«…Amaneció despejado, pero había llovido la noche anterior, la típica lluvia tempestuosa de mediados de marzo. Al mirar por la puerta de la cocina y ver el sendero que conducía al corral enfangado y las huellas de sus botas de agua marcadas en él, Lije Evans se sintió muy satisfecho de que todo estuviera mojado. Le daba una excusa para no trabajar, aunque podría dedicarse a remendar los arneses o arreglar aperos. No es que le importara trabajar; solo que ese día no tenía ganas de hacerlo.
-Probablemente vaya a la ciudad, Rebeca -dijo al tiempo que cerraba la puerta.
-Para hablar de Oregón -dijo ella, aunque su tono no era acusador…»
Estas frases son de la novela Camino al Oeste de A. B. Guthrie, Jr., publicada por Valdemar, en su colección Frontera, y que desde el 13 de mayo está en todas las librerías. Una obra que nos traslada a 1845, han pasado ya ocho años desde que Dick Summers dejó su azarosa vida de trampero y se instaló en una granja en Misuri. Entre los colonos se ha propagado el sueño de emigrar a Oregón. Los que han vuelto de esa tierra inexplorada aseguran que es un paraíso. Su terreno es fértil, el clima excelente y las extensas tierras aún no tienen dueño. Todos hablan de emigrar hacia Oregón… pero hay que salir ya, antes de que otros se adelanten.
Alfred Bertram Guthrie nació en Indiana en 1901 y, aunque ejerció muchos años como periodista, finalmente se dedicó a la ficción. Escribió novelas de misterio, cuentos infantiles, fábulas de animales, ensayos y una autobiografía, y dedicó cinco novelas a evocar la historia de Estados Unidos y su construcción como país.
Publicó en 1947 su primera gran obra, Bajo cielos inmensos, (Frontera n° 7). En ella, el lector podía seguir las aventuras de un cazador, Dick Summers, guía en una expedición que se proponía remontar el río Misuri en una barcaza. La segunda de la serie, TheWay West, Camino al Oeste, recibió el premio Pulitzer en 1950. Por ella, recién publicada ahora entre nosotros, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Alfredo Lara, director de la colección Frontera de la editorial Valdemar, para que nos la presente a los lectores de Qué Leer.
Alfredo, estamos ante el número 33 de Frontera. Por favor, haznos un breve resumen de este libro.
Hace como unos cuantos números ya, el número 7, salió una novela que es de mis preferidas de la colección, que se llamaba Bajo cielos inmensos, de Alfred Bertrand Guthrie, Junior, porque se ve que debía escribir también el padre, o por lo menos andaban diferenciándose con la partícula Jr., que relataba las aventuras de un chaval, allá por inicios de la década de los 1800, que escapaba de su casa en la zona de Luisiana para ir hacia la frontera a vivir la emocionante vida de los tramperos.
Era una novela excelente, donde se remontaba el Missouri para comerciar con los Pies Negros, y fue todo un acontecimiento literario en aquel momento de lo que podríamos llamar pre-western.
Pasado el tiempo, el mismo autor, A. B. Guthrie, debió concebir que quería contar un poco la expansión de los anglosajones hacia el Oeste, realizando una serie de novelas que recogieran distintos momentos de esta expansión. Entonces, a este Bajo cielos inmensos, que es quizás su mejor y más famosa novela, siguió ésta que publicamos ahora, The Way West, que en español lleva el título de Camino al Oeste y que realmente recoge la siguiente etapa de ese movimiento colonizador de los anglosajones en dirección hacia el Pacífico.
Es la época en la que las caravanas recorren el camino de Oregón, en la que aparecen nuevos territorios que colonizar.
Porque realmente, Alfredo, Camino al Oeste es una novela de caravanas.
En efecto. Empieza con cómo preparan el viaje, cuáles son las dudas; va a ser un recorrido extenso de bastantes centenares, quizá, miles de millas, sin saber muy bien exactamente qué zonas van a atravesar; habrá todo tipo de dificultades, se planea que se pasará hambre, sed, fatigas, encuentros con los indios. O sea, será una excursión bastante complicada, pero que es necesario para hacerse con tierras nuevas que están sin ocupar y, quien llegue antes, se hará con los mejores territorios. Luego, hay que empezar. Y hay que empezar pronto.
