«Me llamo Billy Hasler.
Cuando era pequeño, mi mejor amigo se llamaba David Spivey. Llevo sin pronunciar ese nombre en voz alta desde hace casi once años. Han pasado no menos de nueve desde la última vez que lo puse por escrito, y el hecho de incluirlo en estas páginas me genera sentimientos encontrados. Sin embargo, me han dicho que debería hacerlo, así que ahí está. Me dicen que será bueno para mí, pero no puedo evitar preguntarme si en realidad querrán decir que es bueno para ellos.
Hay mucha gente que quiere que sea yo quien se encargue de cerrarles su herida de alguna forma. Sinceramente, eso es mucho pedir. Yo mismo sigo esperando el momento en que por fin cicatrice la mía.
Me han dicho que si continúo guardándome todo esto, ahí encerrado en mis entrañas, la presión irá aumentando hasta que, algún día, lo mismo voy y…
Vale, eso es una chorrada, pero es lo que me dicen los médicos.
Es lo que me dice mi madre.
Es lo que me dicen los amigos que me quedan.
Y la policía, eso desde luego. Ya no me visitan tan a menudo como antes, pero siguen viniendo por aquí. Mundie se dio por vencido. Hace ya tiempo que Sandy Lomax se jubiló, pero eso no ha impedido que las caras nuevas que van llegando a nuestro reducido contingente de las fuerzas del orden se me planten en la puerta de casa.»
Estas frases son de la novela El pacto de J. D. Barker, publicada por Destino y que desde el 8 de abril ya está en todas las librerías, en donde se nos cuenta que en el adormecido pueblo costero de New Castle, New Hampshire, la vida del joven Billy Hasler, de diecisiete años, está a punto de dar un giro aterrador. Cuando su mejor amigo, David Spivey, hereda una misteriosa casa en una isla cercana, parece el lugar perfecto para pasar su último verano antes de irse a la universidad. Sin padres. Sin policía. Sin responsabilidades. Pero al indagar en el oscuro pasado de la isla, despiertan una antigua maldad que ha influido en generaciones. Lo que comienza como una inocente aventura veraniega pronto se convierte en una pesadilla.
D. Barker es autor de varias novelas, entre las que destacan Los crímenes de la carretera, Drácula, el origeny la trilogía El Cuarto Mono (compuesta por El Cuarto Mono, La quinta víctima y La sexta trampa) con la que ha cosechado un impresionante éxito de crítica y lectores en todo el mundo. Sus novelas se han traducido a veinte idiomas. J. D. Barker vive en New Hampshire con su familia.
Por El pacto, su última y recién publicada novela, nos hemos acercado el pasado 21 de abril a la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías de Madrid (antigua Casa de Fieras de El Retiro) y en su Salón de Actos hemos entrevistado a J. D. Barker, para que nos hable de ella a los lectores de Qué Leer.
Por favor, J. D., haznos un breve resumen de esta novela.
Yo había concebido la idea de escribir sobre una casa encantada. Era algo que tenía en mente desde hace mucho tiempo. Pero tenía también algo bastante claro, que no quería que fuera la historia usual de la casa encantada. Es decir, de una pareja de recién casados, que se traslada a una casa, algo malo sucede, luego sucede algo peor, luego se dan cuenta de que algo terrible ha sucedido en el pasado y tienen que resolver esa situación: es la historia que hemos leído mil veces.
Entonces empecé a pensar en el origen de una casa embrujada y se me ocurrió este eslogan: “para que nazca una casa embrujada, alguien tiene que morir”.
Así que lo puse en una app de mi móvil, una pequeña aplicación que utilizo para recoger ideas varias, escribí el eslogan hace probablemente cinco o seis años y, simplemente, lo dejé guardado hasta que un día, cuando salí a correr (vivo en una pequeña isla), me acordé de él.
Estaba en la playa y divisé esta casa al otro lado del agua, en la isla de Wood, y en cuanto la vi, lo supe. Ahí, me dije, esa es la casa para mi historia sobre la casa encantada.
