«Y una tarde, cuando Rafael señaló y se inclinó con más fuerza de lo esperable en la silla, moviendo sin parar sus piernecitas en dirección a esa lejanía que tanto le tentaba, le grité:
-¡Por Dios, no me lo pongas tan difícil!
Y entonces se giró hacia mí y de sus ojos surgido algo que me paralizó. Aunque los tenía claros como su madre, no eran como los de su madre, pacíficos, placenteros y sin nada detrás. Los de Rafael se encendieron, asomó una luz del fondo de su pequeño cerebro. Y hasta que no encaminé la silla hacia ese lugar no comenzó a desvanecerse…»
Estas frases son de la novela Lo inexplicable de Clara Sánchez, publicada por Planeta y que desde el 20 de mayo está en todas las librerías. Una obra que gustará a los lectores de suspense de todo tipo, con un fuerte componente emocional y llena de misterio, en donde asoma en seguida la inquietante pregunta: ¿qué ocurre cuando un niño parece recordar una vida que no es la suya? En esta novela perturbadora, la autora combina la intriga psicológica y el realismo sobrenatural para construir una historia, que atrapa desde la primera página, sobre la reencarnación.
Recordemos que Clara Sánchez nació en Guadalajara, pasó su infancia en Valencia y reside en Madrid, donde estudió la carrera de Filología Hispánica en la Universidad Complutense y donde durante bastantes años enseñó en la universidad. Hasta la fecha ha publicado, además de cuentos, prólogos de libros y artículos periodísticos, quince novelas, entre ellas: El palacio varado (1993), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), Últimas noticias del Paraíso (Alfaguara, 2000), Un millón de luces (Alfaguara, 2004), Presentimientos (Alfaguara, 2008), Lo que esconde tu nombre (Destino, 2010), Entra en mi vida (Destino, 2012), El cielo ha vuelto (Planeta, 2013), Cuando llega la luz (Destino, 2015), El amante silencioso (Planeta, 2019), una evocadora intriga femenina que transcurre en África, y la más reciente Infierno en el paraíso (Planeta, 2020), una fantástica novela sobre la realidad cotidiana de las mujeres musulmanas.
Ha recibido los premios: Alfaguara por Últimas noticias del paraíso (2000), Nadal por Lo que esconde tu nombre (2010), que la lanzó con gran fuerza al mercado internacional, Planeta por El cielo ha vuelto (2013), Mandarache (2013) por Lo que esconde tu nombre, El farolillo de papel (2019), otorgado por los libreros de Bilbao, el premio Germán Sánchez Ruipérez (2006) por su artículo «Pasión Lectora», publicado en El País. En el ámbito internacional el premio ILCH (1998) de California a su trayectoria literaria, el Premio Roma (Italia, 2014) a la mejor novela extranjera por El cielo ha vuelto, el premio Baccante (Italia, 2014), el Premio Premio Nazionale Vicenzo Padula (Italia, 2016), entre otros. En Francia fue seleccionada en el Prix de Lecteurs por su novela Ce que cache ton nom.
Su obra ha sido traducida en más de veinte países. Ha recibido la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha en 2011. Y la Medalla de Oro de Guadalajara en 2022. En 2023 ha sido elegida para ocupar la letra X de la RAE.
Por Lo inexplicable, su última y recién publicada novela, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Clara Sánchez, para que nos la presente a los lectores de Qué Leer.
Clara, por favor, haznos una sinopsis de tu novela.
[Lo inexplicable] Es una novela que parte de inquietudes mías, que ya estaban dispersas en otras novelas, en otros libros. Aquí he ido un paso más allá. Está la preocupación por el tiempo, por la muerte, por la soledad. En definitiva, por qué somos, por qué estamos aquí y por qué, siendo tan poca cosa, sufrimos tanto.
Y todo esto lo he envasado en una historia con tintes sobrenaturales, pero que no son sobrenaturales, yo diría que son metafísicos, filosóficos. Una pareja de mediana edad contrata a una niñera, Alicia, para que cuide a su bebé. Esta pareja está en una edad en que pueden entrar en crisis, en que tampoco están pendientes del niño, quieren que alguien se ocupe básicamente de él, por el trabajo, etcétera, lo normal.
