«…Esa tarde se me acercaron dos tipos, cada uno por su lado, a preguntarme qué leía. El primero me sacaba al menos treinta años y llevaba una bolsa del supermercado en una mano y una pinta ya casi vacía en la otra. Sonríe educadamente y seguí leyendo, fingiendo no haber oído la pregunta. Él se fue pero enseguida apareció otro fulano mucho más joven, en camiseta, dando tumbos y mirándome casi como si no me viera. Cuando balbuceó algo, solo capté el tufo acre de su aliento de borracho. Aparté la cara y lo oí mascullar un “Puta cerda esnob”. Cogí mis cosas y me trasladé a otra mesa en el extremo puesto de la sala. “Perdona”, dijo una voz masculina detrás de mí. Me volví con ímpetu y le dije: “Por favor, déjame partir en paz una puta, en serio”. Ni me imagino qué primera impresión debí de transmitirle a Bill, empapada y con los ojos desorbitados, pero yo lo recuerdo a él, su cara, siempre extraordinaria en su franqueza, devolviéndome la mirada…»
Estas frases son de las primeras páginas de la novela gráfica La ruina, de Lizzy Stewart, publicada por Lumen, y que desde el 8 de octubre está en todas las librerías. En esta magnífica obra, se cuenta que Charlotte y Francesca eran inseparables en la universidad, pero bajo su afecto natural se escondían pequeñas tensiones. Cuando años más tarde Fran le hace una propuesta inusual a Charlotte —vivir con ella y con su marido, Adrian, en la casa que han comprado en el campo—, esta convence a su pareja, Bill, para que acepte la seductora promesa de emprender una forma alternativa de vida en comunidad, pero pronto descubren que la libertad también puede ser claustrofóbica.
Pues bien, seis días después, o sea, el 14 de octubre, Lizzy Stewart dio una rueda de prensa online presentando La ruina. Vía Zoom, la autora inglesa -gafas carey, melena con mechas rubias, camisa a rayas- estuvo muy habladora y sonriente, cautivando con sus comentarios a todos los que nos habían invitado, tras la presentación de Lola Martínez de Albornoz, como editora senior de Lumen, acompañada por Teresa Gras, también editora de Lumen, y Marta Fernández, como administradora de la rueda de prensa y moderadora del chat.
Precisamente Lola Martínez de Albornoz, rompió el hielo, diciendo que:
“…Lizzy Stewart es una de las voces más singulares e interesantes de la narrativa gráfica actual. Ella es ilustradora, es escritora británica, además de profesora de Ilustración en la Universidad de Goldsmith en Londres.
Comenzó su trayectoria publicando libros infantiles por los que ha recibido premios prestigiosos como el Waterstones Children’s Book Prize y el World Ilustration Award. Luego publicó un ensayo gráfico, Walking Distance, y una colección de relatos, It’s Not What You Thought It Would Be.
Pero su gran salto como autora llegó con Alison, que fue su primera novela gráfica para adultos y que se publicó en Reino Unido en 2022 y luego llegó a España con Errata Naturae y que fue un auténtico fenómeno de crítica. Fue elegido libro del año por The Irish Times, novela gráfica del año por The Guardian y The Telegraph, y fue uno de los mejores libros del año también según Babelia.
En ese libro, Lizzy Stewart narraba la historia de una joven de clase trabajadora que intentaba encontrar un lugar en el mundo del arte. Y en ese libro mostraba muchísimo talento para construir personajes femeninos complejos, con muchas contradicciones, y para abordar cuestiones como la identidad, como la creación y también como el conflicto de clases.
Y ahora llega esta nueva novela gráfica, La ruina, que yo creo que es todavía más ambiciosa y de más incluso profundidad de literaria. Yo creo, de hecho, que es una de las mejores aproximaciones que se hayan hecho a la amistad femenina, junto tal vez la saga de Las dos amigas de Elena Ferrante, que también publicamos en el Lumen.
Y como ocurre con las protagonistas de La amiga estupenda, con Lila y Lenù, las protagonistas de La ruina, que son Charlotte y Francesca, viven atrapadas en una especie de juego de admiración, de comparación y de celos, en el que ambas piensan que la otra encarna la mejor manera de estar en el mundo.
Y, como Ferrante, también Stewart retrata con muchísima lucidez esos sentimientos contradictorios que hay en la amistad, que son la [propia] amistad, el amor o la admiración, pero también los celos, la envidia, la inseguridad o, incluso, el rencor.
Y también hay algo que me hace mucha gracia, que es que, como en Ferrante, Lizzy Stewart empieza una narración un poco por el final. Y ya desde el principio sabemos que algo malo va a pasar.
