“Me puse de pie de un salto, como golpeado por un rayo. Me froté los ojos. Miré bien. Y vi un hombrecito enteramente extraordinario que me examinaba gravemente. He aquí el mejor retrato que, más tarde, logré hacer de él. Pero seguramente mi dibujo es mucho menos encantador que el modelo. No es por mi culpa. Las personas grandes me desalentaron de mi carrera de pintor cuando tenía seis años y sólo había aprendido a dibujar las boas cerradas y las boas abiertas.”
Estas frases son del libro El principito de Antoine de Saint-Exupéry, publicado por Salamandra y que desde el 26 de marzo está en todas las librerías.
En esta edición especial los lectores encontrarán la historia de siempre ilustrada como nunca. La amistad con el zorro, la responsabilidad con la rosa, y todas las temáticas y planetas icónicos del clásico que todos adoramos cobran nuevas formas desde la mirada única de María Hesse, que comprende el universo poético del original y lo expande con su estilo inconfundible. Una edición única para disfrutar, compartir e imaginar de nuevo El Principito de la mano de una de las ilustradoras más leídas y premiadas de su generación.
Recordemos que el autor del libro, Antoine de Saint-Exupéry, nace en Lyón el 29 de junio de 1900 en el seno de una antigua familia aristocrática. Tras recibir educación en diversos colegios religiosos, al término de sus estudios secundarios intenta entrar en la Escuela Naval, pero no aprueba los exámenes de ingreso. En 1920 cumple el servicio militar en la Fuerza Aérea, y a partir de entonces la aviación se convierte en la gran pasión de su vida.
Su primer cuento ve la luz en 1926, el mismo año en que comienza su carrera de piloto en la compañía Latécoère. Poco después es destinado a Cabo Juby, donde escribe su primera novela, Correo del sur (1928). De África se traslada a Sudamérica con el encargo de establecer nuevas líneas comerciales. Allí concluye Vuelo nocturno, que se publica en 1931 con enorme éxito y obtiene el premio Fémina.
A partir de 1935, Saint-Exupéry trabaja como corresponsal de los periódicos Intransigeant y Paris Soir en Rusia y España, y con su avión Simoun participa en diversos raids como el París-Saigón y el Nueva York-Tierra del Fuego. Todos estos recuerdos, acumulados en diez años de vida aventurera, los vuelca en su novela Tierra de hombres (1939).
A los pocos meses, desatada la Segunda Guerra Mundial, combate como piloto de reconocimiento y, tras la caída de Francia, se instala en Nueva York. En la gran ciudad norteamericana escribe Piloto de guerra (1942), fruto de sus experiencias durante la contienda, y El Principito (1943), cuento infantil de gran originalidad que lo hizo universalmente famoso y que se ha convertido en uno de los fenómenos literarios más importantes de este siglo. En breve se reincorpora al servicio activo en el norte de África, donde escribe una obra de reflexiones filosóficas y políticas titulada Ciudadela, que sería publicada póstumamente (1948).
El 31 de julio de 1944, Antoine de Saint-Exupéry despega de un campo de aviación de Córcega para cumplir una misión de la que no regresaría jamás.
Por otro lado, recordemos también que la ilustradora de esta edición especial, María Hesse (sevillana de adopción, 1982), ya apuntaba maneras a la edad de seis años. Ella aún no lo sabía, pero su profesora y su madre en seguida lo vieron. Unos buenos años después, tras acabar sus estudios de Educación Especial, agarró los lápices y se lanzó a la piscina de la ilustración de manera profesional. Ha trabajado para distintas editoriales, revistas y marcas comerciales, y se ha exhibido su obra en varias exposiciones.
Tras el fenómeno editorial que supuso su primer álbum ilustrado, Frida Kahlo. Una biografía (Lumen, 2016), traducido a quince idiomas y ganador del Premio de la Fundación Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Brasil, Lumen ha publicado Bowie. Una biografía (2018), El placer (2019), Marilyn. Una biografía (2020), Malas mujeres (2022) y, su último libro, El miedo (2024), considerado uno de los mejores cómics de 2024 según Babelia. Su obra está presente en dieciocho países y en 2021 recibió el Cosmopolitan Influencer Award en la categoría de Arte.
