«…En aquel instante, inmovilizado sobre una mesa de escritorio y rodeado de cadáveres en el despacho del club Obsidian, Benjamin Cassidy comprendió que iba a morir. Mientras Volkov le aplastaba la cabeza contra la mesa y hundía el cañón de un revólver en su sien, otro tipo lo mantenía sujeto por la espalda, retorciéndole un brazo. Benjamin comenzó a escuchar el sonido metálico del gatillo deslizándose lentamente hasta liberar el percutor, detonando la bala que un instante después acabaría con su vida. De pronto, fue consciente de cada milésima de segundo que transcurría en aquella estancia en penumbra. Notó el latido de su corazón bombeando sangre por todo su cuerpo, el crujido de sus codos y muñecas a punto de romperse e incluso el sonido de la sangre recorriendo los músculos de su cara, tensándolos ante el momento final…, pero había mucho más…»
Estas frases son de la novela El umbral de Miguel Aute, publicada por Contraluz y que desde el 3 de septiembre está en todas las librerías. Una historia en donde se nos cuenta que, cuando El Loco, uno de los asesinos profesionales más célebres del planeta, aparece muerto en su ático de lujo de Los Ángeles, el inspector Benjamin Cassidy recibe el encargo de investigar el caso, que amenaza con sacudir mucho más que a la opinión pública. Obligado a colaborar con Harry Ward, un agente gubernamental cuyas órdenes difieren de las suyas, ambos se adentran en una investigación en la que nada es lo que parece y donde cada hallazgo los acerca a una red de intereses ocultos, viejos secretos y fuerzas capaces de resquebrajar el frágil orden sobre el que se sostiene su mundo.
El Umbral es un thriller distópico oscuro, adictivo y cargado de tensión, donde la moral, el poder y la violencia se entrelazan hasta desembocar en una pregunta inevitable: cuando una sociedad necesita monstruos para sostenerse, ¿quién se atreve a decidir qué es verdaderamente monstruoso?
Nacido en Madrid en 1987, Miguel Aute ha desarrollado su trayectoria profesional en el ámbito audiovisual como director de fotografía, trabajando en publicidad, videoclips, cortometrajes y cine antes de dedicarse plenamente a la escritura.
El Umbral, su primera novela, comienza con un emotivo homenaje a su padre, Luis Eduardo Aute, a quien está dedicada con una sencilla inscripción: «A mi padre». Un gesto íntimo con el que el autor reconoce la huella personal y artística de una de las grandes figuras de la cultura española.
Por este libro, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Miguel Aute, para que nos hable de él a los lectores de Qué Leer.
Miguel, por favor, haznos una sinopsis de El Umbral.
A ver, una sinopsis, sería [que hay] una nueva forma de entretenimiento, que es la que reina en 2073. Y consiste en una serie de estrellas mediáticas, que son asesinos, son los nuevos influencers del futuro, y están amparados por una ley que está pensada para que puedan actuar y, en caso de resultar rentables para el gobierno y el estado, además de para ellos mismos, se les concede indulto, con lo cual esto supone ingresos para el país. Y uno de estos asesinos aparece asesinado a su vez.
Entonces comienza una investigación, que corre a cargo del inspector Benjamin Cassidy, al que más adelante se le une un agente gubernamental [Harry Ward], a quien lo que le interesa es que el caso no salga a la luz, porque eso, al mismo tiempo, implica pérdidas para la empresa que patrocina a estos asesinos. Y, claro, los intereses que tienen ambos chocan.
Al mismo tiempo, hay una admiración mutua. Y, a partir de ahí, es la historia principal. Aparecen varios afluentes o caudales de personajes adyacentes. Es una novela coral con muchos personajes protagonistas y cada uno tiene su granito de arena que aportar a la historia principal. Además aprendemos de sus historias personales para comprender, al final, todo lo que es la historia.
