“Pienso en él. No dejo de pensar en él. De acordarme de sus cosas. Lo escucho hablar. Reírse. Insultar a alguien. Prepararse para lo peor. Tengo su voz metía en la cabeza y no me la puedo sacar. Tengo su misma sangre y por mucho que me corte las venas seguiré siendo hija suya.
Mi padre. El capitán.
Pienso en el día en el que le dio el volunto. Les prendió fuego a sus papeles y a los nuestros en una fogatilla que hizo en el balcón, como Cortés quemando naves, dijo. No era algo nuevo. Ya había mentido bastante en el libro familia para librarse de la mili: Papá Escondrijo. Había mentido toda su vida a médicos, curas, abogaos, jueces y maestros. Papá Mentira. Papá Escondite. El capitán.”
Estos párrafos son de Crisálida (2025), la escalofriante novela de pobreza, locura y muerte que ha escrito Fernando Navarro (Granada, 1980). El Capitán es el centro de la historia, uno de aquellos jóvenes de los 70, primeros años de la democracia española, que se hizo comunista cuando tocaba hacerse comunista, “pa tocarles los huevos a sus padres”, llegó a estudiar Derecho, aunque no lo terminó, fue jipi, cantautor, un rebelde, tuvo un garito, se creyó molón, montó una editorial, trabajó en un banco, volvió a ser camarero, se creó una imagen de poeta maldito un tanto sonado, hasta que quemó todos los trabajos y a todos los pardillos a los que les podía y les había dado el palo.
Por medio, se enrolló con una pelirroja de pocas luces a la que le hizo cuatro hijos y, entre decepción por el mundo mundial, nula responsabilidad de padre, algo de negacionismo barato y del naturalismo más estrambótico, extraterrestres, la pseudohistoria, el cerebro achicharrado de drogas y alcohol, se va volviendo más sonado y misántropo, deja de ganar dinero y de pagar el alquiler del piso, lo cierra y, en un volunto, coge a toda la familia y se va carretera arriba a perderse por la sierra de Granada, a la Montaña del Tigre, a buscar el oro de los moros, las joyas de la mujer de Boabdil, o sea, a malvivir en dos furgonetas abandonadas y de lo que da el duro entorno, matojos, caza de animalejos, desechos, etc.
Los cuatro niños sin ninguna educación. La única que reciben del Capitán es su continuo reproche, el machacarles incentivando la lucha entre ellos por ver quién consigue ser su salvaje sucesor. Saturno devorando a sus hijos. Todo en medio de la montaña y el bosque, frío, calor, hambre, mucha hambre, y soledad. Es una novela punk metal: desde la primera frase, se ve de qué va, qué ofrece, cómo se va a desarrollar y cómo va a terminar. A toda mecha. Es una novela durísima desde el minuto uno y, claro, no apta para todos los paladares. Crisálida gustará a los seguidores del David Vann más atroz (el de Sukkwan Island, Caribou Island, Goat Mountain). Tampoco anda muy lejos de lo que se puede contemplar en Sîrat.
Fernando Navarro ha colaborado como guionista con Álex de la Iglesia, Rodrigo Cortés, Paco Plaza o Jaume Balagueró. Entre su filmografía destacan Verónica (nominada a Mejor Guion Original en los Premios Goya 2018), Orígenes secretos (nominada a Mejor Guion Adaptado en los Premios Goya 2020), Bajocero (2021), Venus (2022) y la serie Romancero (2023). Además del guion de Segundo premio (2024), que firma a cuatro manos con el director, Isaki Lacuesta, una película que se alzó con la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga y que ha sido candidata al Goya a Mejor Película y a los Premios Oscar en la categoría de Mejor Película Internacional. El éxito de esa cinta se ha unido al de dos libros: la colección de relatos titulada Malaventura (Impedimenta, 2022) y este Crisálida, también en la misma editorial.
* * *
“—Dame al menos un motivo para que ese desgraciado siga respirando. —La voz de Flint traslucía la peligrosa naturaleza del ladrón.
—No soy yo el que decide quién debe vivir.
Cronin escupió la bola de tabaco con una mueca de asco, se acuclilló junto al arroyo, recogió agua con las manos y se la echó a la boca.
—¿Y quién decide entonces? —preguntó Flint, asombrado—. ¡No me digas que crees en Dios!
