«…Bajan los escalones metálicos del otro extremo de la pasarela y caminan un rato hasta que llegan a unos bloques de pisos. No son muy distintos de los bloques en los que vive István con su madre, pero aquí los edificios, aunque también están hechos con planchas de hormigón prefabricadas, son más altos. En el portal de uno de ellos, su amigo introduce en el telefonillo el código de uno de los pisos.
Unos segundos después, sin que nadie diga nada, la puerta se abre y su amigo la empuja con el hombro.
El ascensor huele a humo de cigarrillo.
István mira la formica imitación a madera del interior mientras suben.
Suben muy despacio, entre continuos crujidos y un fuerte tictac cuando pasan cada piso.
—¿Estás bien? —le pregunta su amigo.
—Claro —dice István.
—Tienes cara de miedo —dice su amigo.
—No —dice István…»
Estas frases son de La carne, novela de David Szalay, publicada por Feltrinelli Editores y que desde el 16 de septiembre está en todas las librerías. Una obra, ganadora del Premio Booker 2025, en donde se nos cuenta que István tiene quince años y vive con su madre en un anodino bloque de pisos en un pueblo de Hungría. Tímido, hermético, casi invisible incluso para sí mismo, su vida toma un rumbo inesperado cuando una vecina casada, de la edad de su madre, lo arrastra a una relación clandestina que él apenas comprende: un primer encuentro carnal cuyas trágicas consecuencias marcarán su existencia.
A partir de entonces comienza un recorrido que lo llevará de Hungría a Londres, entre trabajos precarios y relaciones que apenas lo rozan, hasta que encuentra la estabilidad, primero como chófer al servicio de un magnate y más tarde convertido él mismo en multimillonario, siempre imperturbable ante el trauma y la pérdida, ante la alegría y el éxito.
La carne traza el magistral retrato de un personaje indescifrable y magnético, un hombre que transita impasible por la existencia, a merced de fuerzas que escapan a su control, en medio de la precariedad y la violencia silenciosa de la Europa globalizada. Una novela hipnótica que explora cómo la clase y el dinero, pero también el cuerpo y el deseo, dictan la suerte de nuestros destinos, y que confirma a Szalay como uno de los grandes narradores del presente.
Recordemos que David Szalay (Montreal, 1974) creció en Londres y estudió en la Universidad de Oxford. Es autor de novelas como London and the South-East (premios Betty Trask y Geoffrey Faber Memorial), All That Man Is (galardonada con el Premio Gordon Burn y el Premio Plimpton de Ficción y finalista del Premio Booker) y Turbulencias (Tusquets, 2021, Premio Edge Hill). Sus libros han sido traducidos a más de treinta lenguas. En la actualidad, vive en Viena.
Por La carne, su última y reciente novela, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a David Szalay, para que nos hable de ella a los lectores de Qué Leer.
David, por favor, haznos una breve presentación de tu libro.
Esta es la historia de la vida de un hombre, Isván, que comienza cuando él tiene quince años, y luego se sigue desarrollando a lo largo de cuarenta años, más o menos.
Digamos que es una historia casi panorámica de la vida de esta persona. Es un hombre húngaro. Parte de la historia se desenvuelve en Hungría, luego se muda al Reino Unido, donde se convierte en una persona muy adinerada.
Es una historia también de extremos, que están relatados en diez capítulos que nos dan tan solo destellos de la vida de esta persona.
La carne: novela ganadora del Premio Booker 2025. Ante esta etiqueta, uno se siente un tanto impresionado…
Pues muchas, muchas gracias. Sí, lo entiendo. Para serte honesto, estoy viajando desde que gané el Booker, no he tenido siquiera el tiempo físico para sentarme a pensar en lo que implica.
¿Qué efecto tendrá en mí? Pues no lo tengo muy claro. Tan solo espero que no tenga efecto en la manera en que escribo.
La próxima vez que tenga el tiempo de sentarme a escribir, intentaré no pensar en ello.
¿Y cuál fue la chispa para ponerte a escribir La carne: algo leído, una experiencia, un recuerdo…?
