En 2016 fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la república francesa, y en 2018 recibió la Orden de Isabel la Católica. Sus libros se publican en 30 lenguas. Es columnista del periódico español El País.
Por Esto ha sucedido, su recién publicado libro, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Juan Gabriel Vásquez para que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
“Las piezas de este libro quisieron convencer… pero el libro publicado ahora quiere conversar y comprender”. Esto lo dices, Juan Gabriel, en el Prólogo de Esto ha sucedido. Mmmm, ¿qué ha sucedido para pasar de “convencer” a “comprender”?
Bueno, por una parte, el tiempo. Estos artículos son un intento por hacer un retrato de un tiempo transformado. Todos sabemos, creo que todos reconocemos, que en el año 2016 empezó a suceder algo que nos cambió. Nos cambió nuestra manera de relacionarnos entre ciudadanos, de relacionarnos los ciudadanos con la política y de relacionarnos todos con la manera como contamos el mundo.
El 2016 es el año en que la palabra del año fue “posverdad” y ahí empezó una nueva manera de contar las cosas que nos pasan, que a mí me tiene profundamente preocupado. La intervención de las redes sociales en nuestra conversación creo que no sólo ha deteriorado la conversación ciudadana y el debate público, sino que lentamente nos hemos ido dando cuenta de que hay una estrategia muy meditada por parte de los dueños de estas plataformas, en conjura con los autoritarios del nuevo cuño que estamos viendo en todo el mundo, para romper con la idea de “verdad objetiva” que es tan necesaria en una democracia. Una democracia no puede sobrevivir sin una noción de una verdad objetiva, de una realidad objetiva sobre la cual debatimos y nos peleamos, pero la realidad tiene que estar ahí. Eso ya no existe. Y a mí me preocupa.
Y, en estos diez años, hubo una segunda transformación, que fue la pandemia. Y a partir de la pandemia, creo que también empezamos a notar otras cosas y asistimos a una especie de segundo tiempo de ese mundo transformado. Eso es lo que yo he querido contar.
Los artículos de este libro comienzan en el año 21, el primero es del año 21, y lo que he tratado de hacer es el retrato de un tiempo roto, un tiempo desastrado, hecho por un testigo razonablemente bien informado.
El libro se estructura en tres bloques, con su Prólogo y con su Epílogo. En el bloque I, titulado: Instrucciones para no ser sonámbulos, hablas, entre otras cosas, de los magnates (o los mangantes, según se vea): Trump, Putin, Zuckerberg… Entre políticos y plutócratas de la tecnología, parece que tú tienes más fijación por estos últimos ¿no?
Me parece que hay, como decía antes, una estrategia muy bien meditada de manipulación de los individuos, de manipulación de la atención del individuo que estaba ahí desde el principio y no la hemos sabido ver.
Creo que las redes sociales fueron muy exitosas en su momento en lanzar un mensaje de libertad, convencernos que iban a horizontalizar la conversación, a democratizar la conversación. Pero mientras tanto, iban lentamente imponiendo, por un lado, lo que una escritora norteamericana, Shoshana Zuboff, llama el “capitalismo de vigilancia”, es decir, la colección de datos de las vidas de los ciudadanos con el objetivo de convertirlos en mercancías más provechosas.
Y por otro lado, y esto es lo que más me preocupa, la distorsión programada de la información que recibimos, que nos ha encerrado en burbujas de sentido, en burbujas de información, y nos impide lentamente cosas que son esenciales en una democracia: la negociación, el diálogo, pero sobre todo la comprensión del mundo del otro.
Lo que estas nuevas tecnologías han hecho, estos nuevos plutócratas, han programado de manera muy consciente es un mundo en el que cada persona recibe una versión distinta del vecino. Y si ese vecino es diferente de nosotros en convicciones políticas, en convicciones religiosas, pues su versión del mundo, la versión que recibe a través de los algoritmos, es radicalmente distinta.
Y eso que llamamos polarización es una consecuencia directa de eso. La polarización es simplemente el momento en que dejamos de ver al otro como un contradictor que no piensa lo que yo pienso y lo empezamos a ver como un enemigo, que miente… [Juan Gabriel Vásquez tarda unos segundos en encontrar lo que quiere seguir diciendo.] Sí, que miente. Esa es la gran palabra.
