En Liderar con magia afirmas que estamos intentando jugar al ajedrez con las reglas del parchís. ¿Qué reglas con las que fuimos educados crees que han dejado de servirnos?
Hemos sido educados con unas reglas propias del siglo XX: una era en la que se forjaron o consolidaron muchas de las grandes instituciones que hoy conocemos —la OMS, el Banco Mundial o la OMC—, así como grandes empresas y entidades. Gigantescas macroestructuras que convivieron con la construcción de un necesario Estado del bienestar y una sociedad en la que se nos formó bajo una férrea disciplina para ser, de alguna manera, ovejas dóciles pero bien cuidadas.
Así, el ciudadano medio aprendió a confiar su seguridad al empresario, su jubilación al Estado, su salud al sistema sanitario y su alimentación al supermercado.
Pero… como dice aquel famoso meme: “EMOSIDO ENGAÑADO”.
Con la llegada del siglo XXI, la revolución digital y otros muchos factores, llegó el aire. Quienes nos graduamos alrededor de la Gran Recesión vivimos en primera persona el derrumbe de algunas de aquellas certezas y el auge del “si quieres, puedes”: llegaron las puntocom, las startups, el emprendimiento, los intraemprendedores y una nueva narrativa meritocrática. En las empresas se sustituyeron las moquetas grises por plantas y futbolines. Se abrieron las ventanas.
Ahora ya no se habla tanto de “contratos para toda la vida”, sino de proyectos. Frente a la competitividad empieza a ganar terreno la cooperación. Las empresas ya no necesitan ser grandes, sino rápidas. El mundo se acelera y la inteligencia artificial ha llegado para terminar de barrer la casa.
El problema es que el siglo XXI, con todas sus ventajas, también viene con una pequeña trampa debajo del brazo: la de la autodestrucción. Hemos ganado libertad y posibilidades, pero también vivimos expuestos a una aceleración permanente, a la hiperproductividad, a la sobreestimulación y a una enorme presión por construir nosotros mismos nuestro éxito. Y nuestros cuerpos y nuestras mentes empiezan a enseñarnos los límites de ese modelo.
Por eso creo que, para poder vivir —y no solamente ganar— en este nuevo siglo para el que no fuimos educados, necesitamos una perspectiva más auténtica, más amplia y más holística.
De eso trata Liderar con magia.
¿Cómo termina alguien con un perfil aparentemente tan racional escribiendo un libro que reivindica la intuición, las emociones y la “magia”?
La magia engloba lo racional y lo irracional, y las mentes más brillantes del mundo que han logrado librarse de la peligrosa “vanidad intelectual” —puro ego— no temen decirlo en voz alta. No son pocos los científicos que se rinden a la evidencia de que las matemáticas son el lenguaje del universo —algo maravillosamente retratado en películas como El hombre que conocía el infinito o la reciente El día de la revelación— y, no en vano, según múltiples fuentes, más del 90 % de los ganadores del Premio Nobel en este ámbito creen en algún tipo de energía o inteligencia que rige el cosmos.
Cada vez más físicos exploran la idea de que la realidad podría ser más mental y menos material de lo que tradicionalmente hemos creído, y ya lo dijeron grandes referentes: desde Platón hasta Einstein —“Dios no juega a los dados con el universo”— o Tesla y su fascinación por la energía, la frecuencia y la vibración.
Incluso la famosa pirámide de Maslow terminó incorporando la “trascendencia” como su punto más alto; solo que en el colegio, por lo que fuera, se empeñaron en hacer más hincapié en las necesidades de la base.
Sinceramente, una vez me abrí de forma más determinada al mundo holístico, me he encontrado mucho chalado. Y muchísimo tonto! Mucho. Pero también algunas de las mentes más científicas, rigurosas y brillantes que he conocido jamás.
Y doy gracias por ello cada día.
¿Qué significa realmente para ti “liderar con magia”?
