«…Sí: las fotos de Hemingway –las fotos que le tomaron o le sacaron a Hemingway, las fotos a las que Hemingway se expuso de buena gana para que, sí, lo revelaran al mundo en su vida– son hoy parte inseparable de su obra. Ningún escritor posó tanto para las cámaras, con tanta dedicación, entusiasmo y gozo; y, probablemente, la prosa tan visual de Hemingway haya casi demandado semejante apoyatura en ocasiones positiva, muchas veces negativa.
Así, puede afirmarse que Hemingway fue un consciente y astuto enfocador de sí mismo desde el principio de su leyenda. Alcanza con comparar las fotos de Hemingway con las de los otros dos ángulos de la Santísima Trinidad de la por entonces Nueva Literatura Made in USA: Francis Scott Fitzgerald y William Faulkner. Puestas junto a las fotos siempre en acción de Hemingway, las de Fitzgerald son siempre estáticas, correctos retratos que desbarrancan hacia lo patético (aquella postal navideña de Scott junto a Zelda y a Scottie, los tres levantando sus piernas en un cancán doméstico con arbolito al fondo… o aquella otra, cerca del final, tan deprimente y depresiva, con sombrero charro en la frontera mexicana). O proféticamente peligrosas (Faulkner casi disfrazado como gentleman caza-zorros montando el caballo que lo arrojaría hacia la muerte)…»
Estas frases pertenecen a Sol y sombra y fiesta, de Rodrigo Fresán, estupendo libro publicado por Debate y que desde el 17 de septiembre está en todas las librerías.
El sol también sale / Fiesta, de Ernest Hemingway, cumple cien años, y Fresán invita a celebrarlo con este pequeño manual para descubrirla y redescubrirla. Aquí, los secretos de la escritura del autor, los festejos explosivos, la impotencia de un amor imposible, los pecadores y los Sanfermines, el agonizante existencial y el vivísimo matador y una mítica y fatalista mujer fatal, la película de novela, las personas-personajes, la alegre París y la eufórica Pamplona, las botellas a vaciar y los toros a torear, los diálogos modernos y las pasiones atemporales, las perturbaciones de su autor y los ritos de la vida expatriada que la consagraron como otra cada vez más grande Gran Novela Americana.
Recordemos que Rodrigo Fresán nació en Buenos Aires en 1963 y vive en Barcelona desde 1999. Es autor de los libros Historia argentina, Vidas de santos, Trabajos manuales, Esperanto, La velocidad de las cosas, Mantra (Premio Nuevo Talento Fnac 2002), Jardines de Kensington (Premio Lateral de Narrativa 2004, finalista Premio Fundación José Manuel Lara), El fondo del cielo (Locus Magazine Favorite Speculative Fiction in Translation Novel 2018, USA) y del tríptico La Parte Contada, compuesto por La parte inventada (Best Translated Book Award 2018, USA), La parte soñada y La parte recordada.
Por Sol y sombra y fiesta, su último y recién publicado libro, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Rodrigo Fresán, para que nos hable de él a los lectores de Qué Leer.
Rodrigo, para empezar: imagina que estás en la consulta del psiquiatra esperando, alguien te ve con tu libro y te pregunta de qué va, ¿qué le dirías?
Bueno, el libro este, puntualmente, es muy fácil de responderlo, porque es un libro hecho a propósito de los cien años de un libro que no es mío. O sea, que también yo tengo una cierta distancia. Quiero decir, es un libro más de lector que de autor. Y ser lector es tanto mejor que ser autor.
Es un libro que a mí me gustó mucho hacer.
Me gusta mucho releer. La novela esta de Hemingway en particular me parece formidable, muy moderna, muy adelantada a su tiempo.
Creo que tanto este libro como el que salió el año pasado, El pequeño Gatsby [en la misma colección], son un poco invitaciones a la lectura o a la relectura, incluso.
Aparte de los cien años de un libro que no es tuyo y que tanto te gusta, ¿cuál fue el resorte para ponerte a escribir Sol y sombra y fiesta: una sugerencia, un recuerdo…?
Yo ya había hecho el libro de El pequeño Gatsby, que era sobre los cien años de El gran Gatsby, la novela de Fitzgerald. Y al año siguiente se cumplían los cien años de Fiesta o de The Sun Also Rises; a veces aquí le ponen El sol también sale o también se levanta.
Y me parece que estaban un poco conectados. No solo los libros, que son como cara y contracara de un mismo sentimiento y de una misma generación, o de una misma degeneración. Sino también los dos autores, que tienen una relación bastante peligrosa y bastante complicada. Es una de las grandes relaciones de amor-odio, coleguismo-competencia, en la historia de la literatura mundial.
A eso vamos. Narras maravillosamente bien el encuentro mítico, en 1925, entre Hemingway y Fitzgerald. Fitzgerald autor famoso, consolidado, le tutela. La consiguiente gratitud de Hemingway. Y, Rodrigo, qué mal llevaba Hemingway deberle algo a Fitzgerald…
Sí. Hemingway fue un excelente escritor, pero una pésima persona.
