“¡El sol seguía sumergido en la bruma invernal del amanecer cuando Ba, Dadaji y su hija Mina Foi se envolvieron en sus chales y salieron al porche para beber su té y decidir con un vigoroso proceso de eliminación las comidas del resto del día. A la hora del desayuno había que dar instrucciones al cocinero para que fuera directamente al mercado. Era el cincuenta y cinco cumpleaños de Mina, el primero de diciembre del año 1996, y el cordero para los kebabs de la celebración llevaba toda la noche marinándose en la cocina.
—¡¿Arroz?! —gritó Ba—. Roti?”
Estas frases son de la novela La soledad de Sonia y Sunny de Kiran Desai, publicada por Salamandra y que desde el 12 de febrero ya está en todas las librerías, una epopeya que recorre continentes y distintos momentos de una misma historia familiar para explorar, con una sensibilidad profunda, los vínculos que unen y separan a las personas, y reafirma a su autora como una de las grandes voces de la literatura actual.
Kiran Desai debutó en 1998 con Alboroto en el guayabal, una primera novela marcada por el humor y una mirada satírica sobre la vida en una pequeña ciudad india, a la que, en 2006, le siguió El legado de la pérdida, un relato coral centrado en las fracturas familiares, el desarraigo y las tensiones entre tradición y modernidad. Esa novela hizo historia al obtener el mismo año los prestigiosos Premio Man Booker —convirtiendo a Desai en la autora más joven en recibirlo— y National Book Critics Circle Award, y la consagró a nivel internacional. Desde la publicación de aquel libro han pasado veinte años.
Cuenta Kiran Desai, en The New York Times, que al terminar de escribir El legado de la pérdida comenzó a rondarle la idea de una historia de amor de largo recorrido ambientada en el mundo globalizado. Aquella intuición dio lugar a un proceso creativo prolongado, marcado por años de escritura y revisiones, que cristaliza ahora en una novela ambiciosa que abarca familias y países, lo íntimo y lo colectivo, lo cotidiano y lo excepcional.
Tras dos décadas sin publicar ficción, Desai regresa con La soledad de Sonia y Sunny, que ha tenido una recepción crítica entusiasta desde su aparición. El libro fue finalista del Premio Booker 2025, seleccionado como una de las diez novelas del año por The New York Times, medio que lo ha descrito como «un triunfo trascendente» y «una maravilla». The Washington Post ha destacado su «visión magnífica», mientras que The Daily Telegraph ha celebrado la «auténtica alquimia literaria» que la autora sostiene a lo largo de una narración de gran amplitud.
Por La soledad de Sonia y Sunny, su último y recién publicado libro, estamos en la estupenda librería Amapolas en octubre (¡qué gusto encontrarnos con libreras con personalidad, que aportan y aconsejan con muy buen ojo al cliente!), en pleno barrio de Chueca, para entrevistar a Kiran Desai y que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
La soledad de Sonia y Sunny… Precisamente, ya desde el título, tenemos la “soledad”. ¿Es esta palabra, Kiran, la que mejor define su nueva novela?
No la titulé Sonia y Sunny [sólo]. O Sunny y Sonia. Me pareció mucho más apropiado llamarla La soledad de Sonia y Sunny porque ya tenía una idea de lo que podría llegar a ser la novela: no era simplemente una historia sobre un largo romance sin resolver entre Sunny y Sonia, que al final no me habría resultado tan interesante escribir, sino una exploración de la soledad en un mundo globalizado. [Por ello] se plantea la soledad en términos intelectuales y también emocionales.
Entendido… “Profundidad” quizá sea otra palabra que la defina. Porque hay una mirada muy profunda y penetrante sobre la condición humana.
Muchas gracias [Kiran Desai, vestida principalmente de negro y tonos ocres, agradece este comentario con una sonrisa]. Cuando entendí que estaba escribiendo sobre la soledad y sus distintas formas, empecé a planteármelo usando la metáfora del agua, que adopta distintas formas, que oscila entre la espiritualidad de Oriente o la individualidad de Occidente, que también adopta la personalidad de la vergüenza o se puede convertir en una especie de alimento que sustenta la vida. Incluso pensé en las brechas que hay en nuestra vida, también como un tipo de soledad.
Usted habla en la novela así mismo de los sueños y las derrotas que conforman la vida moderna. Pero en su mirada, aparte de ser penetrante, también hay “compasión”.
Los fracasos, los fantasmas… cuando entendí que mi narrativa se centraba en esas brechas, en esas grandes distancias, y en los resquicios, incluso más que en el argumento del libro en sí, y pensar en la soledad como un elemento divisorio, pero también como un elemento que unía, como un tejido que une muchas cosas, conseguí empezar a pensar en qué es lo que colaría en todas esas brechas, en todos esos espacios vacíos, incluyendo los fantasmas y las vidas que la gente hubiera podido vivir.
