«…Por más que acudo cada mañana al gimnasio para levantar pesas que disimulen la flojera de las carnes que aún me habitan, la realidad es implacable: a mis brazos les falta la tersura y la dureza de antaño. Por eso, sin decírmelo a mí misma, hace tiempo decidí no comprarme ninguna blusa ni vestido que deje al descubierto el tramo que va desde la clavícula hasta los codos. En mi opinión, los creadores de moda son muy desconsiderados con las mujeres que ya han cumplido los sesenta. La ropa que diseñan exige piernas infinitas, sin las salpicaduras de las manchas de la edad, brazos firmemente moldeados y un rostro donde estén difuminadas las arrugas conseguidas a lo largo de la vida llorando, riendo, hablando…»
Estas frases son de la novela Una familia moderna de Julia Navarro, publicada por Plaza & Janés y que desde el 15 de septiembre está en todas las librerías. Una obra en donde se nos cuenta que Martha y Thomas forman una familia moderna. Ambos pertenecen a la vanguardia artística y cultural. Ella brilló en los escenarios internacionales como primera bailarina de las compañías más prestigiosas de ballet; él es un reconocido filósofo con una intensa vida académica. Su hija Felicitas dirige con éxito un canal digital y, como madre soltera por elección, ha criado a Penny, una adolescente que desafía todas las convenciones. Sin embargo, a sus setenta años, Martha y Thomas observan con desconcierto cómo el mundo que creían conocer ha cambiado para siempre.
Recordemos que Julia Navarro ha cautivado a millones de lectores con las nueve novelas que ha publicado hasta la fecha y que se han traducido en más de treinta países: La Hermandad de la Sábana Santa, La Biblia de barro, La sangre de los inocentes, Dime quién soy, Dispara, yo ya estoy muerto, Historia de un canalla, Tú no matarás, De ninguna parte y El niño que perdió la guerra.
Además, es también autora de los ensayos Una historia compartida y Cuando ellos se van.
Su novela Dime quién soy fue adaptada con gran éxito a una serie de televisión.
Por Una familia moderna, su última y reciente novela, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Julia Navarro, para que nos la presente a los lectores de Qué Leer.
Para empezar, Julia, ¿podrías hacernos un breve resumen de tu libro?
Qué difícil… Bueno, este es un libro en el que yo planteo varias reflexiones.
La primera es el peso de la vejez y el cómo la afrontamos. La segunda es las desavenencias generacionales, cómo se abordan. Y también está otra cuestión que es la inmigración.
Yo diría que esos son los tres ejes de la novela.
¿Y cuál fue el desencadenante para ponerte manos a la obra y escribir Una familia moderna?
Pues, otro libro.
Me regaló una amiga mía, Pilar Cernuda, el libro de Nora Ephron No me gusta mi cuello, hace ya mucho tiempo, ¿eh?, no es una cosa reciente. Pero ese libro me hizo pensar.
Digamos, que me tocó, al pensar por qué una intelectual como Nora Ephron, una mujer que, de repente, escribe un libro contando lo que le pasa a ella, que no le gusta su cuello, que cuenta su día a día, lo que es Nueva York, tal, pero sobre todo su obsesión con su cuello. Y eso a mí me llevó a reflexionar sobre algo que nunca había reflexionado, que era la vejez.
¿Qué significaba la vejez en la sociedad de hoy?
Y esa lucha contra los signos de la edad que se ha desatado en todo el mundo, también en nuestro país. O sea, hoy los jóvenes terminan Medicina y, en vez de querer ser cirujanos del corazón, se van todos a Dermatología para forrarse, porque hay esa demanda, ¿no?
Eso a mí me llevó a reflexionar: pero, bueno, la gente realmente lo único que quiere es parecer más joven, ¿o hay algo más?
Y yo he llegado a una conclusión, que a lo mejor absolutamente no tiene nada que ver con la realidad, pero creo que, cuando uno se acerca a la vejez, te das cuenta de que tienes más pasado que futuro, y a veces creo que puede ser un intento de frenar lo inevitable, que es el último cuarto de hora de la vida.
Todos tenemos una cita ineludible con la muerte en la que no pensamos mientras somos jóvenes. Pero, claro, según vas haciéndote mayor, sabes que esa es una cita de la que no te salva nadie. Aunque no la quieres hacer, la tienes ya fijada.
