«—No hace falta que le diga qué tiene que hacer si se siente incómoda —le recuerda el funcionario, un hombre entrado en los cincuenta, de mirada desconfiada. Los años que ha trabajado en esta cárcel le han enseñado que nunca se puede bajar la guardia.
—Gracias —murmura ella.
Es difícil no sentirse intimidada cuando se entra en ese despacho. La habitación sin ventanas, la puerta que se cierra a su espalda, los ojos del funcionario que la observan a través del ventanuco; aunque no pueda escuchar, mantendrá contacto visual durante todo el encuentro. La mesa metálica, su silla, también metálica, esperándola vacía frente al acusado y su abogado. Es consciente de que cualquier titubeo en su lenguaje corporal se asumirá como una muestra de debilidad.
No necesita fingir. No le tiene miedo…»
Estas frases son de la novela Los Huérfanos de Carmen Mola, publicada por Planeta y que desde el 9 de septiembre está en todas las librerías. Una obra en donde se nos cuenta que, en Belfast, tres niños crecieron en un orfanato donde el miedo era ley, y la violencia, la única forma de sobrevivir. Aquel infierno los convirtió en hermanos. Y en algo mucho más peligroso.
Años después, los llaman los Huérfanos. Son dueños de un imperio criminal que se extiende desde Irlanda hasta la Costa del Sol, donde el lujo y la brutalidad conviven sin disimulo. Allí, en Marbella, han aprendido que el poder no se hereda: se arranca.
Pero en esa misma ciudad hay otra familia que también conoce el precio del poder: los Pastor. Durante años han vivido bajo la sombra de un patriarca temido y respetado, unidos por secretos, silencios y heridas imposibles de cerrar. Y, por encima de todos, moviendo los hilos desde las sombras, está la Hermana Mei, la mujer ante la que incluso las mafias bajan la cabeza.
Cuando Trevor Strummer es acusado de un asesinato en Madrid, la fiscal Laura Pastor se enfrenta al caso más importante de su carrera. Lo que no imagina es que tras ese crimen se esconde una red de secretos que conecta a su propia familia con los Huérfanos.
Así, entre la justicia y la venganza, entre la lealtad y la sangre, todos tendrán que elegir.
Recordemos que Carmen Mola nació en la primavera de 2017 en Madrid, cuando los autores Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero decidieron lanzarse a una aventura de creación colectiva que cristalizó en una primera novela, La novia gitana, a la que seguirían La Red Púrpura, La Nena, Las madres y el brutal desenlace de la serie, El Clan. A lo largo de estos años, los tres autores han continuado con sus proyectos personales, tanto novelas como guiones.
En 2021, Carmen Mola obtuvo el Premio Planeta con La Bestia, un apasionante thriller histórico que se ha convertido en la novela más vendida de toda su obra. Además, fuera de la serie Inspectora Elena Blanco, ha publicado obras como El Infierno, siempre con una gran acogida por parte del público.
Con sorprendentes giros, secretos revelados a cuentagotas y un final que sacude al lector, Carmen Mola se supera, una vez más, en su nueva novela, Los Huérfanos. Por ella, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero, para que nos la presenten a los lectores de Qué Leer.
Bueno, yo lo primero que quería preguntar era si me podíais hacer una sinopsis de vuestro libro.
Pues esta es la historia de Laura Pastor -el primero que habla es Antonio Mercero-, una fiscal de la Audiencia Nacional, que huyó de Marbella hace veinte años, donde vivió su familia, porque descubrió que su padre se dedicaba al crimen organizado y, veinte años después, tiene que volver a Marbella porque su madre ha sido acusada de un homicidio y ella está convencida de que no lo ha cometido y de que es víctima de una emboscada y, por tanto, tiene que volver a la boca del lobo, al lugar del que huyó, a la relación tóxica con su familia.
Y allí vamos a ver qué pasa, cómo va gestionando ese regreso y esa convivencia con su padre.
Y a partir de ahí, nos metemos, obviamente, en Marbella y en el mundo del crimen organizado. Y nos metemos en un drama familiar muy intenso.
¿Y cuál fue la chispa para poneros a escribir Los Huérfanos: algo leído, una experiencia, un recuerdo…?
Bueno, por un lado habíamos terminado con la serie de Elena Blanco, que son cinco libros, y nos apetecía adentrarnos en algo nuevo -quien ahora responde es Agustín Martínez-. La serie de Elena Blanco son thrillers policiales, protagonizadas por un equipo muy concreto. Y ahí nosotros nos pusimos a hablar, que es como han surgido todas las ideas.