En un breve prólogo que hay en la historia de una página, la narradora, que es Charlotte, ya cuenta que su madre siempre le dijo que “ella siempre rompería todos los puentes que se le ofrecerían”. Y Charlotte confiesa ya desde la vejez que su madre tenía razón, que esa era la historia de su vida. Y desde ahí Charlotte nos cuenta la historia de La ruina, que es la historia de su amistad con Francesca.
Charlotte es de origen humilde, es tímida, es inteligente, pero es socialmente muy insegura. Y Francesca procede de una familia más acomodada, es sociable, se mueve como pez en el agua en los ambientes culturales. y se conocen en la universidad y, pese a proceder de clases sociales muy distintas, desarrollan una relación de gran amistad, que casi roza la relación platónica perfecta.
Pero esa diferencia de origen atraviesa toda su relación y acaba convirtiéndose en una fuente de conflictos y de tensiones. Y acaban distanciándose.
Quince años después, Francesca le escribe a Charlotte con una propuesta un poco sorprendente: que se vayan a vivir a una gran casa, que llamarán “La ruina”, las dos parejas, Charlotte con su actual pareja, Bill, y ella con su pareja Adrian.
Y así se embarcan en esta especie de experimento vital extraño, de casi utópico, de amistad y libertad para construir una especie de familia alternativa.
Pero esa libertad que experimentan acaba volviéndose muy claustrofóbica.
Bueno, uno de los grandes talentos de Lizzy Stewart para mí es su capacidad de combinar los lenguajes, dos lenguajes que podrían sostenerse por sí mismos, que es el literario y el gráfico. Yo creo que Lizzy Stewart no se somete a ninguna convención de ninguno de esos dos lenguajes, sino que los hace dialogar y complementarse totalmente. Y me gustaría empezar, antes de dar el paso a los periodistas, preguntándole a Lizzy por esto: ¿cómo llegó a esa forma tan particular de contar las historias, que son el medio camino entre la novela literaria y la novela gráfica, y qué posibilidades narrativas le ofrece esa combinación?…”.
A lo que Lizzy Stewart dijo inmediatamente:
“…Supongo que esto viene que ver con que yo estudié Ilustración. Estudié para poder tener el trabajo de una ilustradora, alguien que toma un texto y lo transforma en una imagen, coge esta idea y la representa dibujándola.
Siempre tuve esa relación, digamos, bastante engranada dentro de mí, como que estas dos cosas pueden existir, ya sea porque una hace una parte del trabajo y otra el otro, una explica más los hechos y otra explica los sentimientos. Siempre estás trabajando en este equilibrio entre texto e imagen.
Como autora de libros infantiles e ilustradora, es algo que es crucial, es bastante complejo.
También es una de estas cosas que las personas piensan que es fácil, pero realmente es algo delicado. Es sofisticado el intentar equilibrar, el explicar una historia a través de imágenes a niños que no leen y que tienen muy poquita experiencia sobre el mundo. Digamos que es un una tarea enorme y, cuando me muevo y entro en este mundo de ilustrar para adultos, claro, para mí es más fácil.
No digo que sea fácil, un poquito más fácil, pero no fácil; ningún concepto, ninguna situación; pero sí que ya tenía esa formación de ese movimiento entre ambos. Para mí, se siente algo como muy natural. Y creo que, a medida que las personas van diciendo cosas sobre no sé cómo de extraño es o poco común es o lo bonito que es, me siento súper afortunada realmente de escucharlo y ver que yo he llegado a la escritura a través de la ilustración. Y, principalmente, pienso en mí como ilustradora. E, incluso, en cuanto a ser ilustradora gráfica, o alguien que hace cómics. Llámalo como quieras.
Creo que estoy más alineada con la ilustración infantil, aunque el resultado siga siendo un libro para adultos…”.
Después de esta contestación, continuando con la rueda de prensa, llegó nuestro turno y le comentamos a Lizzy Stewart, respecto a unos retratos de Fran hechos por Adrian, lo que se dice en la página 67 de La ruina:
“…el foco iba exactamente al punto que garantizaba que la intimidad de la escena resultase conmovedora…”.
Y le señalamos a Lizzy que, en nuestra opinión, es una frase que definía su libro, porque ponía el foco exactamente donde se garantiza que, la intimidad de lo que ella cuenta, resulte conmovedora. Le preguntamos qué difícil era esto: saber poner el foco para que algo resulte verdaderamente conmovedor.