Me gustó mucho crear este personaje de Alicia porque es alguien con la capacidad y, sobre todo, con una posición de observación muy importante. Me gusta mucho en literatura los narradores que observan desde fuera, como a lo mejor el narrador de El gran Gatsby, por ponerte un ejemplo muy maravilloso. Está fuera, ella tiene la capacidad y la posibilidad de observar al niño como no pueden observarlo sus padres. ¿Por qué? Pues porque [ella] no es nada de él, no siente, y empieza a ver comportamientos que a ella le parecen extraños, pero que quizá no lo son, quizá es una cosa de los niños. También aquí se habla de la primera infancia, de que los niños tienen como poderes sobrehumanos, porque en muy poco tiempo hacen cosas increíbles.
En algún momento de la novela se dice que este niño se está entrenando como si fuera un soldado, en el parque infantil. Es un poco lo que yo he observado en mi nieta. Tengo una nieta de tres años. No lo observé en mi hija porque yo estaba en otro tiempo en que no podía dedicarme a eso. Pero en mi nieta sí. A veces me ha parecido que se estaba entrenando, subiendo toboganes, bajando o corriendo. Esa primera infancia es importantísima y, según los psicólogos, deposita algo en la mente de lo que luego no nos acordamos, pero que forma el carácter y que es muy importante.
Por supuesto que es muy importante, Clara.
Ella [Alicia] observa a este niño y ve estos comportamientos que quizá no son tan raros como a ella le parecen. Esta es una narradora que tiene esta posición un poco que yo tengo en la vida. Me gusta mucho situarme en el margen y poder ver, en el sentido de que los escritores no nos tendría que conocer nadie, porque si no vas a la panadería y no puedes ver lo que hay, no puedes escribir.
Y luego hay otro narrador, Hugo, que también ve la vida desde el margen, pero desde otro margen distinto. Es un chico que ha muerto y que se encuentra en una existencia diferente, en un vacío, en una nada, en un mini universo, en un nanosegundo, en un instante que él no sabe cómo explicar, de estoy aquí. A mí me ha servido esa posición de Hugo, porque mientras Alicia está en un plano muy terrenal, viendo lo que hace el niño, Hugo se pregunta por la existencia, por la existencia, dice el profesor de Filosofía, antes de morir, claro, citaba a un filósofo que decía que el alma es casi nada y él dice: ¿seré yo ese casi? O sea, ¿qué soy yo aquí? Si estoy hecho de nitrógeno, de oxígeno, de tal, quizá soy un pequeño fluido que ha ido al espacio. Es decir, él es una conciencia que se está preguntando sobre sí mismo, pero que no tiene nuevos datos. Él lo dice: no tengo nuevos datos, es todo lo que arrastro de la otra vida, pero tampoco sé bien qué es lo que me pasó.
Y para mí, adoptar este punto de vista, ha sido tremendamente interesante porque me permitía reflexionar un poco filosóficamente, un poco científicamente, sobre ese otro lado que a todos nos inquieta. Puede existir, no puede existir, pero está dentro de nuestra imaginación.
El preguntarme sobre la vida desde esa otra vida, a través de este chico que ha muerto de una manera que todavía no está esclarecida, me permitía muchas cosas.
Todo contado en primera persona del singular. ¿Por qué la primera persona en ambos casos?
Porque ellos están sintiendo lo que les pasa. Alicia es una observadora, los otros lo ven en tercera. Es decir, hay un fondo donde están esos padres, donde está su hermana, pero ella es la que nos va a transmitir las naturalezas de esas otras personas. Tiene que estar en primera porque es la que lo siente de primera mano.
Y en el caso de Hugo, por supuesto, porque él está en un instante extraño, en unos límites. Él nos tiene que expresar que no sabe lo que le pasa. Si estuviera en tercera, lo podríamos saber, porque se podría explicar.
Me has hecho una pregunta fundamental en literatura. A mí me vuelve loca esto, cuando empiezo a escribir: ¿en tercera, en primera, o cómo..?
¿Cuál fue el germen de esta historia? ¿Una imagen, un recuerdo, algo que habías escrito con anterioridad y querías volver sobre ello?