Nosotros funcionamos por reuniones. Y, sí, evidentemente cada uno piensa cosas por su cuenta, ¿no? Pero luego te juntas y empezamos a hablar: oye, ¿por dónde podemos tirar esta historia?
Y es verdad que ha habido un territorio común en los tres, porque nos gustan mucho las historias de mafia, de crimen organizado.
Y entonces tienes esta serie de referentes míticos en novela y en cine de este tipo de historias y nos parecía una idea chula.
¿Qué pasaría si ese tipo de esa estructura narrativa nos la traemos a España, la convertimos, contamos una historia sobre crimen organizado y familias, radicada en España?
Y así surgen Los Huérfanos. Así empezamos a trabajar en todo lo que termina siendo la novela.
A propósito de Los Huérfanos, ¿por qué ese título? Lo pregunto porque cualquiera de las tres historias de la novela me ha parecido que tiene importancia, no sobresale especialmente una sobre otra.
Yo creo que la protagonista de la novela es Laura Pastor -quien ahora interviene en la entrevista es Jorge Díaz-. Si tenemos que escoger una protagonista de la novela, es Laura Pastor. Es fundamental. Aunque sea coral la novela.
El título muchas veces lo escoges por lo que le vaya a gustar a la gente, yo creo. Y Los Huérfanos nos parecía: somos Carmen Mola.
Nosotros sabemos lo que espera la gente de nosotros, ¿no? Espera ver por dónde van a salir esta vez: gusanos, peleas a muerte, caníbales…
Y entonces decidimos Los Huérfanos.
Lo primero que va a poder preguntarse la gente es quién mató a los padres. Y eso nos venía bien.
Después, teníamos a las tres familias. Y teníamos que empezar con una de ellas. Y nos parecía que la forma de empezar era con los ratones. Eso era importante. Y entonces hemos dicho: pues, vamos a empezar por esta parte.
Y tenemos un título que puede estar muy bien, Los Huérfanos. Tenemos unos huérfanos que es por donde entramos en la novela, aunque después, en el capítulo 2, ya te vas a dar cuenta de que la protagonista es Laura Pastor.
Pero, bueno, nos parecía, en estas cosas que nosotros siempre decimos, porque creemos que es verdad, que acusarnos de genios del marketing es absurdo, porque un escritor nunca ha surgido del marketing, pero sí que pensamos: Los Huérfanos es un buen título para nosotros.
Entendido… La trama es trepidante: dividida en tres partes, aunque metéis pequeños capítulos del pasado de los Huérfanos, del pasado de los Pastor, del pasado de la Hermana Mei, la trama está contada en presente, en tercera persona…
Es como venimos contando, desde la primera [novela], en presente -dice Antonio Mercero-. Nos parece que le da más aceleración a la historia.
Creo que una de las marcas de la casa, o de la de Carmen Mola, es precisamente el ritmo de la historia. Nos interesa mucho el ritmo.
Puedes contar en pasado, digamos, el pasado clásico tradicional de la novela. Y a mí, individualmente, me gusta de hecho más.
Pero en Carmen Mola, creo que, bueno, nos parece que el presente se acomoda mejor al ritmo que queremos, que es un ritmo trepidante.
Y siempre da la sensación de que el argumento lo tenéis controlado. ¿Todo esto está así definido desde el principio, antes de que os pongáis a darle a la tecla?
Sabemos perfectamente adónde vamos y dónde acabamos. Es imposible ponerte a escribir sin saber eso -dice Agustín Martínez-. Me parece imposible en un thriller, en cualquier thriller. Porque creo que el gran defecto de los thrillers es que terminen cayendo en la improvisación para poder rematar y cerrar todas las tramas.
Pero que ya sería una locura con tres personas. O sea, es imposible. Si cada uno estuviera escribiendo a su bola en su casa, sería un suicidio, ¿no?
Nosotros lo que hacemos es trabajar con escaleta, en una escaleta muy desarrollada y bastante cerrada, aunque luego te pongas a escribir y cambies cosas en el proceso.
Pero ahí nosotros tenemos una escaleta, a lo mejor estamos hablando de ciento y pico páginas de documento en el que se cuenta lo que pasa en cada uno de los capítulos para no dejar nada al azar, para que yo pueda escribir los veinte primeros, luego Jorge lo coja y no resulte que yo he matado a un personaje que él cree que está vivo.
Esto sería desastroso. Y, sobre todo, nos daría muchísimo trabajo después, que es lo que creo que genera el no preparar la novela por delante, que luego la escribes y tienes que volver al principio para poder enganchar las cosas.
Qué interesante… ¿Y cómo resolvéis que, de pronto, surja algo que se salga de madre?
