«…Me “cosía” los dobladillos de las polleras con alfileres de gancho; ignoraba que las zapatillas de lona de gimnasia -actividad del colegio que yo detestaba- se lavaban y pintaba las mías con tiza para blanquearlas (o ensuciarlas). Solía darnos a elegir entre ir al cine de la playa Malvín, en Montevideo, o a la pizzería; si tocaba cine no había pizzería, pero tampoco ninguna cena. Esta práctica desarrollo mi hermano y en mí una mentalidad eminentemente práctica: nos gritábamos de cama a cama (en el medio había un ropero que dividía la habitación en dos) e imaginábamos copiosos festines. Nuestro deleite era retarnos a nombrar los platos -salía una milanesa napolitana, unos ñoquis con tuco-, un procedimiento cenestésico que nos impregnaba de saciedad y dicha…»
Estas frases son del libro Mi niñera de la KGB de Laura Ramos, publicado por Lúmen y que desde el 11 de junio está en todas las librerías. Una obra donde se nos cuenta que África de las Heras fue captada por los servicios secretos soviéticos en 1937. Desde entonces, operó como una agente internacional de élite. Durante la Segunda Guerra Mundial se tiró en paracaídas sobre las tropas de la retaguardia alemana en Ucrania; en México participó en el asesinato de Trotski; se casó con Felisberto Hernández con el fin de establecer un centro de la KGB en Montevideo, donde estuvo implicada en un supuesto intento de asesinato del Che, así como en el de su último marido. Allí pasó a ser la niñera de la autora de este libro, hija de una pareja de políticos e intelectuales trotskistas argentinos. Más de medio siglo después, Ramos descubre su verdadera identidad y emprende una exhaustiva investigación con revelaciones inéditas tras viajar siguiendo sus pasos por Ceuta, Barcelona, México, La Habana, Cambridge y Montevideo.
Recordemos que Laura Ramos nació en Buenos Aires en 1956. Vivió en Argentina, Uruguay y México. Estudió Humanidades en las universidades de Córdoba y de Buenos Aires. Su madre fue la feminista Faby Carvallo, también conocida como La Maga en los círculos bohemios de los años cuarenta y cincuenta. Su padre fue Jorge Abelardo Ramos, historiador y político de izquierda, embajador en México y dos veces candidato a la presidencia de la Argentina. Escribe en La Nación, Clarín y Página/12. Sus crónicas y columnas autobiográficas inscribieron marcas que perduran en la escritura argentina. Es coautora del bestseller Corazones en llamas (1991) y autora de Buenos Aires me mata (1993, llevada al cine en 1997), La niña guerrera (2010), Infernales. La hermandad Brontë (2018, Argentina; Lumen, 2026, España), Las señoritas. Historia de las maestras estadounidenses que Sarmiento trajo a la Argentina en el siglo XIX (2021) y Mi niñera de la KGB (Lumen, 2025, Argentina; 2026, España). Su trabajo obtuvo el Premio de la Crítica al Mejor Libro de Creación Literaria 2021 de la Fundación El Libro, y el Diploma al Mérito Konex 2024.
Por Mi niñera de la KGB, su recién publicado libro, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Laura Ramos, para que nos hable de él a los lectores de Qué Leer.
Laura, por favor, haznos una breve presentación de tu libro.
Mi libro es la biografía de un fantasma. ¿Y acaso un agente secreto no es -un buen agente secreto, el mejor, como dijo el jerarca de la KGB Pavel Sudoplátov de nuestra modista- un fantasma? Mi búsqueda fue la búsqueda de huellas borradas, de pelucas, de antenas de transmisión, de papeleros con mensajes cifrados, de gafas negras, de mapas, de nombres de espías escondidos en zapatos y de boquetes picados en una pared, de pasaportes falsos, de armas con silenciador, de maniquíes que ocultaban transmisores, de dedales, de agujas, de cajas de bombones con explosivos, de cápsulas de veneno. Pero también fue una biografía encriptada de mi propia familia, con sus secretos, sus mentiras, sus valijas de doble fondo. Y por sobre todo, el libro es una historia sesgada, subjetiva, caprichosa y profundamente política y sentimental del siglo XX.
