Nacida en San Sebastián en 1970, la escritora Maite R. Ochotorena también es guionista de cine y televisión y ha trabajado muchos años como creativa en el sector del videojuego. En su nueva novela, “Lo nuestro”, indaga en un pueblo en donde el silencio y la soledad dan forma a lo desconocido. ¿Qué tanto influye el miedo en nuestra mirada? ¿Es más peligroso lo que sospechamos que lo que vemos?
Pregunta: – Como novelista, ¿te cautiva el miedo?
Respuesta: – Es una de las cosas que más me atrae, por lo mucho que nos influye en la vida, a la hora de tomar decisiones, en nuestras reacciones, en cada paso que damos y en nuestros pensamientos. El miedo es un mecanismo de defensa que garantiza nuestra supervivencia, pero a veces es nuestro mayor lastre y condiciona de un modo perverso nuestra percepción de la realidad, convirtiéndola en un enemigo en vez de en un aliado. Es el lado oscuro del miedo lo que me fascina, cómo convivimos con él, cómo le damos forma y está presente en nuestro interior, a veces gobernando el reino, con todos los poderes y privilegios.
P: – Y en lo personal, ¿qué te asusta?
R: – La incertidumbre. La falta de control sobre lo que va a suceder. Vivo pretendiendo siempre anticiparme al futuro, intentando evitar la caída, y eso es imposible, aparte de lo mucho que me impide disfrutar del camino. Coarta mi libertad en todos los sentidos, es una forma de ver la vida con la que lucho cada día.
P: – Estás ante cinco lectores, en un salón a media luz, en el centro de un pueblo solitario. Te piden que les cuentes de qué va “Lo nuestro”. ¿Qué les dirías?
R: – Les preguntaría cómo se sentirían si fuesen las únicas personas en muchos kilómetros a la redonda y no les resultase fácil desplazarse; les diría que se imaginen viviendo en un entorno rural aislado, cercados por bosques y montañas donde por las noches la oscuridad es absoluta. ¿Qué harían si dependiesen unos de otros para sobrevivir, pero estuviesen divididos por los secretos y el temor a lo desconocido, por las supersticiones? «Lo Nuestro» habla de eso, es una historia sobre las personas y el miedo hacia lo desconocido, lo que no podemos comprender ni controlar. Habla de la vida en un entorno rural condicionado por la naturaleza y el aislamiento, una vida que se sucede con la mirada puesta en la oscuridad, en la amenaza que proviene de esa oscuridad, algo que no tiene forma y que no se puede nombrar, algo de lo que no es posible escapar, para lo que no existe refugio, pues se cuela en tu hogar mientras duermes y te priva de tu voluntad. Habla del afán por proteger a tus seres queridos, de lo que llegarías a hacer por protegerlos, de los límites que estarías dispuesto a cruzar. «Lo Nuestro» trata también sobre el silencio y la soledad, sobre los secretos y los rumores: es una mirada hacia dentro que hurga en tu más absoluta intimidad.
P: – Y en pleno bullicio urbano, ¿cambia la sensación al leer tu novela o el miedo surge tanto en el silencio como en el ruido?
R: – Si la historia está bien contada, no importa dónde estés, el miedo te atrapará. A veces incluso es más terrorífico cuando comprendes que existe incluso a plena luz, rodeado de gente. Aunque es cierto que en un entorno adecuado las sensaciones se multiplican y puedes llegar a sentirte desvalido y amenazado, en un entorno urbano y bullicioso uno se puede sentir muy solo y aislado igualmente, y el miedo atenazarte de forma insoportable. En cualquier caso, “Lo Nuestro” es más una novela inquietante, sobre lo que desencadena el miedo, más que sobre el miedo en sí mismo.
P: – La extraña criatura que aparece en tu historia tiene predilección por las jóvenes. Cuéntanos algunos detalles.
R: – Sin desvelar nada, la juventud y la belleza tienen mucho que ver con la predilección de esta criatura por ellas. La luz atrae a la oscuridad, la vida a la muerte, y esta criatura proviene de la noche y ansía esa luz que ellas tienen, apoderarse de ellas, arrebatársela. Y lo hace de la forma más cruel y perversa, destruyendo esa belleza con verdadera saña.
P: – ¿Qué parte de ti hay en la observación de lo desconocido que se percibe en la novela?
R: – Mucha, es mi natural instinto el que me guía. Busco respuestas, y presiento que esas respuestas no siempre están a la vista, sino que hay que escarbar un poco para obtenerlas, o mucho, al menos las más vitales o profundas. Escribo por eso, como una forma de exploración, husmeando en los rincones que me están vedados, allí donde no entraría en la realidad. ¿Soy más valiente cuando escribo? Es lo bonito de la literatura, gracias a ella nos hacemos más audaces, más fuertes, somos capaces de ir al espacio o sumergirnos a profundidades imposibles y salir indemnes, aunque no iguales. Nadie sale después de la lectura de un libro sin haberse transformado un poco o un mucho. Tampoco después de escribir un libro.
P: – Decía Lorca algo que “solo el misterio nos hace vivir”. ¿Estás de acuerdo?
R: – Desde luego la curiosidad nos mueve y nos hace avanzar y crecer. El misterio desencadena esa curiosidad, anhelamos respuestas, entender, desvelar, alcanzar una explicación, y en ese sentido tiene razón, nos mueve, y por lo tanto nos hace vivir. Sin misterios que resolver, ¿qué sería de nosotros? ¿Querríamos vivir? Creo que sabiéndolo absolutamente todo nos hundiríamos en la apatía y se nos agostaría el alma. Menos mal que el misterio es infinito y siempre se abren nuevos horizontes a nuestro entendimiento.
P: – Pero el mundo actual, saturado de lo virtual, pretende desvelarlo todo. ¿Corremos el riesgo de estar menos vivos?
R: – Para mí sí, ya estamos un poco menos vivos. Nos aislamos, nos condiciona, domina buena parte de nuestra existencia, se lleva horas de nuestra vida. Horas perdidas… ¿en qué? Ya no prestamos tanta atención a lo que nos rodea: la naturaleza, las personas, lo real. Cuanto más tiempo pasamos sumergidos en ese mundo virtual, más nos consumimos. En el fondo, lo virtual no nos da la felicidad, nos perdemos la felicidad. Es un engaño.
Eduardo Maestre