Con esta novela, que recoge una buena parte de lo que los norteamericanos consideran el proceso de fundación de su país, y del que se sienten muy orgullosos, con esta novela que, ya te digo, se publica en español como Camino al Oeste, el autor, Alfred Bertrand Guthrie, ganó el premio Pulitzer en el año 1950. El premio Pulitzer es el equivalente a decir la mejor novela publicada en Estados Unidos durante ese año.
Camino al Oeste es un novelón, aunque en mi opinión sigue siendo su obra maestra el primero, Bajo cielos inmensos. Yo incluso creo que el Pulitzer que recibe Camino al Oeste es un Pulitzer debido por la anterior novela, por Bajo cielos inmensos, lo cual no le quita para que ésta siga siendo una excelente novela western.
Cuando hablamos de caravanas, estamos hablando de emigración, de la emigración a Oregón, en este caso. ¿Cómo era la vida en una caravana?
Supongo que hasta que aparece esta novela, que es bastante arqueológica y que investiga bien las condiciones de esos viajes, existía más bien la caravana como idea romántica de poco menos de recorrido en carreta, enfrentamiento con los indios y dificultades razonables. Aquí lo que hace Bertrand Guthrie es una novela mucho más realista. Los problemas, sí, se sabía que estaban, había que atravesar ríos, se sabía que habría posibles enfrentamientos con tribus hostiles, había zonas donde era imposible, además, encontrar un sitio donde pastar los animales o abrevar, pero normalmente todo esto quedaba bastante difuminado en las novelas románticas en este sentido.
Y Guthrie se enfrenta al desafío de contar realmente cómo era. Y se encuentra con que también, aparte de esas dificultades que se daban por añadidas, y que en realidad eran menos románticas y más penosas, encuentra los problemas que hay en un grupo humano, que está conviviendo cerrado. En cierto sentido, me recuerda a las naves arca de la ciencia ficción, porque surgen disputas, distintos intereses, problemas de liderazgo.
Hay una expresión que se acuñó en determinado momento, respecto a las novelas de caravanas bien hechas, que era algo así como “una caravana era una democracia en movimiento”. Es decir, había líderes que caían, que subían. Había distintas intencionalidades, conflictos personales. Todo eso Guthrie lo relata de una manera espectacular.
Yo creo que, a partir de la novela de Guthrie, las novelas de caravanas son distintas, tienen un referente ideal con el que compararse y ya no pueden decir tonterías. Y, de hecho, muchas de las novelas que vamos a ver posteriormente con esta temática de las caravanas -que hay muchísimas, como películas también, o como la serie de televisión “Caravana”, que en parte surge unos cuantos años detrás de esta novela-, tienen que recoger todas estas cosas que antes quedaban un poco difuminadas.
Además, hay un dato que explica este éxito en cierto sentido. Esta es una especulación propia, pero, calculando cuándo se hacen los primeros recorridos atravesando hacia la costa oeste, las exploraciones de los distintos pioneros que vienen con mapas y rutas medio trazadas, prácticamente la novela de Guthrie, la serie de caravanas y todo el movimiento que hay, corresponde casi a cien años después de que estas rutas se empezaran a explorar y de que empezara a haber los primeros mapas y los primeros viajeros que traían referencias ciertas. Digamos que esas exploraciones están entre 1830 y 1850. Si nos fijamos en la novela de Guthrie, se publica en 1949, casi cien años después. Yo creo que algo tiene que ver esa no celebración, porque no se organizó como tal, pero sí esa efeméride de que habían pasado cien años desde que esas rutas hacia Oregón y demás se abrían.
El título: Camino al Oeste, ya indica algo, ¿no?
Bueno, la gente lo conocerá más por aquel grupo de pop, Go West, “Ve al Oeste”, que era una especie de grito de guerra que aparece, creo, en determinado artículo de un periodista famoso del periodo, debían de ser los 1800 o así, animando a la juventud estadounidense a que descubriera nuevos territorios y a que se lanzara a llenar las partes de lo que consideraban que debía ser el país de los Estados Unidos de América, para enlazar las colonias de la costa este con las que ya existían en la costa oeste, adquiridas de los españoles o mexicanos, o todavía en poder de españoles y mexicanos, porque el grito de “Go West” resuena durante bastante tiempo y es una especie de confesión de intenciones de la expansión anglosajona para ocupar todo el territorio de costa a costa.
