«…Cuando empecé a escribir, con la intuición de que debía reapropiarme del terror realista de Stephen King y el morbo romántico de Emily Brontë, no recurrí a ningún tipo de ensayo ni análisis sobre el género. Danza macabra (1981), de King, debió de ser mi primer acercamiento a la teoría sobre el terror, junto con los libros de Juan Jacobo Bajarlía, enorme escritor y poeta argentino que dedicó ensayos fundamentales a estos temas en volúmenes como Drácula, el vampirismo y Bram Stoker (1992), Lovecraft, el horror sobrenatural (1996) y en sus estudios sobre las vanguardias –Literatura de vanguardia (1956) o El vanguardismo poético en América y España (1957)–. Por Alejandra Pizarnik llegué al surrealismo y a Erzsébet Báthory, la condesa sangrienta; por las colecciones arrojadas a saldo de Emecé conocí a Peter Straub. Recuerdo haberme comprado con ilusión un libro usado que se titulaba El misterio gótico (1985), de Gérard de Sede, pero para mi sorpresa se centraba sobre todo en el pueblo godo y sus catedrales, y tan solo le dedicaba dos páginas al género literario que a mí me interesaba…»
Estas frases son del libro Conversación con la oscuridad, de Mariana Enriquez, publicado por Páginas de Espuma, y que desde el 7 de octubre está en todas las librerías.
En esta magnífica obra, distanciándose de las ruinas medievales y las brumas del gótico europeo, Enriquez propone un terror que surge de los traumas históricos y sociopolíticos que asedian Latinoamérica. Las cinco «vértebras» de este libro profundizan en los espacios, los tiempos, las subjetividades y los cuerpos bajo la lente de lo siniestro, constituyendo el manifiesto definitivo de su poética y un dispositivo ético sobre la memoria. La autora congrega la alta teoría, la cultura popular, la literatura, el cine y el true crime para constatar que la escritura espectral es el único lenguaje honesto para testimoniar que los muertos no descansan y para comprender por qué la realidad tiene la estructura de una pesadilla. Sus fantasmas son convocados a través del ocultismo, la psicogeografía y la hauntología. Mientras leemos estas páginas, una grieta permanece abierta en la frontera entre lo que está y lo que ya no está. Esa grieta es la presencia del terror cuando funciona. Y cuando funciona, es lo más cerca que estamos de la magia, lo más cerca que estamos de Mariana Enriquez.
Recordemos que Mariana Enriquez nació en 1973 en Buenos Aires, Argentina, es periodista y vive en Australia. Ha publicado las novelas Bajar es lo peor (1995 y 2013), Cómo desaparecer completamente (2004), Este es el mar (2017) y Nuestra parte de noche (2019, Premio Herralde de Novela); las colecciones de cuentos Los peligros de fumar en la cama (2009 y 2017), Las cosas que perdimos en el fuego (2016) y Un lugar soleado para gente sombría (2024); la nouvelle Chicos que vuelven (2010); los relatos de viajes Alguien camina sobre tu tumba. Mis viajes a cementerios (2013); el cuento ilustrado Ese verano a oscuras (Páginas de Espuma, 2019); así como el perfil La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo (2014 y 2018) y el ensayo Archipiélago (2025).
En 2019 recibió el Premio de la Crítica por Nuestra parte de noche, en 2021 Los peligros de fumar en la cama fue incluido en la shortlist del Premio Booker Internacional y, en 2025, Un lugar soleado para gente sombría ganó el World Fantasy Award en la categoría de mejor colección. En 2024 fue galardonada con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso. Sus libros de cuentos y Nuestra parte de noche se han traducido a más de veinte idiomas.
Pues bien, el 28 de octubre, Mariana Enriquez tuvo un encuentro con periodistas, en el Teatro del Barrio, en pleno Lavapiés, presentando Conversación con la oscuridad. La autora argentina -melena con mechas plateadas, cazadora negra, anillos grandes, pulsera ancha- estuvo muy comunicativa, cautivando con sus comentarios a todos los que nos habían invitado, tras el preámbulo de Juan Casamayor, como editor y cofundador de Páginas de Espuma, que comenzó diciendo:
“…Voy a contaros un poco desde Páginas de Espuma cómo se ha construido este proyecto editorial y de dónde surgen las semillas que se han ido plantando a lo largo de más de un año de trabajo para que hoy tengáis el libro entre vuestras manos.
Estos meses, estas semanas, hasta un año y medio con Mariana, hemos intentado recordar desde cuándo nos conocíamos. No lo teníamos muy claro, íbamos como remontándonos en el pasado peligrosamente, porque claro, cada vez que íbamos hacia atrás, se nos acumulaban los años encima, y hemos calculado que sería en torno al año 2005 o 2006. O sea que son veinte años de conocernos y de entrar y salir en una relación que estaba muy marcada por las distancias y por las ocupaciones de cada uno.