El pacto comienza con una herencia, una herencia de la isla de Wood a uno de los personajes, a David Spivey, que es un chico en principio callado, enfermo. Y, cuando recibe la herencia, ya se produce una transformación en él que va a seguir a lo largo de toda la novela.
Para mí es un poco difícil explicar cómo se desarrolla este proceso porque realmente cuando me pongo a escribir es como si tuviera una película que se va proyectando en mi mente y lo que trato de hacer es escribirla lo más rápido posible.
Cuando comencé a escribir la novela, en realidad yo no sabía que ese personaje estaba enfermo, pero en un momento determinado el personaje me dijo que estaba enfermo. Luego, también me dijo que, una vez que estaba en la casa encantada, en el islote, se sentía mejor.
Realmente me dejo guiar mucho por los personajes. Es difícil de explicar, pero la imagen que utilizo más a menudo es que es como si hubiera una película que se va proyectando en mi cabeza, mientras yo escribo lo más rápido posible.
Sí. Me dejo guiar mucho por lo que me informan los personajes.
[J. D. Barker dice que escribe rápido; pero, demonios: rápido, muy rápido, es cómo habla, contesta a toda velocidad a nuestras preguntas, todo un esfuerzo para Vilma Corvetto, su eficaz intérprete.]
Además de David Spivey, tenemos a su amigo, Billy Hasler, el protagonista se puede decir. ¿Encaraste de la misma manera a este personaje?
Sí, totalmente. Como ves en el capítulo inicial del libro, Billy lo que hace es presentarse a los lectores. Pero, al mismo tiempo, se presenta a mí también.
Hay una cosa que es muy importante para mí. Mis personajes son personas que están completamente formadas y completas y desarrolladas antes de ponerme a escribir. Es decir, sé qué aspecto tienen, sé qué les gusta, qué no les gusta, conozco todos sus gestos, sus manierismos, los conozco a la perfección antes de ponerme a escribir. Y, una vez que tengo los personajes, los suelto en distintos contextos y ya dejo que me guíen.
El truco que utilizo, sobre todo para saber si estos personajes están del todo formados, es que planteo una pregunta y, para la misma pregunta, tengo que tener respuestas distintas. Y es entonces cuando sé si estos personajes están completamente formados.
Entonces, sí, procedí con Billy de la misma manera que procedí con Spivey.
Sobresale el cariño con que cuentas la historia. Hay como una especie de aire nostálgico, una atmósfera muy de años 80 con los adolescentes…
Yo crecí en los 80 y realmente tenía interés en ambientar este libro en una época en la que no hubiera móviles, porque yo creo que realmente los cimientos de una buena historia son los personajes.
Quería justamente ambientar esa historia en un momento donde los personajes fueran todo el cimiento de la misma.
Y también hay otra cosa aquí que es importante: el aislamiento, que es necesario para este tipo de historias.
La historia transcurre entre junio y julio de 2010, lo principal entre el 9 y el 14 de julio. ¿Por qué 2010?
Tiene que ver con los eventos reales en lo que está basada realmente la historia.
Comencé a hacer un proceso de documentación, investigué distintos hechos que tuvieron lugar en la casa, que fui incluyendo en la historia. Es por eso que me tuve que remitir a una línea temporal bastante específica.
Ya, pero, ¿por qué 2010 en concreto y no 2011, o 2009, o yo qué sé, 2020?
Realmente, no hay un motivo específico. Tan solo me pareció un buen año. Tuve [con 2010] una buena sensación.
Aclarado. Hemos dicho que la historia comienza con una herencia, la herencia de la abuela de Spivey a Spivey y, en la herencia, hay bastantes estipulaciones, muchos detalles de los abogados. A mí me ha recordado en ese aspecto a algunas novelas de Wilkie Collins [el escritor de La piedra lunar, gran amigo de Charles Dickens].
Yo mismo he trabajado en el Área de Cumplimiento en una gran empresa durante muchos años. Realmente sí que estoy muy al tanto de algunos aspectos legales.
Y también en la novela es verdad que necesitaba que hubiera algún tipo de personaje que entendiera la historia más allá de lo que le entendían los adolescentes.
