“Todos los libros estuvieron vivos. Antes han sido árboles; han tenido pájaros en sus ramas y han escuchado el sonido del viento entre sus hojas”, dice Raúl de Tapia, biólogo y autor, y Clara Obligado, la escritora, contesta: “Escribir es volverse árbol. Escribir es, también, comprender. Me convierto en autora de los textos de Raúl. Escribimos borrándonos. Voy inventando la estructura de estas páginas como una forma de cercanía con Raúl”.
De esta manera espiralada y poética se forja el entramado de este texto complejo; incorporando historias de cada uno, trocitos de vida, reflexiones, certezas de la botánica, preguntas, herramientas narrativas, y sobre todo la voluntad de dos seres curiosos, decididos a encontrar nuevas maneras de entender el mundo, aunando sus conocimientos y su agudeza, y confiando en la complementariedad de las ciencias y de las artes. Porque, como dice Raúl: “la ciencia es poesía demostrada”.
Un árbol de compañía (Páginas de Espuma, 2025) es una invitación a la reflexión sobre la naturaleza vegetal y la humana. Pone en paralelo procesos como la vernación y el desarrollo de la amistad, la migración y los injertos, los tiempos prolongados de los árboles y los efímeros de los hombres. El lector aprende, por ejemplo, que los árboles son capaces de comunicar información vital, de compartir entre sí los nutrientes, de modificar el género para mitigar la soledad y poder reproducirse, de ahorrar anillos en los tiempos difíciles, de seguir existiendo aún caídos.
Narrado con una voz potente y precisa, que a veces es la de Raúl y casi siempre es la de Clara. Desde el asombro permanente frente a los milagros naturales, como propone el biólogo, y desde lo cotidiano y la agudeza de la mirada femenina de la autora, que cree en la literatura como sistema de pensamiento. Así es como se gesta esta obra magistral, que no se agota en una sola lectura, sino que se vuelve cada vez más interesante y profunda a medida que la revisitamos.
Una vez más Clara Obligado logra con creces su objetivo de romper las estructuras, revolucionar la literatura y encontrar nuevas formas de escribir la vida. “Quien escribe, descubre”, dice ella. Y de eso se trata este libro.
Junto con “Una casa lejos de casa” y “Todo lo que crece” este es el tercer libro de una trilogía de ensayos donde aparecen temas como la naturaleza, el desarraigo, el exilio. Pero este es un libro a cuatro manos. ¿Cómo ha sucedido esto, Clara?
Clara: Yo creo en la creación colectiva. Me parece que toda creación es colectiva per se. Y en este caso, evidentemente, yo no tengo la información que tiene Raúl sobre los árboles. Y también me apetecía, a nivel intuitivo, hacer algo con él. Porque me daba la impresión de que iba a aprender muchas cosas. Y hemos concebido un libro. Para mí ha sido una experiencia interesantísima.
Raúl: Yo, por mi parte, había escrito Herbario Sonoro con Joaquín Araujo, pero eran textos independientes. La temática de cada texto era la misma, pero cada uno desde su prisma. Y eso facilitaba la logística de la escritura. En este caso, no era así. Era escribir un libro juntos. Con todo el metabolismo que implica eso. El hacerlo con Clara simplifica para mí muchísimas cosas. Es difícil aunar en una sola voz dos pensamientos, dos miradas, dos experiencias, dos textos. Y yo lo he palpado porque he visto el progreso de mis textos. Cuando ella los trabaja, cuando ella los incorpora. Y he visto bailar los textos con todo el buen sentido del término. Para que encajen, para que entren como deben. Un texto puede estar en un momento dado en la página 30 y luego de repente aparece en la 70. Clara es muy perfeccionista y hasta que no queda todo como ella quiere, hace que el libro esté vivo hasta el día que entrega.
Se nota que ha sido muy amasado, aunque en la escritura se reconoce la mano de Clara.
