«Este libro reconstruye la historia del final de la guerra civil a través de una operación de inteligencia militar. La mayor parte de la documentación utilizada nunca ha estado accesible a la investigación. En 2020, el Ministerio de Defensa transfirió una serie del Cuartel General del Generalísimo al Archivo General Militar de Ávila. Correspondía a la reorganización del espionaje franquista, que, a lo largo de la segunda mitad de 1937, pasó a denominarse Servicio de Información y Policía Militar (SIPM). Un año más tarde, en agosto de 1938, dado el volumen de datos secretos que almacenaba, comenzó a formar su propio archivo. Dicho fondo constituye el tronco central de este trabajo, en particular, aquel que contiene los informes agrupados bajo el epígrafe «Enterado S. E.». Entregados en mano por el jefe de este organismo al propio Franco, que escribe y anota en sus márgenes, marcan el principio y el fin de esta historia: desde la intervención contra una posible mediación internacional auspiciada por el Vaticano, en diciembre de 1938, a las Normas de entrega del Ejército y ocupación del territorio enemigo, que ponen fin a la guerra en la última semana de marzo de 1939.»
Estas frases son del libro Cómo terminó la guerra civil española de Gutmaro Gómez Bravo, publicado por Editorial Crítica y que desde el 4 de febrero está en todas las librerías, en donde el autor nos cuenta que la guerra civil española pudo haber acabado meses antes. Esta obra nos revela cómo y por qué.
Basada en documentación inédita procedente de los principales archivos españoles e internacionales, Cómo terminó la guerra civil española revela por primera vez cómo la «Victoria» se preparó entre la ocupación de Barcelona y la rendición de Madrid. De la mano de un relato detallado y trepidante, este libro replantea por completo los últimos meses del conflicto y ofrece una nueva interpretación del nacimiento de la dictadura franquista.
Gutmaro Gómez Bravo es Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense. Ha publicado varios artículos y libros sobre la guerra, la dictadura, la deportación a los campos de concentración y la transición a la democracia. Director del Grupo de Investigación de la Guerra Civil y el Franquismo. En Crítica ha publicado Los descendientes. Un siglo de historia y memoria familiar (2025).
Por Cómo terminó la guerra civil española, su recién publicado libro, hemos entrevistado a Gutmaro Gómez Bravo para que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
Gutmaro, el coronel José Hungría fue un personaje clave en el final de la Guerra Civil.
Hungría es el jefe de servicio de información de Franco y realmente es en quien Franco delega prácticamente el organizar toda la parte final de la guerra, que es compleja. Y lo realiza bastante bien, la verdad.
Por lo que cuentas en tu libro, gracias a la disposición de nueva documentación del Servicio de Información y Policía Municipal de Burgos, se ha podido reconstruir un poco todo lo que se pensaba, la versión dominante de todo ese suceso.
Ten en cuenta que es el final de la guerra. El final de todas las guerras se dice que lo escriben los vencedores, ciertamente, pero también ocultan cosas. Ocultan, por ejemplo, que ésta es una rendición pactada, es una rendición ordenada. Tienen que conducir todo ese territorio con diez millones de personas, a, digamos, una cuestión que quieren que todo esté organizado, clasificado y que la guerra no se alargue o que no haya conatos, por aquí y por allá, y fundamentalmente que medio millón de soldados republicanos que quedan todavía entreguen las armas.
Eso es muy complicado. Eso es una cuestión logística, militar, sobre todo, que tiene también una pata diplomática y política, pero sobre todo logística entre militares de los dos ejércitos, que no nos habían contado. Se nos había contado que era una victoria militar aplastante por un lado y, por otro, que era una desavenencia dentro del mundo republicano que se prolongó en el exilio.
Si te acuerdas, todas las versiones eran, digamos, inculpatorias. Se perdió la guerra por tu culpa, por la otra. Y esta documentación, y también un cambio de perspectiva distinto, nos permite ver esto como un final ordenado.
Esta documentación ya empezó a poder consultarse a partir de 2020. Hay centenares de documentos no explorados o que no estaban permitidos hasta ahora. Y esto, tanto en archivos españoles como en países europeos.
En Europa estaba el acceso abierto. Lo que pasa que, claro, no llegas a ellos [estos documentos] si no conoces un poco, si no tiras de los anteriores, porque son archivos enormes. De los británicos y de Alemania. Sobre todo, la documentación del final de la guerra está en Berlín.
Entonces, bueno, nuestro trabajo es un poco como un puzle, ir buscando y, al final, encajando las partes.
¿Esto lo has hecho yendo in situ a algún sitio o todo a través de internet?
A través de internet muy poco, solamente lo soviético, que sí que tenían parcialmente una parte, un fondo digitalizado, la parte militar. Pero con la guerra de Ucrania lo pararon. O sea que por un lado está lo que había digital, [que] lo pararon con la guerra de Ucrania, y por otro yendo in situ a los archivos.