Destaca cómo hace Guthrie que el lector devore las páginas. Todo contado a la manera clásica, con un narrador omnisciente y que hace seguir perfectamente la trama.
Para mí, una de las virtudes de una novela bien desarrollada es que todo lo que ocurre sea lógico, pero no sea previsible. En la novela de Guthrie pasa, lo que ocurre tiene su razón de ocurrir, y uno se lo imagina y es razonable, pero no es lo que tenía previsto cuando empieza a leer la novela. A lo mejor, hay o no hay un enfrentamiento con los indígenas, pero, si lo hay, no tiene por qué ser como los habituales que nosotros vemos en las películas o que hemos leído en otras novelas.
Entre los problemas que se plantean, hay una anécdota que, de repente, no hay combustible. Entonces, el problema psicológico que plantea es el que van a tener que coger montones de mierda de bisonte para poder cocinar, y eso les produce un desagrado inmenso.
O las enfermedades que sufren, ¿cómo las tratan? ¿Sigue avanzando la caravana y puede llegar tarde a recoger y a reclamar territorios? Pero entonces, ¿qué hacen, dejan abandonado al enfermo? Trasladarlo es un problema, surgen las distintas opiniones, las distintas facciones. Cambian incluso los papeles de las personas que hay en la caravana. Hay intencionalidades muy distintas. Por ejemplo, se les suma un reverendo que lo que quiere es salvar almas tanto de blancos como en territorio indio, no le importaría ser un mártir por la causa. Pero tampoco es un papel tópico el que podríamos imaginar que va a tener lugar en la caravana.
Y luego hay una cosa que normalmente me extrañó y me impresionó en las primeras páginas de la novela, es el sentimiento de nostalgia, porque, de acuerdo, hay dos sentimientos de nostalgia en la novela, el del trampero, el montañero que hace de explorador para la caravana, que echa de menos lo que era aquel territorio virgen antes de que llegara la gente a la que él conduce; de repente, los que él conduce van a acabar con ese universo que él conoció, donde los blancos eran minoría y había peligro y había naturaleza a lo bestia; y eso tiene un sentimiento de nostalgia porque su tiempo se ha acabado y está conduciendo a los de la siguiente generación.
Y por otra parte, está también el sentimiento de nostalgia, que nunca me había planteado, de los que empiezan a formar la caravana y están dejando atrás sus viviendas, la zona donde han vivido siempre, su casa para irse a un sitio, que no saben cómo será, que es todo esperanza, pero de repente están abandonando sus muebles, cierran la puerta de salida de la cabaña donde han vivido siempre; dejan, venden lo que tienen o se lo regalan a otros vecinos y están dejando atrás su pasado. Y eso también es otro sentimiento de nostalgia que expresa muy bien Guthrie.
El que no haya conocido hasta ahora a A. B. Guthrie, ¿qué podemos decir de este autor?
Pues que, aparte de ser un exquisito narrador, utiliza un lenguaje bastante comprensible, no sofisticado, no tiene demasiadas metáforas, pero sí tiene a veces momentos de lirismo. Cuando llegan a territorios conocidos o cuando de repente entran en un valle, entonces tiene lirismo y realismo, que es difícil encontrarlos juntos, porque a veces a un escritor se le va la olla y se pone a hacer cantos encomiásticos y no es capaz de ver la realidad del asunto, las dificultades, o no es capaz de describir, se pierde por los cerros de Úbeda. Sin embargo, Guthrie no. Guthrie es capaz de utilizar el lirismo, utilizar mucha descripción de sentimientos íntimos. También al principio, Bajo cielos inmensos, su anterior novela, tiene verdaderos cantos a la naturaleza y tiene también el sentimiento de nostalgia de mundo que desaparece.
Esa mezcla es la que yo diría que tiene bien Guthrie: realismo, investigación casi arqueológica, porque lo que cuenta es bastante cierto, y al mismo tiempo tiene el lirismo de darle toques o de nostalgia o de emoción o de intranquilidad. Tiene profundidad psicológica, tiene realismo y tiene realmente recreación de un tiempo pasado.