Evidentemente hay pedacitos de las historias de los dos, de los conocimientos de los dos, que vienen de las distintas áreas. Pero llama la atención la forma en que está contado. Es autorreferencial, y mientras avanza se cuenta el proceso de escritura del libro.
Clara: Me parecía muy interesante que el proceso de escritura apareciera. Yo vacilé muchísimo antes de darle forma a este texto. Una vez que uno da forma ya el texto avanza. Porque me parecía que la primera persona funcionaba muy bien, porque se hace próxima. Pero, por otro lado, si yo trabajaba en primera persona me comía a Raúl. Si yo de verdad ponía mi personaje, porque al final cuando uno escribe es un personaje, no es uno mismo. Eso se comía a Raúl. Entonces el libro es como el Gran Gatsby, es un personaje que mira a Raúl. Que participa a veces, cuenta historias propias. Pero a la vez es cierto que Raúl ha hecho en esto un ejercicio de modestia importante, porque hay cosas que están escritas por él y yo me las he apropiado. Y el libro lo dice. Eso es lo otro, no solo lo metaliterario.
También hay mucha transparencia. No está borrado el esfuerzo, las frustraciones de este proceso, los destiempos. Eso es algo que me parece que es maravilloso y muy valiente también.
Clara: Es cierto decir, esto fue difícil, pero ha habido más debate que desencuentro. Que eso es lo que yo creo importante cuando uno escribe, cuando uno piensa; cambiar de postura por lo que el otro dice. Cuando uno escucha que lo que el otro dice es razonable, es necio no cambiar de postura. Entonces yo espero que Raúl haya aprendido cosas, pero yo sí he aprendido un montón. Y me parece que el libro me ha acercado muchísimo a la naturaleza y a cosas que para mí eran como secretos. Entonces bueno, creo que yo salí del libro cambiada.
Raúl: A mí me pasa algo semejante. Cuando hablabas de la dificultad de la escritura, de la transparencia, confieso que a mí al principio se me hacía muy difícil ser un personaje dentro del libro. A Clara le es habitual ser un personaje dentro de algunos de sus libros, hablar en primera persona o verse dentro de una historia. Para mí era como, ¿qué hago ahí adentro? Y leerme a mí mismo y tenerme que opinar de mí mismo dentro de un libro, era una dualidad muy difícil. Luego ya lo asumes, te quedas como en la distancia. Pero estoy hablando de meses, el poder cogerse a distancia. Y Clara ha aprendido de la naturaleza, de los árboles. Yo he aprendido muchísimo del alambique de la literatura.
Como cuando ves el libro publicado, coges la esencia de la lavanda, la disfrutas. Pero para sacar esa esencia, el trabajo de alambique que hay detrás es altísimo. Tienes que ir a cosechar la planta en su momento adecuado de floración, tienes que cortarla, llevarla al depósito, calentarla, que todo se mezcle como debe, que se debe enfriar hasta que sale la esencia. Todo esto que estoy contando es lo que hace Clara con sus libros, es muchos alambiques a la vez, y es capaz de sacar muchas esencias distintas.
Y asistir a esa capacidad de resolver problemas a base de tener tantas herramientas era fantástico. Porque cuando había un párrafo que tenía más carga científica, más denso, me decía Raúl vamos a meter un diálogo y en vez de contar todo un proceso, nos hacemos preguntas los dos y nos las vamos respondiendo. Ver todo eso es un aprendizaje constante, como trabajar con una maga. Con una maga, no sé si de Cortázar, pero con una maga.
Clara: Yo creo que soy un obrero de la construcción, creo que la literatura en realidad es accesible para todo el mundo y hay una serie de herramientas que uno con el tiempo va aprendiendo y que te ayudan a pensar. Yo creo en la literatura como sistema de pensamiento y por tanto creo que es un sistema que se puede compartir.
Si jugamos al juego de las diferencias, ¿qué tiene uno que no tiene el otro? ¿Qué ha sido decisivo a la hora de desarrollar el proyecto?
