«…Calle Miño, Madrid, 2019. Es una mañana de junio fresca y soleada. Rafael Moneo abre la puerta de su casa en la colonia El Viso, donde él y Belén Feduchi residen desde mediados de la década de 1960. El níspero que ella plantó hace más de treinta años y las azaleas que cuida con tanto esmero, ahora en plena floración primaveral, anticipan la calidez y la amable domesticidad de la vivienda. Sin más preámbulos, con la determinación que le caracteriza, Moneo desciende la escalera que conduce, a través de un jardín íntimo y recogido, a su biblioteca, forjada lentamente en el transcurso de toda una vida: un espacio semienterrado que durante muchos años albergó su estudio. Una suave luz de norte se filtra por un cerramiento acristalado en el que se integra la puerta. El espacio principal, rodeado de estanterías de suelo a techo, acoge en su centro otras más bajas dispuestas en diagonal que rompen la ortogonalidad de la estancia e invitan a recorrerla. Su altura permite que la mirada se proyecte hasta el fondo, donde la claridad de un segundo ventanal orientado al sur cae sobre una mesa de trabajo ocupada por más libros, plantas y objetos de distinta procedencia…»
Estas frases son del comienzo de Rafael Moneo, construir las ideas de Carmen Díez Medina, libro publicado por Acantilado y que desde el 23 de septiembre está en todas las librerías. Una obra en donde se cuenta que, a lo largo de siete décadas, Rafael Moneo ha construido una obra arquitectónica en la que la reflexión, la práctica y la docencia son inseparables. Si bien sus edificios— la materialización tangible de sus ideas—han sido ampliamente estudiados, este libro propone la primera lectura global del pensamiento que subyace a su arquitectura y de su biografía intelectual. De Tudela a Madrid y Barcelona, pasando por Dinamarca, Italia o Estados Unidos, el recorrido traza un mapa vital y profesional en el que viajes, responsabilidades académicas y docentes, el intercambio con figuras clave—entre otros Peter Eisenman, Aldo Rossi, Frank Gehry, Rem Koolhaas o Herzog & De Meuron—y la exigencia del trabajo en el estudio se entrelazan con los debates que han marcado la discusión teórica y la práctica arquitectónica desde mediados del siglo XX. A partir de material de archivo, publicaciones, testimonios y conversaciones con Moneo, este volumen ofrece un viaje inédito al origen de sus ideas: una mirada a la intrahistoria reciente de la arquitectura a través de uno de sus protagonistas más lúcidos e inspirados.
Carmen Díez Medina es arquitecta por la Universidad Politécnica de Madrid, doctora por la Technische Universität Wien y catedrática de Composición Arquitectónica en la Universidad de Zaragoza. Antes de orientar su trayectoria hacia el ámbito académico trabajó como arquitecta en el estudio de Nigst, Hubmann y Vass en Viena, y, más tarde, en el de Rafael Moneo en Madrid. Actualmente es responsable del grupo de investigación Paisajes Urbanos y Proyecto Contemporáneo (PUPC) y presidenta de la Asociación de historiadores de la Arquitectura y el Urbanismo (AhAU).
Por Rafael Moneo, construir las ideas, su reciente y espléndido libro, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Carmen Díez Molina, para que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
Para empezar, Carmen, por favor, hazme una sinopsis del libro.
Uy, qué difícil. Bueno, no sé si te puedo hacer una sinopsis, pero sí te puedo decir cuál ha sido el objetivo de escribir este libro.
No es un libro de crítica. No es un libro en el que se hable exclusivamente de las obras, sino que la voluntad es reconstruir el universo intelectual de Rafael Moneo a lo largo de setenta años, desde el año 54, que es cuando vino a Madrid para estudiar Arquitectura, hasta el año 2024, que es cuando más o menos ya decidimos cerrar, porque no acabábamos nunca.
[Y Carmen Díez Medina sonríe; pelo entrecano, pendientes de bola de plata, ojos castaños; tras hacer esta pausa, continúa explicando:]
Lo importante es intentar ver cuáles son las ideas que han ido siempre acompañándole, la manera de entender la arquitectura y cómo el pensamiento es inseparable de la obra construida.