Sobresale, como siempre, tu prólogo (inestimable, desde el número 1 de Frontera). Sobresale el trabajo de Marta Lila, la traductora habitual de la colección. Y sobresale la ilustración de la portada, ¿de quién es, en este caso?
Es de Oscar E. Berninghaus y se llama Wagon Train, que es “Tren de carretas” o “Caravana”. Es realmente bonita y, además, es correcta, en el sentido en que normalmente uno imagina las caravanas con carretas tiradas por caballos y no, como en esta caravana, por bueyes, que es lo que se ve en la ilustración.
Y además se ve también al fondo, a lo lejos, algo que se arrastraba también, que era una gran cantidad de ganado, que tenías que preocuparte de abrevar, de que cuando estallara una tormenta no se te desperdigara, de que no te lo robaran los merodeadores indios, de que no enfermaran, de que no hicieran una estampida y te arrasaran el campamento. A lo mejor tenías que colocarlos un poco lejos, un poco cerca de las carretas, según la circunstancia.
La ilustración, sí, recoge muy bien también y con mucho realismo lo que luego va a verse en la novela.
Camino al oeste seguro que va a ser uno de los éxitos de Valdemar para la Feria del Libro de Madrid, que empieza dentro de muy poco. ¿Cómo lleváis esto? ¿Sabéis ya el número de caseta que tenéis?
Pues sí, es la 311. Y empieza la feria el día 29. Siempre empieza el último viernes del mes de mayo y se extiende por las dos primeras semanas de junio, lo cual hace un total de dos semanas, que son catorce días, más los tres días del primer fin de semana con viernes, de diecisiete días.
Nosotros tenemos tres días de montar todo el tinglado y uno de desmontar. O sea, nos metemos ahí veintiún días seguidos, donde no existe otra cosa, porque sales tarde, entras temprano, tienes una pausa a mediodía, que te tiene que dar para organizar alguna cosa de tu vida, que sigue transcurriendo.
Yo creo que es mi veinticinco o veintiséis feria, ya he perdido la cuenta. Tiene mucho lío. Pero también una parte que es entrañable, como es que te vuelves a encontrar con gente que ves de feria en feria, además de con otros compañeros de profesión.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFÍA: (c) Rosa Maroto
A.B. Guthrie, Jr.
Editorial Valdemar, 448 pp., 27 €
Sinopsis:
Camino al Oeste recibió en 1950 el premio Pulitzer a la mejor novela, y fue llevada al cine por Andrew V. McLaglen en 1967, estrenada en España como Camino de Oregón.
Alfred Bertram Guthrie, Jr. (1901-1991), periodista, historiador y destacado autor de novelas western, publicó en 1947 su primera gran obra, Bajo cielos inmensos, (Frontera n° 7). En ella, el lector podía seguir las aventuras de un cazador, Dick Summers, guía en una expedición que se proponía remontar el río Misuri en una barcaza.
En Camino al Oeste (1949) han pasado ya ocho años desde que Summers dejó su azarosa vida de trampero y se instaló en una granja en Misuri. Entre los colonos se ha propagado el sueño de emigrar a Oregón. Los que han vuelto de esa tierra inexplorada aseguran que es un paraíso. Su terreno es fértil, el clima excelente y las extensas tierras aún no tienen dueño. Todos hablan de emigrar hacia Oregón… pero hay que salir ya, antes de que otros se adelanten.
Varias familias han decidido ponerse en camino cuanto antes y algunos aventureros se han unido. El grupo que se está fraguando no tiene una idea exacta de a qué distancia está Oregón, ni de cuánto pueden tardar en llegar. Previsiblemente tendrán que atravesar caudalosos ríos, parajes desérticos, exponerse a tormentas colosales, enfermedades, accidentes, incluso a encuentros con los terribles sioux, y además tendrán que arrear un buen número de cabezas de ganado. Se hace imprescindible contar con la experiencia de un guía, de un mountain man que sea buen conocedor de la ruta. Los que lleguen, si llegan, habrán completado un agotador recorrido de más de tres mil kilómetros y cerca de seis meses de viaje.
Desde su publicación, Camino al Oeste se convirtió en el referente de toda buena novela de caravanas.



