«-¿Me sacas una foto delante de la piedra…? Pero hazla bien.
-Que sí.
-No está nada mal.
-Pues claro.
-¿Vamos, entonces?
-Hmm.
-Había pelícanos eléctricos aquí cuando éramos pequeños, ¿te acuerdas?
-Sí, algo me suena.
-Pero ya nadie viene a este lugar…»
Estas frases están incluidas en las viñetas de Pelícanos eléctricos en los lagos de Sun Bai, exquisito cómic publicado por Fulgencio Pimentel y que desde el 8 de junio está en todas las librerías. En él, se nos cuenta que el protagonista, cuando resultó seleccionado para viajar al espacio, fue el objeto de admiración de sus compañeros de estudios. Ahora, tras años realizando un trabajo monótono y posiblemente inútil, su vida parece menos envidiable. No solo no ha prosperado, sino que ha perdido todo el interés en hacerlo. Solo muy de tarde en tarde regresa a la tierra, pero en su última visita se produjo un reencuentro. El recuerdo de ese día en que, junto a su única amiga, paseó por el parque y recordó unos pelícanos eléctricos que ya no existen será determinante para él. ¿Qué sentido tendría repetir un día que ya fue perfecto?
Sun Bai es una de las voces más interesantes surgidas en el ámbito del cómic en la última media década, si bien sus orígenes nos remiten a un lugar más lejano y todavía ignoto como China. Pero resulta imposible adscribirla a ninguno de los subgéneros del manhua asociados al romance y la ciencia ficción, Sun Bai es un estilo en sí misma. Existe una línea divisoria clara entre su labor como ilustradora y como autora de cómics, perfectamente visible en la paleta de color optimista y primaveral de la primera y la más delicada, enigmática y glacial de la segunda, pero ambas confluyen en un temperamento artístico inconfundible. Hay algo inaprensible en sus dibujos y en sus historias, su trazo tiene el espesor y la consistencia del humo, sus contornos borrosos difuminan la distancia entre el presente y el pasado, entre la realidad y la imaginación, entre la tierra y el espacio.
Sun Bai nació en Shenyang, China. Actualmente vive en Lille, Francia, donde trabaja como ilustradora y autora de cómics. Es la fundadora, junto con Lucas Burtin, de la editorial Soleil d’hiver y la autora, también en colaboración con Lucas Burtin, del cómic La playa más bonita del mar del Norte (Fulgencio Pimentel, 2023).
Pues bien, en la estupenda librería Los tres hermanos de Moriarty, especializada en cómics de la calle de la Palma, y un poco más tarde en la Feria del Libro de Madrid, estuvo Sun Bai firmando ejemplares de sus libros. Por Pelícanos eléctricos en los lagos, su recién publicado cómic, hemos tenido la oportunidad de entrevistarla, para que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
Bai, ¿puedes hacernos un pequeño resumen de tu libro, por favor?
Pelícanos eléctricos en los lagos cuenta la historia de una persona que ha dejado su ciudad natal. Es, más bien, una historia sobre la memoria, la nostalgia y esa sensación de estar dividido entre varias realidades.
¿Y qué te impulsó a escribir y dibujar esta historia: una imagen, un recuerdo…?
El impulso de esta historia nace de mis experiencias personales, de la extraña sensación de estar repartida entre varios países. Como el protagonista, dejé mi ciudad natal para vivir en Francia. Desde entonces, cada regreso a mi ciudad natal, Shenyang, me da la impresión de cruzar una frontera invisible, como si entrara en otra realidad. Empecé a dibujar esta historia pensando en algunos recuerdos muy sencillos: los lagos de los parques de mi ciudad, los patines a pedales con forma de cisne, las tardes que pasaba con amigos.
La historia podría situarse entre la ciencia ficción y una realidad bastante deudora de los años 80. ¿Fue quizá ahí donde estuvo el mayor reto: lograr que todo encajara, el mundo futurista y el mundo nostálgico?
No creo que ese fuera el mayor reto.
Crecí en un entorno ligado a un instituto de investigación aeronáutica. Para mí, las naves, el futuro, el universo y la tecnología siempre formaron parte de lo cotidiano. En mi imaginario, la ciencia ficción y la realidad siempre han estado unidas.
La imaginación del futuro acaba convirtiéndose ella misma en una forma de nostalgia. Hoy miramos cómo la gente de los años 80 imaginaba el futuro y nos parece romántico. Quizá, dentro de unas décadas, nuestra propia visión del futuro se convierta a su vez en una forma de nostalgia.