Entonces, yo creo que esa lucha por mantenerse joven, en ocasiones, o en muchas ocasiones, no es tanto una cuestión frívola de: oye, es que quiero no tener arrugas; sino, que tiene mucho más que ver con ese deseo de frenar, de frenar esa cita, de frenar ese último cuarto de hora.
Uno se engaña a sí mismo, porque al final tú [te] puedes hacer todos los cambios que quieras físicos, pero la edad biológica es la que llevas por dentro.
Hablemos de la trama de tu novela, si te parece: capítulos contados en primera persona y en presente. ¿Por qué el uso de esta persona literaria y este tiempo verbal?
No lo sé. Nunca sé, cuando me siento a escribir, cómo voy a escribir las historias.
De alguna manera, siempre es la historia la que me dice, cuando yo pienso en ella, cómo la tengo que contar. Y me parecía que era más potente contar en primera persona, que como si fuera un espectador.
En todo momento, Julia, a mí me ha dado la sensación de que tenías muy controlado el argumento. ¿Todo estaba definido así desde el principio, o ha habido alguna variación al ir escribiendo?
Es una novela en la que he pensado mucho, en la que desde que leí ese libro [de Nora Ephron] hace ya años, siempre tenía ahí como aparcada.
Y, entonces, al final un día vas y dices: bueno, pues ahora, ¿no?
Es verdad que pensaba que podía resultar un libro antipático, porque, bueno, porque es un libro en el que me meto en muchos charcos, que también me lo dijeron mis editores: Julia, ¿eres consciente de que los lectores se pueden enfadar contigo?
Bueno, sí, pero yo no puedo escribir para gustar, porque estaría haciendo trampas a los lectores y a mí misma. O sea, voy a escribir una novela que le guste a todo el mundo y que hable de…
No, no, eso es una trampa… Hay que arriesgar.
Y el estilo, en Una familia moderna, un estilo muy tuyo: claro, muy preciso, de gran vitalidad.
Claro, yo soy periodista. No me puedo entender sin el periodismo. El periodismo a mí me ha marcado la manera de escribir. Y estoy orgullosa de ello.
Hay muchos periodistas que escriben y que luego quieren que se olvide que han sido periodistas.
Yo no, porque a mí el periodismo me lo ha enseñado todo. Todo lo he aprendido ejerciendo esta profesión y, por tanto, sería como negarme a mí misma.
En tu novela hay muchos diálogos. Iluminan la trama, más que hacerla avanzar…
Pues es que me parecía que no se trataba de hacer una novela discursiva, que pareciera que soy yo la que estoy opinando, sino que me parecía más interesante que fueran los personajes los que hablaran, los que tuvieran vida propia, los que dijeran lo que querían decir.
Porque, si no, la tentación es en tercera persona, casi es ir diciendo tú lo que piensas de las cosas.
Y yo quería que mis personajes fueran autónomos.
Entonces, yo les digo a los lectores, no me busquen en mis personajes, porque no me van a encontrar.
Bueno, ese es el secreto de la gran literatura, ¿no?, que ahí está el autor y allá están los personajes.
Pero los lectores tienden a buscarte.
Me ha pasado -bueno, esta novela acaba de salir, todavía no-, pero me ha pasado en muchas novelas que a lo mejor aparece un periodista y dice: es usted.
Y no soy yo. Y además yo no haría las cosas así, les digo muchas veces. No, yo no las haría así.
Es que el personaje lo hace así: yo, no.
Entendido… Hablando del personaje, de la protagonista, Martha, un gran personaje, Julia. Nació el mismo año que murió Stalin y el mismo año que naciste tú. ¿Cuánto hay de ti en ella?
¿Cuánto hay de mí en ese personaje…? No, nada. Yo no soy Martha.
Además, yo nunca utilizaré la escritura para contarme a mí misma. No me creo tan interesante.
No, yo no soy Martha. Por eso elegí la primera persona, para que Martha hable, para que Thomas hable, para que los personajes hablen, para que no haya confusión.
Yo no estoy hablando, está hablando ella.
Pero me gustaba el comienzo, que Martha hubiese nacido el mismo año que murió Stalin.
En Una familia moderna, ya lo has mencionado tú, hablas del tiempo y de la decadencia física. ¿Quizá es la novela más pesimista tuya?
No. Yo creo que es una novela muy actual, en la que planteo cuestiones muy actuales.
Planteo el problema del paso del tiempo, en una sociedad en la que hay una carrera contra el tiempo.
