«…La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado…»
Estos versos son de “Romance de la luna, luna”, poema incluido en el libro Romancero gitano, de Federico García Lorca, publicado por Lumen, en una magnífica edición ilustrada por Ilu Ros, y que desde el 3 de septiembre está en todas las librerías.
Desde su publicación en 1928, el Romancero gitano no ha dejado de fascinar a generaciones de lectores por la oscura belleza de las metáforas que atraviesan un universo en el que los símbolos y las imágenes —la luna, el agua, el cuchillo, la sangre, el caballo, el deseo o la muerte— laten con un ritmo y una intensidad musical casi imposibles de olvidar. Federico García Lorca consiguió llevar el romance a un territorio inexplorado y destiló la tradición popular para crear una de las obras más hipnóticas y cautivadoras de la poesía universal.
Hoy, Ilu Ros regresa al mundo lorquiano para iluminar su poemario más celebrado. Sus ilustraciones abren un sorprendente y renovador diálogo con los versos y revelan, con una sensibilidad única, la fuerza visual, simbólica y plenamente contemporánea de este clásico absoluto, que presenta una síntesis entre poesía popular y alta poesía. Transcurre entre dos motivos centrales, Andalucía y los gitanos, tratados de manera metafórica y mítica. Romancero gitano refleja las penas de un pueblo que vive al margen de la sociedad y que se siente perseguido por los representantes de la autoridad, y por su lucha contra esa autoridad. Sin embargo, el propio García Lorca señala que su interés se centra no en describir una situación concreta, sino en el choque que se da una y otra vez entre fuerzas encontradas: en un poema que describe la pugna entre la Guardia Civil y los gitanos, llamando a estos bandos respectivamente «romanos» y «cartagineses», para dar a entender esa permanencia del conflicto.
Recordemos que Ilu Ros nació en Mula (Murcia) en 1985. Licenciada en Bellas Artes y Comunicación Audiovisual por la Universidad de Granada, no contempló la posibilidad de dedicarse al dibujo y la ilustración hasta que se fue a vivir a Londres en 2011. Ilu Ros encuentra su inspiración en lo cotidiano, las ciudades que visita, las personas que la rodean y las historias que le cuentan, los libros, las películas, los viajes en tren, la música que escucha… Le gusta buscar en las pequeñas cosas algo nuevo (o no tan nuevo) que contar. Ha expuesto en la Galería Miscelanea de Barcelona y ha sido finalista del Poster Prize for Illustration, premio concedido por la Association of Illustrators y el London Transport Museum de Londres. En 2018 publicó su primer libro, Hey Sky, I’m on my Way: A Book About Influential Women (Nueva York, Lit Riot Press). Tras la publicación de Cosas nuestras (Lumen, 2020), elogiado por la crítica, seleccionado para representar la sección española de la Bienal de Ilustración de Bratislava 2021 y por el que fue nombrada Murciana del Año por el diario La Verdad, Lumen publicó en 2021 Federico, una biografía ilustrada de García Lorca que ha sido un fenómeno editorial, alabado unánimemente por la crítica, los libreros y los lectores, galardonada con el Libro Murciano del Año. En 2022 regresó al universo del escritor granadino en Una trilogía rural (Primer Premio al libro mejor editado del año del Ministerio de Cultura), adentrándose en sus tres tragedias más celebradas: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. En 2025, publicó Una casa en la Ciudad.
Pues bien, por Romancero gitano (edición ilustrada), su recién publicado libro, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Ilu Ros, para que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
Para empezar, Ilu, ¿a estas alturas qué podemos decir sobre Romancero gitano, después de tantas ediciones?
Es una buena pregunta, porque realmente el Romancero gitano, que salió en 1928, va a hacer cien años en 2028 de su publicación. Yo creo que es uno de los poemarios más leídos de cualquier autor, de cualquier poeta. Y creo que, en cuanto a su escritura y todo eso, yo poco puedo decir de Federico García Lorca, ¿no? Pero creo que al aportar la parte que me toca a mí, de ilustración, he intentado darle… como si dijésemos imprimir mi impronta, mi entendimiento del Romancero gitano y, sobre todo, yo creo que también hacerlo quizá más legible, más entendible para gente más joven.
No era la intención al principio, pero conforme fui trabajando con él -yo el Romancero lo había leído cuando estaba en el instituto, luego hice un libro sobre Federico García Lorca en 2021, una biografía, y desde entonces me lo estuve trabajando-, ahora, cuando lo he vuelto a coger para ya ilustrarlo, me he dado cuenta que muchas veces nos sentimos los lectores lejos de la poesía o pensamos que no la entendemos, cuando la poesía no hace falta tanto entenderla como analizarla racionalmente, sino más bien sentirla, ¿no?
