«…Emily se lleva a la nariz del pañuelo de lino blanco bordado; Anna entorna sus increíbles ojos grises; Wisława busca o finge buscar los cigarrillos en el bolso; Sylvia escribe, escribe sin parar; Antonia llora.
Ahora bien, tengo la convicción de que esta poeta que desapareció en la nada, que fue enterrada sin que se supiera la fecha exacta de su muerte, sin obituarios ni flores, sigue viva, y que esa fecha que falta es el signo de su presencia y de su juventud. Ella vive en todas las muchachas aquí sentadas y en muchas otras que, por distintos motivos, no están aquí esta noche. Ella, ellas, vosotras estáis vivas…»
Estas frases son del libro Esas muchachas que escriben poemas de Alba Donati, publicado por Lumen y que desde el 8 de octubre está en todas las librerías.
Tras el fenómeno editorial de La librería en la colina, publicado en veinticinco países, Donati hace un recorrido por la poesía y la vida extraordinarias de cinco poetas: Dickinson, Ajmátova, Pozzi, Szymborska y Plath.
Retrato tras retrato, este almanaque ilumina los herbarios de Dickinson y el complicado tablero familiar en el pequeño paraíso de Amherst; el genio de Ajmátova para eludir la censura estatal y los celos de sus maridos; la inquietud de Antonia Pozzi entre las aulas universitarias y su felicidad en las montañas de su tierra natal; las estrategias con las que Szymborska combatía las obligaciones sociales tras el Premio Nobel; los trajes de moda que una jovencísima Sylvia Plath arrojaba desde un rascacielos de Nueva York como pura performance… Vidas diferentes y distantes en el tiempo, pero unidas por una visión del mundo más fuerte que cualquier cronología: la poesía como vida y la vida como poesía. Donati nos traslada al magnífico caos de estas existencias dedicadas enteramente a la palabra, y consigue que resuenen con fuerza sus voces únicas en este libro singular e inclasificable.
Recordemos que Alba Donati es poeta laureada, librera e incansable activista cultural. Fue directora del Gabinetto Vieusseux de Florencia. Actualmente vive entre Florencia y Lucignana, donde regenta la librería Sopra la Penna. Es autora de los poemarios La repubblica contadina (Premio Mondello «Opera Prima» 1998), Non in mio nome (2004) e Idillio con cagnolino (2013). En 2018, La nave di Teseo compiló todos sus poemas hasta la fecha en Tu, paesaggio dell’infanzia. Tutte le poesie 1997-2018, galardonado con el Premio Internacional Gradiva de la State University of New York at Stony Brook. Lumen editó La librería en la colina (2023), su primera obra narrativa, ganadora del Premio La Città dei lettori.
Por Esas muchachas que escriben poemas, su último y reciente libro, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Alba Donati, para que nos hable de él a los lectores de Qué Leer.
Alba, por favor, haznos una sinopsis de tu libro.
Es la historia de cinco muchachas (excepto una) que murieron sin que la mayoría las conociera y que, tras su fallecimiento, se convirtieron en auténticos iconos de la poesía de todos los tiempos.
¿Y qué fue lo que te empujó a ponerte a escribir Esas muchachas que escriben poemas: algo leído, una experiencia, un recuerdo…?
El amor que siento por lo que escribieron y por su vida caótica, desordenada, que nunca se ajustó a una mentalidad burguesa.
La trama: seis capítulos, seis muchachas… ¿Por qué has utilizado esta estructura tan sencilla?
Las chicas protagonistas son [en realidad] cinco: Emily, Anna, Wislawa, Antonia y Sylvia. Además, hay dos figuras importantes y opuestas que dan vida al único capítulo de ficción. Cada una de sus vidas se narra siguiendo modelos clásicos: el relato familiar, el noir, la comedia y el teatro.
¿Por qué unas notas finales astrológicas? ¿Tanto te gusta la astrología?
Me gusta mucho porque saca al ser humano del centro del escenario, le quita su sabiduría y su pomposidad y nos dice que no todo está bajo nuestra jurisdicción.
Alba, qué bien cuentas la vida de las seis muchachas. Pero el argumento del libro, ¿lo tenías definido así desde el principio o ha tenido variaciones mientras escribías?
