«…El hombre en cuestión, un soldado raso del Ejército británico llamado Joseph Caan, de Londres N8, y destinado en el Rin, estaba ya ante él, hecho un manojo de nervios al ser recibido por un Amtsleiter que, sin embargo, se expresaba en un inglés preocupantemente preciso, y que se esforzaba, sin conseguirlo, para que aquella entrevista se pareciera a la –ya bastante difícil de por sí– que debía de haber tenido antes con su «superior», el comandante Wilkes.
Claramente superado por la situación, pero –y eso despertaba el interés de Herr Büchner– superado por decisión propia.
–¿No quiere sentarse, señor Caan?
Estrechó la mano del hombre de manera rutinaria, pero lo miró con una sonrisa amistosa. Había optado por llamarlo «señor», lo que desde luego solo podía confundirle, pero aquello era una institución civil y deseaba que el hombre se relajara y pudiera descansar, pero sin decirle directamente «Descanse». ¿No era eso lo que decían en el Ejército? «Descanse.» Y luego: «Descanso a discreción».
–No soy su superior. –Volvió a sonreír–. No tiene que ponerse firmes…»
Estas frases son de “La segunda mejor opción”, una de las excelentes historias que se incluyen en Doce cuentos de posguerra, de Graham Swift, libro publicado por Anagrama y que desde el 17 de junio está en todas las librerías.
Swift es conocido principalmente como autor de las novelas El país del agua (1983) y Últimos tragos (1996, por la que ganó el Premio Booker). A nosotros nos gusta especialmente La luz del día (2003), novela de misterio y redención, donde explora las secuelas del asesinato de un marido desde la perspectiva de un expolicía convertido en investigador privado.
Hay que decir que Graham Swift es uno de esos autores que siempre buscan avanzar en su propia escritura y trabajan con verdadero ahínco la trama de sus historias. No se conforma con aciertos tan notables como los de las novelas antes citadas. El escritor británico siempre busca nuevos caminos, o caminos diferentes, a partir de sus libros anteriores y esta curiosidad, este estímulo, es el que siempre ha empujado su narrativa.
Swift, ya en el tramo final de su carrera (nació en 1949), se ha centrado últimamente en obras más cortas, como El domingo de las Madres (2016) y Bueno, aquí estamos (2020). En Doce cuentos de posguerra sigue esta estela, registrando las vidas de quienes sufrieron, de una manera u otra, la violencia de la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias, por lo que los personajes con más peso suelen ser de edad avanzada y, como era de esperar, reflexionan sobre las muchas pérdidas y derrotas y los pocos avances y triunfos en sus vidas tras el cese de hostilidades.
Las historias de Doce cuentos de posguerra logran capturar toda su mediocre realidad. La vida, ¿no? Situadas temporalmente en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial y temáticamente en el impacto del conflicto militar en combatientes, civiles y sus descendientes, las historias funcionan, en conjunto, como un estudio de la experiencia humana. La vida, ¿no? Exploran conscientemente lo que significa ser un individuo, vivir en el contexto de las relaciones personales y familiares, de la sociedad en general y, especialmente, de los acontecimientos históricos importantes: el Holocausto, Pearl Harbor, la Crisis de los Misiles de Cuba, la huelga de mineros, el 11-S, la Guerra de Irak.
Este más que notable libro subraya uno de los grandes temas de Graham Swift: los beneficios, o no, de adquirir conocimiento del pasado, sin haberlo previsto. En el mencionado relato, “La segunda mejor opción”, Herr Büchner, que trabaja en una oficina del gobierno municipal alemán en 1959, recibe la visita de un soldado del Ejército británico destinado en el Rin. El soldado pregunta por el destino de sus familiares judíos en Hannover. Pero Herr Büchner solo puede ayudarle hasta cierto punto. Su oficina no se encarga de estos casos. Eso es para el Servicio de Búsqueda que gestiona la Cruz Roja Internacional. Después de que el soldado británico se va, Herr Büchner piensa, al respecto de las intenciones verdaderas del soldado: “si no ahora, ¿cuándo? ¿Lo harás alguna vez? ¿Vas a dejar que la vida siga, que tu vida siga, sin…?”.
