«…Cuando llegué a Uz, la tos me despertaba cada noche. Me sentaba en la cama con la cara entre las manos y pensaba un buen rato que mi madre seguía viva. Que vivíamos en la casa amarilla en Hubbell. Luego me acordaba: la habían asesinado y me habían enviado a vivir con su hermano canoso. Cada mañana que despierto aquí, entro y salgo de ese mismo túnel de hechos. Despierto con vistas al terreno en barbecho, enredada en las sábanas de algodón azul de mi madre muerta en la cama de mi madre muerta, una pesadilla que se ha prolongado durante casi dos años sin interrupción.
Los agentes de nuestro pueblo nunca encontraron al asesino de mi madre, pero se las arreglaron para localizar a su hermano vivo. Me mandaron a Uz el 4 de agosto de 1933, en medio del verano más caluroso del que se tiene constancia. La tarde que llegó mi tren estábamos a cuarenta grados centígrados. Mi tío parecía intuir que aquel récord de calor no era una coincidencia; no es que me culpase, exactamente, solo que me veía como un poco de mala suerte añadida…»
Estas frases son de la fascinante novela La Antídoto de Karen Russell, publicada por Sexto Piso y que desde principios de año está en todas las librerías. Es una historia que tiene lugar en los siglos XIX y principios del XX en las tierras ancestrales de la tribu de los pawnees en las Llanuras Centrales, entre los ríos Platte y Republican, en lo que terminó convirtiéndose en Nebraska. Más en concreto, se sitúa en Uz, pueblo ficticio de ese estado norteamericano, durante los años del Dust Bowl, con especial relieve en el suceso real del Domingo Negro de 1935.
El Dust Bowl fue el peor desastre ecológico provocado por el hombre en Estados Unidos. Entre 1930 y 1939, una sequía prolongada y la sobreexplotación agrícola en las Grandes Llanuras (principalmente en Oklahoma, Texas, Kansas y Colorado) destruyeron los campos, provocando tormentas de arena masivas y obligando a tres millones de personas a emigrar. La rápida expansión del cultivo de trigo durante la Primera Guerra Mundial llevó a los agricultores a arrasar con la hierba nativa de las praderas. Al no dejar raíces profundas para mantener la tierra, el suelo quedó expuesto a la erosión eólica. A partir de 1931, las lluvias cesaron drásticamente. Al combinarse el suelo seco y pulverizado con años de sobrepastoreo, la tierra comenzó a levantarse con el viento en forma de nubes negras.
El fenómeno alcanzó su punto crítico durante el Domingo Negro (Black Sunday) el 14 de abril de 1935, cuando una tormenta monumental sumió a las llanuras en una oscuridad total durante varios días. El polvo destruyó cosechas y granjas, bloqueó carreteras y provocó graves problemas respiratorios (conocidos como la «neumonía del polvo»). Esto originó uno de los mayores desplazamientos internos de población en la historia de Estados Unidos, con cientos de miles de familias migrando hacia el oeste, especialmente a California.
La absorbente novela de Karen Russell comienza justo después del Domingo Negro, cuando la Antídoto, Antonina Rossi, una “Cámara Acorazada”, como también se conoce a las “brujas de la pradera” (cuyo oficio consiste en absorber y almacenar los recuerdos más dolorosos de los habitantes del pueblo: culpas, traumas, crímenes, pérdidas; aunque estas brujas no conocen los recuerdos que albergan pues los almacenan en su cuerpo mediante un trance), la Antídoto sufre una “bancarrota” inexplicable: todos esos recuerdos de la gente que ha custodiado durante años se esfuman de su cuerpo, ¡puf!, mientras duerme en una cárcel durante el Domingo Negro. Despojada de su “capital” de memoria, queda física y económicamente bajo mínimos. La bancarrota de memoria impide el trance total, el almacenamiento y el borrado del recuerdo en la bruja. Y desestabiliza el frágil equilibrio moral del pueblo de Uz (al no poder liberarse de culpas, traumas, etc.) ante el desastre ecológico que a casi todos golpea. La bruja no puede, además, reintegrar el recuerdo a su depositario, a los muchos vecinos que, tras la debacle del Domingo Negro, quieren marcharse, migrar de Uz rápidamente.
En esta precaria situación, la Antídoto emplea como aprendiz a la adolescente Dell, Asphodel Oletsky, que vive con su tío Harp Oletsky, agricultor, cincuentón y solterón. Dell es también capitana del equipo femenino de baloncesto local, las Danger de Uz, para quienes el deporte representa una vía simbólica de escape.