Por El Principito, su último y recién publicado libro, nos acercamos a Serrería Belga, el espacio cultural situado en el entorno del Paseo del Arte y del Barrio de las Letras y que, con cerca de 4.000 metros cuadrados, está asentado sobre un singular edificio industrial de principios del siglo XX que forma parte de la lista de inmuebles destacados que componen el Paisaje de la Luz madrileño, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Pues bien, aquí estamos, el mismo día que se inaugura “Icónica Madrid. Una ciudad de cuento”, una exposición inédita comisariada por la revista El Duende (gracias a Javier Agustí pudimos recorrerla anticipadamente) y que forma parte del festival IlustraweekMadrid 2026, en donde catorce artistas ilustran personajes y símbolos emblemáticos de la capital como Gloria Fuertes, María Malasaña, la Plaza Mayor, la Cuesta de Moyano o el cocido madrileño.
Uno de estos artistas es María Hesse, a la cual vamos a tener la oportunidad de entrevistar por El principito, para que nos presente esta edición única a los lectores de Qué Leer.
A estas alturas, María, ¿qué podemos decir sobre El Principito, después de tantas ediciones?
¡Ostras!, es difícil, ¿no? ¿Qué podemos decir a estas alturas? Que lo lea la gente, que lo siga leyendo, que lo siga releyendo. Que, si son padre y madre, que lo lean con sus hijos y sus hijas. Y, si no, da igual, que lo vuelvan a leer. Porque es un libro realmente para adultos. Pero también creo que nunca es pronto ni tarde para leerlo.
¿Cuál fue el mayor reto, a la hora de ilustrar este libro?
El mayor reto fue que es innecesario. El mayor reto es que el libro, tal y como existe, es innecesario ser reinterpretado, esa es la realidad.
Claro, a mí, cuando me lo dijeron y me ofrecieron la propuesta, me hizo mucha ilusión, porque yo hubo una época en la universidad que me obsesioné con el libro, que cada vez que lo regalaba, en la página de inicio, siempre hacía un dibujo de la persona a la que se lo regalaba en el planeta de El Principito.
Y [ante la propuesta] fue ¡jo, qué guay! Pero cuando de repente me puse a trabajar, que no es de inmediato, porque siempre estás con otras cosas previas y tal, bueno, o por lo menos mi situación es ahora mismo así, por suerte, cuando me iba a poner a dibujar dije: ¿yo por qué he cogido esto y he firmado el contrato y he cobrado parte del adelanto? [María Hesse, larga melena castaña, trench color camel, piensa y se responde a sí misma:] Pues entonces, ya tengo que hacerlo. Aunque a mí, el libro, tal y como es, me encanta.
Pero decidí disfrutarlo, intentar alejarme en cierto modo. Lo que intenté es no hacer las mismas ilustraciones que estaban en el libro, salvo algunas que eran imposible no hacer. La boa la tenías que hacer, lo de los corderos tenías que hacerlo, porque si hay que dibujar este cordero no puedes no hacer otra cosa. Pero intenté, en la medida de lo posible, no hacer las mismas ilustraciones y que tuviera mi esencia y también la esencia del propio autor.
Mira, como anécdota te contaré que quise ser tan libre que, en el dibujo de los baobabs, dibujé cuatro baobabs para que fuera muy diferente. Y digo: ¡Ave María, pone tres baobabs! [en el libro], y tú te vuelves a rehacer los dibujos. Digo: no, no puedes ser tan libre, tienes que hacer lo que tienes que ilustrar de lo que te están hablando, ¿no?
Qué bien… Y María, cuando has acabado, viendo cómo ha quedado tu trabajo, ¿qué sientes?
Pues yo estoy contenta. Hay libros que te gustan menos y tal. Pero al final sí que estoy contenta con el resultado.
Mira, pienso, por ejemplo, en Mujercitas. Las películas me gustan todas las versiones, me gusta tanto Mujercitas que me gusta ver todas las películas que salen de ella, todas me parecen que tienen algo especial, por un motivo o por otro.
Y yo creo que el libro ha quedado especial. O sea, como para tener el original y para tener también el mío, sobre todo porque está hecho con mucho cariño y respeto.
Y yo creo que eso se nota. O si no, es lo que yo me lo digo a mí misma. Pero yo no sé. Yo estoy contenta, creo que ha quedado, no sé, que ha quedado bonito, ¿no?
¿Tú qué crees?