Es un libro que tiene una estructura diacrónica, porque, claro, para hablar de evolución necesitas un cierto orden también cronológico. Está acompasado por una serie de fechas que han sido relevantes en su trayectoria y que siempre están determinadas porque ha habido un viaje, un cambio de residencia, un movimiento, que marcan ese compás y que me parece que concuerda muy bien con lo que es el espíritu inquieto y poco acomodaticio de Moneo.
Me parecía que marcar ese compás a través de esos movimientos le hacía bien al libro, y por eso lo traté así. Y, claro, este es un libro que está fundamentalmente enfocado, como digo, en el pensamiento, pero que no prescinde de las obras. Porque para Rafael Moneo la reflexión teórica tiene sentido siempre que acabe transformándose en arquitectura construida. Y por eso, al final de cada capítulo, se comentan dos edificios que no son ejemplos, son edificios que han sido estudiados, pero en este caso se comentan a la luz de las inquietudes y debates teóricos que se han explicado anteriormente como prueba de que, para él, la arquitectura al final es un campo de pruebas de las ideas.
¿Cómo?, ¿cuáles son esos instrumentos disciplinares que le permiten construir sus ideas? De ahí el título también.
¿Y cuál fue la chispa para ponerte a escribir Rafael Moneo, construir las ideas? ¿Cómo te dio esta locura?
Pues, mira, en realidad ha sido un proyecto madurado. Pero la chispa te la voy a decir, porque sé perfectamente cuando saltó.
Yo había hecho mi tesis sobre Rafael Moneo cuando estaba viviendo en Viena y, bueno, en el estudio en el que yo trabajaba de Nigst, Hubmann y Vass, montaron en la Academia de Artes Aplicadas una gran exposición sobre Rafael Moneo. Y entonces a mí me encargaron que, por ser española, pues, cuando viniera a Madrid, si podía hablar con él y convencerle de que nos ayudara a montarla… Y ahí fue cuando le conocí, ya en el año 91.
Luego hice mi tesis doctoral, luego vine a trabajar al estudio y después pasé a la universidad.
Bueno, y siempre había tenido la idea de escribir. He escrito algunos artículos sueltos sobre Rafael, pero, claro, yo siempre sentía que podía dar un paso más.
Y la chispa saltó cuando, en el año 2017, se organiza en el Museo Thyssen una gran retrospectiva de la obra comisariada por Curro González de Canales, que se titulaba “Rafael Moneo. Una reflexión teórica desde la profesión”. Entonces yo dije: qué bien, porque a mí siempre lo que me había interesado era esa dimensión teórica de su arquitectura.
Pero me di cuenta en esa exposición, magnífica, donde había una documentación espectacular de dibujos, a mano, al final ya más con ordenador, de maquetas, de que a pesar del título la exposición exigía, por supuesto, a los que no eran arquitectos, absolutamente, pero incluso a los arquitectos, un esfuerzo muy importante para desvelar, entender o descubrir cuál era esa reflexión teórica que estaba detrás, que no era explícita, había que descubrirla. Y no era fácil en muchos casos.
Entonces, pensé que era necesario escribir un libro que recogiera también toda la evolución, [pero] desde el punto de vista de las ideas. O sea, que si esa exposición ponía el foco en los proyectos, yo pensé que tenía que hacer algo para escribir un libro en el que el foco estuviera en las ideas, sin prescindir, por supuesto, de los proyectos, porque, como te decía, Rafael nunca, a pesar de haber escrito muchísimo sobre arquitectura, nunca ha tenido la intención de crear un corpus teórico cerrado o autónomo, sino que siempre le interesa la teoría, en la medida en la que sirve de punto de apoyo para luego realizar sus proyectos.
En ese sentido, pensé que, claro, los proyectos tenían que estar, pero como ilustración de esas ideas que están protagonizando el libro; o, si se quiere al revés, que las ideas están alimentando lo que luego podemos ver en los proyectos construidos.
Entendido… A mí me parece que escribes con gran elegancia, estructurando cronológica y temáticamente, como has mencionado, a lo largo de cinco capítulos, su infancia, juventud, Tudela, las diferentes épocas de su vida, para acabar hablando del Museo del Prado y, principalmente, de la estación de Atocha, que la tenemos ahí, a puntito de… ¿Tenías claro que ibas a acabar el libro en Atocha?
No lo tenía claro al principio. Y, de hecho, si te soy sincera, los cierres siempre son difíciles, ¿no?