Y me he dado cuenta de que muchas veces, cuando se ilustra poesía, se tiende a tirar hacia la abstracción, cuando la poesía ya tiene esa parte abstracta. Entonces, he intentado traerlo más a tierra, que el Romancero gitano se ofrece mucho a eso, es muy telúrico, es como muy profundo, muy de las cosas que salen de lo más profundo de la tierra, parece que del núcleo de la tierra, de ese fuego. Y lo he intentado traer más… como traerlo abajo.
Otras veces, cuando ilustro, lo que hago, a lo mejor es tender a… cuando ilustré Yerma en Una trilogía rural, tiré más hacia el surrealismo: las hermanas de Juan eran orejas que escuchaban todo el tiempo lo que estaba sucediendo en la casa… pero en el Romancero he hecho a la inversa. De esa abstracción, lo he traído más a tierra. Y creo que, por ejemplo, lectores jóvenes van a entender mejor esas historias, porque precisamente en el Romancero gitano cada uno de los poemas cuenta una historia.
Y, bueno, eso me parece muy bonito. Creo que a lo mejor, en la primera lectura, un joven de doce años igual no presta atención, pero con un poquito más de atención y unas pautas puede llevar a gustarle mucho.
¿Y cuál fue el mayor reto a la hora de ilustrar este libro?
Pues ha sido eso, yo creo, pasar de esa abstracción que contiene la poesía; aunque, ya te digo, al final el Romancero sí que cuenta una historia muy concreta; llevarlo a eso, sobre todo también como no repetir, porque Federico García, el universo lorquiano ya es muy visual. Cuando vas leyendo a Federico García Lorca, te vas imaginando todo visualmente: ese fuego, esa luna que es un pandero tal.
Entonces, intentar tampoco ser tan literal con la figura retórica de Federico García Lorca, sino utilizarla, porque no me voy a inventar unas nuevas cuando ya están las de Federico García Lorca, que funcionan maravillosamente.
Pero intentar introducir algo más o contarlo desde otra perspectiva o de otra manera. No ser todo el tiempo repetitivo, pero tampoco alejarme tanto como para estar ilustrando otra cosa que no tiene nada que ver con lo que está contando.
E Ilu, cuando has acabado, viendo cómo ha quedado tu trabajo, ¿qué sientes?
Sobre todo alivio, ¿no?, que es lo que me pasa con todos los trabajos. Ya de decir: ¡ya está eso!… [e Ilu Ros ríe; pelo castaño, gafas, pendientes de aro, vestido estampado; para seguir contando a continuación:] Pero, bueno, sí que hay una parte de orgullo del trabajo ya hecho, terminado.
Sobre todo también porque la edición ha quedado preciosa y eso se lo tengo que agradecer mucho a Lumen. El color está muy bien. Eso es una cosa que siempre me preocupa. Soy ilustradora y siempre nos preocupamos mucho de llevar del papel de lo que nosotros dibujamos a, luego, todo el proceso de escaneo, tal, procesado, para hacerlo digital. Y eso, hasta luego llevarlo a una imprenta y que salgan esos mismos colores, es muy complicado.
Entonces, está muy cuidada [la edición], eso lo agradezco mucho.
Y luego yo creo que la parte creativa es inevitable. Al menos por mi parte. Siempre, cuando termino un trabajo y lo recibo, digo: ¡ay, qué bonito!, y empiezo a pensar esto ahora lo haría así… porque aunque hayan pasado solo seis meses, a lo mejor de que estuviese haciendo esos dibujos, y ahora ya estoy en otra cosa, en otros proyectos, entonces lo veo y empiezo a pensar cómo lo haría de otra manera.
Pero creo que [eso] es un poco la creatividad, cómo intentar volver a encontrar otras soluciones.
A mí me encanta tu trabajo aquí. Sobre todo porque, después de tantísimos años de la edición original, de no sé cuántos ilustradores, me preguntaba si alguien podía sacar algo especial de él.
Claro, eso al final es un poco la motivación, ver cómo se puede volver a contar algo que ha sido tantas veces contado. Y bueno, esa es la intención. Espero que haya funcionado. No sé, supongo que habrá gente a la que le parecerá que sí y otros que no.
Pero al final es un poco la motivación del ilustrador. Es como la del dramaturgo, la del que pone la escena, se puede representar Bodas de sangre eternamente, que lleva también como unos cien años, casi va a hacer cien años que se está representando, y, sin embargo, puedes ver Bodas de sangre diferente cada vez que se pone sobre la escena, dependiendo de quién la está dirigiendo.