Había escrito Presentimientos en el 2008. Fue una novela que me costó muchos años escribirla. Leí muchísimo sobre la mente, el cerebro, etcétera. Y se desarrolla en dos planos, igual que aquí hay dos voces narrativas. ¿Por qué dos voces narrativas? Porque yo no veo la realidad como algo lineal, sino que se va completando: un plano es el sueño y otro es el de la realidad. Y en la realidad hay una persona que hace una búsqueda, una pesquisa para dar con otra persona.
[Y Clara Sánchez se interrumpe y dice sonriendo:] Bueno, ahora no voy a contar esa novela porque está fuera de tal, pero digamos que ya en esa época me inquietaba o me atraía muchísimo la posibilidad de los mundos paralelos. De los mundos paralelos, en el sentido de que vivimos en dos realidades, la del sueño y la de la vigilia. Y siempre he ido desgranando en todas mis novelas estas preocupaciones por el tiempo.
Por ejemplo, en mi discurso de ingreso en la Academia [ocupa la silla X de la Real Academia Española] lo llamé “la máquina del tiempo”, porque es un concepto fugaz, escurridizo, que científicamente no se sabe cómo explicarlo realmente.
No me interesa tanto por mi edad, ni por la vejez ni nada de eso, sino como concepto. Hemos inventado un concepto muy extraño, el del tiempo. Digamos que llamamos tiempo a la muerte. Pues si la muerte no existe, pues el tiempo tampoco.
Como me interesaba todo lo del tiempo, vi en este concepto filosófico de la reencarnación, una manera fantástica de abordarlo. Di un paso más allá, porque es un concepto maravilloso el de abrir esas posibilidades imaginativas.
¿Y qué fue lo que más te costó, a la hora de escribir la novela? ¿Encontrar el punto de vista, el tono, completar el propio argumento…?
Hay una cosa, pero en este caso tampoco me costó demasiado, y es que siempre para empezar una novela tengo que encontrar el tono y el espacio, dónde suceden las cosas. Porque suceden en algún sitio, la gente no tiene las mismas sensaciones en un lugar en el que está de veraneo, que en un lugar en el que está trabajando. Ese espacio ya impone una determinada visión.
Y luego el tono de la novela. En el caso de Hugo, cuando lo encontré en ese espacio que es un no lugar, que es la nada, el vacío, desde donde él es una conciencia o lo poco que queda de una conciencia, [encontré] el tono entre filosófico, lírico, científico, de recuerdos, que a mí me gustó mucho al abordarlo.
Y luego casi me costó más el espacio de Alicia, de los padres, porque era más real, más material. Pero son complementarios. Uno no puede estar sin el otro.
Tu novela se lee fácil: lenguaje claro, estilo muy visual, parece cine, ¿esto es buscado especialmente por ti?
No, qué va, nada. [Aunque] Sí me lo dicen de muchas de mis novelas.
Yo siempre he buscado -lo que más trabajo me cuesta, porque es muy fácil escribir con florituras y retórica, sabes, el aquí estoy yo- la naturalidad. Yo reescribo mucho. No para deslumbrar, sino para todo lo contrario, para que sea algo natural, algo que no epate, que esté dentro de la narración de lo que quiero decir.
Esto es una de las cosas a las que le doy mucha vuelta. El lenguaje natural. A veces no sé si se entiende o no. Pero desde luego que no sea impostado, que no parezca que estoy escribiendo con el diccionario al lado. Y eso que soy académica, pero eso es otra cosa.
Y, bueno, lo que te quería decir, es que de muchas novelas mías han dicho que esto es un guión de cine. Y, al final, no es un guión. No, porque tiene imágenes en el fondo, que aunque sean sencillas, son literarias.
Y no es fácil llevarlo; no digo que no se pueda llevar, pero yo no me voy a preocupar.
Me refería a que, tal como está montada la historia, me ha recordado en parte a Reencarnación, película [de 2004] de Jonathan Glazer. No sé si la has visto.
Yo creo que la vi hace mucho tiempo.