Cronin volvió a la pila de ramas y colocó al lado el reloj requisado al guardia y su propio reloj de bolsillo, con la foto de la mujer en la tapa abierta. Levantó con la punta del cuchillo el cristal de ambos relojes, los juntó formando una especie de lente y les echó un poco de agua con la boca.
—No recuerdo en quién creo. —Sacó un terrón de arcilla de debajo de la raíz del pino, lo amasó con los dedos y fijó la lente por el borde.
—Saltimbanqui, ¿te he dicho alguna vez que estás chiflado?
—Sí, me lo has dicho. —Cronin hizo girar la lente en sus manos, enfocando el deslumbrante rayo de sol en la leña.”
Y seguimos con estas frases de la también escalofriante El Vado de los Zorros, novela de Anna Starobinets. Editada igualmente por Impedimenta, con el mismo y elegante formato que Crisálida -tapa dura, en negro con reflejos en el mismo color-, mmm, qué decir de este tocho de casi ochocientas páginas. Pues que la conocida autora rusa nos ofrece una originalísima historia, con tantas historias por debajo, todas perfectamente hiladas, todas apareciendo y desapareciendo, cuan Guadiana, del meollo principal, a medida que la trama lo precisa. Starobinets crea un mundo espectacular y muy ambicioso donde uno no puede dejar de preguntarse cómo lo ha hecho, cuales son sus bases, qué libros o autores la pueden haber influido.
Durante sus mejores páginas, y son muchas, sobre todo a partir de la Tercera parte, nos parece que sobrevuela el nombre de Dostoievski, el autor de obras como Los demonios o El idiota, principalmente, a la hora de mostrarnos cómo hablan y se comportan sus personajes, haciéndonos vivir lo que ocurre en la lejana Lisi Brody, en ruso, el Vado de los Zorros, en chino. ¿Y qué es lo que ocurre allí? Vayámonos a la página 202, que nos dará un atisbo de ello:
“Si eres el prisionero número trescientos tres, condenado por traición y espionaje, si escapaste del campo, mataste a un guardia y a cuatro agentes del SMERSH, si te apropiaste del uniforme, del nombre y de los documentos de uno de los asesinados y llegaste hasta Lisi Brody para encontrar a tu mujer, estropeaste la radio, llevaste a cabo interrogatorios y no conseguiste averiguar nada sobre ella, pero a cambio te enteraste de muchas cosas innecesarias sobre un tal capitán Déiev, que no te hacían falta en absoluto, y pensabas irte después de eso, pero te dispararon y casi mueres, pero sobreviviste; si eres esa persona, entonces, lógicamente, deberías abandonar de inmediato la localidad conocida como Lisi Brody. Antes de que reparen la radio, mientras el comandante Boiko todavía deambule por los bosques vecinos pensando que no fuiste tú el que lo engañó, sino él a ti; antes de que te atrapen y te lleven al paredón. Pero existe la lógica del caos (a veces llamada destino), según la cual tus objetivos y los del comandante Boiko pueden coincidir de repente. Y ahora también necesitas al capitán Déiev. Necesitas descubrir qué esconde en la caja fuerte. Lo necesitas a él, en persona. Necesitas averiguar de dónde sacó el reloj de tu mujer. Necesitas quedarte en Lisi Brody unos días más.”
Pues claro que el protagonisa, el prisionero número trescientos tres, el saltimbanqui de circo Max Cronin, también conocido como el capitán Stepán Shútov, según las circunstancias, se quedará unos días más en Lisi Brody.
Todo ocurre en esta localidad de Manchuria. Nos encontramos en septiembre de 1945. Cerca, el Escuadrón 512, el campo de concentración japonés donde se realizan o realizaban experimentos con seres humanos y no tan humanos en pro de conseguir el soldado perfecto. Rusos (entre otros, el coronel Gleb Áristov), chinos (el maestro Zhào), japoneses (el asesino Lama y el científico Ōyama) y alemanes (con el barón Anton Wilhelm von Jünger y Yelena, su hermana y mujer de Cronin), junto con cambiantes, brujas, el cinabrio rojo, ritos de la más extraña diversidad, intervendrán continuamente en esta alucinante historia que no olvida lo que ocurre verdaderamente en el mundo real (el fin de la Segunda Guerra Mundial y el fin de la Segunda guerra sino-japonesa) ni tampoco el mundo de los mentalistas europeos ni las tradiciones más arcanas de la región.