Y para eso recurrí no solo al personaje de los padres, sino también al del abogado.
Precisamente, quería preguntarte por Marston, el abogado. Es un personaje fenomenal. Más que fenomenal, terrorífico.
Como te decía, trabajé en el Área de Cumplimiento de una empresa durante años y tengo mucho conocimiento acerca de herencias, de fideicomisos, exactamente sé cómo funcionan. Por ello, tengo bastantes referencias y apuntes que me ayudaron a construir este personaje.
De Marston, lo primero que vi fue un coche. Lo vi pasando por la calle y dije éste es el tipo de coche que utiliza mi abogado. De allí, fui construyendo el personaje, porque, claro, ese tipo de coche corresponde a una persona que sólo utiliza este tipo de coche.
Un Jaguar.
Sí. Y, aparte, un modelo bastante específico [un Jaguar MK1 Saloon de 1958].
Fue [Marston] un personaje muy divertido de escribir y al que me gustaría volver, sin duda.
En concreto, hay una escena entre Marston y el jefe Whaley en el Jaguar, que es espeluznante, uno de los momentos más potentes de la novela.
Eso [que dices] es interesante. Porque también ha sido mi escena favorita de escribir y, durante mucho tiempo, me mantuve muy fiel a esa decisión de “voy a hacerlo de manera tal que ésta no sea una novela sobre sucesos paranormales”.
Pero ya había escrito esta escena. Y al final dije: “Bueno, me voy a dejar llevar”.
Fue un factor decisivo para que, al final, la novela fuera lo que al final es.
Hablando de esa escena, el otro interviniente es el jefe Whaley. A mí me parece que Whaley es el mejor personaje de la novela.
A mí me gusta pensarlo también de esa manera.
Al principio, había decidido escribir la historia sólo desde la perspectiva de Billy. Pero luego me di cuenta de que necesitaba también la perspectiva de un adulto, o sea, la voz de la razón. Y fue allí donde comencé a escribir desde la perspectiva del jefe de policía.
Esto es curioso, porque yo vivo en ese sitio. Entonces, claro, cuando escribo, por ejemplo, sobre la Sociedad Histórica, sobre la estación de policía [la comisaría], las puedo ver porque son edificios que efectivamente existen.
El jefe Whaley ha sido otro personaje que ha sido realmente un gusto. Y al que me gustaría volver también.
Vaya, vaya… Una cosa que tiene relación, J. D., con lo que estás diciendo: a través de Whaley, nos vas contando el oscuro pasado de la isla. Pero también utilizas otra línea, que es la panda de amigos de Billy y Spivey, para ir también investigando e informándonos a los lectores de ese oscuro pasado de la isla de Wood.
Para mí, como escritor, eso ha sido bastante divertido, porque quería que los lectores tuvieran los dos lados de la historia, las dos perspectivas. Pero que no la tuvieran los personajes.
Por ejemplo, al principio, cuando había decidido contar la historia sólo desde la perspectiva de Billy, al final me vino muy bien incorporar la perspectiva del jefe de policía Whaley, porque quería que los lectores estuvieran en posesión de cierta información, pero que no la tuvieran los chicos.
Entonces, encontré esa manera, que fue muy útil desde un punto de vista literario.
Aunque has dicho que no querías centrar la novela en el terror, yo tengo que señalar lo bien que anticipas el terror antes de que suceda el terror auténtico. Creas la tensión precisa para que, cuando llegan realmente los momentos terroríficos, uno se sienta liberado de poder quitarse esa tensión de encima.
Muchísimas gracias, es un cumplido maravilloso. Yo creo que me dejo guiar mucho por mi experiencia como lector, qué me gustaría leer, qué me gustaría ver, y hay veces que cambio la dirección que he emprendido justamente pensando en cómo reaccionaría como lector.
Has dicho que tienes los personajes perfectamente definidos, cuando vas a empezar. Pero lo que también sobresale en el libro es la trama, lo perfectamente que la tienes construida y planificada.