Tú juegas con lo que está ocurriendo, si es verdad o no. La película de Glazer hace algo parecido, aunque luego deriva hacia un lado y tu novela hacia otro. Pero quería señalar que la fuerza de tu libro es la duda, porque todo el rato el punto de vista es el de Alicia, observando al niño que está cuidando, mientras el lector se pregunta si…
Eso será así o no lo será. Eso es imprescindible en la historia, porque fíjate, a mí me recordaba sobre todo a la institutriz de Otra vuelta de tuerca.
También…
Hay una serie de novelas que a mí me han marcado mucho: La metamorfosis de Kafka; Otra vuelta de tuerca, porque lo que hizo ahí Henry James es sacar los fantasmas de la realidad y los metió dentro de la mente. De pronto estaban dentro. Esa duda que tiene ella, esta mujer que ve esos fantasmas.
Ese tipo de novelas, El doctor Jekyll y Mister Hyde, que yo llamo extrañas, porque abordan la extrañeza, yo creo que en mí han dejado mucho poso, porque es mi manera de ver la realidad. La realidad es rara de narices y entonces ahí están. Y hace mucho que yo vi esa película, pero [no me dejó poso]…
Así mismo, tu novela me ha recordado a La semilla del diablo [película de 1968 de Roman Polański], por cómo muestras la vida normal, la vida actual…
Es que eso me interesa mucho.
Incluso diré la vida burguesa, la gente que vive bien, y, de pronto…
Ocurre algo extraño.
Ocurre algo extraño y ahí hay alguien que cuida a su hijo y que ve desde fuera lo que le ocurre a esa familia bien y que no es todo de color de rosa.
Hombre, La semilla del diablo también la han comparado con otra novela mía. No sé si la habrás leído: Lo que esconde tu nombre. Yo creo que me dejó poso [esa película] porque han visto un poco de rastros de La semilla del diablo. Yo creo que allí estaba, en Lo que esconde tu nombre, quizá más presente.
Pero aún así es verdad que hay ese punto de vista de lo extraño que puede ocurrir en una vida de lo más normal y más acomodada, digamos.
En Lo inexplicable, nos das esa visión de la calle de Velázquez, la puerta de Alcalá, los entornos privilegiados donde se mueven, los padres que les dan la herencia. Caramba, da gusto cómo nos lo muestras.
Como algo normal…
Y, sin embargo, hay algo ahí que…
Como pasa en la vida. Lo que pasa es que a lo mejor no estamos viendo una reencarnación. Pero siempre en la vida hay como algo raro, ¿no? Como un “es que esto no se entiende”, que es lo que yo quería transmitir, una sensación, la sensación de que esto no se entiende.
Ahora hablamos de eso, Clara, porque hay un momento de tu novela en el que Alicia dice: “es fácil entender y difícil de creer”, cuando está a punto de sincerarse con Lira y que el lector se entere de qué va la vaina.
Claro. Sí. Es lo que a mí me ocurre, lo que entiendo que ocurre a veces.
Es fácil: lo puedes entender, pero no creer. La creencia va por otro lado.
Y ahí vamos. Páginas más adelante se habla de fe.
Hay que creer. Hay que creer, que no tiene nada que ver con entender la fe. Aquí es fundamental, porque es lo que se cuestiona Alicia, cuando dice: cuando yo cuente esto, ¿va a haber fe suficiente? ¿Ella tiene fe suficiente en lo que está ocurriendo?
Es que la fe, la fe no como algo religioso, sino simplemente como -porque tengo que decirte que yo ni soy religiosa ni he ido a colegio de monjas, como todas las niñas de mi generación, que todas iban a colegios de monjas-, es como una necesidad casi mística de entender el mundo, lo que me mueve a haber dado este salto, porque es una cuestión de fe todo, hasta lo que uno hace en su trabajo, cómo prospera. Si no tienes fe, es que no vas.
El final de Lo inexplicable, ¿estaba previsto? ¿Cambiaste algo?
Surgió, ¿sabes? Se va desarrollando. Es muy raro que yo tenga un final ya premeditado, porque es como una lucecilla al final del pasillo, que la ves ahí, tenue, pero que no sabes exactamente lo que es, si es una linterna, si es una bombilla, hasta que llegas y dices, bueno, es esto.
No, se desenvolvió solo. No tuve que pensarlo antes. Es que, si lo piensas antes, ya se termina todo y entonces no fluye.
