El 11 de marzo, asistimos a la entrega del XXXVIII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE y presentación de los poemarios ganadores.
En el majestuoso Salón Real del Hotel Ritz de Madrid (en el que destacan sus altos techos, sus grandes ventanales con luz natural, sus lámparas de araña y sus molduras doradas), nos dio la bienvenida Sheila Loewe, presidenta de la Fundación Loewe, comunicándonos que el jurado del Premio había concedido el galardón de esta XXXVIII edición al poeta Hugo Mujica, por su obra Las hojas, la brisa, y la luz danza las sombras, y el Premio a la Creación Joven a Leonor Pataki, por el libro Una madeja de estambre. A continuación, Jaime Siles presentó el libro de Leonor Pataki y minutos más tarde hizo lo mismo María Ángeles López Pérez con el libro de Hugo Mujica.
Hay que añadir que el Jurado del XXXVIII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE estuvo compuesto por Víctor García de la Concha (Presidente), Gioconda Belli, Antonio Colinas, Aurora Egido, Raquel Lanseros, María Negroni, Juan Antonio González Iglesias, Carmen Riera, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena y Javier Velaza (ganador de la anterior convocatoria).
El fallo se hizo público el pasado 7 de octubre de 2025. Según el jurado, en palabras de Raquel Lanseros de aquel día, Las hojas, la brisa, y la luz danza las sombras, de Hugo Mujica, propone una experiencia lírica de absoluta pureza que se integra en lo que podría definirse como una meditación contemplativa. Los poemas invitan a la reflexión y a una espiritualidad de orden no dogmático, tendiendo puentes entre las concepciones oriental y occidental, entre la intuición poética y la racionalidad existencial. Con una gran pureza verbal y una musicalidad tenue que invita a la calma interior, cada texto es figura visual y composición sonora, ofreciendo nuevas perspectivas en cada relectura. Los símbolos, siempre esenciales, apuntan al centro de la naturaleza humana e invitan al asombro, a la alegría de vivir y a la vulnerabilidad del ser. Es, en palabras del jurado, “una obra filosófica y meditativa, alejada de lo banal y de lo ornamental, que descansa sobre la coherencia de la atención plena y de la sabiduría”.
Sobre Una madeja de estambre, el jurado, en palabras de Jaime Siles también de aquel día, destaca que “es un libro centrado más que en un tema, en un símbolo”. El gato, explica, como en el medieval Libro de los gatos, en Baudelaire, en Olga Orozco, en T. S. Eliot y en Darío Jaramillo, se convierte en una unidad textual absoluta “que se impone por la profundidad de su serena reflexión”. Siles subraya además “el haber sabido encontrar en la figura del gato, en su cuerpo —hecho para el sigilo—, la metáfora de todas las cosas que no deben nunca tocarse”. Añade que la autora domina el sentido de la composición, sin que decaiga ningún poema, y que la construcción es excelente, con “finales verdaderamente brillantes”.
Finalizamos diciendo que a esta XXXVIII convocatoria se habían presentado 3.150 participantes de 45 países, la cifra más alta en la historia del certamen.
FOTÓGRAFO: © Carlos Castrosín