Aquí ya se aprecia que, la gran habilidad de Swift, reside en la sutileza. Algo cada vez más difícil de encontrar en la literatura de hoy. Su camino hacia la esencia de la vida de sus personajes —sus experiencias más significativas y también las que mayormente les definen— suele ser indirecto y gradual. Los títulos de los cuentos insinúan la complejidad de esta técnica narrativa; en general, de una sola palabra: «Sonrojo», «Belleza», «Zoo», «Bisagras», «Niños», «Negro»; como dando y no dando pistas de lo que se puede encontrar en el interior de cada historia.
El doctor Cole, en «Sonrojo», por ejemplo, tiene setenta y dos años; jubilado y viudo. Era especialista en enfermedades respiratorias. Ahora está de guardia, voluntario, durante la pandemia de Covid. En su camino al hospital a las seis de una mañana de abril, recuerda una visita, cuando él tenía diez años, del doctor Henderson, quien le diagnosticó escarlatina. Más importante aún, recuerda la intimidad entre el doctor Henderson y su propia madre durante la visita. Ahora, mucho más mayor y poco más sabio, comprende lo que le desconcertaba de niño: por qué el doctor Henderson habría sido invitado a su fiesta de décimo cumpleaños y por qué su madre le animó a convertirse en médico allá por entonces.
En lo mejor de estas historias, se demuestra la gran capacidad de Swift para vincular lo local y lo global, lo histórico y lo personal, al tiempo que conecta dos eventos separados tanto por años como por lugares. En «Negro», uno de los puntos más altos de la colección, Swift echa un vistazo a la tensión social y cultural que caracteriza el periodo de posguerra. Es 1984, en pleno apogeo de la violencia de la huelga de los mineros. Nora Armstrong recuerda cómo hace cuarenta años, cuando tenía dieciocho, “había hecho algo extraordinario y atrevido, incluso escandaloso. Pero también bueno”: se sentó junto a un aviador negro estadounidense en un autobús, para sorpresa de sus vecinos y amigos. Sabía que el acto acabaría llegando a oídos de su padre, minero de Scarwood, que era muy agresivo, que se pondría furioso cuando se enterara, que «me matará si…». Pero, en cambio, el acto le da el valor suficiente para plantarle cara a su padre y toda su terrible violencia doméstica.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Brian Wilson / Alamy / Cordon Press
Doce cuentos de posguerra
Graham Swift
Editorial Anagrama, 224 pp., 20,90 €
Sinopsis:
Tras la Segunda Guerra Mundial emergió un nuevo mundo en el que crecieron sucesivas generaciones. Es a esa posguerra a la que hace referencia en primer término el título de este volumen, que reúne doce relatos prodigiosos. Pero no solo, porque cada uno de los protagonistas vive sus propias posguerras íntimas.
En estas historias breves, cinceladas con minuciosa perfección, los personajes se confrontan con el pasado, lo evocan con emoción o con dolor. En sus vidas se cruza en ocasiones la historia, como le sucede a ese padre que se niega a suspender la boda de su hija pese a que en Cuba ha estallado la crisis de los misiles y el mundo está en vilo, acaso al borde de su destrucción. O a esa criada filipina que lleva a un niño al zoo de Londres el día en que dos aviones se estrellan contra las Torres Gemelas en Nueva York…
La historia también asoma en la peripecia de un militar británico que en la Alemania de 1959 trata de averiguar el destino de sus familiares, judíos alemanes, durante el nazismo, para lo cual acude a un archivo. Hablando con el funcionario que lo atiende, descubren que los padres de ambos combatieron en la batalla de Tobruk, en bandos opuestos.
También surge en los recuerdos de una anciana cuyo padre, un joven británico, fue a España a combatir el fascismo y allí encontró al amor de su vida. Después tuvieron una hija, ella, que creció bajo las bombas del Blitz.
En otras ocasiones, la historia con la que se confrontan los personajes es más íntima y en minúscula, como en el caso de ese abuelo que visita el escenario —una habitación de estudiante ya vacía— en el que su nieta se ha quitado la vida…
Doce relatos portentosos, en los que se entrecruzan las grandes y pequeñas historias, la memoria y el presente. Graham Swift demuestra su maestría en el manejo de la distancia corta con estas piezas conmovedoras, sutiles y escritas con la exactitud y delicadeza de un orfebre de la gran literatura.