Tenía una cierta tendencia, por estas cosas de hombría mal digerida, o mal asumida, a pensar que la gratitud estaba reñida con la debilidad.
Y siempre, en toda su historia, ya sea con Fitzgerald, claramente, pero también con Gertrud Stein y con John Dos Passos y con Ford Madox Ford, él siempre se encargó no solo de negar esa deuda, que tampoco era una deuda, porque nadie le pedía que devolviera nada, sino de borrar rastros y que quedara como que todo lo que era se lo debía única y exclusivamente a sí mismo.
¿Y era tan machote Hemingway como aparentemente se nos ha transmitido?
Era como una especie de macho profesional, veinticuatro horas, siete días a la semana.
Después, hay una cantidad de interpretaciones y de atisbos y de pistas y de actos fallidos de él, que permiten pensar en una enorme debilidad e inseguridad de su masculinidad.
Sobre todo en los libros que se publicaron de forma póstuma, como El jardín del Edén (1986), que para mí es la mejor novela de él, que es una novela editada, muy editada.
Junto con Fiesta, son para mí las dos cumbres.
En este libro tuyo, eres “como un torrente”, llevando apasionadamente de la mano al lector por la historia de Fiesta.
Esa es la idea, ¿no? Me parece que hay que entusiasmar. Y si uno tiene la suerte de haber sido entusiasmado, suena a una tarea un poco evangélica, de predicar la buena nueva.
Claro.
A mí cuando me dicen que soy crítico literario, además de escritor, yo [digo que] no soy crítico literario.
Yo, generalmente, es muy difícil que haga críticas negativas para empezar, salvo que sea de un actor que me guste mucho.
Yo me siento que soy un evangelista, alguien que va por ahí, teniendo en cuenta el poco espacio que hay en periódicos y en revistas para hablar de libros, tratando de…
Quiero decir, hay gente que se define mucho porque prefiere definirse por lo que no le gusta.
A mí me gusta definirme por lo que me gusta.
Entendido.
Y me gustan muchas cosas, por suerte.
Y se nota. Y bien que se nota… Como tú has mencionado, se cumplen cien años de la publicación de Fiesta.
Exactamente, hoy.
Exactamente, hoy. ¿Y cuál es el corazón, el núcleo de esta novela? ¿O, por qué después de cien años, se sigue leyendo este libro?
Lo digo en el libro mío. La leí tres, cuatro veces a lo largo de mi vida.
Yo tengo la teoría que los grandes libros hay que leerlos por lo menos tres veces en la vida de uno.
La primera vez, cuando tú eres más joven que los protagonistas. La segunda vez, cuando tienes la misma edad. Y la tercera, cuando tú ya eres mayor.
Y esa es la prueba. Porque, además, los clásicos siempre cambian con uno. Siempre te ofrecen algo nuevo que no te ofrecieron a otras edades.
En el caso de este libro, cuando lo volví a leer por última vez para escribir este librito, volvió a sorprenderme la construcción del libro, la potencia de los diálogos. No puedo ni siquiera imaginarme el impacto que habrá producido esto en 1926, porque Hemingway es, después, un escritor que influyó muchísimo, que ha tenido muchísimos epígonos y que ha generado más que un estilo, es casi una escuela de la literatura norteamericana, incluso muy malos discípulos también. Porque, como bien sabes, lo que parece aparentemente sencillo, es lo más difícil de emular.
Hemingway tiene esa complejísima sencillez.
Y, en esta novela, me parece que tiene una cosa muy interesante, que es que preanuncia la novela beatnik y a Bret Easton Ellis.
Para Bret Easton Ellis, es una de las novelas favoritas de él. Y, si tú pones Menos que cero (1985) junto a esta, es como una especie de nieta.
Sin embargo, Fiesta, se publicó con disparidad de opiniones.
Suele ocurrir con los libros verdaderamente importantes y que rompen con algo.
O sea, los libros que vienen a revolucionar algo siempre van a tener gente que los celebre y siempre va a tener gente que los condene.
Eso pasa con todos los grandes libros. Pasa con el Ulises, de Joyce. Pasa con Lolita, de Nabokov. Pasa con En busca del tiempo perdido, de Proust. Todos los libros que vienen a patear un poco el terreno o a ser un poco sísmicos, siempre van a tener gente a favor y gente en contra.
Y, muchas veces, solo gente en contra también.
Y luego el tiempo pone las cosas en su sitio. El caso más sonado de la historia de la literatura norteamericana probablemente sea Moby Dick (1851), de Herman Melville, que nadie lo entendió en el momento de su publicación.
O La conjura de los necios (1980, John Kennedy Toole), que…
También, también sí…
Bueno, yo te quería comentar que, en general, las traducciones de la obra de Hemingway no han sido muy buenas en España.