A lo que la autora de La ruina contestó:
“…La experiencia de ser una persona es algo emocional, es emotivo y es íntimo y las relaciones son íntimas y, si estás sintiendo cosas, estas cosas, sobre todo cuando estás escribiendo, te hacen durante ese periodo, tal vez para siempre en tu vida, una persona mucho más emotiva.
Yo a veces siento, he sentido, que estaba viviendo dentro de estos personajes. No solamente porque los estaba escribiendo, sino también porque los estaba dibujando. Hay como una especie de nivel de habitar esos personajes que es inusual, porque yo estoy en mi estudio sentada trabajando, si el brazo debería moverse por aquí o por allá, y yo estoy moviendo mis brazos para hacer un poco ese papel de los personajes y, digamos, que es como un lugar un poco extraño en el que encontrarse.
Yo sentía como que estaba dentro de ellos y después es como que no. Son experiencias vitales, reales, pero cosas que tú has experimentado, cosas que otras personas han experimentado, que tú has presenciado, las pones todas juntas. Y es como que es imposible no sentir esa intimidad con un personaje cuando le vuelcas todo esto, es emotivo también.
Pero, claro, nunca me siento y pienso: voy a hacer esto, que se siente; o esta escena: voy a hacer que la gente la lea y llore. No pienso: voy a dibujar esta emoción específicamente.
Creo que ojalá eso venga de manera natural, porque estás intentando un poco imitar ese flujo de vida…”.
Después de esta respuesta, en la rueda de prensa se le preguntó por cómo estructuró, planificó y ejecutó un proyecto, sobre todo, de una intensidad y extensión como esta novela gráfica, cómo fue capaz de conseguir ese equilibrio perfecto entre todas las partes que hay con texto y con imágenes.
A lo que Lizzy Stewart contestó:
“…La planificación es muy importante. Cuando estás dibujando y escribiendo, tienes que saber cuánto espacio tienes, y se convierte en un desafío logístico porque tienes que averiguar cómo decir algo en un espacio definido, porque luego va a haber ilustraciones alrededor, o vamos a tener bocadillos, y entonces tienes que trabajar cómo vas a escribir esa frase para que encaje en ese pequeño bocadillo o en ese globo, lo que sea, y después que se diga lo que quieres que se diga.
Es una pesadilla encajar. Todo esto es terrible.
Si hay mucha planificación, hago un borrador primero. Escribo todo primero y, después, escribo algo, un borrador muy largo, muy ligero. Entonces, con mi editora, ya lo configuramos, lo ponemos todo un poco más definido y después empiezo a ilustrar.
Bueno, planifico la ilustración, me hago el patrón de cuántas ilustraciones por página y un poco, en términos generales, a grandes rasgos, saber más o menos en base a lo que dice el texto, qué es lo que voy a dibujar en cada página y, después, lo dibujo todo y, luego, ya lo revisamos de nuevo.
Es un proceso bastante largo. Pero la planificación es algo muy importante y, cuando empiezo a ilustrar, a veces me doy cuenta de que puedo sacar mucho texto, porque la imagen dice exactamente lo que quiero decir. Y esto es como un regalo enorme, de tener ilustraciones en tu libro, que a veces puedes decir algo de manera súper rápida y de manera muy clara, a través de la ilustración que tal vez necesitarías. Dos páginas de palabras y de escrituras.
Es genial poder sacar el texto, pero es constantemente un movimiento de encaje y, de repente, me bloqueo con esto y saco lo otro y meto otra cosa.
No he encontrado una manera más eficiente de hacerlo todavía, pero me encantaría.
Y con esa simpatía y sinceridad en sus respuestas, queridos lectores, siguió la rueda de prensa y demás preguntas interesantes a Lizzy Stewart sobre La ruina.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Owen Pomery
INTÉRPRETE: Aitana Mendioroz
La ruina
Lizzy Stewart
Editorial Lumen, 320 pp., 24,90 €
Sinopsis:
Charlotte y Francesca eran inseparables en la universidad, pero bajo su afecto natural se escondían pequeñas tensiones. Cuando años más tarde Fran le hace una propuesta inusual a Charlotte —vivir con ella y con su marido, Adrian, en la casa que han comprado en el campo—, esta convence a su pareja, Bill, para que acepte la seductora promesa de emprender una forma alternativa de vida en comunidad, pero pronto descubren que la libertad también puede ser claustrofóbica.
En esta deslumbrante novela gráfica Lizzy Stewart desafía los géneros y analiza con inteligencia la maraña de amor, envidia y deseo que sostiene nuestras relaciones más preciadas.