Pero lo que sí era un estrecho puente entre los dos era su escritura y mi lectura. Soy un lector muy fan, muy seguidor de todo lo que iba escribiendo Mariana, de todo su trabajo. El terror es una cosa muy seria. Pero a mí cada vez que iba avanzando en su proyecto de escritura, me iba interesando algo que siempre ha interesado en Páginas de Espuma, que es como la cara B de quien escribe.
Son todos esos textos, esas reflexiones, que pueden ser libros de cartas, libros de viajes, ensayos literarios; es decir, la acumulación de años de reflexión y pensamiento en torno a una obra que se va escribiendo. En este caso, el gerundio es importante. Este libro es una parada, pero es una parada de un viaje que continúa.
Y así, bajo este clima y bajo estas, digamos, ideas iniciales, se fue haciendo una propuesta a Mariana, donde intervinieron también grandes amigas de la editorial: Inti Bustos, que es una profesora de Mendoza, en Argentina, y Erica Durante, una profesora estadounidense en Brown, que dieron un poco el ecosistema de libro de cómo se podía recoger todo ese cúmulo de pensamientos, reflexiones, ideas, que acoge este Conversación con la oscuridad.
Y yo creo que el libro llegaba también en un momento que a Mariana lo veía claro, porque no en vano venía de un libro [El otro lado (2022)] donde se reunían sus artículos, con la edición de Leila Guerriero; venía de un libro más, un libro que os recomiendo, que es Archipiélago (2025), un recorrido por las distintas islas de su biblioteca, que es apasionante.
Pero yo creo que había toda una reflexión que a mí me interesaba mucho, y ella lo dice, que cuando quitas la capa del terror aparecen muchas y múltiples lecturas. Y es ahí donde van las reflexiones de Mariana y es ahí hacia donde va el libro.
La verdad es que ha sido un libro que surge para hacerlo, lo comentaba también Mariana, de un acervo, voy a decir, audiovisual inmenso, pensad veinte años, veinticinco años de conferencias, talleres, clases magistrales, todo lo que Mariana ha ido dejando rastro, Inti, con una paciencia infinita, le ha ido dando forma. Y a partir de ahí, ya ha entrado la labor de Mariana, hasta culminar el libro…”.
A partir de esta presentación de Juan Casamayor, se empezaron a lanzar las primeras preguntas. Por ejemplo, se comenta que ella dice en el libro, en un momento dado, que trabaja sus obras, sus cuentos, desde tres perspectivas de plano simultáneo; dice que trabaja, desde una metáfora general, lo que quiere contar, el tema, digamos, entre comillas; luego que aterriza el mito, a mitos concretos o a terrores concretos; luego señala, por ejemplo, el uso de los tropos en sus textos, sean las casas embrujadas o lo que sea.
Y se quiso saber si ella se pregunta, cuando está escribiendo, por esas diferencias entre lo que es terror, lo que es lo extraño, lo que es algo más cercano a estas categorías de Mark Fisher, de lo raro y estas cosas. Sobre todo porque Conversación con la oscuridad es un trabajo muy de indagación, precisamente a las raíces del terror.
A lo que Mariana Enriquez dijo inmediatamente:
“…En general, como trabajo yo, suelo empezar por la trama. Y en consecuencia por el tropo.
En el proceso creativo, lo que a mí se me ocurre primero es: una casa con esto, una persona que entra; como la historia. Y después la escribo y ahí, mientras voy escribiendo, me voy dando cuenta de esto. De alguna manera, el libro en general es como una especie de arqueología. Lo que apareció, lo que emergió, es esto. Estoy escribiendo qué hay debajo, pero en general es primero la historia.
Yo encuentro que, cuando uno piensa el tema primero, es un problema. O sea, es panfletario; a mí si una persona me dice: yo no me di cuenta de toda la carga política que tenía tal cuento, mejor. Mejor, porque si te dieras cuenta de toda la carga política, quiere decir que es un cuento que te está dando órdenes, que te está bajando línea: tenés que pensar esto, tenés que pensar lo otro. Yo prefiero que sean confusos, que sean raros, que terminen raro.
Hay un punto que, por supuesto, uno se pregunta también como escritor por qué hace un libro así, que parece como que dice: esto te muestro, te muestro todas las herramientas; y después de eso, cómo si vas a seguir escribiendo ahora de la misma manera, quizás no, quizás esto es como en otro momento, o no, no lo sé.
Pero también yo sentía que era momento, sobre todo por tantos años de recolectar, de pensar sobre las cosas y tal, tenía, cuando me ofrecieron: ¿tenés ganas de ponerlo por escrito y que sea coherente?, y dije: bueno, pues yo no lo hubiese hecho nunca jamás. Jamás, porque soy muy desordenada, mentalmente.
