«…Era mucho mejor antes, cuando yo no existía y ninguno de mis hermanos había nacido, ni los vivos ni los muertos. Solo estaba mi madre, que se revolvía en el colchón del cuartito y gritaba:
—¡Virgen santa, matadme, hostia bendita!
Y la Fafina le contestaba:
—Cállate, que vas a llamar al demonio.
Y así estuvo mi madre tres días y tres noches, hasta que lanzó un grito feroz y salió Goffredo, el primero de mis hermanos muertos. Cuando le dieron el bofetón para que llorase, no lloró. Entonces la Fafina sacudió la cabeza y dijo:
—Eso es señal de que, allá arriba, a Dios Todopoderoso le hacía falta un angelito.
Había visto nacer a muchos niños muertos; y aquel era igual que todos los demás, a pesar de que fuese su nieto.
Mi madre lo miró abatida.
—¿Por qué? —preguntó.
—Porque has comido demasiada sandía. La sandía suelta agua en el estómago y el niño se ha ahogado, pobrecico…»
Estas frases son de la novela Los días de Vidrio de Nicoletta Verna, publicada por Duomo ediciones en castellano y por Amsterdam en catalán, y que desde el 25 de mayo está en todas las librerías. Una obra, ganadora del Premio de Literatura de la Unión Europea, que trata sobre la fragilidad y la obstinada resistencia frente a la violencia de la historia.
Redenta nació en Castrocaro el mismo día de un suceso que sacudió Italia. En el pueblo se murmura que trae la desgracia y que ni siquiera llegará viva a la fiesta de San Roque. Pero cuando el día llega, ella sigue allí… mientras el país asiste al trágico desenlace de aquel acontecimiento. Así comienza el fascismo, y también la historia de Redenta. En un mundo marcado por la guerra y la violencia masculina, Redenta se aferra a una inagotable confianza en las personas. Aunque Bruno, el amigo de la infancia que le prometió casarse con ella sin importarle su «pierna torcida» por la polio, desaparece sin motivo, ella no deja de esperarlo. Y cuando el jerarca fascista Vidrio la elige como esposa, la brutalidad que le inflige no apaga en ella ese instinto de salvación: el de los demás, antes incluso que el suyo propio. Su destino acabará cruzándose con el de Iris, partisana en la banda del legendario comandante Díaz. Pero ¿qué secreto esconde Iris?
En un tiempo dominado por el miedo y la crueldad, estas dos mujeres tan diferentes y unidas por un destino tan cruel como esperanzador encarnarán una resistencia inesperada: la de quien se niega a renunciar a la humanidad.
Nicoletta Verna nació en Forlì en 1976, pero actualmente vive en Florencia, donde trabaja como editora de ficción en la editorial Giunti. Ha impartido Teoría y Técnica de la Comunicación en diversas universidades e institutos italianos. Su novela debut, Il valore affettivo, que recibió una mención especial del jurado del Premio Italo Calvino, fue galardonada con el Premio Opera Prima Severino Cesari y el Premio Massarosa. Los días de Vidrio ha sido galardonada con el prestigioso Premio de Literatura de la Unión Europea, además del Manzoni a la mejor novela histórica.
Por Los días de Vidrio, su recién publicada novela, fuimos a la rueda de prensa que dio, en el Hotel NH, en la conocida plaza de Cánovas del Castillo, en el distrito Centro de Madrid. Acompañada por Vilma Crovetto como intérprete, Nicoletta Verna comenzó dándonos una amplia explicación de lo que es su ambiciosa novela, de que tardó veinticinco años desde que escribió el cuento que le da origen hasta que finalmente la acabó, tal como la conocemos. Aparte de otros muchos detalles, cuando quisimos saber más sobre el bello final de su libro, pese a las muchas calamidades que en él ocurren, Nicoletta Verna tomó aire y nos dijo:
«El final era la parte más difícil, sin lugar a dudas. Y, de hecho, algunos días antes de entregar el manuscrito, todavía no tenía claro cómo iba a conseguir este final porque había un montón de subtramas abiertas.
Para mí, un gran final en literatura es un final que me sorprenda, pero que, al mismo tiempo, sea creíble. Es una combinación bastante difícil que, a menudo, no logramos.
Realmente, el personaje de Redenta tenía que terminar así, porque ella ya había culminado su papel dentro de la historia.