Planteo otro problema, que es el desencuentro generacional en los últimos cuarenta años. Las cosas han cambiado más deprisa que en todos los siglos anteriores.
Antes, las relaciones familiares, durante siglos, han sido muy verticales y, prácticamente, no han cambiado la manera de relacionarse padres e hijos. Y en los últimos cuarenta años, todo eso ha implosionado y ahora es todo distinto.
Y también hablo de las cuestiones que están planteadas hoy en día en la sociedad: el problema de la identidad, el problema de lo políticamente correcto, el miedo a decir en voz alta lo que uno piensa porque inmediatamente te cuelgan un sambenito o te señalan.
Esos son los temas que están en esta novela.
Es una novela actual, donde me meto en los charcos, donde me meto en los charcos de la conversación pública.
Hablas en tu novela, como tú acabas de decir, de la familia en minúscula y en mayúscula. ¿Pero cuál es tu opinión de la familia en la sociedad de hoy?
Bueno, yo creo que la familia sigue siendo la base en la sociedad. Lo que pasa es que ahora hay otras fórmulas de familia.
Afortunadamente, eso se ha superado y ya la familia no es solo lo que hemos conocido, hay otros modelos.
Eso está bien porque ensancha la sociedad, ensancha la libertad de la sociedad.
La cuestión es el desencuentro. La falta de diálogo que a veces se produce, o en tantas ocasiones se produce, que yo creo que siempre se ha producido entre las generaciones. Lo que pasa que antes las relaciones de la familia eran más verticales. Tu padre pensaba una cosa, tú pensabas otra, pero no entrabas a debatir o a pelearte con…
Y ahora no. Ahora las relaciones familiares han cambiado y los niños debaten con sus padres sobre todo y les dicen lo que piensan y eso, pues, a muchas personas les trastoca.
La propia Martha dice: si yo le digo esto que me dice mi nieta a mí, mi padre me da un bofetón que me pone la cara al revés.
Bueno, hoy, afortunadamente, no hay bofetones.
¿Y del final, qué, Julia? ¿Sabías que ibas a llegar a ese final tan potente?
Sí, siempre, siempre. Yo cuido siempre mucho los finales. Porque yo pienso en las novelas. O sea, yo no me siento escribir a ver qué se me ocurre.
Yo cuando me siento escribir es porque quiero contar algo o quiero reflexionar.
A mí escribir me ayuda a pensar. Y, entonces, escribir novelas, me ayuda a pensar también y aclaro mis propias ideas.
Entonces, como pienso en las novelas, pienso en los personajes, pienso en todo, pues tengo que pensar el final. Y, cuando me siento a escribir, ya sé el final.
Eso sí, eso es verdad, que es algo que siempre hago, intento sorprender a los lectores con el final.
Y por último, ¿junto a qué otros títulos colocarías Una familia moderna en una librería?
Pues no lo sé, porque yo de eso nunca estoy de acuerdo dónde colocan mis libros.
Yo se lo digo a los libreros, que algunos son incluso amigos. Ahí siempre hay un debate. Pero, como yo nunca estoy de acuerdo dónde los colocan, pues ya es una batalla que no doy. Ya las batallas inútiles, que lo único que hacen es llevarte, conducirte a la melancolía, ya no las doy. Que lo coloquen donde quieran. Que cuando a mí me dicen: usted escribe novela histórica; digo no, yo no escribo novela histórica, ¿de dónde ha sacado usted que yo escribo novela histórica?
Pero, bueno, si de repente quieren colocar tu novela, esta desde luego es una novela actual, es una novela de hoy, aquí y ahora.
Espero que nadie me la coloque en novela histórica.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Juan Manuel Fernández
Julia Navarro
Editorial Plaza & Janés, 400 pp., 22,90 €
Sinopsis:
Una afilada novela sobre el paso del tiempo, la identidad y las contradicciones de la vida contemporánea.
Martha y Thomas forman una familia moderna. Ambos pertenecen a la vanguardia artística y cultural. Ella brilló en los escenarios internacionales como primera bailarina de las compañías más prestigiosas de ballet; él es un reconocido filósofo con una intensa vida académica. Su hija Felicitas dirige con éxito un canal digital y, como madre soltera por elección, ha criado a Penny, una adolescente que desafía todas las convenciones.
Sin embargo, a sus setenta años, Martha y Thomas observan con desconcierto cómo el mundo que creían conocer ha cambiado para siempre.