Pues [por] eso precisamente la escaleta para nosotros es fundamental -dice Jorge Díaz-. Por una cosa. Porque nos vamos a ir los tres a escribir y los tres tenemos que tener la misma novela en la cabeza.
Nosotros podemos cambiar detalles, pero no podemos cambiar el fondo.
Yo, a lo mejor, estoy escribiendo y tengo que poner que tal personaje conoce a tal otro. Y, bueno, puedo tener la libertad de hacer que se conozcan en una cafetería o en un gimnasio. Pero se tienen que conocer. Porque, cuando recoja Agustín estos personajes, se tienen que conocer ya y han tenido que tener una historia común.
Puedo cambiar detalles. Pero si hubiera que cambiar algo muy importante, que alguna vez ha pasado, no recuerdo en qué novela, pero alguna vez ha pasado que de repente uno ha dicho: es que esto no me funciona; claro, llama a los demás y volvemos a hacer una reunión. Y decimos: oye, esto hay que cambiarlo; y rehacemos esa escaleta. Pero no dejamos que el siguiente se encuentre con el cambio y diga: no, que esto yo lo había hecho pensando en que tenía que pasar esto, ¿no?
Entonces, bueno, no digo que sea imposible cambiar algo, pero ese cambio tiene que venir consensuado, algo que no sea un detallito.
Sí, tiene que venir consensuado porque, claro, el siguiente puede decir: no me hagas esto.
Hay que ser consecuente, ¿no?, porque si una cosa lleva a la otra y de pronto te encuentras con que algo sucede, habrá sido por algo que ocurre pasos anteriores…
Por ejemplo, El Clan es un caso que cambiamos el final después, pero incluso después de estar escrita la novela, después de estar entregada en la editorial.
Un día dijimos: eh, eh, eh; no me acuerdo quién fue que dijo: ¡espera!, espera, que se me acaba de ocurrir [algo]; y pedimos que se nos devolviera.
[E interviene Agustín Martínez:]
También te digo que somos guionistas. Hacemos mucha escaleta.
Para nosotros la escaleta puede pasar, lo que dice Jorge, porque llegues a un: de repente hay algo que falla. Pues la cambias.
Pero suelen ser bastante fiables. Es un trabajo muy denso hacerla…
Ya me lo imagino.
Intentas dejarla todo muy bien cerrado, muy bien enganchada cada cosa, por eso. Porque es una especie de mecano que, en el momento en el que quitas una pieza, ¡pum!, se te desmorona todo.
Y una cuestión…, aunque ya se ha mencionado. Siendo tres, ¿ha cambiado el método de trabajo con respecto a otros títulos vuestros?
No, no, cada vez está más engrasado -dice ahora Antonio Mercero-. De hecho, no hay ningún cambio. Seguimos haciéndolo igual, del mismo modo que te han contado.
Funciona bien. Lo que funciona bien no hay que tocarlo.
Hablemos del estilo de Los Huérfanos: claro, vertiginoso, contundente; con muchos diálogos. Esto lo cuidáis especialmente, los diálogos, que hagan avanzar la trama.
Que haya información en el diálogo -dice Agustín Martínez-. Que sume, tanto a la creación del personaje como al avance de trama.
Esto es escuela de guión, escuela de cine, digamos. En cine, tú tienes que conseguir en un diálogo transmitir mucha más información de la que sería natural, mediante un diálogo hipernaturalista. Y es algo que tenemos metido en la cabeza los tres.
Entonces, sí, construimos mucho a través del diálogo.
Y a través de un estilo, efectivamente, muy vertiginoso, con mucha acción, con capítulos no demasiado largos, tampoco demasiado cortos. Pero, bueno, con una dimensión más o menos mediana.
Yo creo que nunca nos sentamos a hacer un decálogo de Carmen Mola. Yo creo que trabajamos desde la intuición en eso, como la sensación de: esto es Carmen Mola, esto no es Carmen Mola. Que esto sí nos pasa, que de repente dices: no, esto no es Carmen Mola.
Pero no porque incumpla el séptimo mandamiento, sino porque es como un poco la sensación de que eso no termina de ser Carmen Mola.
La novela está situada en Marbella. En la página 402, Mei dice: “Marbella se ha hecho mayor”.
¿Dice eso? Esa frase no es mía -dice Jorge Díaz y se ríe.
Yo creo que se refiere a que en Marbella -añade Agustín Martínez-, si te vas atrás y te vas a la Marbella de los 70, era bastante naif. Era un pueblo de pescadores que, de repente, empieza a construir hoteles y llegan unos actores maravillosos y todo es estupendo. Y de repente descubres que esa Marbella es muy naif y…
Ya no está Jaime de Mora -dice Jorge Díaz y vuelve a reír.