En consecuencia, pienso en todas esas cosas después. Ahora las pienso mucho y a mí me gusta ubicarlas por acá y eso.
Últimamente lo que más estoy trabajando, también por una cuestión de época y de sensación de época, es el siniestro. O sea, lo familiar que se empieza a volver raro. Porque me parece que a mí es el efecto de época en la que estoy que más me inquieta.
Entonces en los relatos empieza a aparecer cada vez la sensación de que la realidad es muy extraña, muy difícil de interpretar, no saber si uno está en la realidad o no, si morimos todos en la pandemia.
Los tropos ya no aparecen tanto. Estoy leyendo mucho más a Robert Aickman que otra cosa. O sea, uno lee a Robert Aickman [(1914-1981), escritor conocido sobre todo por sus relatos cortos del género sobrenatural, que él describió como «cuentos extraños»] y se pregunta si es un cuento de una casa con fantasmas, y no lo es exactamente. es un ambiente enrarecido. Lo que más me interesa ahora son los ambientes enrarecidos…”.
Después de esta contestación, continuando con la rueda de prensa, llegó nuestro turno y le comentamos a Mariana Enriquez que, bajo nuestro punto de vista, Conversación con la oscuridad da una visión estupenda de lo que es el terror, desde muchísimos años atrás hasta la actualidad. Al hilo de esto, le preguntamos por su último libro de cuentos, Un lugar soleado para gente sombría, en concreto por la última historia, “Ojos negros”, un cuento básico, brutal, que pone los pelos de punta…
A lo que Mariana Enriquez contestó:
“…Bueno, ese cuento un poco está implícito, de alguna manera, en el trabajo que se recoge acá en Conversación con la oscuridad. Porque la leyenda urbana de ese cuento, que son “los chicos de ojos negros”, es una leyenda urbana que se difundió muchísimo en internet.
No es una espiritipasta, es todavía una leyenda urbana de chicos que te golpean la puerta, o el auto, a lo mejor, y te piden subir a la casa. Y uno primero se conmueve porque son chicos, y después aparece lo siniestro, se empieza a dar cuenta de que los chicos son raros, que están vestidos de una manera particular, que son muy insistentes, que son cualquier cosa menos niños que quieren pasar.
Y el cuento está situado en los niños, como que se infiltran dentro de una acampada de gente sin casa, en la que están unos asistentes sociales trabajando, y entonces el juego era insertar una leyenda urbana en este ámbito de la ciudad.
Pero es una leyenda que empezó a circular en internet, en foros. Creo que el origen es real, ellos; ya no importa mucho. Pero quiero decir, había un señor que dice que los vio en serio la primera vez y de ahí se empezó a diseminar.
Pero eso es como una forma de recolección de leyendas urbanas que a mí me interesa recopilar como oralidad, esta nueva oralidad que es una oralidad que aparece en internet y que, como una imagen urbana muy habitual y muy compleja también, es la imagen de la gente que está en situación de calle y la gente que la ayuda. Tenía ganas de contar esa historia de alguna manera y me pareció un buen lugar para hacerlo ese…”.
Y con esa amplitud y generosidad en sus respuestas, queridos lectores, siguió el encuentro con periodistas y demás preguntas interesantes a Mariana Enriquez sobre Conversación con la oscuridad.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Sebastián Freire
Conversación con la oscuridad
Mariana Enriquez
Editorial Páginas de Espuma, 272 pp., 20 €
Sinopsis:
Una lúcida y perturbadora cartografía crítica del terror contemporáneo y de su propia escritura, de la mano de la reina del horror.
Distanciándose de las ruinas medievales y las brumas del gótico europeo, Mariana Enriquez propone un terror que surge de los traumas históricos y sociopolíticos que asedian Latinoamérica. Las cinco «vértebras» de este libro profundizan en los espacios, los tiempos, las subjetividades y los cuerpos bajo la lente de lo siniestro, constituyendo el manifiesto definitivo de su poética y un dispositivo ético sobre la memoria. La autora congrega la alta teoría, la cultura popular, la literatura, el cine y el true crime para constatar que la escritura espectral es el único lenguaje honesto para testimoniar que los muertos no descansan y para comprender por qué la realidad tiene la estructura de una pesadilla. Sus fantasmas son convocados a través del ocultismo, la psicogeografía y la hauntología. Mientras leemos estas páginas, una grieta permanece abierta en la frontera entre lo que está y lo que ya no está. Esa grieta es la presencia del terror cuando funciona. Y cuando funciona, es lo más cerca que estamos de la magia, lo más cerca que estamos de Mariana Enriquez.



