“Conocer la mente humana no te hace inmune al sufrimiento”
De la identidad de este escritor lo único que se sabe es que viene de Bueu, una hermosa comarca de O Morrazo (Pontevedra). De sus obsesiones, se conoce que llega pisando fuerte el thriller psicológico con su primera novela Sin testigos.
Viktor Kane se ha inventado esta identidad como parte de un proyecto literario (independiente) que pretende despertar más interés en la obra que en la persona que la escribe. Sin testigos cuenta el quiebre emocional de un psicólogo que creía que en su vida todo era normalidad.
Por: Ricardo Navarro.
Pregunta: – ¿Viktor Kane es el escritor sin rostro?
Respuesta: – Sí, Viktor Kane es el escritor sin rostro, aunque me gusta separar dos cosas: por un lado están las novelas y, por otro, el proyecto que hay detrás del autor. Sin testigos puede disfrutarse sin saber absolutamente nada de mí, mientras que Viktor Kane representa un universo propio donde el misterio empieza incluso antes de abrir el libro. Mantener el anonimato forma parte de esa experiencia. Estoy convencido de que ayuda a que toda la atención recaiga sobre la historia y los personajes, sin prejuicios ni ideas preconcebidas sobre quién los escribió. Al final, mi objetivo es que el lector recuerde las novelas y el mundo que estoy construyendo, no mi cara.
P: – Si esta entrevista fuera presencial, ¿mostrarías tu rostro?
R: – Si esta entrevista fuera presencial, intentaría encontrar la manera de hacerla sin renunciar al anonimato. De hecho, me encantaría poder estar cara a cara con quien me lee. Para mí, no hay nada más bonito que escuchar de primera mano qué le ha hecho sentir una novela o firmar un ejemplar. Lo que ocurre es que Viktor Kane nació con una identidad muy definida y me gustaría respetarla. Buscaría una forma de estar presente sin romper el anonimato. Al final, el enigmatismo también forma parte de mi sello y lo cierto es que todavía tiene mucho recorrido.
P: – ¿Nos puedes contar cómo se te ocurrió esta idea de crear un escritor sin una identidad reconocible?
R: – La idea nació mientras iba construyendo Sin testigos, pero sobre todo cuando me pregunté cómo quería que llegara el proyecto a los lectores. No buscaba únicamente publicar una novela, sino crear una experiencia que empezara antes incluso de abrir el libro. Ahí apareció Viktor Kane. Desde el principio tuve claro que no quería que fuera solo un seudónimo, sino una marca literaria con identidad propia, un mundo narrativo que pudiera crecer con cada historia. El anonimato no surgió por esconderme, sino porque sentía que era coherente. Si algún día desapareciera, tengo claro que la propuesta perdería una parte importante de su esencia. Me gusta que quien descubre a Viktor Kane tenga la sensación de que está entrando en algo más grande que una novela, un mundo donde el misterio comienza mucho antes de la primera página.
P: – ¿Qué historia cuentas en Sin testigos, tu primera novela?
R: – Sin testigos es un thriller psicológico que invita al lector a desconfiar de todo, incluso de aquello que parece más evidente. La trama gira en torno a un psicólogo cuya vida comienza a resquebrajarse cuando una paciente le revela información que, sencillamente, no debería conocer. A partir de ahí, la novela juega constantemente con la verdad, la culpa, los traumas y la percepción de la realidad. Me interesaba construir un puzle donde el lector tuviera la sensación de estar un paso por delante… o completamente perdido. Al final, defiendo que una buena novela de suspense no solo debe sorprender por sus giros, sino conseguir que, al cerrar la última página, sientas la necesidad de volver al principio porque ya no la ves la con los mismos ojos. Si además durante la lectura dudas de todos los personajes, incluido el protagonista, entonces siento que he hecho bien mi trabajo.
P: – ¿La creación de David, el personaje central, te surge de alguna inquietud relacionada con la fortaleza de los psicólogos?
