Con motivo de los 90 años de la Guerra Civil, la editorial española Alfaguara acaba de relanzar una obra emblemática: se trata de la novela Línea de fuego (2026), de Arturo Pérez-Reverte (cuya salida en el 2020, en plena pandemia, concitó una crítica favorable unánime y por la que recibiera el autor el Premio de la Crítica 2020 a la mejor obra narrativa en castellano, al representar, en palabras de la propia editorial: “…una obra esencial para conocer el conflicto que marcó el devenir de la España contemporánea.”
En esta nueva oportunidad, la obra sale en un estupendo estuche que engalana, sin más, la denominada Edición Conmemorativa (a casi seis años de su primera salida) y en la que se conjunta también un libro en homenaje a la novela (de 91 páginas), en el que el lector hallará un importante material complementario que contextualiza a la obra, y en el que el propio autor habla en un apartado que titula “La guerra que todos perdimos” de los intríngulis de la misma, de su recepción ante la crítica, del nacimiento de un libro que rinde honor a los caídos de ambas trincheras, sin importar si eran rojos o nacionales, porque en ambas hubo valor y heroísmo, sacrificio y tragedia, dolor y muerte y lo dice un autor con una vasta experiencia de veintiún años como reportero de guerra en distintos contextos, y, además, como si fuera poca razón, se aúna el que su abuelo, un tío y su padre lucharon en la Guerra Civil en el bando de la República.
En este libro homenaje hallamos también un texto de Enrique Moradiellos, que se titula Línea de fuego y el arte de representar literariamente una guerra civil, en el que se resalta a la novela como a una obra de ficción levantada sobre sólidas bases historiográficas, y en la que se revela un profundo conocimiento por parte del autor de la dinámica de una contienda, y que toma a la batalla del Ebro como epicentro o suceso crucial de la Guerra Civil, desplegando en los bandos unos personajes verosímiles, objetivables y muy humanos, que sufren los avatares de una contienda en la que muchas veces se enfrentan familiares y amigos, vecinos y conocidos: todos hermanados por la tierra que los vio nacer, pero que, por circunstancias azarosas del destino, se ven impelidos a combatir en trincheras distintas para así convertirse en enemigos irreconciliables.
En este apartado, Moradiellos nos advierte de algo que es fundamental en la comprensión de una obra como Línea de fuego de Pérez-Reverte, y es que la ficción no compite con la verdad histórica, sino que la complementa, recrea ambientes y escenarios, articula diálogos y pensamientos, evoca momentos importantes y lleva a los lectores a “vivir” y a recrear en su mente aquello que lee, con gozo o con espanto, con dolor o con alegría, con duda o con certeza, porque este es el fin de lo literario: hacer de un hecho (en este caso histórico) algo verosímil desde las páginas de un libro, que es en sí mismo arte narrativo.
Le sigue a este apartado, Acercando el zoom a la gente: La creación de Línea de Fuego, en el que se nos muestra el devenir literario del autor, sus libros más emblemáticos, así como la “semilla” que germinaría con una obra de gran densidad literaria como la que nos ocupa, los constituyentes del libro (tres partes, dieciocho capítulos y ciento cuatro escenas, más un epílogo), y se pasa al desglose de sus 682 páginas: personajes, la ofensiva y la defensiva, el Ebro (escenario central de la obra, como queda dicho), el perfil de los combatientes, algunos detalles destacables del gran contexto libresco, así como los temas que lo circunscriben, cito: “la crueldad de los combates, las peligrosas divisiones en el bando republicado, el papel de la mujer, la participación de las Brigadas Internacionales, el drama de la Quinta del Biberón, la represión, la prensa extranjera… y también algún ejemplo de humanidad y hasta confraternización en medio del peor tipo de guerra, la que enfrenta a amigos y familiares.”
Se agregan también, los siguientes textos: Nadie que haya estado en un frente de batalla es vencedor: el encuentro con la prensa y los lectores; Del Premio de la Crítica a las fotos de familia: la huella de Línea de fuego; Conversación de Arturo Pérez-Reverte con Sergio Vila-Sanjuán (octubre de 2020) y La crítica ha dicho…
En este último aparte, aparecen compendiadas las opiniones y las críticas que recibió la novela, tanto dentro como fuera de España: Raúl del Pozo (El Mundo), Sergio Vila-Sanjuán (La Vanguardia), Jesús García Calero (ABC), David Barreira (El Español), María José Solano (Publishers Weekly en Español), Antonio Lucas (El Mundo), Julián Navarro (Europa Press), José María Pozuelo Yvancos (ABC), Juan Gómez-Jurado (El Correo), Karina Sainz Burgo (Vozpópuli), Santos Sanz Villanueva (El Cultural), Javier Ors (La Razón), José Manuel Ruiz (GQ), Alberto Olmos (El Confidencial), Fernando Baudet (La Opinión de Málaga), Antonio Pérez Henares (El Día de Valladolid), Andrés Chaves (Crónicas de Lanzarote), Rafael Fuentes (El Imparcial), Pedro G. Cueto (Diario de Córdoba), Julio Patán (El Heraldo de México), Fernando Alonso Ramírez (La Patria – Colombia), Antonio Galindo (Diario de Sevilla), Mariela Sagel (Embajadora de Panamá en España, La Estrella – Panamá), Juan Carlos Botero (El Espectador – Colombia), Jorge Fernández Díaz, Francesco Musolino (Il Foglio – Italia), Rosa Martí (Esquire), Jacinto Antón (El País), Juan Eslava Galán y Edu Galán (La Nueva España).
Siempre de la mano de Alfaguara tenemos de nuevo la inmensa oportunidad de acercarnos a Línea de Fuego, de Arturo Pérez-Reverte, en edición tapa dura y con su tomo complementario, lo que, a los 90 años de la Guerra Civil española, representa una estupenda ocasión para, desde la ficción (en la que el autor es un reconocido maestro), poder comprender uno de los más emblemáticos acontecimientos de la España del último siglo, que se hundió desde entonces en una conflagración dura, sangrienta y fratricida, y cuyas huellas y secuelas hoy se estudian y son, qué duda cabe, espacio para el espanto y también para el dolor.
Ricardo Gil Otaiza