Ojo: a pesar de todo lo explicado, la historia no está contada en clave fantástica, ni mucho menos. Se cuenta en clave realista. Para entendernos: a lo Steinbeck (Las uvas de la ira, Al este del Edén), pero con mayor calidad literaria. O, para situarnos mejor, como en Carnivàle (la serie de culto creada por Daniel Knauf, que se emitió en HBO entre 2003 y 2005). La Antídoto se cuenta desde la realidad de la época y de aquella catástrofe horrible. Pero no cebándose en la miseria de tantos granjeros arruinados por el Domingo Negro, sino que Karen Russell nos muestra esa miseria, la coge por los cuernos y nos narra con convicción y mucha imaginación la historia, maravillosa historia, que encierra su prodigiosa novela.
Hay una subtrama con un vagabundo de diecisiete años condenado a la silla eléctrica por los crímenes en serie de la zona: el llamado “El Asesino de la Pata de Conejo”. Uno de los crímenes del que se le acusa es el estrangulamiento de la madre de Dell Oletsky. Pero eso es algo secundario. Lo principal es “ver” a Dell Oletsky deambular, comportarse, pelear continuamente con tantos imponderables que se le presentan a lo largo del libro; es “ver” a la Antídoto enseñar su oficio a Dell; es “ver” a Harp Oletsky, el tío de Dell (en cuya granja, extrañamente, el trigo crece verde, el polvo se desvía), no comprendiendo esta racha de buena suerte y sospechando que no es algo natural; es “ver” a Cleo Allfrey, fotógrafa de la Resettlement Administration, que llega a Uz con la misión de documentar para el Gobierno los efectos de la sequía, pero que se siente atraída por la anomalía de las tierras de Harp.
Y es “ver” cómo Karen Russell es capaz de contarnos todas estas cosas y atraparnos capítulo tras capítulo, página a página, párrafo a párrafo, cual “bruja de la escritura”, introduciendo los sucesivos acontecimientos que hacen avanzar esta entretenidísima trama con una escritura prodigiosa, clara, precisa, como quien no quiere la cosa, como quien sazona con mano maestra una comida y, ¡zas!, obra el milagro de transformar lo que en principio parece una historia clásica de desdichas para que se vaya abriendo a una novela de crecimiento personal (especialmente de Dell, pero también de los otros tres personajes principales), de reivindicaciones, de mostrar la realidad de la época, tanto desde el cuartucho donde recibe a sus depositarios la Antídoto, a la granja de Harp, a las cartas que intercambia Cleo Allfrey con su jefe, las cuales nos dan idea de cómo se ve el desastre desde el gobierno de Roosevelt, que sólo considera a la población blanca. En resumen: La Antídoto tiene de todo, es una gran, maravillosa novela que hará disfrutar de muchos momentos a los lectores que se dejen atrapar por lo que Karen Russell cuenta a lo largo de tantas y tan magníficas páginas.
Karen Russell nació en Florida, en 1981. Es autora de tres libros de relatos –entre ellos, Vampiros y limones (Tusquets)– y dos novelas, Tierra de caimanes (Tusquets), finalista del Premio Pulitzer, y Donantes de sueño (Sexto Piso). Ha recibido la beca Guggenheim y la MacArthur «Genius Grant», y su obra ha sido distinguida por la National Book Foundation, además de haber recibido los premios NYPL Young Lions Award, Bard Fiction Prize y Shirley Jackson Award.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Michael Lionstar
La Antídoto
Karen Russell
Editorial Sexto Piso, 562 pp., 26,90 €
Sinopsis:
Una apasionante epopeya. Cuatro personajes cuyos destinos se entrelazan cuando su pequeña ciudad en Nebraska queda arrasada
La Antídoto de Uz, una bruja de la pradera, puede guardar los recuerdos de cualquier persona. Basta hablarle en su trompetilla verde esmeralda para que los secretos, alegrías y vergüenzas se transfieran a la bruja y desaparezcan de la mente de quienes los desvelan. Pero la tormenta del Domingo Negro arrasa los campos, entierra las casas y evapora todos los recuerdos que la Antídoto custodiaba. Cuando despierta, está vacía. Ha perdido lo único que le proporcionaba poder. Si alguien lo descubre, su vida estará en peligro.
Asphodel, capitana del equipo femenino de baloncesto y aspirante a bruja de la pradera, decide ayudarla. Con la complicidad de su tío, un granjero polaco, y de una fotógrafa del New Deal con una cámara hechizada, intentarán enfrentar la maldición que ha vuelto estéril la tierra y está llevando a la ciudad a la inanición.
La Antídoto es una novela sobre la culpa, la memoria y los olvidos intencionados que se transmiten de generación en generación. Una epopeya durante el Dust Bowl que ilumina la historia estadounidense para hablar del presente y advertirnos de los peligros de nuestra época pero sin negar las posibilidades que todavía guarda el futuro. Karen Russell demuestra una vez más poseer una imaginación sin límites.