A mí me encanta. Por eso estoy aquí. O sea, me ha pasado algo parecido a lo que tú dices: El Principito, después de tantísimos años, de no sé cuántos ilustradores, me preguntaba si alguien podía sacar algo especial de él.
Total.
Y, ¡ojo!, que a mí me encanta el trabajo que han hecho mis compañeros y compañeras de otras ediciones.
También hay que valorar eso.
Sí, por supuesto.
Y otra pregunta: ¿acaso era un libro que, cuando fuese, tú pensabas que algún día acabarías ilustrando?
No. ¿Sabes lo que pasa?, que cuando yo lo leí tantísimo, no había podido estudiar Bellas Artes. Estaba estudiando Magisterio. Entonces ni siquiera pensaba que mi futuro iba a ser el que es a día de hoy, aunque era lo que siempre había querido.
Cuando ya empecé a estudiar luego Ilustración, dedicarme a la Ilustración, no sé, como que ni me lo planteaba.
A mí me encanta ilustrar clásicos y, cada vez que me llega un clásico, que tengo mucha suerte porque me ha llegado Mujercitas, Ana de las Tejas Verdes, no sé, lo dejé olvidado [a El Principito].
La verdad es que [éste] me ha llegado como muchas veces otros libros, que yo creo que son regalos, porque son libros que me encantan, siempre es como algo inesperado.
Ahora que mencionas lo de los clásicos, ¿ha habido alguna diferencia al ilustrar éste?
Hombre, claro que sí. Porque éste ya estaba ilustrado.
Es como si, por ejemplo, a mí me encanta El mago de Oz y me gusta mucho las ilustraciones originales. Me parece que tienen también como su magia. Pero me encantaría hacerlo, ¿eh? [El mago de Oz].
Aquí la diferencia es que había unas ilustraciones del autor que ya me parecían increíbles. Con los otros [clásicos] nunca me he agobiado porque era: como me ha llegado a mí, hago lo que yo quiero, mi visión y ya está.
De eso se trata, de que de repente aparece un autor nuevo, que en este caso soy yo, y que va a plasmar ahí su visión.
Es imposible que, lo que tú dibujas, sea lo que todo el mundo ha imaginado. Se aproximará más o menos a algunas personas, pero no a todos, pero es que no te puedes poner esa presión.
La portada es magnífica, como todo el libro. ¿Es esa tu ilustración favorita o, digamos, el núcleo del proyecto? ¿O cómo trabajas? Quiero decir, ¿normalmente tienes el núcleo, una ilustración, y, de ahí, sale el resto?
La portada es lo primero que te suelen pedir. Es muy fuerte, porque siempre suele ser lo que van moviendo por los boletines y tal. Es una pelea mía constante. Luego a veces puedes hacer cambios, ¿eh? Pero, claro, el libro tienes que trabajarlo.
Pero estoy contenta. [Aunque al principio en] La portada me faltaba el zorro, que para mí es mi personaje favorito del libro. Aparece en la contra.
No. Mi ilustración favorita es la del principito abrazando al zorro, sin lugar a dudas. Pero no es tan llamativa, entiendo, como la portada. Y la portada tiene que ser llamativa.
A mí, particularmente, la ilustración que más me gusta es la de la página 76, que va un poquito después. ¡Transmite tanto!
La del corazón.
Ésa.
Mira, pues te voy a contar.
Cuéntame.
Esa se me ha ocurrido más tarde. Y, cuando la hice, pensé, ¡hostia!, ésta podría haber sido la portada.
Lo pensé porque ahí estaba todo. Lo esencial es invisible, solo se ve con el corazón. Ahí estaba metido todo el mensaje de El Principito, todo.
Lo pensé. Dije: esto tenía que haber sido la portada. Pero es que esas cosas pasan.
Bueno, vamos con otra cuestión. Hace unos meses estuve entrevistando a Benjamin Lacombe, sobre su trabajo ilustrando El gran Gatsby. Y le pregunté lo mismo que te voy a preguntar ahora a ti: los ojos, háblame de los ojos de tus ilustraciones, tan característicos, ¿cómo metes esos ojos en un personaje?
Ay, me alegra que me lo preguntes, porque para mí la mirada es súper importante. Tiene que transmitir la emoción del personaje y el carácter.
El principito tiene, en este libro, para mí la mirada de mi hijo. Lo hice queriendo, no es accidental; solo que mi hijo tiene los ojos oscuros y los he puesto claros porque, en mi cabeza, el principito tenía los ojos claros por aquello de que viene de otro, no sé… Pero tiene las cejas como las de mi hijo. Mi hijo, además, es como muy expresivo con la mirada, la mueve muchísimo.