Antes preguntabas por el fracaso, por las derrotas. O por el camino que decides no escoger, pero miras hacia atrás y ves el camino que no escogiste, en la vida que no llegaste a vivir, porque tiraste por otro camino. A mí me resultó muy interesante ver que hay una figura de un padre, el padre de Sonia, que está en la India, con la sensación de no haberlo conseguido [triunfar], no sólo porque es un mundo tan globalizado, sino porque no ha conseguido tampoco triunfar dentro de su propio mundo [India]. Y en cambio él es consciente del mundo en su conjunto, del mundo mucho más allá de su espacio, con esa sensación de no llegar nunca a conseguirlo, de un hombre que no pertenece al mundo occidental y que tiene la sensación de que no va a conseguir llegar nunca [a triunfar]. Y pensé en cómo se sienten a veces las personas cuando llegan al final de su vida y miran atrás y han visto que no consiguieron llegar. Como el niño, o la niña, que ha sido enviado al mundo exterior, al gran mundo, por parte de esos padres. Pues, bueno, eso también es muy doloroso para los propios padres.
Ya, pero todo, insisto, está mirado con “compasión”. Me refiero que eso mismo se podría haber contado desde la tragedia y, en cambio, hay una mirada compasiva.
Un amigo que también es escritor leyó este libro y me dijo, mira, esto es como una carta de amor de setecientas páginas a una India que está desapareciendo. Porque está cambiando tanto. Yo he vivido ya la mayor parte de mi vida en los Estados Unidos. Estos personajes de la generación de mis abuelos y de mis padres, quería reflejarlos en el libro, quería mostrar esa India porque es un país extraordinario y, cuando estaba creciendo allí, no me di cuenta de que lo era. India “era” un país extraordinario, y estoy usando el pasado.
Es una visión un poco parecida a la de Salman Rushdie [al que tuvimos la oportunidad de preguntar hace una semana sobre La penúltima hora, su último libro: ver rueda de prensa aquí, en nuestra página web].
Rushdie es un escritor interesantísimo. Él también ha pasado la mayor parte de su vida fuera de la India. Pero recordaréis que, cuando le atacaron, hubo algunos escritores como yo que demostramos nuestra solidaridad frente a la Biblioteca Pública de Nueva York; hubo una manifestación con varios autores, algunos amigos suyos, como Colm Tóibín, Siri Hustvedt, Paul Auster, y muchos otros, y todos tuvimos que escoger algo que leer. Y yo escogí una lectura de un libro suyo que se titula Quichotte [El Quijote, 2019], donde hay un fragmento que dice que, a lo largo de su vida, había llevado a un personaje a tantos lugares distintos, pero al final todo se resumía a un globo de aquellos de nieve que se giran y que tenían sus padres en su apartamento en Bombay: todo procedía de allí… Y, bueno, me pareció muy cierto eso.
Antes lo ha mencionado, Kiran, pero, hablando de las derrotas, de los fracasos, ¿se revela con más fuerza quiénes somos verdaderamente en los fracasos?
A ver, Sonia y Sunny en cierto momento no se ven a sí mismos. A mí me interesaba ver qué ocurre, por qué en un momento dado Sonia dice que se mira en el espejo como se miraría un animal; el trauma es tan grande que es como si ella no estuviera presente, como si hubiera algo que se interpusiera entre ella y su imagen. Y Sunny dice también que no entiende por qué se comporta de la manera que se comporta, que no entiende sus emociones y qué es lo que guía sus impulsos.
Y todo lo cuenta usted con un estilo claro, elegante, muy pulido. ¿Esto lo trabaja mucho?
Sí [y Kiran Desai se ríe y se queda callada en seguida, como si se hubiera cometido una indiscreción], pero yo no llego a verlo, porque estoy demasiado cerca de mi trabajo como para contemplarlo así. Pero, efectivamente, cuando uno tarda tanto tiempo en escribir, intenta entender su trabajo, intenta entender el libro que está escribiendo; el simbolismo de lo que en él está ocurriendo se ve más claro cuando uno entiende no solamente la historia de la superficie, sino también toda las corrientes subterráneas que residen bajo el libro. Y eso ocupa mucho tiempo. Pero yo tuve mucho para pensar en las frases.
Tras veinte años de “no ficción”, ¿no sintió nervios de cómo recibiría el público esta nueva novela?
Yo había desaparecido desde hacía ya tanto tiempo del mundo literario, incluso del mundo editorial, que mis editores estaban preocupados porque tendrían que volver a presentarme a la opinión pública como autora, porque [pensaban que] se me habría olvidado y tendrían que volver a hacer todo el trabajo desde cero.
Y, sí, debo admitir que sí estaba nerviosa, miraba con ojos de lluvia a otros autores, porque si uno escribe un libro cada dos o tres años va avanzando, no hay tanto descanso entre un libro y otro.