¿Qué hizo de resorte para que te arremangaras y te pusieras a escribir Mi niñera de la KGB?
Después de meses de negarme, porque escribir sobre esto iba a significar escribir sobre una realidad relativamente reciente (siglo XX) en países muy cercanos, como México o Uruguay, comprendí que desde el siglo XXI el siglo XX era un siglo fuera del tiempo, un siglo que podía ver con distancia: un mundo en blanco y negro con imágenes vintage, películas de James Bond y señoras acicaladas con enormes peinados batidos, con la revolución rusa y aquel héroe trágico de la historia, León Trotski. En ese punto, en la idea de que iba a sumergirme en la historia del viejísimo y lejano siglo XX, me entusiasmé. Iba a ser un libro de espías de impermeables grises y gafas negras, con cajas de bombones que explotaban y envenenamientos, me recordaba a las películas francesas de los años sesenta.
Empiezas a todo trapo, sin ningún preámbulo, se nota las ganas que tenías de presentar esta historia al lector.
Estaba tan pasmada por el descubrimiento de los dos crímenes de María Luisa, mi niñera, que no podía contenerme de contarlo al principio. Y es que yo tenía el libro terminado y entregado cuando me llegó un llamado de Montevideo que desencadenó una nueva investigación. Y en esa instancia me encontré con los dos crímenes, ocurridos en 1961 y en 1964. Este último durante el mismo año en que M Luisa nos cuidaba en su casa y en el mismo salón donde nos daba la leche. Tuve que pedir el original al editor y empezar el libro de nuevo.
En los tres primeros capítulos sitúas el libro y, a partir de ahí, cuentas en orden cronológico, desde principios del siglo XX, o desde 1933, que es más o menos cuando comienza verdaderamente la historia. ¿Te fue difícil mantener este tono en el libro?
Me fue muy difícil tomar esa decisión. Hice varias versiones, no cronológicas, y finalmente decidí hacerlo cronológico para ayudar al lector a comprender la historia.
La novela se divide en dos partes. Sobresale el dinamismo de la primera persona del singular con la que narras. ¿Por qué elegiste esta forma verbal?
Porque el libro requería de mi honestidad, de la primera persona: del yo, para que los lectores supieran que no se trataba de una enciclopedia sino de un libro contado por alguien completamente contaminado por la historia: por uno de los niños de María Luisa. A la vez, el libro no es una novela, no hay nada de ficción, todo lo que cuento son hechos documentados. Pero los cuenta una persona del círculo íntimo de la protagonista.
Hay diálogos también: muy bien metidos para que iluminen partes concretas del argumento.
Los diálogos no son ficcionales, están grabados o anotados en las conversaciones. Tuve que incluirlos porque no era lo mismo decir: “María Luisa cuidó al hijo del espía al que asesinó” que dejar que ese hijo exclamara, envuelto en llanto: “¡Ella me dio la vida!” El dramatismo de este diálogo, el dramatismo shakesperiano (o de telenovela mexicana) se impuso por su propia fuerza.
Destaca tu fascinación por África de las Heras/ María Luisa: la protagonista, tu niñera, un personaje casi imposible de imaginar. ¡Y existió!
Ella era extraordinaria: salvó a españoles que iban a ser asesinados por la Gestapo en París, se tiró en paracaídas sobre las tropas alemanas en la Segunda Guerra, cruzó de la mano por los Pirineos a republicanos que querían huir a Francia. Pero también participó del asesinato de Trotski. Ese es el punto más complejo del libro: sus contradicciones. Era una heroína y también una asesina.
¿Cuál era la principal característica de María Luisa/ África de las Heras?