Hay varios factores.
Para comenzar, yo ya llevaba viviendo en Hungría algunos años. Crecí en Reino Unido, pero llevaba viviendo en Hungría algunos años y quería escribir un libro que tuviera lugar tanto en Hungría como en Reino Unido, porque eso reflejaba, de alguna manera, también mi experiencia personal. A pesar de que el libro va de experiencias que no tienen nada que ver con las mías personales.
Y también quería escribir un libro que pusiera el foco en la vida como una experiencia de corporalidad, o sea, la experiencia física de la vida.
Y, bueno, había conocido algunas personas, algunos húngaros, por ejemplo, que se habían mudado de Hungría a Reino Unido, alrededor de 2002, cuando se abrió un poco la Unión Europea. Era una experiencia sobre la cual yo sabía.
Y juntando esos elementos, el querer escribir una novela que pusiera el foco en la experiencia corporal de la vida y también en una historia que se desarrollara en ambos entornos, fue cuando nació justamente la historia de Isván.
La trama: capítulos numerados del 1 al 10. ¿Por qué se cuentan esos capítulos en tercera persona y en presente?
Creo que escogí el presente sobre todo porque quería reflejar justamente la vida como una experiencia corporal, física, sensorial.
Y también escogí el presente, lógicamente, para dar idea o reflejar la inmediatez de la experiencia.
¿Y la tercera persona? Bueno, a pesar de que es una tercera persona, es una descripción que se siente muy cercana, tan cercana que nunca tenemos una descripción física de Isván.
Sin lugar a dudas, nunca consideré querer escribirlo en primera persona. Pero creo que no fue una decisión tampoco tan consciente.
El protagonista: István, un hombre impasible, que los demás no saben descifrar, ¿de dónde lo has sacado, o cómo lo has conformado?
Justamente, porque quería escribir una historia cuyo énfasis estuviera en la experiencia física de la vida, tenía que concebir un personaje que no, digamos, reflejara el aspecto más reflexivo de la naturaleza humana, sino más bien la naturaleza humana a través de las acciones.
Es decir, no quería un personaje que fuera tremendamente mental, o que tendiera a pensarlo todo demasiado, sino más bien que fuera casi como una entidad física, justamente porque quería escribir una novela sobre esto, sobre la naturaleza física de la experiencia humana.
Al final, no fue una decisión cien por cien consciente el que yo me sentara y tomara esa decisión, pero sí que me parecía que era una elección bastante coherente con lo de escribir un libro sobre la naturaleza física de la experiencia humana.
Y no está basado en ninguna persona en particular.
David, qué bien cuentas la vida de István, todo lo que le ocurre. Pero ese argumento de la novela, ¿lo tenías definido así desde el principio o ha tenido variaciones mientras escribías?
Esa concepción del libro, según un libro sobre la experiencia física de la vida, estuvo desde el principio.
De hecho, el título con el que comencé a escribir fue justamente La carne. Y durante un tiempo largo, pensé que íbamos a cambiarlo, puesto que era tan solo el título que tenía en mi proceso de escritura.
Pero al final lo mantuvimos, porque creo que refleja bastante bien justamente esa idea de poner el énfasis en el aspecto de la experiencia física de la vida.
Tu libro está contado con un estilo claro, preciso, muy oral, de gran sensibilidad, tanto para contar las distintas relaciones de István como los diferentes oficios que ejerce, su ascensión en la vida…
El libro pasó por distintos borradores y procesos de reescritura. Pero realmente el estilo básico, lo concebí desde el principio, [de hecho] ya en el primer capítulo, que creo que marcó, realmente estableció, el ritmo del estilo, ese estilo en el que no se dice mucho, en el que se guardan muchas cosas y, luego, se explicitan otras de manera muy directa. Y eso crea una dinámica que creo que es interesante y que espero que resulte interesante para los lectores.
Obviamente, también el estilo del libro va modificándose a lo largo del tiempo y también a medida que la historia de Isván va evolucionando y se convierte en un estilo, hacia el final, un poco más reflexivo y denso.