Es imposible no pensar que otra persona miente, si yo estoy viendo una realidad y estoy viendo mis evidencias y la otra persona está dando juicios de valor que son completamente contrarios. Lo que pasa es que no estamos viendo la misma realidad. Estamos viendo cada uno una realidad fabricada según algoritmos, según nuestro comportamiento en línea, según nuestra identidad. Y eso, desde luego, es catastrófico para una ciudadanía.
En el bloque II: Cuidado: aquí hay historia, creo que hablas con mayor amplitud de América Latina y de tu país en particular. Si nos detenemos en Colombia, ¿qué opinión tienes actualmente de Gustavo Petro?
Pues es una opinión muy crítica, creo que mi opinión nunca fue buena. Gustavo Petro pasó por la alcaldía de Bogotá y, como alcalde, ya le habíamos visto sus poquísimos talentos para la gestión política, su desorden mental, que es un desorden vital, su sectarismo, su incompetencia. Pero, cuando salió elegido presidente, yo tuve la esperanza de que su gobierno representara algo bueno. Y, en particular, mi gran obsesión de los últimos quince años, que es la implementación correcta de las negociaciones de paz que terminaron en acuerdos.
Los acuerdos de paz de Colombia de 2016 para mí son un gran logro. Han sido reconocidos como un gran logro por la comunidad internacional. Pero han sido saboteados desde dentro, primero por una derecha que los rechazó desde el principio y mintió sobre ellos y los calumnió. Y ahora, para mi gran sorpresa, por una presidencia de izquierda que, de una manera megalómana e irresponsable, los ha considerado incompletos o defectuosos. Y en el afán por corregirlo se ha lanzado a una propuesta propia, mal estudiada, mal hecha, moralmente muy cuestionable, que se llama la “Paz Total”, que es, bah, una gran negociación con todos los grupos guerrilleros, pero también con los grupos delincuenciales. Y ha sido, como digo, hecha con tanta irresponsabilidad y tan poco estudio y tan poca seriedad que ha acabado lanzando al país a la situación peor de violencia rural, violencia en las regiones, violencia entre grupos armados, la peor que hemos visto desde 2016, cuando se firmaron los acuerdos y hubo un año de paz que todos los colombianos sintieron.
El de Petro ha sido un gobierno corrupto, terriblemente corrupto, que ha tolerado la corrupción y, por eso, hay ya mucha gente condenada. Ha sido un gobierno incompetente, pero que ha hecho de la incompetencia una especie de vindicación. Ministros que no tienen un grado universitario, que no tienen ninguna experiencia en su ramo. Diplomáticos en embajadas importantes que no tienen ninguna experiencia en diplomacia.
Han sido para mí cuatro años perdidos, perdidos para la izquierda democrática, que mi país necesita con urgencia, un partido serio de izquierda democrática, competente, capaz de gobernar; pero también perdidos para la relación entre ciudadanos y gobernantes, que está completamente rota y que nos puede abocar a los colombianos, en las próximas elecciones, a tener que elegir entre el candidato del partido de presidente, el candidato del petrismo, sectario, ideologizado y radical, incapaz de condenar la dictadura de Maduro, incapaz de condenar la agresión rusa en Ucrania, ese tipo de ideología; y, por otro lado, una extrema derecha muy peligrosa de gente que divide, que ejerce la violencia retórica, el país donde se pasa de la violencia retórica a la violencia física con mucha facilidad, y que tiene un historial también de relaciones y de contactos con la gente más deshonesta y corrupta del país; este [candidato] se llama Abelardo de la Espriella.
Es muy preocupante que nos vayamos a ver lanzados a esta disyuntiva terrible. Y todo eso es, en buena parte, responsabilidad de un gobierno corrupto incompetente.
Jo, qué difícil, Juan Gabriel…
Ahí está.
Hablábamos del bloque I, del bloque II, y estamos ahora en el bloque III: El arte no es un lujo, en donde escribes sobre varias figuras de la cultura, entre otras, de Salman Rushdie (del que estuvimos hace poco en la rueda de prensa de La penúltima hora, su reciente libro de cuentos) o de Javier Marías. Ojalá tuviésemos el don de “detectar”, como Jacobo Deza (el protagonista de Tu nombre mañana, de Marías), de poder leer bien o interpretar a los otros, para anticiparnos a las cosas malas.
