«…El siguiente paso fue elegir a los protagonistas. Con Nietzsche como piedra angular fui sumando nombres hasta formar una lista inabarcable por demasiado ambiciosa. Finalmente me quedé con los cuatro que mejor conversaban entre sí: Friedrich Nietzsche, George Sand, Edward Lear y Gary Snyder. Aparentemente, un filósofo alemán, una novelista francesa, un artista inglés y un poeta estadounidense parecían piezas de puzles distintos, pero precisamente esa disonancia hacía que su «conversación» fuera fascinante. Si los sentaba a cenar a la misma mesa el hilo conductor que los uniría sería una obstinada fidelidad a sí mismos: la que llevó a Nietzsche a pensar contra su tiempo, a Sand a vestir y amar sin permiso, a Lear a refugiarse en el absurdo y a Snyder a buscar la verdad en lo salvaje. Cuatro formas de entender que, si la vida es un juego, lo más honesto es inventar las propias reglas…»
Estas frases son del prólogo de Almas libres y joviales de María Belmonte, magnífico libro publicado por Acantilado y que desde el 7 de octubre está en todas las librerías. Una obra en donde, para los protagonistas de este libro, la libertad no es algo innato, sino una conquista existencial, en ocasiones épica, que, no obstante, tiene una magnífica recompensa: la jovialidad que concede al ser humano el don de transformar la vida en una gozosa celebración.
En las dispares biografías de Friedrich Nietzsche, George Sand, Edward Lear y Gary Snyder se intuye un obstinado compromiso con la individualidad: un mismo impulso llevó al filósofo a pensar a contracorriente, a la novelista a vestir, amar y escribir sin pedir permiso, al artista a valerse del absurdo y al poeta a buscar la verdad en la naturaleza salvaje: cuatro formas de entender que si la vida es un juego, lo más honesto es vivirla de acuerdo con reglas propias. Un ensayo sagaz e inspirador en el que María Belmonte nos invita a abrazar la jovialidad como principio de resistencia.
Recordemos que María Belmonte Barrenechea nació en Bilbao, estudió Historia en la Universidad de Deusto y Antropología en la Autónoma de Barcelona. En 1995 se doctoró en el Departamento de Antropología Social de la Universidad del País Vasco (San Sebastián) con una tesis sobre Historia de las Religiones. Ejerce profesionalmente como traductora técnico-literaria. Ha publicado en Acantilado Peregrinos de la belleza. Viajeros por Italia y Grecia (2015), Los senderos del mar. Un viaje a pie (2017), En tierra de Dioniso. Vagabundeos por el norte de Grecia (2021), El murmullo del agua. Fuentes, jardines y divinidades acuáticas (2024) y Almas libres y joviales. Inconformistas, rebeldes y «outsiders» (2026).
Por este último título, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a María Belmonte, para que nos hable de él a los lectores de Qué Leer.
María, por favor, haznos una breve presentación de este libro estupendo tuyo.
Como cuento ya en el prólogo, es una idea que surgió cuando terminé mi anterior libro, el cuarto, El murmullo del agua, y no sabía sobre qué escribir. Y decidí sumergirme en mi libretas de notas, que tengo muchísimas, donde voy apuntando frases que me interesan de libros, películas, que me han gustado, todas las cosas que más o menos me interesan.
Y cogí uno al azar y, cuando estaba leyéndolo, llegué a una parte en la que, en rojo, había una frase, y esta frase era una crítica de un libro sobre Nietzsche y decía que la obra de Nietzsche sigue apelando a las almas más libres y más joviales.
A mí, eso me impactó, me gustó, me pareció, no sé, que ahí había algo, que ahí había algo esperándome. Y me pregunté, pero ¿quiénes son estas almas más libres y más joviales? Yo quiero ser así, ¿dónde están entonces?
A partir simplemente de eso, empecé a rebuscar y, claro, el primero que me aparecía en la lista era el propio Nietzsche, que era el objeto de ese libro.