La presencia de un magnetófono, de cigarrillos, de una estación espacial y de robots en un mismo mundo no me parece, por tanto, contradictoria. Todos esos elementos pertenecen al imaginario humano del tiempo, la memoria y el futuro.
La nostalgia domina la historia, al menos esa es nuestra impresión, e incluso una cierta melancolía en el protagonista: ¿por esa razón en diez años solo ha vuelto tres veces a la Tierra?
Quizá se parezca un poco a mí. A veces no sé muy bien por qué debería volver a casa.
A veces tengo la impresión de que hace falta una razón concreta para convencerse de regresar a la ciudad natal.
Claro que volver a China es mucho más sencillo y rápido para mí que para él regresar a la Tierra.
«Intente no dejarse llevar por lo que ven sus ojos. Solo existe una realidad», le dice «doc» al protagonista.
Siempre me ha interesado la relación entre el tiempo, la memoria y la realidad.
Solemos pensar que solo existe una realidad, pero el mundo que cada uno guarda en la memoria es distinto. Por ejemplo, cuando era niña, mi madre y yo vimos un ovni. Sin embargo, cuando volví a hablar de ello con ella años más tarde, insistió en decirme que aquello nunca había sucedido.
Muy a menudo sentimos incluso nostalgia por cosas que nunca llegaron a ocurrir.
No creo que el tiempo sea completamente lineal. Me gusta mucho la idea de las realidades paralelas. Quizá, en otro lugar, hayamos tomado otras decisiones y vivido vidas totalmente distintas.
Cuando Doc afirma que «la realidad es única», me gusta verlo como un intento humano de imponer un orden al mundo del protagonista, ya que este parece cuestionar constantemente esa idea.
Pero quizá, en el mundo de los pelícanos eléctricos, la realidad no sea, en efecto, única.
En este cómic, igual que en el anterior, publicado en español (La playa más bonita del mar del Norte), hay muchas elipsis. Tiene su encanto, pero ¿no temes que eso dificulte la comprensión del argumento?
Es cierto que utilizo muchas elipsis y muchos silencios, pero no creo que comprender una historia signifique necesariamente comprender todos sus detalles.
En la vida real ocurre lo mismo. Muchas cosas suceden sin que conozcamos todas sus razones. Muchas relaciones terminan sin una explicación clara.
Lo que más me interesa son las emociones, los recuerdos y las sensaciones que perduran, más que resolver todos los enigmas.
Por supuesto, espero que los lectores entiendan la historia, pero también espero que conserven su propio espacio de imaginación.
A veces, distintos lectores leen cosas totalmente distintas en un mismo vacío. Y yo misma no siempre comprendo del todo a los personajes que dibujo.
Tu magnífico cómic nos recuerda a las películas de Antonioni, las que forman la «trilogía de la incomunicación».
No he visto toda la obra de Antonioni, así que prefiero evitar las comparaciones directas.
Pero creo que sus personajes se encuentran a menudo en una situación en la que no consiguen comprenderse realmente unos a otros, y eso, en efecto, me conmueve mucho.
Siempre me ha interesado la distancia que existe entre los seres humanos.
Esa distancia aparece a menudo en mis historias.
Aparte del protagonista (granjero/ recolector en una estación espacial), no hay muchos personajes en tu cómic: la androide, Vasily, Elechi. ¿Te gusta trabajar con pocos personajes?
No limito conscientemente el número de personajes.
Prefiero centrarme en las relaciones entre un número reducido de personas. Eso me deja más espacio para observar sus silencios, sus vacilaciones, sus malentendidos y todo lo que no se dice.
Para mí, un personaje no es solo una herramienta narrativa destinada a hacer avanzar la trama.
Preferiría más bien que el lector pase un tiempo con él.
Y, además, en mi propia vida, las personas con las que creo vínculos verdaderos no son tantas. Esta manera de contar me resulta, por tanto, bastante natural.
A propósito de Elechi, al final el relato pasa del protagonista a Elechi. ¿Por qué ese cambio de punto de vista?
La historia comienza en la Tierra y termina en la Tierra.
Aunque seguimos sobre todo al protagonista, no creo que él sea la única persona importante de este universo. Cada uno vive en su propia realidad.
Al final del relato, quería abandonar momentáneamente su punto de vista para volver hacia quienes se quedaron en la Tierra.