Es como un puzle, una historia con muchas piezas que encajan y, a partir de ahí -no puedo destripar el libro-, hay más giros de guión y varios giros de trama que hacen que la novela no sea lo que parece al principio.
¿Y cuál fue la chispa para ponerte a escribir El umbral: algo leído, una experiencia, un recuerdo…?
La chispa fue ver, hace muchos años, cómo la violencia vendía mucho en redes sociales, atraía mucha atención, y cómo había gente que empezaba a hacerse profesional de este tipo de violencia, no llegando a los límites de los que hablo en el libro, pero sí que era una dedicación y una profesionalización muy alta de la violencia, con unos vídeos que hacían un grupo de gente que hacía bromas pesadas a otra gente. Pero el nivel de producción era cinematográfico: efectos especiales prácticos y tal.
Entonces, según lo vi, dije: pues está claro, [hay que] llevar [esto] un poquito al extremo. Al final, cualquier día de estos se cargan a alguien de un susto. Y, paradójicamente, eso puede ser el vídeo más visto de los suyos.
Y esa fue un poco la semilla. A partir de ahí, hubo otras semillas; eso es la semilla del contexto. Luego está la semilla de la historia, que está más inspirada en el cine negro, en novelas de detectives, rivalidades antagónicas y, al mismo tiempo, cómplices de algunas historias que he ido consumiendo de todo tipo, desde novelas hasta series de televisión, películas, anime, incluso. Tengo muchas influencias, unas son más clásicas y otras más de actualidad.
Los Ángeles, CA. 2073. Miguel, ¿por qué ese lugar y esa época?
Pues porque Los Ángeles es una ciudad que siempre se ha aprestado mucho a las historias de cine negro.
Hay muchas historias de cine negro que ocurren en Los Ángeles de detectives. Además ahí hay una mezcla con el mundo del cine, la farándula. Hay una simbiosis entre la farándula y la cultura relativamente violenta y, al mismo tiempo, sofisticada que tiene Estados Unidos, que genera historias, me parece, muy atractivas, en donde confluyen muchos puntos fuertes del género. Cuestiones que nos interesan a los seres humanos y, además, una historia ambientada en Estados Unidos, que ya tiene mucha tradición de hacer películas y series totalmente surrealistas, en el sentido más fantástico de la palabra.
Están muy acostumbrados, y estamos muy acostumbrados, a suspender la incredulidad cuando escuchamos una historia y podemos ver historias sobre Superman en Estados Unidos. Pero en el cine francés no acabamos de encajar un Superman. O, en el cine español, no acabamos de encajar películas futuristas. Porque no tenemos tanta tradición y no estamos tan acostumbrados a ese tipo de conceptos.
Hablemos de la trama de El umbral: capítulos numerados del I al VIII, con un Epílogo. Me gustaría que nos detuviéramos en el capítulo VII, titulado “Génesis”, que a mí me parece fundamental en el desarrollo de tu novela.
Me alegra mucho que me preguntes por ese capítulo porque ha sido controversial. Muchas veces me han dicho que lo encajase de otra manera en el libro. Pero yo lo quería encajar como un paréntesis casi al final de la historia para retomar [todo] luego con un ritmo más frenético.
Ese capítulo me fue surgiendo poco a poco. Al principio, cuando empecé a escribir la novela y cuando hice la primera estructura, no estaba. Pero luego, como todo eso lo tiré a basura y volví a empezar, me venía muy bien una explicación de ciertas características de los personajes que, además, fui añadiendo poco a poco. Y de pasar a ser algo que me parecía que podía estar bien, pasó a ser algo totalmente casi troncal para toda la novela, porque no solamente hablo de dónde vienen esos personajes, sino además de los orígenes de muchas otras cosas que ocurren en la historia. Es uno de mis capítulos favoritos.