Entonces empecé a buscar personajes. Nietzsche estaba en cabeza, pero reuní como doce seres humanos libres y joviales. Y me di cuenta de que aquello iba a llevarme años y años y, al final, lo he reducido a cuatro, a los cuatro que aparecen en esta obra, y nada más.
Eso es un poco el germen. Siempre me gusta empezar mis libros contando el germen, de dónde ha surgido esa idea. Y la de este, pues, viene de repasar cuadernos de notas.
Entendido… Con la trama, no te enredas en zarzas: un prólogo, cuatro partes para cada uno de los cuatro personajes de tu libro y un epílogo… ¿Por qué has utilizado esta estructura tan sencilla?
Porque es que no se me ocurre otra.
Mira, un amigo que lo leyó, un librero además muy importante, me escribió y me dice: María, te has convertido en una gran retratista. Y eso me gustó mucho, porque dice: aquí has conseguido los retratos más geniales que habías hecho hasta ahora. Él estaba entusiasmado, pero, bueno…
Me ha gustado mucho que me llame eso, porque es lo que he hecho, un retrato de cada personaje. Y para ello, primero, previamente me tengo que enamorar del personaje, para poder transmitir al lector también todo el interés, el entusiasmo que me despiertan.
Y ese es el proceso. Los he presentado bastante brevemente en un prólogo y, luego, a cada uno de ellos le dedico, hago un retrato de lo más importante de sus vidas, basándome en esa idea conductora del libro que es la libertad y la jovialidad, que creo que los cuatro la reúnen. Y luego la marca de la casa es ese pequeño viaje que hago yo siguiendo sus huellas; más que sus huellas, siguiendo sus fantasmas; y por eso voy cuando termino el libro.
Es un placer para mí viajar a los lugares que para ellos fueron emblemáticos, como Sorrento para Nietzsche, donde tuvo una revelación mientras paseaba por Posillipo en coche de caballos y, al ver un atardecer en la bahía de Nápoles, considerado uno de los lugares más bellos del mundo, con el Vesubio envuelto en nubes rojas y grises, de repente empezó a llorar porque se dio cuenta de que no había vivido hasta entonces, que tenía treinta y dos años, había pasado una vida en el norte entre, él los llama, los castores, gente siempre afanosa, atareada. Y, de repente, al llegar allí, decidió cambiar de vida.
Eso me impresionó mucho, me gustó mucho.
Además, sigue un poco la estela de mi primer libro, Peregrinos de la belleza, cómo el Mediterráneo transformaba radicalmente a los nórdicos, al contacto con la luz, la forma de vida y tal…
Entonces, volviendo a lo que me habías preguntado, para hacer un retrato de cada uno, lo que he hecho primero es documentarme. Siempre me documento todo lo que puedo, leyendo sus obras, los quiero conocer mucho y termino enamorándome, eso es lo que yo quiero también transmitir al lector, un poco mi pasión, mi entusiasmo, el gozo que me producen sus obras, esas personas que me parecen admirables, las cuatro que he elegido, por su forma de decir: cómo puedo vivir una vida que sea auténticamente mía. Y los cuatro lo han conseguido.
Y eso no es fácil. Tienes que ser valiente, tienes que ser audaz para salirte de lo que la sociedad nos exige a todos.
Y salirte también de eso que todo en general el ser humano busca, que es la seguridad, la comodidad y el seguir un poco al rebaño.
Entonces ellos dicen: no. Se inventan sus vidas, son artífices de sus vidas. Y eso me parece también algo muy admirable y me ha enseñado mucho.
Y eso me ha pasado con todos…
Y [hacer] el viaje, digamos, es mi momento de disfrutar… En Sorrento [Nietzsche]. O cuando he ido a visitar la casa de George Sand [en Nohant, Francia], me emocioné mucho entrar en ese espacio [del] que yo, a fuerza de leer, ya conocía casi cada rincón, lo que había pasado en los dormitorios, lo que había pasado en la cocina, los personajes que por allí habían pululado, que fueron muchos, lo que se comía, lo que se bebía. Me emocionó mucho.