Clara: En mi caso podría decir que yo soy una gran intuitiva, porque lo soy. Y ver que él era capaz de tomar datos que parecen negativos y convertirlos en utopías. A mí no me gusta este pensamiento que es negro y que termine más negro todavía y entonces vamos a casa y no hacemos nada. Me pareció que Raúl representaba una mirada sobre la naturaleza que era una mirada positiva y beligerante y al mismo tiempo activa, que no eran palabras, él hace cosas en concreto.
Por otro lado a mí me interesa, yo a mí misma ya me conozco, no quiero ni leer cosas que se parecen a mí ni quiero trabajar con gente que se parece a mí. Y con Raúl, la verdad es que no nos parecemos nada, porque yo soy mujer, él es hombre, es 20 años menor, está mucho más cerca del campo en España que yo, él es español, no se ha movido de su tierra, de hecho, yo no he hecho más que moverme de mi tierra. En nuestra formación él es científico, yo soy de letras.
Yo creo que la cultura se la encuentra entre gente distinta, no entre gente igual. Para mí era como un reto, y no me equivoqué en absoluto, entonces yo creo que eso fue lo que me atrajo a mí, la diferencia y aquello que yo quería que él tenía.
Raúl: A Clara le encantan las ciudades, le encanta el ambiente urbano. Tenemos días a días distintos, tanto lo personal como lo profesional, pero los dos somos muy complementarios exactamente por eso, por la diferencia. Había cosas que nos aunaban, por un lado infancias difíciles, madres singulares, y estoy siendo muy eufemístico. Y luego una gran curiosidad y admiración por los procesos creativos, de cómo se crean obras, cómo se crean bosques, cómo se crean libros, hay una cantidad de todo lo que desconocemos que nos lleva a la curiosidad. Y si la curiosidad es literaria, la curiosidad es científica también, en ambos casos. Y se da de nuevo una circunstancia, yo creo, que es la del querer hacer algo distinto. Entonces poder aportar algo diferente y que realmente sea innovador, a los dos nos motivaba.
Clara: El tema central es la confianza que ambos tenemos de la relación entre las ciencias y las letras. Yo creo que esta marginación de las letras es absurda, porque sin pensamiento humanístico no hay imaginación, y sin precisión posiblemente no lleguemos a ningún lado. Entonces me parece que pensar en conjunto, desde categorías mestizas, siempre ayuda. Y en este caso han sido las ciencias y las letras. Y el libro, uno de sus mimbres, digamos, tiene que ver con este cruce que se expone bastante dentro del texto.
Raúl: Sí. También está ese aspecto imaginativo de Clara, de la literatura. Para mí es fascinante cómo veía los árboles, porque me contaba, me hacía preguntas que yo no había hecho en mi vida. Que de repente ella veía un árbol con las raíces fuera y me decía, ¿por qué han desnudado las raíces? La pregunta más difícil que me ha hecho es que es un árbol. Y dije, “Dios mío, no han llegado los científicos a una definición, me la estás preguntando tú”. Y creo que eso también es una necesidad de los científicos y de las científicas, el tener unas miradas que vengan de otros campos porque si no estamos muy huérfanos.
Clara: Y hablando de miradas, otra cosa que estaba pensando es otra de las mezclas del libro, es como el gran pensamiento y el pequeño pensamiento. Yo creo mucho en las pequeñas cosas y cómo partir desde las pequeñas cosas para explicarse. Y en esto yo diría que hay un tipo de ensayo, que es un ensayo masculino, por decirlo de alguna manera, donde lo teórico se va a lo más teórico aún. Y hay un tipo de ensayo que es un ensayo femenino, que pondría a Sor Juan Inés de la Cruz en el comienzo, donde lo importante es empezar a pensar a partir de la vida cotidiana. Realmente creo que estamos en un momento de crisis del pensamiento y que necesitamos encontrar desde dónde volver a pensar el mundo. Y la propuesta del libro es desde la amistad y desde lo pequeño, de aquello que nos une y aquello que podemos modificar.