La verdad, rompe el ritmo de la novela. Bueno, espero que no lo rompa. Espero que sea como una cosa que está bien integrada. Pero es un ritmo distinto de la novela y es como más histórico, ¿no? Y siendo histórico, al mismo tiempo, ocurre en el futuro. Es historia en el futuro, el pasado dentro del futuro.
Me gusta el capítulo. No sé qué más podría decirte de él sin desvelar cosas. Se explican los orígenes de Benjamin y aparece un nuevo grupo de personajes que no han aparecido hasta ese momento en la novela y que no vuelven a aparecer. Las primeras páginas te rompen un poco [la lectura] porque, claro, te han sacado de la historia principal, te han metido en otra que no la conoces. Pero creo que al cabo de varias páginas le empiezas a coger cariño a esos nuevos personajes, y tienes un capítulo entero para disfrutarlos. Algunos de ellos son muy entrañables. Y ahí quedan en ese único capítulo.
Tu libro está contado con un estilo claro, preciso, con mucho ritmo, muy visual… casi parece una película.
He optado un poco por ese estilo por varias razones. Número uno: porque es el que me salía.
No había escrito ninguna novela hasta entonces. Yo había escrito guiones. Y en el guión el lenguaje es totalmente frío y técnico, descriptivo. Y supongo que eso me ha influenciado.
Y al mismo tiempo también es verdad que autores que son estupendos y están muy bien, como Proust, me parece que se hacen más pesados de leer y he querido como ir al grano, sin desatender las descripciones de los entornos, pero tampoco recreándome muchísimo en ellos, ni en las emociones; prefiero que la propia historia, el devenir de los acontecimientos y los actos, sean los que creen las emociones, más que inducirlas yo con tres páginas anteriores.
Y, perdona, ¿la pregunta era…?
[Y Miguel Aute; polo negro, pelo corto, bigote, barba; interrumpe un momento lo que está contando.]
…Que tu libro, por ritmo y estilo, casi parece una película.
Sí, es cierto. Es muy cinematográfico, porque en principio no iba a ser una novela, iba a ser un cortometraje. Luego lo planteé como un largometraje. Pero no me cabía la historia en un largometraje, se me quedaba muy grande y luego lo pensé como una serie. Y como una serie, tiene ocho capítulos, por eso la estructura del libro es así, con ocho capítulos más largos de lo normal, con cliffhangers [momentos culminantes de suspense] como en las series.
Y todo eso es porque iba a ser una serie. Lo que pasa es que, al final, decidí hacerlo novela porque un guión de tal calibre pone el peligro de quedarse en un cajón, mucho más en España, porque es algo que es impracticable aquí, o por lo menos hasta ahora; ahora que ha aparecido la inteligencia artificial igual sí, pero hasta ahora no había presupuesto para hacer estas cosas, así que corría mucho más riesgo de quedarse en un cajón si hubiera sido un guión.
Pero bueno, lo convertí en una novela. Y como también yo soy producto un poco de esta época de series de televisión más maratonianas, de plataformas y tal, es un lenguaje que ya tengo en la cabeza.
También vengo de los cómics, de dibujar storyboards [guiones gráficos], cuando empecé a trabajar en cine y me dedicaba a hacer storyboards, juntaba ahí dibujo y cine, mis pasiones.
Y todo eso influye. Es el lenguaje que uno va mamando de la televisión y, al mismo tiempo, la narrativa del cómic por planos. Y supongo que es un poco por lo que es así el libro.
Hablando de películas, tu libro es como una buddy movie, dos compañeros, dos colegas y, a la vez, rivales… Háblame de Harry Ward.
Siempre me han atraído mucho las historias en las que el protagonista tenía una especie de némesis, de adversario o rival; pero por el que sintiese admiración al mismo tiempo; esa especie como de juego entre ellos interno en el que se van puteando, pero al mismo tiempo se sorprenden uno al otro y se ponen a prueba el uno al otro constantemente.