Su inteligencia, su frialdad. Nunca fue descubierta, nunca se quebró, no le confesó nada a nadie en los 20 años que estuvo en Montevideo rodeada de amigos que la adoraban.
Laura, tu libro es una quest, como dicen los ingleses, de manual: Ceuta, La Habana, Cambridge, Montevideo: muchas entrevistas, muchos documentos: una pesquisa, una investigación, como En busca del barón Corvo o, también, Ciudadano Kane. Lo que hace que nos preguntemos si no es más atrayente la propia quest, la investigación, que el personaje investigado.
Toda biografía es una autobiografía. Y en esta, en sentido literal. Mientras investigaba sobre María Luisa iba descubriendo la historia de mi madre, de sus amantes, de sus amigos, de sus ideas sobre el amor libre, la libertad que compartía con María Luisa y su reducido grupo de amigas. Fue tan apasionante la historia de mi familia y la del grupo de amigos que la de María Luisa.
En tu libro, vas al núcleo de la investigación: nada sobra. En la pag. 233, se dice: “¿A cuento de qué intentar un final literario ahora?”
El cuento de Borges, Emma Zunz, parece describir mi libro. Supongo que esa es la cualidad de los clásicos (en un libro están todos los libros, en un hombre están todos los hombres). Pero no quería terminar con solemnidad, ni atribuirle a mi libro cualidades literarias. En mi fuero interno sé que hice una arquitectura de la palabra, una construcción muy compleja, pero nada hay más alejado de mis gustos que la arrogancia. Así que me gustó la idea de mezclar ese final con un signo de la cultura popular y muy popular, como la película El Padrino.
El que nada sobrara, ¿fue uno de los principales retos de este libro?
Absolutamente. Saqué tres capítulos enteros que dediqué a Trotski, enamorada de su historia. Eran hermosos, pero sobraban.
Para ello (que nada sobrara), ¿corregiste mucho Mi niñera de la KGB?
Creo que lo corregí dos años, una y otra vez, tengo decenas y decenas de versiones, de estructuras diferentes, de lecturas de editores.
¿Y cuánto tiempo habías tardado en escribirlo?
Dos años.
¿Junto a qué otros libros colocarías Mi niñera de la KGB en una estantería?
Me gustaría que esté junto a clásicos del siglo XX, como una colección de revistas de Cahiers du cinema, junto al libro Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada, de Alexandra Kolontai, que mi madre me daba para leer a los 11 años y era aburridísimo, junto a un folleto publicitario del spray que usaban las mujeres para sus pelos batidos, junto a la revista Reader’s Digest que era un panfleto anticomunista, junto al Manifiesto comunista y Claudine en la escuela, de Colette, otra de mis lecturas obligatorias.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Alejandra López
Laura Ramos
Editorial Lúmen, 256 pp., 19,90 €
Sinopsis:
África de las Heras fue captada por los servicios secretos soviéticos en 1937. Desde entonces, operó como una agente internacional de élite. Durante la Segunda Guerra Mundial se tiró en paracaídas sobre las tropas de la retaguardia alemana en Ucrania; en México participó en el asesinato de Trotski; se casó con Felisberto Hernández con el fin de establecer un centro de la KGB en Montevideo, donde estuvo implicada en un supuesto intento de asesinato del Che, así como en el de su último marido. Allí pasó a ser la niñera de la autora de este libro, hija de una pareja de políticos e intelectuales trotskistas argentinos. Más de medio siglo después, Laura Ramos descubre su verdadera identidad y emprende una exhaustiva investigación con revelaciones inéditas tras viajar siguiendo sus pasos por Ceuta, Barcelona, México, La Habana, Cambridge y Montevideo.
Elogiada por Martín Caparrós, Alan Pauls, Claudia Piñeiro, Rodrigo Fresán o Jorge Fernández Díaz, Mi niñera de la KGB es un relato hipnótico, magistralmente escrito por la ganadora de los premios Konex y de la Crítica, donde se mezclan espionaje, historia y memoria familiar.