Justamente la amistad y el devenir de la amistad, ¿fue siempre el centro o se trató de una decisión posterior?
Clara: Posterior.
Raúl: Yo creo que ha ido ocurriendo. También Clara tiene una manera de ser y de preguntar que es muy directa y a mí me hizo contarle cosas que no le había contado a nadie en mi vida. Cuando estaba a su lado yo decía ¿qué le cuento a esta mujer que le pueda interesar? Yo siempre veía que ella sí tenía interés botánico. Tiene también bibliografía de árboles. Entonces esa manera de empezarnos a relacionar se basó mucho en la confianza. Ella está muy acostumbrada a desnudarse en sus libros. Yo ni de lejos.
Además, hay otra cosa más que también aparece en el libro. No solo el interés por tus conocimientos o por tu visión de las cosas sino también el interés humano.
Hay esta comunicación a todos los niveles entre ustedes. Ver al otro en su completud. Me parece que esto sí tiene mucho que ver con la forma en que funciona la naturaleza. Todo interconectado y a distintos niveles: el aire, la tierra, el agua. Me pareció muy interesante como para pensarnos a los humanos relacionándonos de una forma distinta.
Clara: Yo diría que los árboles nos están rescatando. A mí me parece que la ilustración es un periodo muy interesante pero que se ha alargado innecesariamente. Ese pensamiento que parece que podemos meter en una cajita todo lo que pensamos, pero la duda no entra.
Es algo que no nos ayuda a pensar el mundo hoy en día. Y si hay algún lugar donde hay una cátedra para pensar es justamente en la naturaleza. Pero ¿cómo nos acercamos a ella? En este libro se proponen distintos acercamientos.
Uno es personal desde lo que nosotros sentimos e interpretamos. Otro sería científico, artístico. Otro sería desde lo que otros poetas han escrito sobre la naturaleza que está muy presente en el libro, desde otras miradas posibles, la ironía, la risa. Es como volver a hablar con aquello de lo que somos una parte ínfima. Es la crudísima realidad. Y mejor que lo pensemos porque estamos, como dice Úrsula K. Leguin, “bailando en el borde del mundo”.
Ya es tiempo de observar la naturaleza, de apreciar la sabiduría, de encontrar nuevas formas de funcionar.
Raúl: De esas miradas pienso en la mirada del asombro. Que viene de sombra. Como comienza el libro. Yo desde hace muchos años me propuse que cada día debía asombrarme con algo nuevo en la naturaleza, aunque sea en el paseo por un jardín. Y si te asombras cada día con algo nuevo y tratas de interpretarlo, de saber qué es, saber qué te provoca, no solo en lo científico, sino también en lo emocional, al cabo del año tienes 365 nuevos aprendizajes.
O sea, forma parte de mi prioridad. Y es increíble. Lo que puede llegar a ver uno cuando jerarquiza su mirada de esta forma. Trato de abrir la biblioteca de casa a nuevos autores. Y de repente, bajo la mirada de estos escritores, escritoras, bajo la mirada de la naturaleza, me vuelvo a asombrar con algo. Yo creo que seguirnos manteniendo vivos es seguirnos asombrando. Si no nos asombramos con lo que ocurre en la naturaleza, si no nos asombramos con toda esa infinitud, esto (el teléfono) nos va a matar.
Clara: Es evidente, porque estamos viendo los síntomas de un pensamiento metido dentro de una máquina. Necesitamos pensar de otra manera. Y creo realmente que hay mucha gente dispuesta a hacerlo.
La forma en que está plasmado el texto, esa forma tan fragmentada, sintetizada, muy poética, con muchos significados, me hace pensar en aquello que mencionan, el proceso biológico de la vernación.
Clara: La vernación y el origami, sí, es como una especie de pequeña filosofía. Frente a tanto ruido que tenemos alrededor, lo que necesitamos es elegir las palabras precisas. Y entonces creo que la literatura, en ese sentido, es como un vivero muy fecundo, ¿no? O sea, elijamos lo que sí hay que decir.