Yo, cuando viajo, voy persiguiendo esos fantasmas. Y la mayor parte de las veces los encuentro. Que eso también es muy gustoso.
Menos con Gary Snyder, mi último personaje, que vive todavía. Tiene noventa y seis años, vive en una cabaña en las montañas de Sierra Nevada, en California. Estaba a punto de poder ir a visitarle, porque he conocido a su traductor, José Luis Regojo, pero a través de su hijo nos dijo: Gary hace lo que puede, pero está muy… Y nos dimos cuenta de que está ya vulnerable y no cabía un viaje. Entonces, lo que he hecho es irme a Japón. Allí he visitado el monasterio en el que él fue monje durante diez años; los monasterios, porque estuvo en varios de Kioto. Y luego también por California, me he dado el gusto de recorrer la zona de Mill Valley, donde él vivió.
Y todo eso es lo que cuento en el libro y transmito al lector. Un poco mis aventurillas, como devota enamorada de mis personajes.
Yo te quería comentar una cosa. Almas libres y joviales. Nos has contado sobre la libertad, pero ¿y sobre la jovialidad?, algo tan difícil, porque uno puede ser libre o no ser libre, sin embargo: estar alegre, es tan difícil, ¿no?
Eso es lo que también me ha gustado muchísimo. La jovialidad es también la jovialidad nietzscheana. No es la jovialidad del goce cómodo, del colmar tus deseos. No. Es, según Nietzsche lo entendía, la jovialidad de los griegos, entendida por los griegos, que es una aceptación dionisíaca de la vida. Eso significa que tú contemplas la vida con sus luces y sus sombras, te asomas al abismo y ves tanto lo terrorífico como la belleza, porque lo bello y lo siniestro siempre forman parte de la misma moneda. Tienes que asumir las dos cosas y, a partir de ese momento, te vuelves fuerte para enfrentarte a todos los golpes de la vida de una manera especial, ¿no?
Y esa es la jovialidad que yo he visto, y he desarrollado y explico en mi libro. La jovialidad para Nietzsche, en alemán es Heiterkeit, que significa apacibilidad, un cielo sin nubes ni sombras. Pero también era -ay, ¿cómo lo decía él?, no me acuerdo muy bien-, era asomarte al abismo y ver las luces que brillan en medio de lo horripilante. Eso lo decía él así.
Entonces, bueno, es esa mezcla explosiva y que todos estos personajes con vidas todas difíciles, en muchas ocasiones, han sabido llevar. Y para mí han sido maestros de vida en realidad.
Cuatro personajes: Friedrich Nietzsche, George Sand, Edward Lear y Gary Snyder. Está claro con Nietzsche, que por lo que tú has contado fue un poco la chispa, el impulsor del libro. ¿Pero por qué estos cuatro personajes y no otros? ¿O qué hiciste para filtrarlos?
Yo, cuando me pregunté: ¿pero quiénes son estos?, empecé a hacer una lista. Y me aparecieron muchos. Tengo una lista todavía en casa, en un cuaderno, en el cuaderno inicial, como de diez personas entre hombres y mujeres. Y al final dije, voy a estar como siete años para escribir un libro y yo no me lo puedo permitir ya, pues por edad y por energías también.
Y creo que decidí elegir bien. Y por el camino se quedó gente como William Blake, por ejemplo, ese maravilloso poeta inglés que, de repente, se le aparecían los ángeles y los veía y caía de rodillas. Y que es tan amado en Inglaterra.
O William Morris, que fue un famosísimo, a finales del siglo XIX, diseñador de tejidos, los famosos tejidos Morris y tal. Pero también lo que hizo es buscar una forma alternativa de vivir. Creó una comuna en la que se vivía todos con todos, todas con todos, o sea, formas de vida alternativa.
Más o menos todos los personajes de mi lista compartían esa característica. Decir: vamos a inventarnos nuestra propia forma de vivir. Pero ya te digo, me hubiera llevado más.