Me basé en la mirada de mi hijo. Aunque alguien dice que dibujo todos los ojos iguales. No, eso no es verdad. La gente lo verá igual, yo no.
La mirada para mí sí que tiene que transmitir alguna emoción y la mirada del principito es melancólica. Como yo creo que es el principito. El principito es melancólico. Es melancólico y a la vez tiene una mirada curiosa, porque el principito es muy guay. La infancia no dura tanto tiempo así. Pero hay una etapa en la que todo es fascinante, pero todo.
Yo, por ejemplo, cuando voy con mi hijo, tiene dos años y medio, es muy pequeño, veo que él se para con todo: y esto qué es, el suelo se ha roto, y una piedra; se va fijando en todo. Y tú dices: qué pena que perdamos eso. Porque, claro, es que es fascinante lo más mínimo, las cosas que nosotros ya no les prestamos atención. Y el principito es así. El principito en realidad siempre parece como que está a caballo entre la infancia y la adolescencia. Es que tiene una mirada de niño muy pequeño en muchos aspectos.
María, leo en Wikipedia que eres licenciada en Magisterio de Educación Especial. ¿Eso te ha dado una perspectiva “especial” a la hora de encarar tus ilustraciones, el entender o hacérselo fácil al otro, a cualquier clase de lector?
Más que en las ilustraciones, ha tenido que ver en mi forma de contar cuando escribo, porque yo sí que creo que mis libros y mis textos tienen un carácter pedagógico.
No sé si tiene que ver el Magisterio o mi personalidad. Pero que sí que es cierto que intento, cuando escribo sobre algo que tiene un discurso político, una idea que me dé una narrativa de un cuento o lo que sea, intento ser respetuosa con la persona que piensa diferente a mí, que es muy difícil en los tiempos que corren, sabes, aunque piense diferente y lo manifieste.
Siempre ahí aparece un “creo”. O “yo pienso”. Porque muchas veces, cuando contamos las cosas, las decimos con una autoridad [tan contundente] donde se pierde que también es tu propio pensamiento, que tú puedes pensar que tu pensamiento es el válido, pero es [sólo] tu pensamiento, ¿sabes?
Bueno, hay pensamientos que son válidos, cuando vas a favor de los derechos humanos, y en contra, son erróneos.
Evidentemente.
Evidentemente. Hay cosas que no son discutibles, es un pensamiento erróneo. Pero bueno, luego en la multitud de cosas que se discuten de la vida hay un montón de matices.
Entonces no sé si eso no puede venir de la propia carrera de Magisterio.
¿Por qué crees que El Principito sigue editándose y sigue siendo tratado con tanto cariño por las editoriales, con ediciones magníficas, como ésta?
Porque la humanidad sigue siendo la misma. Hay muchos aspectos. Necesitamos al principito.
Es que es muy fuerte, pero tiene un mensaje anticapitalista total. Desde que te dice que, trabajar tantísimas horas y no tener tiempo para dedicar a los demás, es el camino equivocado.
Y, a día de hoy, aquí estamos y cada vez peor encima. Quiero decir, cada vez necesitamos trabajar más porque también la vida está más cara, porque también nos crean más necesidades de cosas que luego, digo yo, para qué quieres esa ropa maravillosa si no te da tiempo de salir y disfrutar y ponerte.
No sé, es que es como todo tan ridículo que, claro, necesitamos que nos recuerden ese mensaje.
Hasta que el ser humano siga así, pues seguiremos necesitando este libro.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: Cristina Valbuena
El Principito (ilustrado por María Hesse)
Antoine de Saint-Exupéry
Editorial Salamandra, 104 pp., 22,95 €
Sinopsis:
En esta edición especial de El Principito encontrarás la historia de siempre ilustrada como nunca. La amistad con el zorro, la responsabilidad con la rosa, y todas las temáticas y planetas icónicos del clásico que todos adoramos cobran nuevas formas desde la mirada única de María Hesse, que comprende a la perfección el universo poético del original y lo expande con su estilo inconfundible.
Una edición única para disfrutar, compartir e imaginar de nuevo El Principito de la mano de una de las ilustradoras más leídas y premiadas de su generación.