Es un poco también el trabajo del ilustrador, cómo con el mismo texto dar, como si dijésemos, otro maquillaje, otra estructura, y cómo hacer pensar también sobre, quizá, otros temas que están más relacionados con nuestro tiempo; al pasar por una persona de la actualidad, pues también vemos otro tipo de cosas, ¿no?
En el caso de Federico García Lorca, él ya trabajaba, ponía mucho en su obra, trató mucho la mujer en el medio rural español, en los años 20, 30. Y evidentemente, cuando leemos hoy en día La casa de Bernarda Alba, Yerma o Bodas de sangre, vemos que sigue sucediendo, desde otra manera, pero ya también le damos otra perspectiva que ahora vemos con el género o con la perspectiva del feminismo, le damos como, no otra interpretación, pero sí que lo vemos de otra manera y nos damos cuenta de lo avanzado que estaba Federico García Lorca en su época.
Creo que eso es bonito, que las buenas obras no pasen de moda porque siempre tienen nuevas lecturas.
Claro… Y tras Federico y Una trilogía rural, supongo que Romancero gitano era un libro que pensarías que algún día podrías acabar ilustrando.
Pues, no era tampoco mi intención seguir trabajando sobre Federico García Lorca, realmente.
Hice Federico, que fue la biografía. Luego yo le propuse a mi editora Una trilogía rural, porque eran las tres obras con las que yo había conocido a Federico García Lorca cuando era niña. Y ya no pensé en hacer más. Me he ido dedicando a hacer otro tipo de libros, mi cómic…
Pero bueno, el Romancero ha surgido de nuevo como un encargo de mi editora porque era el 90 aniversario del asesinato de Lorca y todo eso. Y la verdad es que, si te ofrecen Lorca y, siendo dibujante, me cuesta muchísimo decir que no. Porque ya empiezas a imaginarte tantísimas cosas, que es muy suculento, dan muchas ganas de pintarlo.
Entonces dije, venga, otra vez estamos dentro.
No te importó, ¿verdad?
Me costaba, al principio era que ahora mismo no lo puedo meter, que tengo mucho trabajo. Pero fue como, ay, es que es tan bonito.
Y comparado con los otros libros sobre la vida y obra de Lorca, ¿ha habido alguna diferencia al ilustrar éste?
Creo que hay una diferencia al final, entre que yo estaba haciendo Federico, que lo estuve haciendo durante todo 2020 y parte del 21, hasta ahora, que me he puesto con el Romancero, que estamos en 2026, y hay una evolución artística creativa de cómo voy resolviendo en técnica.
Sí que ha cambiado algo porque Federico era acuarela, por ejemplo, la Trilogía la hice en acrílico y éste en gouache.
Eso es un poco porque voy cambiando las técnicas, dependiendo de lo que yo pienso que me pide el libro, aunque a veces creo que también en lo que me pide el cuerpo. No sé exactamente…
Incluso para no aburrirte…
Exacto, incluso para no aburrirme. Porque, si no, parece como que te repites todo el tiempo. Entonces: ¿para qué me dedico a esto? No tiene sentido.
Pero luego creo que también hay una evolución en la manera de afrontar los textos y de buscar soluciones gráficas, contar más cosas, a lo mejor diciendo menos, o que el texto no sea un texto, como que la ilustración no sea simplemente una reverberación del texto, sino que vaya más allá, no sea una repetición, sino que quede como candente.
Eso al final, con la experiencia, creo que lo voy consiguiendo un poquito más y espero que vaya evolucionando.
La portada es magnífica, muy expresiva, como todo el libro. ¿Es esa tu ilustración favorita o, digamos, el núcleo del proyecto? ¿O cómo trabajas? Quiero decir, ¿normalmente tienes el núcleo, una ilustración, y, de ahí, sale el resto?
No, la portada es prácticamente casi… Yo la verdad es que hay gente que conozco, ilustradores que comienzan con la cubierta. Y a mí las cubiertas me cuestan muchísimo.
Sí, porque en la cubierta hay una parte [en la] que entra la parte como comercial. Yo no me llevo tan bien con la parte comercial, no me refiero con las personas que trabajan en comercial, sino con eso de decir: se tiene que vender; como que lo que busco no es tanto que se tiene que vender, sino el que ahí como que entro en conflicto un poco, y entonces me cuesta decidirme siempre por las cubiertas.
Y eso es lo primero que sale en las librerías. Las librerías están que no cabe un alfiler. Es muy difícil ya que una cubierta llame la atención porque, o sea, la bandera de Japón, ya de ahí no hay más… pero bueno, sí que comienzo sobre todo, evidentemente, en este caso leyendo el poemario, leyéndolo un par de veces, sacando los temas.