Por ejemplo, por el camino se ha quedado otro personaje, una escritora -no me acuerdo de su nombre real- apodada «Ouida» [la novelista británica Marie Louise Ramé] que fue famosísima y también llevaba una vida súper escandalosa.
[Era] gente que llamaba mucho la atención en su época. Un poco que se ponen el mundo por montera, todos eran así. Y se han quedado por el camino. Y, bueno, ahí están, porque no creo que haga Almas libres y joviales 2, porque siempre me gusta pasar página y empezar un proyecto nuevo. Pero, me lo he pasado muy bien mientras tanto.
Y ya por finalizar, María: en tu libro nos cuentas, con un estilo limpio, la biografía de estos cuatro personajes. Nos haces viajar a la época y circunstancias de cada uno. Con muy buen ritmo, el libro se lee fácil… Que se lea fácil, no significa que se haya escrito fácil, ¿verdad?
A mí me cuesta escribir. Entonces, me alegro de que se lea fácil porque a mí me gusta que me lo cuenten de una forma también así, ¿me entiendes? Cuando me lo ponen muy difícil, mmm, ¿qué quieres que te diga? A veces incluso lo dejo. Digo, mira, lo siento…
Pero, [este] es mi estilo. Yo no podría escribir libros difíciles porque no sé, para empezar. Lo que está es documentadísimo. Y me alegro de que se lea fácil también, porque me gusta ponérselo al lector [así] porque lo importante es que se quede con las vidas de estos personajes, que le influyan y que le causen la impresión que han causado en mí. Y que sienta la curiosidad de, quizá, acudir a sus obras.
Aunque también avanzo que volver a leer ahora las novelas de George Sand es muy difícil, porque era una época en la que se escribía por entregas. Y para ganar dinero, porque eran folletines, metían y repetían. Y quizá ahora se hace un poco pesado.
Pero, por ejemplo, leer la poesía de Gary Snyder, que está traducida y muy bien traducida, fue premio Pulitzer de poesía, que no es ninguna tontería; o que tiene ensayos maravillosos sobre la vida salvaje, también muy necesarios en este momento, por las circunstancias que estamos viviendo; y él como representante, por ejemplo, de la contracultura, que a él nunca le ha gustado que lo identifiquen con los beats, porque no se siente de ese movimiento, simplemente ha sido amigo de ellos, porque los beats era una gente urbana, muy dados al alcohol, a las drogas y tal, y Gary ha sido siempre un hombre salvaje, de vivir en la naturaleza, y para él -me gusta mucho- contracultura es decrecimiento. Mira que es simple, pero es que es tan importante asumir en nuestra época el decrecimiento ya de una vez, porque no sabemos a dónde nos lleva todo esto; y el mito del desarrollo sostenible, no hay ningún desarrollo que sea sostenible, lo único que queréis es seguir explotando y explotando y explotando, ¿no?
Entonces, bueno, cada uno a su estilo me ha enseñado mucho y se han convertido en maestros de vida para mí. Y eso es lo que me gustaría transmitir al lector.
Carlos Castrosín
María Belmonte
Editorial Acantilado, 304 pp., 24 €
Sinopsis:
Para los protagonistas de Almas libres y joviales, la libertad no es algo innato, sino una conquista existencial, en ocasiones épica, que, no obstante, tiene una magnífica recompensa: la jovialidad que concede al ser humano el don de transformar la vida en una gozosa celebración. En las dispares biografías de Friedrich Nietzsche, George Sand, Edward Lear y Gary Snyder se intuye un obstinado compromiso con la individualidad: un mismo impulso llevó al filósofo a pensar a contracorriente, a la novelista a vestir, amar y escribir sin pedir permiso, al artista a valerse del absurdo y al poeta a buscar la verdad en la naturaleza salvaje: cuatro formas de entender que si la vida es un juego, lo más honesto es vivirla de acuerdo con reglas propias. Un ensayo sagaz e inspirador en el que María Belmonte nos invita a abrazar la jovialidad como principio de resistencia.