Escribir es como esperar un hijo: la criatura crece contigo y toma forma dentro de ti, siempre dentro de un círculo misterioso e invisible.
Ya, lo decía porque la sexta muchacha, Mary Carolyn Davies, parece que ha llegado en último lugar, como por casualidad.
En cierto sentido, la busqué y la encontré: la esencia del sufrimiento de una mujer que escribe en un mundo hecho para los hombres. Pero no diré más; es una pequeña sorpresa.
En el sexto capítulo, aparte de la historia de Mary Carolyn Davies, confrontas a todas las muchachas de tu libro, las imaginas a todas juntas alrededor de una mesa.
Es el único capítulo de pura ficción: la habitación de la hermandad, donde pueden ser ellas mismas, es la habitación solo para ellas.
A pesar de estos seis personajes, por todo tu libro sobrevuela la figura de Virginia Woolf.
Virginia es quien tiene conciencia del papel que se ha asignado a las mujeres, cerrando toda posibilidad de realización. Es, por tanto, una especie de hermana mayor para todas: es para ellas para quienes escribió «Una habitación propia».
Tu libro está contado con un estilo claro, poético, combinando: el ensayo y la biografía de seis muchachas: nos haces viajar, de manera formidable, a la época y circunstancias de cada una.
Creo que es posible hacerse entender por todos sin perder de vista la complejidad del lenguaje; es más, si se consigue hacerlo, ya tenemos la mitad del trabajo hecho.
El libro se lee fácil, con muy buen ritmo… Que se lea fácil, no significa que se haya escrito fácil ¿verdad?
Me costó mucho, no quería equivocarme, tuve que dedicar toda mi atención a enfocar el camino principal que conducía al corazón de su poesía. Espero haberlo conseguido, al menos en parte.
¿Cuánto has tardado en escribir Esas muchachas que escriben poemas?
Seis/ocho meses.
Y ya por último, ¿junto a qué otros libros colocarías Esas muchachas que escriben poemas en una estantería?
Sin duda, [con] todos los de Emily Dickinson, Anna Ajmátova, Wisława Szymborska, Antonia Pozzi y Sylvia Plath; luego están [los de] Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnick, Karin Boye, Ingeborg Bachmann… la lista es muy larga.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Leonardo Pasquinelli
INTÉRPRETE: Dalia Lombardi
Esas muchachas que escriben poemas
Alba Donati
Editorial Lumen, 152 pp., 17,95 €
Sinopsis:
Esas muchachas que escriben poemas es un recorrido por la poesía y la vida extraordinarias de cinco poetas: Dickinson, Ajmátova, Pozzi, Szymborska y Plath.
Pasionales o tímidas, reservadas o atormentadas, deseosas o marginadas, valientes, vitales o llenas de ímpetu… Las jóvenes poetas que pueblan este libro están unidas por un talento natural para encadenar las palabras, por un amor desinteresado por la literatura y por una firme convicción en la necesidad del cambio. Y, muy a menudo, por desgracia, por el acoso de hombres que no terminan de comprender su grandeza y para quienes ellas no son más que «esas muchachas que escriben poemas».
Retrato tras retrato, este almanaque ilumina lo que Virginia Woolf —cuya presencia se deja sentir en estas páginas— llamaba «momentos de vida». Los herbarios de Dickinson y el complicado tablero familiar en el pequeño paraíso de Amherst; el genio de Ajmátova para eludir la censura estatal y los celos de sus maridos; la inquietud de Antonia Pozzi entre las aulas universitarias y su felicidad en las montañas de su tierra natal; las estrategias con las que Szymborska combatía las obligaciones sociales tras el Premio Nobel; los trajes de moda que una jovencísima Sylvia Plath arrojaba desde un rascacielos de Nueva York como pura performance… Vidas diferentes y distantes en el tiempo, pero unidas por una visión del mundo más fuerte que cualquier cronología: la poesía como vida y la vida como poesía. Alba Donati nos traslada al magnífico caos de estas existencias dedicadas enteramente a la palabra, y consigue que resuenen con fuerza sus voces únicas en este libro singular e inclasificable.