Ojalá. Bueno, yo creo que lo más cerca que estamos de esto es el arte. El arte es la mejor manera que hemos inventado los seres humanos de intentar ver a los demás por dentro, como digo en alguna columna.
Claro, hay unos límites al conocimiento de los otros que son imposibles de superar. Pero en una gran novela, en una gran pintura, logramos… esto lo dice bellísimamente Marcel Proust en En busca del tipo perdido…, sólo mediante el arte logramos realmente tener otros ojos, mirar el mundo desde un punto de vista que no es el nuestro, salir del de nosotros y mirarlo. Y… caramba, la falta que nos hace esto.
En ese sentido, yo creo que el arte, tal como lo entiendo, en particular mi oficio, que es la novela o la escritura de ficción, es probablemente uno de los mejores antídotos, si no el mejor, contra lo que nos hacen las redes sociales, que es encerrarnos justamente, hacer imposible ver el mundo desde el punto de vista del otro. Y una buena novela lo primero que hace es romper esas burbujas, romper esas fronteras por medio de ese talento extrañísimo que tienen los seres humanos que es la imaginación, entendida como la interpretación del otro, la lectura del otro, lo que los filósofos llaman una teoría de la mente, que es ver a otra persona y hacerte una historia en tu cabeza sobre lo que está pasando en la suya.
Y yo creo que una novela es como un aparato para ayudarte a hacer eso.
Juan Gabriel: Prólogo, los tres bloques, Epílogo. Te centras en el Epílogo de Esto ha sucedido en Elon Musk, en esa crítica al “periodismo ciudadano” que has estado repitiendo a lo largo de esta entrevista.
A mí me parece [Elon Musk] que es el Darth Vader de nuestro tiempo. Es un hombre de una poquísima madurez emocional, es un adolescente caprichoso, carente de empatía, completamente carente de la posibilidad de, justamente, de ver al otro, de cuidar del otro. Para todos los efectos prácticos, creo que es un sociópata y un narcisista. Y cuando una persona así es el hombre más poderoso del mundo, más rico y más poderoso del mundo, con la posible competencia de otro narcisista que es el presidente de Estados Unidos, ahí los ciudadanos estamos en problemas, porque no somos ajenos a sus andanzas, a sus intervenciones en nuestro comportamiento.
Pero hablas del Epílogo, y esto para mí es importante, el libro yo quisiera también que se leyera como un gran homenaje al mejor periodismo, porque creo que el periodismo es el lugar donde hoy hay una resistencia, donde hoy se plantea una resistencia a la manipulación colectiva de la que somos víctimas, por parte de las plataformas digitales, donde se plantea una resistencia a los excesos de estos autócratas que estamos viendo que están destruyendo un orden mundial que, mal que bien, había creado un cierto equilibrio desde 1945. Y a esa conjura entre los Trump y los Musk del mundo, que yo creo que es lo más grave a lo que nos vamos a enfrentar, a esa conjura está plantando cara el buen periodismo. Y en el libro también te habrás encontrado con muchos artículos que son defensa del periodismo, de los periodistas, de los periodistas de oficio.
Yo creo que cuando Musk dice “ahora ustedes son los medios” a la gente, a sus seguidores, en realidad eso puede parecer un acto democrático, pero hay que ser muy ingenuo para no ver que es un sistemático desprestigio del periodismo tradicional, que es un obstáculo para él y para sus intereses.
¿Cómo aconsejas leer Esto ha sucedido? ¿Secuencialmente, cronológicamente, picoteando un artículo de cada bloque?
Yo he organizado el libro para que se pueda leer como el diario de un observador. En ese sentido, hay un orden que es cronológico, pero que también dentro está dividido según mis distintas obsesiones. La principal lectura que el libro propone es esa, la lectura secuencial, que es la del diario de una persona relativamente bien informada y relativamente estudiosa de la realidad.
Ahora bien, también he querido publicar un libro que sea como los libros de este género que me gustan a mí, compañeros para un viaje, que uno pueda abrir por cualquier parte, que puedes consultar como un vademécum. En ese sentido, está dividido en tres bloques, que también son tres temperamentos, si quieres. Un bloque que gira alrededor de la verdad y la mentira; otro bloque que gira alrededor de la violencia y la memoria; son temas que me interesan. Y luego una especie de espacio para el optimismo en este mundo roto, que es la última parte.