R : – En parte sí. Elegí a David porque la psicología es un ámbito que siempre me ha fascinado y al que me gustaría dedicarme profesionalmente algún día. Me parecía una oportunidad muy interesante para adentrarme en la mente de alguien que, en teoría, dedica su vida a comprender la de los demás. Al mismo tiempo, también quería romper con ciertos prejuicios que todavía existen alrededor de esta profesión. Durante mucho tiempo acudir al psicólogo estuvo mal visto, como si fuera algo reservado únicamente para personas con problemas graves, cuando en realidad cuidar la salud mental debería ser tan natural como cuidar la física. Y, por encima de todo, quería recordar una idea muy sencilla: conocer la mente humana no te hace inmune al sufrimiento. David ayuda a otras personas, pero eso no significa que esté preparado para enfrentarse a todo lo que la vida pone delante de él. Como cualquier otro ser humano, también puede romperse.
P: – Una paciente y una periodista terminan desnudando su fragilidad.
R: – La verdad es que no hubo una intención concreta de que fueran una paciente y una periodista. Simplemente eran los personajes que la novela necesitaba. Lo que sí tenía claro era que quería enfrentar a David a personas que buscaran respuestas desde lugares muy distintos. A lo largo de la novela todos cambian de una forma u otra, porque las decisiones que toman y las verdades que descubren terminan pasándoles factura. Al final, Sin testigos habla mucho de eso: de cómo una verdad puede tener un precio enorme y de que, por muy seguro que uno crea estar de sí mismo, nadie es tan fuerte como aparenta cuando su mundo empieza a desmoronarse.
P: – ¿Te interesa pisar fuerte en el género del thriller psicológico?
R: – Sí, me interesa muchísimo el thriller psicológico porque es el género en el que más disfruto escribiendo y leyendo, pero mi objetivo va un poco más allá de publicar una buena novela. Me gustaría que, con el tiempo, Viktor Kane se convirtiera en un nombre asociado a thrillers que sorprenden y dejan huella. Quiero seguir explorando otros caminos si la historia lo pide, aunque siempre habrá un componente de suspense o thriller, porque es donde siento que puedo contar mejor las cosas. Mi mayor aspiración es construir un universo literario que evolucione con cada libro y que, dentro de muchos años, alguien pueda decir que detrás de Viktor Kane había mucho más que una colección de novelas. Si consigo eso, sentiré que todo este esfuerzo habrá merecido la pena.
P: – ¿Tienes maestros literarios?
R: – Sí, tengo referentes y nunca he tenido problema en reconocerlos. Freida McFadden fue la autora que me hizo recuperar las ganas de escribir cuando llevaba tiempo sin hacerlo. Descubrir sus novelas fue un punto de inflexión. Me fascina esa capacidad de mantener al lector atrapado sin darle un respiro y de sorprender cuando cree que ya lo ha entendido todo. Dicho eso, nunca he querido escribir como nadie. Y hay algo que tengo muy claro: los autores que admiramos deben servir para aprender y para inspirarnos, no para convertirnos en una copia. Mi objetivo es encontrar la voz de Viktor Kane y que, con el tiempo, alguien abra una de mis novelas sabiendo que va a vivir una experiencia diferente, independientemente de quiénes hayan sido mis influencias.
P: – ¿Escribes por impulso o es un trabajo planificado?
R: – Diría que estoy a medio camino entre el impulso y la planificación. Casi todas mis novelas empiezan con un “¿y si…?”. A partir de ahí escribo sin una estructura cerrada, dejo que el recorrido avance y voy descubriendo cosas junto a los personajes. Después llega la parte más complicada: ordenar todas esas piezas para que el puzle encaje. No me importa cambiar escenas, reorganizar capítulos o incluso modificar el rumbo de la trama si eso hace que la novela funcione mejor. Curiosamente, escribir no es lo que más tiempo me ocupa. Dedico muchísimas más horas a pensar, corregir, promocionar el proyecto y buscar la mejor forma de que las historias lleguen a los lectores. Al final, cada novela acaba pidiéndome un método diferente, y me atrae el hecho de que eso también forma parte de la gracia de escribir.
P: – ¿Todo lo que haces no será la novela de Viktor Kane?
R: – Es una pregunta que me hago muchas veces. Creo que hay una parte de verdad y otra de construcción en Viktor Kane, y precisamente esa frontera es la que me interesa explorar. No pretendo engañar a nadie, pero sí me gusta que el lector se pregunte dónde termina el autor y dónde empieza el personaje. Cada libro, cada entrevista y cada paso que doy amplían esa visión. Quizá algún día Viktor Kane termine perteneciendo a su propia novela y todo cobre un sentido diferente. O quizá no. Probablemente debería mantenerme en silencio.