[J. D., ojos azules, melena castaña, camisa a rayas azul, aguarda unos segundos y contesta:]
Pues, en realidad, para nada. Nunca tengo la trama perfectamente planificada. Es más, no tenía ni idea de cómo iba a terminar la historia.
Tenía un inicio. Tenía, como te decía, los personajes a los que conozco perfectamente bien. Y luego había planificado un final completamente distinto. Pero al final los personajes me seguían llevando, porque era un final más de novela negra, pero los personajes me seguían llevando por otro camino, por el camino de lo paranormal.
Había concebido ya cinco o seis finales distintos, pero realmente ninguno tenía la lógica que al final, bueno, decidí para el libro.
Qué curioso. Y El pacto ¿es tu mejor libro?
Yo creo que mi último libro siempre es mi mejor libro. Éste es uno de mis favoritos.
Lo decía sobre todo comparándolo con la trilogía de El Cuarto Mono y tus otros libros. A mí me da la sensación de que es un tanto diferente, con ese punto de nostalgia, el tema de la adolescencia, pero aquí hay como una especie de cariño especial por los personajes y por lo que ocurre en el pueblo.
Yo creo que, hacer estas preguntas, es un poco como preguntarle a un padre o una madre cuál es su hijo favorito. Eso es difícil.
Lo que te puedo decir es que yo quería realmente contar esta historia porque tengo muchos recuerdos bonitos de esa etapa de mi vida, de la adolescencia. Y yo creo que también mis lectores aprecian el hecho de leer una historia que se remite a otra época, que les permite también evadirse, escapar del mundo ahora mismo. Y yo creo que la mayoría de mis lectores también comparten buenos recuerdos de su adolescencia.
Hemos mencionado la trilogía de El Cuarto Mono, tu editorial española [Destino] acaba de sacar una nueva edición en cofre. ¿Qué sentimientos te produce ver los tres libros juntos en ese cofre?
He visto fotos del cofre y me siento sobre todo tremendamente realizado y agradecido, no sólo por el buen trabajo que hace la editora aquí, sino también de sentir que todavía hay interés por parte de los lectores.
Para mí este ha sido un libro, una serie, tremendamente gratificante, porque ha tenido cero publicidad y sin embargo sigue apareciendo entre las listas de los más vendidos. Cada vez que alguien lo lee, lo recomienda a sus amigos. Es una situación ideal para un escritor. Solo me puedo sentir emocionado cuando veo este cofre.
Tengo muchas ganas de verlo en vivo y en directo [lo que haría horas más tarde, en la presentación en la librería Cervantes y Compañía] e intentaré llevarme uno a casa, ¡si llego a meterlo en la maleta!
Y ya por último, quería indicar la gran traducción que tiene el libro, por parte de Julio Hermoso, tu traductor habitual al español.
Yo creo que, por lo general, los traductores no reciben todo el crédito que deberían recibir. Porque yo me doy cuenta, por ejemplo, que utilizo mucho humor, con un humor bastante seco, un poco negro en mis novelas, que a veces es casi imposible de traducir. Y, sin embargo, Julio Hermoso lo logra. Y eso me parece un mérito increíble, porque he visto también lo que sucede cuando eso no funciona bien.
Estoy muy agradecido.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Dayna Barker
INTÉRPRETE: Vilma Corvetto
D. Barker
Traducción de Julio Hermoso
Editorial Destino, 592 pp., 22,90 €
Sinopsis:
La nueva novela de J. D. Barker, el maestro americano del suspense, autor de la trilogía El Cuarto Mono.
Para que una casa encantada nazca, alguien tiene que morir.
En el adormecido pueblo costero de New Castle, New Hampshire, la vida del joven Billy Hasler, de diecisiete años, está a punto de dar un giro aterrador. Cuando su mejor amigo, David Spivey, hereda una misteriosa casa en una isla cercana, parece el lugar perfecto para pasar su último verano antes de irse a la universidad. Sin padres. Sin policía. Sin responsabilidades. Pero al indagar en el oscuro pasado de la isla, despiertan una antigua maldad que ha influido en generaciones. Lo que comienza como una inocente aventura veraniega pronto se convierte en una pesadilla.