Yo he intentado que esa estructura, que sí la tenía muy clara, porque iba como en consonancia con lo que es la propia forma de ser de Moneo, con esa inquietud, tenía que ser una estructura flexible que admitiera, pues, alguna anomalía, alguna excepción; como de hecho ocurre en el capítulo quinto, que cambia un poco de tono y, en la cuestión profesional, se habla de cómo funcionaban sus estudios, se hace una retrospectiva. Me parece que es un capítulo muy bonito porque habla de quienes trabajaron con él y de cómo se apoyaba él en las casas, en el tamaño de sus estudios, que siempre han sido acotados y han determinado el tipo de arquitectura que se hacía en ellos, etcétera.
Pero, a lo que vamos, ahora que dices de la manera de escribir, una de las cosas que he intentado ha sido distanciarme del relato y no pretender aspavientos literarios, digamos. Me parecía que era importante para que, precisamente, no se perdiera el hilo y que lo importante fuera esa evolución, ser capaz de construir un tipo de relato en el que mi voz quedara silenciada, aunque estuviera ahí, y en el que poder deslizar una gran cantidad de citas procedentes de más de cien conversaciones que hemos tenido Rafael y yo a lo largo de cinco o seis años, cuando ya decidimos hacer el libro, que se incorporaran de forma natural al texto que yo iba escribiendo.
Ha sido un trabajo muy de ida y vuelta. Y bueno, de intentar que esas citas fueran encontrando acomodo en el texto. En el fondo, yo confiaba en que, si era capaz de plantear como una urdimbre neutra, en la que de repente, a lo largo de todas estas conversaciones, fueran tomando forma algunos episodios más relevantes, como si se tratara de un revelado fotográfico, con paciencia y con mucha perspicacia y sagacidad -porque, claro, hay que tener en cuenta la cantidad de información de la que yo disponía, no sólo ya de mi tesis, sino de cinco años vaciando el archivo, conversando con Rafael, no sé cuántas horas; al final todo eso era abrumador-, yo confiaba en que, con mucha perspicacia, iba a poder ir reconociendo las cosas de las que se podía tirar del hilo y que eran más interesantes para construir esa síntesis que decías tú al principio, esa recapitulación de su mundo intelectual.
Y en esa misma línea, yo iba trabajando. Y en un cierto momento, empezamos a hablar de Atocha. Y en un cierto momento, vimos que es un proyecto que lleva cuarenta años, desde el año 84 que se convocó el concurso, hasta ahora que están todavía en proyecto las últimas fases.
Y pensé en un cierto punto, por ese carácter abierto que me gustaba darle al libro, ese carácter de estado de obra todavía, utilizar Atocha como caso de estudio, porque en las clases que Rafael Moneo daba en Harvard, él utilizaba el método de los case studies, que provienen de la economía, y él lo utilizaba con la obra de algunos arquitectos, al principio con algunos edificios en concreto y luego con algunos arquitectos colegas suyos.
Y me pareció interesante aplicar ese mismo método del case study al libro y acabar con un case study, que es una obra que ha ido creciendo en el tiempo y que a la vez demuestra algo que, para Moneo, siempre ha sido muy importante, que es el respeto hacia la ciudad. Y la responsabilidad de la arquitectura y del urbanismo de contribuir a ayudar a la ciudad a crecer.
Yo creo que una de las cosas que más le preocupan ahora mismo es ese crecimiento desmesurado que están teniendo las ciudades, esas intervenciones de gran escala, que al final destruyen la lógica de crecimiento de la ciudad.
Y este proyecto, que es un proyecto muy complicado, obviamente, en el que participan muchos agentes, es como controlar un proyecto de arquitectura, que también es difícil, pero un proyecto de esta envergadura mucho más, me pareció que era adecuado, y además honesto, poner sobre la mesa un caso abierto en el que además se recapitulan muchas de las cuestiones teóricas que se han planteado en el libro.
Muchas de las preocupaciones conceptuales que se han desarrollado, brotan ahí de nuevo, y pensé que sería un buen cierre.
Carmen, también comentas el intercambio de Moneo con figuras clave de la arquitectura: Frank Gehry, Aldo Rossi… Yo me quería fijar en Peter Eisenman (Cidade da Cultura de Galicia, Santiago de Compostela, erigida en la cúspide del monte Gaiás).