Una filosofía de vida que intento recordarme cada día a mí misma y que estoy descubriendo que está aportando luz a muchas personas a mi alrededor. No puedo estar más agradecida por ello.
Hay una frase que atraviesa el libro: “Cuando enseñamos a las máquinas a pensar, el ser humano debe volver a aprender a sentir”. ¿Crees que la inteligencia artificial nos está obligando a preguntarnos qué nos hace verdaderamente humanos?
Sí. En el libro cuento cómo está programada la IA que ha creado la disrupción que estamos viviendo y reflexiono sobre nuestros dos hemisferios cerebrales —el más racional y el más emocional—.
Con la revolución digital llegó la aceleración, y nosotros tuvimos acceso a más información en un solo día de la que nuestros abuelos tuvieron en toda una vida. Ahora se ha creado una dimensión en los robots que les permite procesar, en segundos, más información de la que nosotros podremos procesar en toda una vida.
Se está simulando nuestra “mente racional”, con lo cual es el momento de dejar de sobrevivir desde ahí para, por fin, permitirnos vivir desde nuestra mente más emocional, más intuitiva y más holística.
En sus páginas hablas con mucha naturalidad de éxitos empresariales, pero también de errores, crisis, autoexigencia, miedo y momentos de vulnerabilidad. ¿Cómo has vivido el proceso de exponerte de esta manera al escribir tu primer libro?
Hay una quote que afirma que “listo es el que aprende de sus propios errores… pero sabio es quien aprende de los errores ajenos”. Y otra que reza: “Las grandes transformaciones en esta vida se producen por uno de los siguientes dos disparadores: por convicción o por convulsión”.
Puesto que yo he sido tan torpe como para vivir la mayoría de mis transformaciones desde el puro error y su consecuente convulsión… pensé que una posible ventaja sería ponerlo negro sobre blanco para ayudar a quien pueda.
Y respecto a la exposición… cuando has pasado tantas batallas y, gracias a ellas, has adquirido un nuevo prisma con el que ves la vida… supongo que, simplemente, es algo que no me preocupa en absoluto.
Cuestionas esa cultura del “si quieres, puedes” y de la hiperproductividad que ha marcado buena parte del discurso sobre el éxito. ¿Nos hemos acostumbrado a confundir ser buenos profesionales con vivir permanentemente agotados?
Por supuesto. Prueba de ello es que hemos asumido e incluso admirado un “perdona, no me da la vida” y luego aplaudimos —sobre todo en estas fechas— las publicaciones en redes sociales donde se defiende la necesidad de desconexión.
Siento que hemos perdido completamente el juicio y el equilibrio.
Quizá uno de los grandes retos de este siglo sea aprender a habitar una vida de la que no necesitemos “escapar” dos semanas al año.
Si algo he aprendido en este tiempo es que hay que introducir la emoción en la empresa, hablar de intuición sin miedo al juicio y, en definitiva, aunar la razón con el corazón; incluso en el mundo profesional.
Por cierto, también recomiendo, en un mundo de “reunionitis”, ser la persona que termina las reuniones antes de tiempo, decir todas las tonterías irreverentes y humorísticas que puedas, a lo Ally McBeal, incluso en entornos formales, y desayunar despacio por las mañanas… entre tantos otros trucos aparentemente “locos” pero, en mi experiencia, sumamente efectivos.
¿Qué autores o lecturas han sido especialmente importantes para construir tu forma de entender la vida y el liderazgo?
Cientos. Miles. Pero recomendaré, como libros de desarrollo personal, Los cuatro acuerdos, de Miguel Ruiz, o El camino del despertar, de Mario Alonso Puig; y, en el ámbito profesional, The Myth of the Nice Girl y Reinventando las organizaciones. En Liderar con magia recomiendo decenas de libros y películas.
¿Qué te gustaría que cambiara en un lector cuando cierre Liderar con magia?
Su forma de entender no solo la inteligencia artificial, sino, sobre todo, su forma de entender la vida.
Y, a continuación, que respirara con alivio.