Pues se ha convertido de repente en la ONU del crimen -continúa Agustín Martínez-. Y, claro, ese es un proceso de madurez de la ciudad.
Y son importantes las relaciones humanas: entre los Huérfanos, entre la familia Pastor, entre Alberto Pastor y la Hermana Mei, entre Laura y Ara…
Sí, es lo esencial, vamos, las relaciones entre los personajes -interviene ahora Antonio Mercero-. Para mí, y no sé si para los demás, yo creo que esta novela es un drama familiar, en el que están colocadas tres familias diferentes.
Porque a la Hermana Mei le otorgamos condición de familia, que tiene con la Tríada, con la organización, y con las tradiciones chinas. Pero es una familia también.
La de los Huérfanos, que no es de sangre. La de los Pastor, sí. Pero esto es un drama familiar, son dinámicas familiares. Qué difícil es relacionarse bien con tus familiares, qué horrible es a veces lo que te genera la familia y, a la vez, qué importante es estar bien en familia y notar el consuelo, el refugio, el amparo, etcétera.
Todo esto es súper interesante para cualquier escritor y para nosotros también.
Eso lo tenemos que cuidar mucho. Esta novela no es una sucesión de golpes del mundo del narcotráfico. Es la historia de varios personajes que están obligados a entenderse porque comparten en familia.
Y del final, ¿qué podemos decir? ¿Adónde nos lleva ese final de la novela?
Bueno, nos lleva a que hemos disfrutado mucho con el universo de Los Huérfanos -habla Agustín Martínez-. Esto nos pasa como en La novia gitana. El objetivo nuestro es escribir una novela que empieza y acaba. Y yo creo que eso sucede.
Hay un viaje en el personaje de Laura Pastor de la página 1 a la última página, ¿no? Y eso está contado. Pero dejamos la puertita abierta.
Y, bueno, pues es posible que, si los lectores responden, si todo va bien, quizá podamos seguir.
Si Laura Pastor es nuestra nueva Elena Blanco, ¡ojalá! -dice Jorge Díaz-, siempre dejamos ahí como un de aquí podemos tirar, vosotros sabréis.
Y ya por último, ¿junto a qué otros títulos colocaríais Los Huérfanos en una librería?
Con En busca del tiempo perdido -dice Antonio Mercero y todos reímos la gracia-. Hombre, a ver, el referente del que se bebe mucho es El Padrino. Esto es evidente.
Yo pondría también a algún libro de Patricia Highsmith, por ahí en medio -dice Agustín Martínez.
Sí, porque ella también coloca a los villanos como protagonistas, como estamos haciendo nosotros aquí -dice Antonio Mercero.
A mí me gusta también, porque siempre decimos esto de Patricia Highsmith, pero esto mismo lo hace Rubén Fonseca -dice Jorge Díaz-. Y a mí también me gusta mucho Rubén Fonseca… Él es muy de yo escribo la novela desde el punto de vista del asesino… Y entonces yo también lo pondría a lo mejor al lado de Rubén Fonseca.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Kike Carbajal
Carmen Mola
Editorial Planeta, 448 pp., 22,90 €
Sinopsis:
Tras el éxito arrollador de La novia gitana, vuelve Carmen Mola para romper todas las reglas de la novela negra.
En Belfast, tres niños crecieron en un orfanato donde el miedo era ley, y la violencia, la única forma de sobrevivir. Aquel infierno los convirtió en hermanos. Y en algo mucho más peligroso.
Años después, los llaman los Huérfanos. Son dueños de un imperio criminal que se extiende desde Irlanda hasta la Costa del Sol, donde el lujo y la brutalidad conviven sin disimulo. Allí, en Marbella, han aprendido que el poder no se hereda: se arranca.
Pero en esa misma ciudad hay otra familia que también conoce el precio del poder: los Pastor. Durante años han vivido bajo la sombra de un patriarca temido y respetado, unidos por secretos, silencios y heridas imposibles de cerrar. Y, por encima de todos, moviendo los hilos desde las sombras, está la Hermana Mei, la mujer ante la que incluso las mafias bajan la cabeza.
Cuando Trevor Strummer es acusado de un asesinato en Madrid, la fiscal Laura Pastor se enfrenta al caso más importante de su carrera. Lo que no imagina es que tras ese crimen se esconde una red de secretos que conecta a su propia familia con los Huérfanos.
Así, entre la justicia y la venganza, entre la lealtad y la sangre, todos tendrán que elegir.
Porque hay heridas que no se cierran.
Y de ellas nacen los monstruos.