Sobre todo es mucha documentación del Ministerio de Defensa, que se puede ver bien, que ya está no solo desclasificada, sino que está catalogada, ya sabes lo que pides, y eso la verdad que está seriado y es muy importante.
Luego la documentación francesa, hay que ir a los servicios históricos militares. Está en Vincennes, en Nantes. Pero trabajan bastante bien. Tienes que tener tiempo y dejarte también algo de dinero. Porque esto cuesta un poco y te cobran por las copias. En fin, todo esto sería ya, si quieres, un poco de llorar la vida dura de sacar esto. Pero no está en internet. La gente tiene un poco la imagen de que te lo descargas de ahí y tal. Y no está. Hay que ir a los archivos.
Gracias a toda esta documentación, has podido reconstruir cómo trabajaba el servicio de información dirigido por José Hungría.
Hoy en realidad eso [la documentación] es una gran ventaja. Siempre hemos dicho que la guerra la gana Franco, por el apoyo alemán e italiano, por la superioridad de armamento. Lo que tiene también Franco y Burgos es una superioridad de inteligencia militar, un servicio de inteligencia muy compacto, muy vanguardista. Hungría ha sido agregado militar de las embajadas, ha estudiado en París, es un militar, digamos, de la élite, de la vanguardia después de la Primera Guerra Mundial. Son ya los militares que van a estar en la Segunda Guerra Mundial. Y eso los republicanos no lo tienen.
Él concibe la guerra con independencia de los frentes. Es una guerra distinta, no tiene nada que ver el frente ni las batallas. Están trabajando la retaguardia y, sobre todo, lo empiezan a montar a partir de la segunda mitad del 37, muy basados también en el modelo alemán, de conexión de la información, del espionaje y, sobre todo, del contraespionaje con una labor policial. En realidad ellos son parte, o tienen una parte civil, y van buscando y utilizan también a los civiles, como dice su lema, “allá donde no llega el ejército”. Y bueno, eso es fácil de contar, pero es muy difícil de hacer con los métodos de entonces.
Cosas que luego veremos en la Segunda Guerra Mundial, ya las anticipan ellos. El cifrado, el encriptado, la conexión con la radio, los telegramas. Y, a través de eso, también comunican con Madrid y empiezan a intercambiar todo esto que, al final, es lo que ellos necesitan para la rendición.
A la cabeza de la seguridad del Estado, José Umbría pone una policía secreta que se parece mucho, o imita, a la nacionalsocialista alemana.
Es ese modelo que te comentaba alemán, la Legión Cóndor, que llega en el 37, justo cuando ellos también empiezan a desdoblarse, a crear un servicio de información con independencia de lo que pase en las batallas. Un modelo jerárquico, con independencia del ejército, con mucha estructura político militar y, sobre todo, centrado en el control del terreno. Se estructuran como los alemanes en franjas de treinta kilómetros, que llaman sellado. Eso lo vemos en la ocupación de Europa y muy claramente, por ejemplo, después de Dunkerque, que los alemanes, con ese modelo, cogen a todo el mundo que queda en esa franja de treinta kilómetros.
Esto se hace sobre todo para entrar en las grandes ciudades republicanas sin combatir, consiguen aislarlas, dejarlas sin agua, sin gas, sin teléfono, sin ningún tipo de abastecimiento. Y eso es algo que, por ejemplo, los soviéticos sí se dan cuenta que están haciendo. Que los alemanes están interviniendo en eso.
Toda esa guerra es muy moderna, muy tecnológica y ya muy prolongada. Porque también hay que pensar que están buscando la rendición por asfixia de la gente. Ese modelo, ese control de toda la información y el rendimiento de las poblaciones civiles, es una estrategia alemana.
Las relaciones entre los dos gobiernos, España y Alemania, ya llevaba tiempo creciendo, Gutmaro.
Si yo puedo aportar algo, es que va más allá de la conexión militar o ideológica. Realmente la guerra termina con el tratado hispano-alemán de cooperación y con la entrada de España en el Tratado Antikomintern, que esto es algo que también no teníamos claro y lo aprueban en secreto justo al final de la guerra. El último día de la guerra se firma ese tratado. La guerra termina con ese tratado, cuando dicen los alemanes.
Detrás de todo esto hay una cobertura económica y diplomática que empieza con el apoyo al golpe y al ejército de África, que ya en el 37 adquiere un estatus preferente y que luego son convenios de cooperación policial. O sea, entra España de lleno en la órbita del Eje. Y eso hace que, por ejemplo, Inglaterra y Francia quieran que la guerra termine cuanto antes.
Yo creo que ahí también hay que pensar [en] un cambio de perspectiva. Habíamos creído que parte de los republicanos pensaban alargar la guerra hasta que estallara la Segunda Guerra Mundial. Y es un poco lo contrario.