Yo creo que Peter Eisenman ha sido, es muy importante para Rafael, porque ha mantenido un diálogo sostenido en los años, desde el año 68, cuando le conoció en un viaje a Aspen. De hecho, el segundo capítulo se titula: Aspen, 1968, porque fue, en mi opinión, una fecha clave. En ese año conoció a Peter Eisenman y a Manuel de Solà-Morales, que también fue otra persona importantísima para él.
Pero en el caso de Eisenman, que es lo que me has preguntado, me parece que a él le saltó la chispa de una persona que se atrevía, digamos, a recuperar los principios del movimiento moderno de una manera absolutamente teórica, en un momento en el que en España eso, lo que hacían la arquitectura de los Five [que se centra en la recuperación y reinterpretación del racionalismo moderno de los años 1920 y 1930], era absolutamente impensable.
Eso le interesó mucho. Había leído el libro de los Five, publicado en el año… no, eso fue después, eso fue cuando luego fue a Estados Unidos, porque en aquel momento no se había publicado todavía. Pero ya le enganchó la figura de Eisenman, su capacidad de aglutinar arquitectos intelectuales en torno a él.
Y luego, en el año 76, cuando Eisenman le invita a ser profesor en el IAUS (Institute for Architecture and Urban Studies, en Nueva York), ahí sí que había leído el prólogo de Colin Rowe [crucial porque teorizó y dio legitimidad intelectual al enfoque neorracionalista del grupo] y le interesaba profundizar en esa relación con la modernidad que tenía Eisenman y que considerada que no había llegado a su plenitud, y él intentaba recuperar.
Desde entonces hasta hoy, han mantenido un diálogo. Ha sido, en cierto modo, su sparring intelectual, porque le ha interesado mucho el discurso de Eisenman, pero no está en absoluto en la misma sintonía, porque Eisenman siempre ha desarrollado una arquitectura muy mental, muy intelectualizada, con ese problema de qué pasa cuando se convierte en arquitectura construida, por ejemplo, en el caso que has mencionado. Y entonces Rafael es todo lo contrario, le interesa la reflexión teórica, le atrae muchísimo la capacidad intelectual de Eisenman, pero no está tan de acuerdo en esa distancia de la realidad que tienen esas propuestas, que además son discursos a los que recurre mucho, a préstamos interdisciplinares de otros ámbitos como la filosofía o como la lingüística.
Sin embargo, Moneo siempre ha sido muy disciplinar, siempre ha manejado los instrumentos de la disciplina de la arquitectura.
Ahí siempre ha habido una confrontación, pero siempre desde la amistad.
Y los dos se han enfrentado en esas discusiones que, creo, también le han interesado y les han divertido a lo largo de los años.
A lo largo de tu libro, veo que Moneo es muy exigente. Pero también veo que tú eres muy exigente, porque este libro es así por tu exigencia, a la hora de aunar diferentes temáticas, diferentes visiones y, sobre todo, la parte gráfica, que me parece espectacular: planos, fotos, mapas. ¿Cómo has filtrado y cómo has dejado a un lado una cosa y cómo has cogido otra?
Desde luego, la exigencia es una de las cuestiones que tengo que reconocer que es verdad, que lo soy. Y a veces para mal. A veces uno es víctima de su propia exigencia, pero, en este caso, creo que ha sido una garantía de que al final el trabajo iba a salir bien. y espero que haya sido así.
Por un lado, esa exigencia me ha llevado a un tema que no hemos comentado y que ha sido el recabar un montón de información sobre personas que aparecen en el libro, sobre instituciones, para poder dar una información sobre el contexto en el que se producía el desarrollo, la trayectoria de Moneo.
Porque yo creo que este libro no es una monografía, es un pedazo de historia de la arquitectura del siglo XX, vista desde la perspectiva excepcional de uno de sus protagonistas. No es una historia neutra y ortodoxa, es una historia que te permite adentrarte directamente en una serie de temas, conocer más de cerca una serie de personajes que han estado vinculados a Moneo. Eso me parece que es una aportación importante del libro.