En principio, todos los personajes han ido cambiando mucho, según los he ido escribiendo, desde la idea principal, la estructura, hasta el final. Todos han sufrido muchos cambios.
Y Harry Ward igual, también sufre muchos cambios en su momento. Al principio -a veces confundo las versiones, y me preguntan qué le pasa a este personaje y te cuento una cosa que no sale en la novela, pero que salía en una versión anterior-, al principio era compañero de la propia comisaría de Benjamin, pero luego me encajaba mejor y me daba mucho más juego que fuese externo. Y que viniese, además, de una agencia de dentro de la policía. Además de la rivalidad entre el protagonista y compañeros de Harry Ward, también hay rivalidad entre agencias; la propia policía, el propio equipo de la brigada de asesinatos, tiene mucha rivalidad con el ISD [Departamento de Seguridad Interna], que es el equivalente más o menos a la CIA o asuntos internos de historia.
[Benjamin y Harry] Vienen de contextos muy distintos. Sus contextos se odian. Ellos al mismo tiempo se miran. Y se crea una relación que yo la veo bastante interesante.
Y, Miguel, tenemos también al protagonista: Benjamin Cassidy. ¿Cómo lo conformaste? Porque me has hablado del antagonista, pero del protagonista ¿qué?
El protagonista, igual. Ha ido sufriendo muchos cambios desde el principio. Empezó siendo una cosa y acabó siendo otra.
No puedo destripar mucho del libro, pero las cuestiones de los orígenes, al principio, ni me las había planteado. Eso vino poquito a poco porque también hay un componente ahí que entra la fantasía y la ciencia ficción. Si no fuera por ese componente, quizá no habría nada de fantasía o de ciencia ficción en el libro, porque la novela tampoco es una tecnología extremadamente avanzada, no es Star Wars, es una tecnología como la que tenemos hoy, un poquito más avanzada, obviamente, y sería una novela negra ambientada.
Pero hay ciertos componentes que le dan un toque de fantasía que me hacían gracia, porque, además, introducían algo que, a nivel cinematográfico, sería muy jugoso, que es una nueva forma -es que no puedo hablar mucho-, pero es un nuevo enfoque sobre algo que hemos visto muchas veces.
Bueno, vamos a dejarlo ahí… Tenemos a Benjamin Cassidy y a Harry Ward para investigar la muerte de El Loco, el malo en principio del libro. ¿Cómo estaba planificado, al comienzo de la novela, El Loco?
Mucha gente me lo pregunta, como es lo primero que aparece en la novela, pero en realidad él es la excusa prácticamente.
Luego, en fin, los malos principales, por así decirlo, son otros cuantos.
De hecho, a diferentes niveles, algunos no son malos del todo, son circunstancialmente malos; otros son malos desde la entraña, son perversos, de puro nacimiento.
El Loco es un profesional, es un asesino profesional, uno de los más populares del mundo, por detrás de otros cuantos. El más popular del mundo es uno llamado X, además de uno de los primeros. Y El Loco también es uno de los primeros. Actúa un poco como esa especie de vieja reliquia de los primeros profesionales, ya es mayor, sigue asesinando y, aparte, se gana el mote de El Loco porque realmente es un personaje que está loco, estuvo ingresado -eso aparece más adelante en la novela- en psiquiátricos, y es un genocida al que le da absolutamente igual todo.
Es de los pocos que no llevan máscara. ¡Espera!, sí, lleva máscara, este era otro que lleva máscara -hasta yo me lío-, tiene un estilo de matar completamente caótico, en un mundo donde los profesionales hacen de su estilo de matar uno de sus fuertes, en cuanto a marketing.
Y en el caso de El Loco, es absolutamente caótico, descuidado, brutal, salvaje y psicópata. En fin, hay algunos más finos, otros que preparan más los asesinatos. Éste es como que arrambla con todo, mata, tengo que matar y ya está, y sirve como punto de partida de la novela.