Y sí que trabajo mucho más con la palabra al principio, en plan hacerme como si fueran mapas de conceptos, empezar a enlazar conceptos, reflexiones. A lo mejor ver las figuras retóricas que se van transmitiendo a lo largo del poemario y que puedo utilizar cambiándolas de poemas y todo eso. Entonces ya van apareciendo, seguro que porque soy ilustradora.
Al final voy empezando a ver algunas de las imágenes y empiezo a tomar decisiones en cuanto a paleta de color, en cuanto al tono de la obra completa. Y comienzo haciendo alguna de las ilustraciones que veo más claras y que me creo que me van a gustar más hacerlas, como para empezar a animarme.
Y así ya decido un poco la técnica, si voy a meter lápiz, si no, si voy a meter tinta o si lo hago con esta técnica con gouache o con acrílico.
Y ya, cuando tomo esa decisión, ya tengo una, entonces ya todas las demás tienen que ser acorde con esa misma ilustración.
A mí, particularmente, las ilustraciones que más me gustan son las del “Romance del emplazado”. ¡Transmiten tanto!
Sí, ese poema me gustó mucho a mí también cómo está resuelto, porque al final el emplazado, me parece que se llama el Amargo, es un personaje como que tiene una premonición, ¿no?, como unas pesadillas tal de que va a morir, además le dicen precisamente que dentro de dos meses va a morir y entonces es como vivir con esa, no sé, pena y sobre todo con ese miedo.
Y entonces, cuando empecé a pensar cómo hacerlo, pues podían aparecer esas voces, esas pesadillas. Pero al final dije: lo fundamental es ese miedo, cómo te va carcomiendo y cómo te va comiendo por dentro, al final. [El emplazado] No sabe si ha muerto porque estaba predestinado a morir o porque se ha ido muriendo por dentro simplemente de pensar que se iba a morir, ¿no?
Entonces ese jinete que al final se va, se va derrumbando encima de su caballo.
Morirse de la muerte y no de la preocupación.
Sí, simplemente es como que parece que mueres de dentro, o sea, como que te va comiendo la muerte.
Y ya por finalizar, ¿por qué crees que Romancero gitano sigue editándose y sigue siendo tratado con tanto cariño por las editoriales, con ediciones magníficas, como ésta?
Yo creo que es porque, sucede con más autores, hay una parte fundamental, aparte de que es una muy buena obra y creo que siempre toda la obra de Federico García Lorca sigue estando de actualidad, da igual que sea Poeta en Nueva York, que sigue siendo como muy vanguardista, pero creo que en parte es [porque es] Federico García Lorca.
Creo que él es muchas veces como que parece o se piensa, bueno, sí, a lo mejor porque murió muy joven, o como fue asesinado y todo eso, y entonces se hizo un mito, ¿no? La obra de Federico García Lorca sigue estando de total actualidad, aunque hubiera muerto con noventa años.
O sea, es como lo leen hoy en día chavales con catorce años en el instituto y leen La casa de Bernarda Alba y les flipa.
Y eso no sucede tanto con otros autores. A lo mejor es más difícil. Pero alguien como que yo creo que traspasado el tiempo y, supongo, que será por la temática, por los temas que ha utilizado, son como muy puros: el deseo, el rencor, el sexo también, el amor; son como cosas tan fuertes. Y al final las hace tan poéticas, tan bellas, porque las pasa por ese filtro, que cosas horrorosas aparecen tan bonitas que, creo, eso es lo que lo mantiene todavía hoy. Es que se sigue representando, se sigue publicando y nos sigue encantando.
O sea, que yo contentísima con eso.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Jan Drix
Romancero gitano (ilustrado por Ilu Ros)
Federico García Lorca
Editorial Lumen, 176 pp., 22,90 €
Sinopsis:
Desde su publicación en 1928, el Romancero gitano no ha dejado de fascinar a generaciones de lectores por la oscura belleza de las metáforas que atraviesan un universo en el que los símbolos y las imágenes —la luna, el agua, el cuchillo, la sangre, el caballo, el deseo o la muerte— laten con un ritmo y una intensidad musical casi imposibles de olvidar. Federico García Lorca consiguió llevar el romance a un territorio inexplorado y destiló la tradición popular para crear una de las obras más hipnóticas y cautivadoras de la poesía universal.
Hoy, Ilu Ros regresa al mundo lorquiano para iluminar su poemario más celebrado. Sus ilustraciones abren un sorprendente y renovador diálogo con los versos y revelan, con una sensibilidad única, la fuerza visual, simbólica y plenamente contemporánea de este clásico absoluto.