Yo no lo he leído nunca en español a Hemingway. Lo he leído siempre en inglés.
Pero sí me doy cuenta claramente. Hablaba justo hoy de eso con Alan Pauls, mi amigo, escritor argentino.
Yo creo que es muy difícil de traducir a Hemingway realmente, porque el sonido de los idiomas es tan diferente, la cadencia y el ritmo, que a mí me parece que cuesta muchísimo.
Hay autores que cuestan mucho traducir, me parece a mí.
Y, en un libro como Sol y sombra y fiesta, ¿cuál fue la mayor dificultad: quizá hacer algo un poco personal con un libro y con alguien tan conocido?
La mayor dificultad, para mí, siempre es, cuando me lo imponen, la extensión.
Quiero decir, la colección donde sale el libro tiene un número máximo de caracteres por decreto.
Este es un poquito más largo que el de Gatsby, pero, claro, hay muchísimas más cosas para contar de Hemingway, en general. Pero me parece que, dentro de todo, tiene una cierta gracia y una cierta elegancia que no se exceda.
Desde luego, este es un libro muy tuyo: apenas 157 páginas y cien notas a pie de página, ¡toma ya!
No sabía que eran tantas. Pero, sí, qué sé yo.
Ja, ja, ja…
Hay gente que las detesta, no puede verlas. Pero a mí me parece que es una herramienta bastante útil y que limpia mucho el texto.
A mí me gustan las notas a pie de página que sean como una especie de Mister Hyde del texto de Doctor Jekyll.
Quiero decir, si estuviera incorporado todo eso al texto principal, todo sería mucho más pedregoso, me parece.
Y Rodrigo, entre Hemingway y Fitzgerald, ¿con quién te quedas?
Soy más de Fitzgerald. Sí, me gusta más. Me parece que es mejor persona.
Y me gusta el romanticismo… Hay una cita ahí, en el libro mío, del editor que dice, creo que dice: Fitzgerald es como Strauss y Hemingway es como Stravinsky.
Entiendo el gran impacto y la gran nobleza disruptiva de Hemingway. Pero también me gusta mucho Fitzgerald como último casi suspiro de Henry James y de cierta novela decimonónica y también de Proust.
Y te digo, me resulta más simpático y me da más pena Fitzgerald.
También es cierto que Hemingway, que se pasó toda su vida condenándolo y desautorizándolo y hasta insultándolo, por suerte, hubo una cierta justicia: Fitzgerald murió completamente olvidado, pero Hemingway tuvo que vivir veinte años más, después de la muerte de Fitzgerald, viendo cómo el fantasma crecía y crecía y crecía y crecía de Fitzgerald. Y volvía a estar de vuelta en lo más alto.
Y por terminar, hablando de libros tuyos, ¿en qué andas ahora, qué es lo próximo que podremos leer de ti?
Justo hoy, que se cumplen los cien años del libro de Hemingway y de mi librito conmemorativo, se fue ya definitivamente al taller una novela nueva que se llama La vida bárbara y que sale a mediados de enero. Estoy en eso.
Y después salen varios libros.
Ahora, a principios de noviembre, sale La parte recordada y el libro de Gatsby en Francia.
Luego sale el de Hemingway y el de Fitzgerald en Italia.
Sale Mantra, que es un libro, que ya tiene veinticinco años, mío, en Estados Unidos.
Y estoy con un libro de cuentos y armando un libro con ensayos también.
O sea, que diversión no me falta en ese sentido.
Ah… Y anotador y supervisor de la obra completa de Philip K. Dick, que va a salir en Penguin Random House.
Jolín…
Sale ahora, en noviembre, una edición medio de como lujo de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, con un largo prólogo mío, textos inéditos de Dick y un prólogo de Emmanuel Carrère.
Me estás poniendo los dientes largos.
Eso sale ahora… Y van a salir también todas las novelas realistas de Philip K. Dick, bueno, realistas entre comillas, en su estilo, claro.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Alfredo Garófano
Rodrigo Fresán
Editorial Debate, 168 pp., 12,90 €
Sinopsis:
Un magnífico ensayo con el que Rodrigo Fresán celebra el centenario de uno de los clásicos indiscutibles de Ernest Hemingway.
El sol también sale / Fiesta, de Ernest Hemingway, cumple cien años, y Rodrigo Fresán invita a celebrarlo con este pequeño manual para descubrirla y redescubrirla. Aquí, los secretos de la escritura del autor, los festejos explosivos, la impotencia de un amor imposible, los pecadores y los Sanfermines, el agonizante existencial y el vivísimo matador y una mítica y fatalista mujer fatal, la película de novela, las personas-personajes, la alegre París y la eufórica Pamplona, las botellas a vaciar y los toros a torear, los diálogos modernos y las pasiones atemporales, las perturbaciones de su autor y los ritos de la vida expatriada que la consagraron como otra cada vez más grande Gran Novela Americana.