Dejémonos de ruido y vayamos a la esencia, ¿no? Vayamos a la vernación. Me parece un buenísimo ejemplo.
Raúl: Lo de la vernación lo recuerdo bien porque fue el primer texto que le mandé a Clara que me dijo, ahora sí, y hacía siete meses que habíamos comenzado con el proyecto. Esa manera que tiene Clara de trabajar desde la sinceridad. Escribía ocho o nueve folios y ella decía, hay un par de palabras, hay una línea que se salva, y yo decía, “Dios mío”. Pero cuando llegamos al tema de la vernación, para mí fue, nunca mejor dicho, el brotar, el saber que había un montón de herramientas que yo podía tener dentro pero que todavía no sabía sacarlas.
Clara: Fue una búsqueda común. Es como si yo, en vez de una sola cabeza, hubiera tenido dos, y hubiera tenido que buscar también en unas habitaciones que no conocía, digamos. Pero yo no lo viví como un ejercicio de ni de paciencia, ni de enseñanza, ni nada que ver, sino como un pensamiento común que generaba en mí justamente lo que quería que generara: pensar. Porque yo también pensé mucho en el libro. O sea, a medida que iba escribiendo no es que yo tuviera la solución de cómo se hacía, sino que a partir de lo que Raúl me decía yo tenía que cambiar mi punto de vista y bienvenido sea cambiar el punto de vista. O sea, es muy interesante que alguien te haga pensar también de manera lateral.
Entonces yo creo que fue por ahí. Fue como tomar un material que yo consideré propio. O sea, que lo que él me planteaba era un problema literario que yo tenía. Pero a mí los problemas me gustan en este sentido. Porque justamente me quitan de esta zona de comodidad de repetir siempre lo mismo, que es lo que suelen hacer los autores cuando les va bien. O sea, ahora escribo el mismo libro para engañar a la gente y no pienso nada. Y eso para mí no es literatura, sino un mercado, que es otra cosa.
Raúl: A mí me han propuesto escribir libros sobre botánica, sobre zoología, sobre temas que ya conozco, pero no voy a escribir el origen de la evolución, no voy a repetir lo de Darwin.
Este libro, que puede tener una orientación muy literaria por la influencia que tiene Clara, me interesaba mucho por lo que puede aportar a la gente de la ciencia, porque aporta una mirada distinta. De la misma manera, los literatos van a tener otra mirada del naturalismo. Es muy interesante la dualidad ciencias y letras sobre todo por el público que lo va a leer por las distintas capas que tiene.
Este libro es un regalo que han hecho a los lectores, otra forma de entender la vida, la comunicación, y sobre todo la actitud frente a la otredad, la valoración de todo lo que tiene el otro, el distinto, para ofrecer. Es un “cómo” muy importante y muy esperanzador, un gran mérito de este libro.
Clara: Para cerrar me gustaría que Raúl contara el proyecto que tenemos, el “bosque de los libros”, que es un proyecto muy bonito.
Raúl: Somos conscientes que todos los libros antes han estado vivos. Sería bonito devolver al bosque todos los libros que hemos escrito o que hemos leído. Y Clara decía: “todos los escritores deberían plantar un bosque para devolver a la tierra lo que ha dado”. ¿Y por qué no plantamos un bosque? Y eso fue como la primera llamada, cuando me propuso escribir juntos un libro. Queremos plantar un bosque con los escritores, que vengan a plantar y a leer sus páginas. Y el 28 de febrero invitaremos a un buen grupo de lectores y escritores a Salamanca en la finca de la fundación donde trabajo, con una buena dosis de activismo, con el objetivo de recuperar los olmos. La idea es aunar en esa plantación uno de los hilos del libro, aunar el campo, los árboles y los escritores y tener un día de celebración de los libros y los árboles.
Hermoso proyecto. ¡Que tenga mucho éxito!
Romina Tumini