A ver, si tardas veinte años, claro, la apuesta es a una sola carta. Así que es cierto que da más miedo. Como autora, uno tiene que destacar que quiere vivir una vida artística. Y, si tú has vivido esa vida, es una gratificación suficiente. Al menos, así es como tengo que verlo. Pero, sí, claro, preocupa.
Usted explora las fracturas del amor: jóvenes amores en El legado de la pérdida, con Sai y Gyan, y lo mismo, jóvenes amores, en La soledad de Sonia y Sunny… Kiran: Juventud y amor.
Sí, pero esta vez [La soledad de Sonia y Sunny] hasta qué punto es una historia de amor, cuando está influida por todas las historias que la precedieron. Eso es una de las cosas que me pregunto en este libro.
La historia gira alrededor de ellos [Sonia y Sunny]. Pero también se habla de cómo sus abuelos hubieran pensado en su propio matrimonio, en el de los propios abuelos, pero no hubieran usado nunca la palabra amor. Y también de la relación entre los padres y que éstos heredaron un cierto desplazamiento de sus propios padres. ¿Qué ocurre con esta historia de amor si tú has sido uno de los personajes que no habla el mismo lenguaje que tus padres? Intento explorar cómo estas dislocaciones, estos desplazamientos, acaban manifestándose dentro de una historia de amor.
En referencia a los desplazamientos: el exilio, las huellas del colonialismo, las ilusiones de la globalización, ¡fíjese, Kiran, cómo estamos ahora!
Veo la relación entre los dos libros, El legado de la pérdida y La soledad de Sonia y Sunny. Yo me pregunto en ambos cómo está haciendo las cosas el mundo y si es tan diferente de las épocas coloniales. Yo intento hablar de estos viajes paralelos, del viaje que iniciaron hace muchas generaciones y el actual, y los paralelismos entre ambos, entre el mundo occidental y el no occidental, India en concreto y el mundo occidental a lo largo de varias generaciones. Esta vez a través de una clase de indios muy occidentalizados.
Y ya por último, tras este libro tan voluminoso, ¿en qué está ahora literariamente?
Escribí un montón de páginas para este libro, pero un montón. Y sé que hay algunas cosas que quiero recuperar de todo lo que escribí. Así que seguramente me volveré a leer esas cinco mil páginas que escribí.
¿Y seguir entonces en el mundo de Sonia y Sunny?
No de Sonia y Sunny. Pero sí quizá el tema del nacionalismo. Es algo que me interesa tratar más.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: (c) M. Sharkey
INTÉRPRETE: Janine Schouten
Kiran Desai
Editorial Salamandra, 736 pp., 26 €
Sinopsis:
En diciembre de 1996, mientras el campus del Hewitt College, en Vermont, se vacía por las vacaciones de invierno, Sonia Shah permanece allí casi sola. Estudia escritura creativa y, lejos de su familia y de su país, atraviesa un periodo de abatimiento y desconexión que se le hace difícil de explicar incluso a quienes más la quieren. Desde la India, sus abuelos no alcanzan a comprender esa soledad y deciden intervenir recurriendo a una solución que consideran tan lógica como infalible: emparejarla con Sunny Bhatia, el nieto de un amigo de la familia, un joven periodista que vive en Nueva York.
Pero la vida de Sonia ya ha tomado otro rumbo. En Estados Unidos se involucra en una relación desigual con Ilan, un artista mayor, carismático y manipulador, que poco a poco mina su confianza, la aísla y la aparta de la escritura. Sunny, por su parte, intenta abrirse camino en Nueva York mientras mantiene en secreto una relación sentimental y lidia con la presión constante de su madre, Babita, que desde la India pretende seguir dirigiendo su vida, sus decisiones y su futuro.
Con el paso del tiempo, Sonia regresa a la India y su camino vuelve a cruzarse con el de Sunny. El recuerdo del intento de emparejamiento frustrado los incomoda y los mantiene a distancia, pero sus vidas continúan avanzando en paralelo. Ambos cargan con pérdidas, con vínculos familiares complejos y con la sensación persistente de no estar del todo en el lugar correcto. A lo largo de varios años, la novela sigue una relación hecha de encuentros y desencuentros, avances y retrocesos, en la que el deseo de conexión convive con el miedo, la resistencia y la dificultad de romper con lo heredado.
La soledad de Sonia y Sunny es la historia de dos personas que se buscan sin saber del todo cómo encontrarse. Una historia de amor atravesada por la familia, el tiempo y la distancia, en la que la soledad adopta múltiples formas —emocional, afectiva, vital— y en la que el amor aparece no como una promesa sencilla, sino como una posibilidad frágil que exige elecciones, renuncias y coraje.