Por todo ello, hay libros estupendos que nos venían a la cabeza leyendo El Vado de los Zorros: desde La tierra de las sombras (1983) de Peter Straub, a La casa del callejón (2015) de David Mitchell. Incluso It (1986) de Stephen King, por la tremenda habilidad con que Starobinets maneja a sus personajes. Incluso El arco iris de gravedad (1973) y Contraluz (2006) de Thomas Pynchon, por la ambición que se despliega en El Vado, tan grande como la de estas novelas monumentales, pero sin enredarse con el confuso estilo de Pynchon. Incluso Solenoide (2015) de Mircea Cartarescu, por citar un título cercano e igualmente ambicioso, otro libro importante de Impedimenta.
Recordemos que Anna Starobinets nació en Moscú en 1978. Con tan solo veintisiete años, publicó su primer libro, Una edad difícil, título al que le siguieron Refugio 3/9, El vivo (ganadora del Utopiales European Prize en 2016), ambas próximamente en Impedimenta; La glándula de Ícaro (National Bestseller Prize de Rusia), y Tienes que mirar (Impedimenta, 2021), que fue finalista del Premio Nacional de Bestseller 2018. En 2022 publicó su última novela, El Vado de los Zorros, un thriller de terror que combina la historia de la URSS, la mitología china, la ingeniería genética japonesa y el chamanismo siberiano. Starobinets está considerada la «reina del terror ruso». Desde primavera de 2022 vive exiliada en Tiflis (Georgia).
Carlos Castrosín
Fernando Navarro
Impedimenta, 272 pp., 21,95 €
Sinopsis:
La niña Nada abre los ojos en la cama de un sanatorio al que no sabe cómo ha llegado. Los recuerdos y las pesadillas provocados por los fármacos la trasladan a un tiempo anterior, cuando sus padres se la llevaron, junto con sus cuatro hermanos, a vivir a un bosque perdido en algún lugar entre las Alpujarras y Sierra Nevada. Allí la violencia y la locura se apoderan de toda su familia, en especial de su padre, al que apodan el Capitán, un hombre atormentado y paranoico por el que Nada siente una extraña fascinación. Asediada por una presencia inquietante que habita en el corazón del bosque, la niña aprende a crecer en mitad de una naturaleza tan viva como hostil, tan extraña como peligrosa.
Mitad folk horror, mitad novela de aprendizaje, Crisálida recrea un mundo sureño lisérgico donde el humor y la violencia se entrelazan para narrar una conmovedora historia de abandono infantil que bebe tanto del terror familiar de Shirley Jackson y Stephen King como de los dramas paternofiliales del cine de Víctor Erice y Carlos Saura.
Anna Starobinets
Traducción de Viktoria Leftérova y Enrique Maldonado
Impedimenta, 784 pp., 34,95 €
Sinopsis:
Manchuria, 1945. Tras el eco apagado de la Segunda Guerra Mundial, en un confín remoto entre China y Siberia, se alza una ciudad fantasma olvidada por el tiempo: El Vado de los Zorros. Allí confluyen desertores sin patria y criaturas surgidas de leyendas antiguas: mujeres zorro que vagan entre las ruinas con astutas sonrisas; chamanes siberianos que susurran secretos al viento helado; inmortales taoístas guardianes de misterios milenarios; científicos desquiciados por ambiciones prohibidas; licántropos que acechan bajo la luz de una luna sangrienta. En este refugio imposible se encuentra Maxim Kronin, antiguo artista de circo dotado de facultades extrasensoriales, fugado de un gulag solo para verse atrapado en un nuevo escenario de pesadilla. Humanos y seres míticos por igual quedan enredados en la búsqueda de un arma biológica legendaria y en la red de una conspiración totalitaria que extiende su sombra más allá del fin oficial de la contienda.
El Vado de los Zorros es un sobrecogedor viaje al corazón de las tinieblas que seducirá por igual a los amantes de la fantasía oscura y a los lectores de ficción histórica. Una epopeya hechizante que marca un hito en la narrativa contemporánea. Un periplo visual e imaginativo donde cada personaje encontrará aquello que merece: algunos el amor y otros la muerte. Todos, sin excepción, acabarán enfrentándose a un destino ineludible, marcado por dios o por el demonio.