Pero eso responde también a las vicisitudes de su vida.
Hablábamos de la sensibilidad, sobre todo en su relación final con Jacob, su hijo, con qué sensibilidad lo cuentas…
Yo creo que era una parte muy importante del libro, digamos, en toda su integridad, porque también cambia un poco la percepción que tienen los lectores de Isván.
Porque tenemos la posibilidad a lo largo del libro de ver a Isván en su faceta de hijo, de amante, de esposo… y de padre.
Justamente, en su faceta de padre, nos da acceso a distintos aspectos de su personalidad, que cambian la percepción que los lectores tienen de él.
En tu novela hay muchos diálogos. Hacen avanzar la trama.
Yo creo que en el libro no se expresa ningún tipo de juicio deliberado sobre nada, ni sobre los personajes, ni sobre la trama, ni sobre lo que sucede a lo largo del libro.
En este sentido, escoger que la trama vaya avanzando a través del diálogo permite que la voz narrativa mantenga su estado de completa neutralidad.
Pero claramente eso fue también la dificultad, ¿no? Porque quería concebir diálogos que fueran tremendamente realistas, pero que al mismo tiempo ayudaran a hacer avanzar la trama.
La suerte, o simplemente el destino: ¿ese puede ser el centro de tu novela?
Bueno, en algún sentido, yo creo que el libro tiene que ver justamente con la empresa [David Szalay, voz tremendamente ronca, hace esta referencia al argumento de La carne y prosigue:], hasta qué punto tenemos control sobre nuestras vidas.
Yo creo que si creyéramos en el destino, pensaríamos que hay como un destino preconcebido, con antelación. Y yo no creo que sea el caso.
Creo que el libro realmente pone de manifiesto la importancia del azar, ¿no?
Al final, nuestro destino es justamente someternos al azar. Ese es el único destino que tenemos y, justamente, la trayectoria vital de Isván tiene que ver con adaptarse al sometimiento del azar.
“A partir de entonces vive solo…”. Ese es el final de la novela. ¿A partir de ahí, qué será de la vida de István?
Pues no, no lo sé.
O sea, creo que hay dos maneras de contestar esta pregunta.
La primera sería decirte, por ejemplo, que he dejado de imaginar la vida de István porque, bueno, el libro termina allí, entonces no he seguido pensando, imaginándome su vida.
Pero la otra manera de contestarte sería que es posible que escriba otro libro sobre István.
No quiero decir mucho al respecto, pero es un personaje que me fascina. No creo que sea factible que muera dos semanas después del momento en el que termina el libro, porque tiene tan solo cincuenta y cinco años. Puede que haya más elementos interesantes sobre su historia.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Jonas Matyassy
INTÉRPRETE: Vilma Crovetto
David Szalay
Feltrinelli Editores, 344 pp., 21,90 €
Sinopsis:
István tiene quince años y vive con su madre en un anodino bloque de pisos en un pueblo de Hungría. Tímido, hermético, casi invisible incluso para sí mismo, su vida toma un rumbo inesperado cuando una vecina casada, de la edad de su madre, lo arrastra a una relación clandestina que él apenas comprende: un primer encuentro carnal cuyas trágicas consecuencias marcarán su existencia.
A partir de entonces comienza un recorrido que lo llevará de Hungría a Londres, entre trabajos precarios y relaciones que apenas lo rozan, hasta que encuentra la estabilidad, primero como chófer al servicio de un magnate y más tarde convertido él mismo en multimillonario, siempre imperturbable ante el trauma y la pérdida, ante la alegría y el éxito.
Ganadora del Premio Booker 2025, La carne traza el magistral retrato de un personaje indescifrable y magnético, un hombre que transita impasible por la existencia, a merced de fuerzas que escapan a su control, en medio de la precariedad y la violencia silenciosa de la Europa globalizada. Una novela hipnótica que explora cómo la clase y el dinero, pero también el cuerpo y el deseo, dictan la suerte de nuestros destinos, y que confirma a David Szalay como uno de los grandes narradores del presente.