Para mí, Elechi representa, en cierto modo, otra posibilidad. No abandonó la Tierra, pero también él experimenta la soledad y el paso del tiempo.
Igual que en tu primer cómic, reaparece la figura de la amiga/ del amor no desarrollado.
Para mí, las personas más importantes son a menudo aquellas que aparecieron en nuestra vida sin llegar nunca a entrar del todo en ella.
Muy a menudo, una relación no termina por un acontecimiento dramático, sino simplemente porque el tiempo pasa o porque cada uno toma decisiones distintas.
Con el tiempo, uno se da cuenta de que a veces recuerda más lo que podría haber ocurrido que lo que ocurrió realmente.
Es un estado que me interesa mucho.
Tu dibujo es muy singular. Colores azul claro, gris suave, rosa. Viñetas que parecen bocetos…
No sé muy bien cómo definir mi estilo.
Más que el estilo en sí, lo que me interesa es la narración. Ya sea en el cómic o en la ilustración, lo que me apasiona ante todo son los personajes, las relaciones entre ellos y las historias que nunca se cuentan del todo.
Mis referentes rara vez proceden directamente del cómic. En realidad, veo más cine y leo más literatura de la que leo cómics.
Mi trabajo consiste quizá en transformar influencias venidas de distintos medios en lenguaje de cómic.
Los fondos de tu primer cómic, los edificios, nos recordaban a las célebres pinturas de Charles Sheeler. Aquí, en Pelícanos eléctricos en los lagos, están más difuminados —salvo los de la estación espacial—, creando una atmósfera más evanescente, más de ciencia ficción.
En Pelícanos eléctricos en los lagos me interesa más la manera en que los personajes perciben el mundo.
Para el protagonista, la estación espacial no es un decorado futurista extraño, sino un lugar donde vive desde hace muchos años. Por eso quería que tuviera una presencia concreta y precisa.
En cambio, la Tierra, la ciudad natal y el pasado, que parecen sin embargo más «reales», se están convirtiendo poco a poco en recuerdos.
Con el tiempo, esos lugares se vuelven más difusos en su mente, casi como sueños.
Muchas de las escenas terrestres no representan, por tanto, una realidad objetiva, sino más bien la manera en que el protagonista recuerda esos lugares.
En esta historia, la ciudad natal acaba estando más cerca de la ciencia ficción que la propia estación espacial.
Y Bai, una curiosidad: ¿qué canción escucha el protagonista cuando pulsa el Play del magnetófono de 1980?
Sé exactamente qué canción escucha.
Pero prefiero guardar un poco de misterio.
Me gusta la idea de que cada lector pueda imaginar su propia canción en ese punto del relato. Cada uno tiene una música que lo lleva a un recuerdo concreto, a una persona, a una época, a una atmósfera o incluso a una versión distinta de sí mismo.
Carlos Castrosín
Pelícanos eléctricos en los lagos
Sun Bai
Editorial Fulgencio Pimentel, 144 pp., 25 €
Sinopsis:
Cuando resultó seleccionado para viajar al espacio, fue el objeto de admiración de sus compañeros de estudios. Ahora, tras años realizando un trabajo monótono y posiblemente inútil, su vida parece menos envidiable. No solo no ha prosperado, sino que ha perdido todo el interés en hacerlo. Solo muy de tarde en tarde regresa a la tierra, pero en su última visita se produjo un reencuentro. El recuerdo de ese día en que, junto a su única amiga, paseó por el parque y recordó unos pelícanos eléctricos que ya no existen será determinante para él. ¿Qué sentido tendría repetir un día que ya fue perfecto?
Pelícanos eléctricos en los lagos podría ser el guion de una película codirigida por Víctor Erice y Hong Sang-soo, en el aventurado caso de que decidieran filmar un híbrido de ciencia ficción y wéstern metafísico. La banda sonora sería publicada por el sello Italians Do It Better y contendría temas de Alain Bashung, Duval Timothy y Décima Víctima. Solo que, al final, sin querer, va y les sale un remake de Annie Hall. Un Annie Hall sin protagonista chistoso. Un Alien sin alien. Un Solo ante el peligro sin peligro. Un Cuento de primavera sin primavera ni huerto ni filosofía. Una película sin trama que volara en círculos sobre neoconceptos como la tecnosaudade y la abulia en la era IA. Un film que conciliara un romanticismo exultante y la certeza de un futuro cancelado (para sus protagonistas y para sus lectores).