Y el otro tema es que tenía una idea de: a quién quería ver sobrevivir en el libro; porque decía, bueno, después de estas historias terribles, de esta trama de tanto sufrimiento y dificultades, alguien tenía que sobrevivir. Y, al final, decidí que las dos mujeres que sobrevivieran fueran las dos mujeres instruidas, las dos que habían estudiado.
De esta manera, también quería ofrecer un final de luz, es decir, como un mensaje de supervivencia dentro de la maldad.
¿Qué aporta esta luz? La educación, la creencia en las facultades mentales de los seres humanos. Era este mensaje en el cual yo quería alimentar un poco esa esperanza que es tan necesario hoy en día de pensar que, a pesar del horror, a pesar del mal, todavía los seres humanos tenemos la capacidad de sobreponernos, de sortear las dificultades, de ir más allá.
Realmente, al final, estas dos mujeres instruidas son este símbolo de luz y también de progreso.»
Nicoletta Verna termina de contarnos esto y sonríe. Luego, responde a otra cuestión que se le hace. Y, cuando después le preguntamos por la primera versión de su novela, cuando pone el fin a Los días de Vidrio, a estas 432 páginas que tiene ahora en castellano, si la tuvo que pulir mucho o iba a poquitos, corrigiendo para llegar a esas páginas, la autora nos respondió:
«El cuento estaba terminado, un cuento pequeño, como decía, y luego pasaron veinticinco años antes de ponerme a escribir la historia, que evidentemente ya tenía claro.
La estructura tuvo que cambiar porque, lo que hice, fue primero escribir la historia de Redenta y luego escribir la historia de Iris, el segundo personaje. Pero me di cuenta de que tenía que cambiar la manera en la que las dos historias llegaban a entrelazarse. Eso fue lo que me llevó a un proceso de reescritura. Y para llegar a este tipo de escritura alterna, por capítulos, según la perspectiva de los personajes que tenemos hoy en día en el libro.
Y a mí, este régimen alterno de escritura, me suscitaba muchísimo miedo, porque decía, claro, cómo le voy a pedir a un lector que esté volcado leyendo la historia de un personaje para, luego, interrumpir esa historia y volcarse en el otro.
Era algo que no tenía muy claro y, de hecho, una lectora en redes sociales me escribió y me dijo: Mira, estoy leyendo tu libro, pero estoy leyendo la historia de una mujer, ahora estoy en otra, creo que me han dado una copia defectuosa, no sé si se lo voy a decir al editor para que me reembolse el dinero. Y le dije: No se preocupe, siga leyendo y vea de qué va el libro.
Esta fue la parte más difícil, hacer confluir estas dos historias, concebidas desde perspectivas distintas, con lenguajes muy distintos, estilos muy distintos.
Y esto fue lo que me llevó el trabajo más intenso de la escritura. Pero, al final, una vez que tuve la historia, ya no hubo interrupciones y lo conseguí.»
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: © Giuseppe di Marzo
INTÉRPRETE: Vilma Crovetto
Nicoletta Verna
Duomo, 432 pp., 20 €
Sinopsis:
Redenta nació en Castrocaro el mismo día de un suceso que sacudió Italia. En el pueblo se murmura que trae la desgracia y que ni siquiera llegará viva a la fiesta de San Roque. Pero cuando el día llega, ella sigue allí… mientras el país asiste al trágico desenlace de aquel acontecimiento. Así comienza el fascismo, y también la historia de Redenta. En un mundo marcado por la guerra y la violencia masculina, Redenta se aferra a una inagotable confianza en las personas. Aunque Bruno, el amigo de la infancia que le prometió casarse con ella sin importarle su «pierna torcida» por la polio, desaparece sin motivo, ella no deja de esperarlo. Y cuando el jerarca fascista Vidrio la elige como esposa, la brutalidad que le inflige no apaga en ella ese instinto de salvación: el de los demás, antes incluso que el suyo propio. Su destino acabará cruzándose con el de Iris, partisana en la banda del legendario comandante Díaz. Pero ¿qué secreto esconde Iris?
En un tiempo dominado por el miedo y la crueldad, estas dos mujeres tan diferentes y unidas por un destino tan cruel como esperanzador encarnarán una resistencia inesperada: la de quien se niega a renunciar a la humanidad.