Muere al principio y, a partir de ahí, va dando coletazos su caso y sirve como hilo conductor para que, tanto Benjamin como Harry, vayan averiguando por distintos lados cosas sobre su vida y cómo se relaciona con la trama.
Bien… En tu novela hay muchos diálogos. Hacen avanzar la trama.
Eso también es una cosa que he intentado hacer.
Vengo del guión y uno en el cine sabe que mejor mostrar que contar. Es una máxima de cine en literatura.
[Aquí] Es distinto porque, claro, al final estás contando siempre algo.
Pero una manera de mostrar es las descripciones. Lo primero, quitarte al narrador en off, cuando tienes que hacer avanzar la historia y dejar que las acciones de los personajes sean las que cuenten la historia. Y la otra son los diálogos.
Los diálogos me han costado mucho porque no soy yo el mejor escritor de diálogos. Hay gente que es muy buena con estas cosas y yo ahí me hubiera gustado poder hacer más. Pero, sí, he intentado que los diálogos sean los que impulsen la historia, los que te hagan sentir cosas, los que describan a los personajes al mismo tiempo, sin necesidad de narrar nada.
¿Y, Miguel, cuánto has tardado en escribir El umbral?
En términos estrictos, empecé en 2019 y acabé a principios de 2025 o finales de 2024.
Ahí hay un par de años de impasse; el 20 y el 21, la pandemia y todo esto, que no estuve escribiendo; no hice mucho caso, más apuntar ideas que otra cosa.
Y lo que es escribir, desde 2021, aproximadamente, hasta finales del 24, principios del 25.
Y ya por último, ¿junto a qué otros libros colocarías El umbral en una estantería?
Pregunta difícil. A ver, tiene toques de muchos géneros.
Tiene, por ejemplo, un toque a Blade Runner, tiene un toque a El fin de la infancia [de Arthur C. Clarke], un toque a 1984, de Orwell.
Tiene un toque a Un mundo feliz [de Aldous Huxley] también, es una especie como de distopía que se destapa a través de los ojos de ciertos personajes, pero a la vista del resto del mundo no es una distopía, sino que es una utopía.
Y luego lo metería también con ciertas influencias de cine negro, tipo El tercer hombre, o series como The Boys en algunos momentos, con esa especie de desmitificación de los villanos y la comercialización de los villanos y de los buenos y los malos.
Y no sabría decir ahora mismo mucho más.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Miki Abril
Miguel Aute
Editorial Contraluz, 432 pp., 21,95 €
Sinopsis:
Año 2073. Cuatro décadas después de «El Despertar», el momento en que la inteligencia artificial tomó consciencia y el mundo estuvo al borde del colapso, la humanidad sobrevive bajo un nuevo orden sustentado por el Umbral: un paradigma cultural en el que la violencia ha dejado de ser una anomalía para convertirse en la pieza clave del equilibrio social y los asesinatos se han mediatizado hasta convertirse en un elemento de entretenimiento para las masas.
Cuando El Loco, uno de los asesinos profesionales más célebres del planeta, aparece muerto en su ático de lujo de Los Ángeles, el inspector Benjamin Cassidy recibe el encargo de investigar el caso, que amenaza con sacudir mucho más que a la opinión pública. Obligado a colaborar con Harry Ward, un agente gubernamental cuyas órdenes difieren de las suyas, ambos se adentran en una investigación en la que nada es lo que parece y donde cada hallazgo los acerca a una red de intereses ocultos, viejos secretos y fuerzas capaces de resquebrajar el frágil orden sobre el que se sostiene su mundo.
El Umbral es un thriller distópico oscuro, adictivo y cargado de tensión, donde la moral, el poder y la violencia se entrelazan hasta desembocar en una pregunta inevitable: cuando una sociedad necesita monstruos para sostenerse, ¿quién se atreve a decidir qué es verdaderamente monstruoso?