Y fijémonos en la relación especial entre Lira y Hugo. ¿Quizá ahí esté el meollo de la historia? Porque si Hugo no quisiese a Lira, la única persona que se ha preocupado por él, no desearía…, bueno, no entro en detalles para no destripar la novela.
Claro. Exactamente… Eres el primero que me has dicho algo así. Es increíble.
Sí, sí, es eso. Porque él es un niño que no lo ha pasado bien en su familia: una madre muy dura, un padre que no se enteraba de nada, una hermana muy determinada por la madre, tenía un ambiente familiar horrible, un poco de maltrato. Su refugio era esta encantadora profesora y ¡has dado en ello!
Cuando él, en el entierro, la ve y está embarazada, encuentra que ese es su refugio. Es el meollo, es el meollo de la historia. Y me lo has dicho tú. Y lo voy a utilizar.
[Clara Sánchez hace una mínima pausa, como recordando, y añade:]
Me lo has dicho tú. Porque yo divagaba. Pero el meollo de la historia está en la relación de amor desinteresado de lo que yo llamo la bondad de los extraños. Aquí hay la bondad de un extraño que es de Lira hacia este niño, aquel al que encuentra muy vulnerable, inteligente, muy perdido, y se preocupa por él. Y él lo percibe. Y lo intuye y es una relación muy bonita. Y que me la acabas de recordar.
Es lo que tienen nuestras entrevistas de Qué Leer.
Me acabas de recordar que es la bondad de los extraños, que a veces encuentras en un extraño lo que no encuentras en tu madre, en tu padre.
Sobresale la narratividad de Lo inexplicable, cómo haces que el lector pase una página y otra y otra.
Bueno, yo es lo que quisiera, sobre todo.
No me gusta la retórica ni la floritura. Me gusta que se lea -pero eso un escritor no lo puede saber- como si yo lo estuviera contando, pero no yo, alguien mejor que yo, de una manera natural, no impostada. Natural no quiere decir que no tenga por qué tener imágenes que a mí me han venido de la narración misma.
Te voy a decir una que a mí me ha gustado, que a lo mejor a ti te parece una tontería, pero hay un momento en que a Hugo le ponen una sábana verde y dice: veo esta sábana verde, es como los árboles, es como el mar. A mí esas cosas, que son las que yo observo, me gustan. No están sobrecargadas. Es una manera, no de embellecer, sino de armonizar el mundo.
Pero en el texto intercalas las oposiciones de Lira, causan una pausa casi insoportable hasta ver el desenlace. ¡Puñeteas al lector, Clara!
A mí me gusta mucho el suspense. Me alegro que te haya pasado, eh, me alegro.
[Y Clara Sánchez ríe con complicidad.]
Yo no escribo novelas policíacas, pero siempre hay algo, un ingrediente de estos, porque he leído, porque me entusiasmaba Chandler, Hammett, esa manera de tener en vilo a mí me gusta, porque es como te tiene la vida, en vilo. Vamos a ver qué pasa ahora, mañana, cómo nos levantamos.
Si lo he conseguido [puñetear hasta ver el desenlace], pues, guay.
Carlos Castrosín
Foto © Javier Ocaña
Clara Sánchez
Editorial Planeta, 200 pp., 20,90 €
Sinopsis:
Un bebé con una extraña obsesión. Una niñera que ve lo que otros ignoran.
Alicia es una joven niñera que cuida de Rafael, un bebé que parece comportarse de forma… inusual. Desde muy pronto, el niño se obsesiona con una calle concreta, un edificio, un piso…, y con objetos que jamás debería reconocer. Cuanto más intenta Alicia ignorar lo que ve, más claro resulta que Rafael guarda dentro de sí algo que no le pertenece. ¿Son coincidencias? ¿Es su imaginación desbordada? ¿O estamos ante algo que va más allá?
Atrapada entre el escepticismo de los adultos, los silencios de los padres y la intensidad inexplicable del pequeño, la niñera iniciará una investigación que la cambiará para siempre.
Esta absorbente historia de suspense con tintes sobrenaturales hará que te preguntes si eso que parece imposible realmente puede ser normal. Y viceversa.