Es un libro que quiere ser un compañero para el lector, que se pueda abrir por cualquier parte y que dé una conversación más o menos interesante.
¿Corriges mucho tus artículos? ¿O la urgencia por la fecha te hace sacarlos como mejor puedes?
Yo creo que esta es una pregunta que se podría responder por comparación con mis colegas, pero no lo sé.
Yo sé que siempre se me va más tiempo del que quisiera. Trato de tener en cada párrafo el cuidado que tengo en mi propia escritura de ficción. Me irritan mucho las erratas cuando salen publicadas, que a veces son inevitables. Y mis editores, tanto aquí en España como en El País edición colombiana, saben que yo puedo con muchísima frecuencia mandar uno de mis artículos y, a las dos horas, decir no, no, va una versión definitiva, y a las dos horas decir va una definitiva de la definitiva. No creo que haya pasado más de dos veces esto, tres veces, tres versiones. Pero, sí, tengo ese problema, porque es una inversión de tiempo enorme de tratar de que estas páginas se puedan leer con cierto placer, con el placer de una prosa cuidada y respetuosa del lector.
Juan Gabriel, aparte de los personajes que hemos hablado, ¿cuál es la “verdadera amenaza” que ahora acecha al mundo?
Oppenheimer y Einstein se inventaron en el año 47 una cosa que llamaron el “Reloj del fin del mundo”, que es un reloj simbólico en el que cada año se evalúan los riesgos que corre la humanidad y se mueven las manecillas para ver cuán cerca estamos de la catástrofe. La medianoche es la catástrofe. Cuando empezó a funcionar ese reloj, faltaban 17 minutos para la medianoche. Hoy faltan 89 segundos, por la gravedad de las amenazas que tenemos, las amenazas evaluadas por un grupo de científicos que son los científicos atómicos. Y la razón que ponen ellos para esto, dan un argumento, y es una triple amenaza: la energía nuclear mal utilizada, el calentamiento global y la inteligencia artificial mal utilizada.
Yo creo que, a pesar de los grandes esfuerzos de los negacionistas, vamos entendiendo lo de la energía nuclear y lo del calentamiento global. No hemos entendido el riesgo que supone la inteligencia artificial, que es enorme, que realmente puede conducir a hambre, a guerras, a catástrofes sociales, que no vemos, que no estamos viendo, entusiasmados por el nuevo juguete que nos han dado.
Yo creo que la mayor amenaza a la que nos enfrentamos es a nuestro desconocimiento de los riesgos que acarrea la inteligencia artificial, sobre todo en alianza con gobiernos totalitaristas o de ambiciones autócratas, como Trump, o que se acercan más al totalitarismo, como Putin.
Por acabar con un punto de humor. Yo creo que nos has engañado, Juan Gabriel. La “verdadera amenaza” es la invasión de los escritores colombianos. Mañana voy a entrevistar a Giuseppe Caputo, autor de Barranquilla. ¿Esto no es un síntoma, una señal de esa amenaza?
Como dice el título de un libro que me gusta sobre literatura latinoamericana en España, La llegada de los bárbaros, llevamos mucho tiempo tratando de invadirlos. Y no lo hemos conseguido.
No sé qué pasa.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: (c) Alfaguara
Juan Gabriel Vásquez
Editorial Alfaguara, 528 pp., 20,90 €
Una extraordinaria selección de textos que descifran la complejidad de la era contemporánea
«Comencé a escribir columnas de opinión a mediados de 2007», dice Juan Gabriel Vásquez en el prólogo. «En estos diecinueve años convulsos, el oficio de mirar el mundo desde la página de un periódico ha cambiado más de lo que nadie hubiera podido prever: ha cambiado el periodismo, por supuesto; ha cambiado lo que decimos cuando decimos opinión. Sobre todo, han cambiado nuestros materiales de trabajo: la realidad en la que nos movemos y nuestra capacidad de emitir juicios sobre ella.
»He dicho muchas veces que no hay dos maneras de contar el mundo más opuestas que la del novelista y la del columnista de prensa, pues el uno escribe a partir de la incertidumbre (escribe para descubrir) y el otro, en cambio, escribe a partir de una certeza y quiere compartirla (escribe para convencer). Hoy añadiré que las piezas de este libro quisieron convencer, desde luego, pero que el libro publicado ahora quiere conversar y comprender».