Y respecto a las imágenes, pues, mira, ahí tengo que decir que he tenido la gran ayuda del estudio y la implicación de Rafael, porque empezamos con esto de que los capítulos iban pautados por lugares y fechas, empezamos pensando: qué bonito sería, Rafael, si pudieras tú, dibujar algún mapa de tus lugares en aquellas ciudades, los que visitabas, los que fueron importantes para ti. No sé, empezamos así y eso se fue extendiendo y, al final, las imágenes fueron cogiendo importancia.
Al principio, pensamos que tenían que ser muy pocas, ya que era un libro que está editado en una colección de pensamiento donde, bueno, las imágenes no son muy relevantes.
Luego pensamos que ayudarían mucho al texto, porque hay veces que los textos se hacen más duros de seguir, aunque yo he intentado que la lectura fuera grata, pero la imagen ayuda a centrarte y, sobre todo, con la aparición de los proyectos al final.
He tenido a disposición todo el archivo de Moneo, me ha ayudado mucho Carla Bovio, que ha sido la que ha ejecutado, la que ha dibujado los planos con la supervisión de Rafael. Por supuesto, Cristina Carriedo, que es la asistente personal de Rafael, y las personas que han colaborado en los distintos proyectos. O sea, tengo que decir que el estudio se ha volcado para poder conseguir ese material gráfico.
Y luego de todo eso, pasando también por la aquiescencia del propio Rafael, para el que era muy importante la selección de imágenes que iban a acompañar a los capítulos. Y también ahí tengo que agradecer a la editorial Acantilado que ha hecho el esfuerzo y la excepción de introducir más de cien páginas de imágenes, más de casi doscientas cincuenta ilustraciones. Siendo una editorial fundamentalmente literaria y ensayística, ha entendido que era un libro que necesitaba ese apoyo gráfico. He de decir que lo han hecho de una forma muy delicada y muy cuidada.
Y bueno, pues, agradezco mucho también a Vicente Hernández, que es la persona que se ha encargado del diseño, de llevar la parte gráfica.
Y ya por acabar, leyendo tu libro, no te voy a preguntar si tú eres de las autoras que prefieren las notas a pie de página o al final.
A pie de página.
Ya, ya… [y hago un movimiento exagerado con la mano]
¡Ah, he picado! Ja, ja, ja…
A mí siempre me resulta muy incómodo el tener que ir detrás. Como te decía al principio, este libro tiene muchas notas, pero a mí me parecía que esas notas eran importantes para reconstruir ese universo intelectual.
Al final, hay más de veinticinco páginas de índice onomástico, porque, como digo, no es un libro sobre Moneo, sino más un fragmento de historia de la arquitectura del siglo XX. Y hay muchos actores ahí.
Y, claro, si tú dejas las notas al final, corres el riesgo de que no se lean o se lean de corrido.
Si las pones a pie de página, es verdad que a veces una página a lo mejor está ocupada por dos o tres líneas y el resto es la nota. No pasa siempre, pero a veces pasa. Pero a mí me parece que siempre es más cómodo porque tú puedes siempre prescindir de leerlas, pero no tienes que ir a buscarlas, las tienes ahí. Y que el lector decida hasta qué nivel de profundidad quiere llegar a leerlas.
Carlos Castrosín
Rafael Moneo, construir las ideas
Carmen Díez Medina
Editorial Acantilado, 736 pp., 38 €
Sinopsis:
A lo largo de siete décadas, Rafael Moneo ha construido una obra arquitectónica en la que la reflexión, la práctica y la docencia son inseparables. Si bien sus edificios— la materialización tangible de sus ideas—han sido ampliamente estudiados, este libro propone la primera lectura global del pensamiento que subyace a su arquitectura y de su biografía intelectual. De Tudela a Madrid y Barcelona, pasando por Dinamarca, Italia o Estados Unidos, el recorrido traza un mapa vital y profesional en el que viajes, responsabilidades académicas y docentes, el intercambio con figuras clave—entre otros Peter Eisenman, Aldo Rossi, Frank Gehry, Rem Koolhaas o Herzog & De Meuron—y la exigencia del trabajo en el estudio se entrelazan con los debates que han marcado la discusión teórica y la práctica arquitectónica desde mediados del siglo XX. A partir de material de archivo, publicaciones, testimonios y conversaciones con Moneo, este volumen ofrece un viaje inédito al origen de sus ideas: una mirada a la intrahistoria reciente de la arquitectura a través de uno de sus protagonistas más lúcidos e inspirados.