A mediados de noviembre de 1938, tras la batalla del Ebro, es cuando empieza la operación de inteligencia definitiva: dividiendo al enemigo agotado y queriendo derribar como fuera al gobierno republicano.
Ahí es cuando ellos ya lo perciben. El propio Hungría se lo dice a Franco con los informes que tienen de distintos sitios, sobre todo en Cataluña, que es donde van a atacar. Que la población lo que quiere es una rendición. La población de ambas zonas.
Son conscientes de eso. Y también lo que quieren evitar es cualquier tipo de mediación internacional. No quieren, por ejemplo, al Vaticano, que está planteando un armisticio para Nochebuena. [A esto] ellos dicen que no y aceleran la operación para realmente tener una victoria y una rendición sin condiciones. No quieren ningún tipo de armisticio ni una paz condicionada.
Y comienzan a hacer una operación bastante envolvente hacia ese final, que es el final que tienen planificado realmente, que no es tampoco fácil, porque tienen que coger todos los puertos y las ciudades republicanas que quedan en pie.
En esa fase final de la guerra, había que forzar como fuere la caída de Negrín. Y se apuesta por el desgaste moral, a través, principalmente, de la propaganda.
Negrín y una parte de su gobierno son, digamos, la única oposición que queda a esa rendición. Lo dicen ya en este informe de noviembre y entonces empiezan a desgastar, a volver en contra de la población, o acusar, al propio Negrín de los males de la población. Si Negrín va a Madrid, pues bombardean Madrid. Si Madrid pasa hambre, pues la culpa es de Negrín, porque se queda el pan él y sus políticos y tal.
Son muy hábiles en todo eso y lo vuelven contra la política de Negrín, que por otro lado está intentando lograr una rendición pactada, pero con condiciones, no incondicional.
En ese sentido, lo que consiguen, y es muy hábil y por eso se ve la mano de la inteligencia, es que esas denuncias dividan, no solo con propaganda, a su propio gobierno y que las acusaciones vengan del Frente Popular contra Negrín. Hacen que sean los propios republicanos los que se vuelvan contra Negrín.
Y finalmente, el 23 de marzo de 1939, un artillero americano aterriza en Gamonal y allí se celebra una reunión a la que han ido dos representantes del ejército republicano.
Es esa reunión donde ellos creen [los republicanos], porque ya llevan desde el 11 de marzo, unos diez días intercambiando documentación para arreglar la rendición, que van a conseguir una evacuación y, digamos, tener una solución pactada a la guerra, aun reconociendo la victoria franquista y reconociendo sus imposiciones; [pero] es esa reunión realmente en donde [el bando de Franco] lo que hace es darles las normas de entrega y darles una serie de documentos donde les ordenan que en 24 o 48 horas entreguen la aviación y todo el ejército.
Entonces [los dos republicanos] tienen que volver a Madrid. Y en Madrid hay una reunión en el Consejo de Defensa, que es bastante tensa, al parecer, [pues ven que] ya no tienen nada que hacer, por así decirlo, se sienten realmente engañados y finalmente vuelven el 25 y acuerdan la entrega de la aviación y de todo lo demás.
Y a partir de ahí ellos mismos comunican la rendición. Esto es importante, porque Burgos consigue que los republicanos sean los que le digan a la población que se rinda y cómo tiene que hacerlo, no llegar ellos y coger prisioneros, sino que ellos [los republicanos] se entreguen y tienen que obedecer a sus mandos [de Franco]. Y a partir de ahí consiguen todo ese desarme, no hay evacuación, no hay amnistía, no hay nada de ninguna concesión. Y termina la guerra un poquito después, con la retirada precisamente del arma que había creado esta inteligencia, que es la Legión Cóndor.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: (c) Planeta
Cómo terminó la guerra civil española
Gutmaro Gómez Bravo
Editorial Crítica, 400 pp., 21,90 €
La guerra civil española pudo haber acabado meses antes. Esta obra nos revela cómo y por qué.
Aunque la victoria franquista en la guerra civil española se decidió en el frente, la caída final de la Segunda República fue el resultado de una estrategia cuidadosamente dirigida desde el Cuartel General del Generalísimo, donde el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) controló la propaganda, la diplomacia y la descomposición del enemigo desde dentro. Frente el relato tradicional de traiciones y caos, Gutmaro Gómez Bravo reconstruye esta decisiva —y hasta ahora desconocida— operación de inteligencia planificada hasta el último detalle.
Basada en documentación inédita procedente de los principales archivos españoles e internacionales, Cómo terminó la guerra civil española revela por primera vez cómo la «Victoria» se preparó entre la ocupación de Barcelona y la rendición de Madrid. De la mano de un relato detallado y trepidante, este libro replantea por completo los últimos meses del conflicto y ofrece una nueva interpretación del nacimiento de la dictadura franquista.








