Seis mujeres de la Grecia clásica, alter egos de la autora, buscan, en este cuaderno de bitácora en prosa poética, el anclaje al pasado, el impulso del presente y la promesa en el futuro. Siempre bajo el reclamo de Ítaca, ese brazo de mar que las contiene. Calipso en Trinacria, Casandra en la isla de Pélope, Circe en Tunicia, Ariadna en Naxos, Nausica en Corfú, Penélope en Ítaca.
Quizá nuestro destino, Ítaca, la más homérica de todas las islas, sea ancla, nave, bajío, escollo, tormenta. También naufragio.
Tal vez debamos transitarla de babor a estribor, de proa a popa, desde su vórtice hasta sus entrañas. Pasar de lado por la canal, girar la cabeza para no verla, doblar el cabo, reposar un instante en su regazo, impulsar las velas al viento, demorar el regreso a puerto.
Cinco islas para un solo brazo de mar. Pudieran ser ciento.
CINCO ISLAS
Ed. Reino de Cordelia 2026
“Revertendi liber, abesse velis”
“Libre de regresar, desees encontrarte lejos”
Heroidas. OVIDIO
TRINACRIA, YO CALIPSO
Ortigia
Entrar en el regazo de Ortigia. Colarse por las callejas, buscar el latido del mar en cada plaza, ecos de voces milenarias, la expresión asombrada de la máscara.
Matemática perfecta en el vuelo de las aves. Almuerzo en el mercado al reclamo de los abridores de ostras, hábiles encantadores de especias, racimos de uvas ofrendados a los pies del mismísimo Apolo.
Al margen del bullicio y de los siglos, el dios de la luz demora galante su paseo en una terraza del lungomare. Malvasía de cara al tramonto. Esquiva compañía la de Aretusa.
En la mesa contigua, una pareja apura el cáliz de la noche. Él brinda por su pronto regreso a casa. Ella esconde en el pecho la herida de la inmortalidad.
¡Calipso libera a su náufrago!
ÍTACA, YO PENÉLOPE
Odisea
Su hambre a lomos del viento.
Sueños empapados de brea, campos que se agostan. Hijos que emigran al continente. Madres que agitan pañuelos blancos en el malecón. Tal vez fueran gaviotas.
Azada y telar para las que se quedan. Quimeras de asfalto para los que se van
Odisea del exilio. Ese otro cañamar de la vida.
PELOPONESO, YO CASANDRA
Nauplio
Restos de una noche en la playa. La urgencia de tu deseo, el esquife de mi cintura. Un baile improvisado al compás de la marea. Nos acogemos a la benevolencia del mar, como si todavía este nos perteneciera. Imposible escapar al cepo abierto de la tierra. La llamada acuciante que emite el cerro. La atracción del abismo.
Me secas el cabello con ternura. Sé que ya no estás conmigo, sino con ella. Un hombre te reconoce y vuelves la mirada. Veo el terror agazapado en tus ojos.
A la mañana siguiente, entramos en Micenas.
TUNICIA. YO, CIRCE
Medina
Agrede el bullicio de la medina. Aturde este dédalo imposible de paredes curvas y pasajes sin salida. Cuatro puertas, cuatro colores. Cuatro pueblos mano a mano.
El azul de los bereberes el día que partiste de Ítaca. El blanco de los árabes en el sudario de Patroclo. El verde de los hebreos en los ojos despavoridos de las troyanas cautivas. El ocre de los africanos en los muros arrasados de Ilión.
La medina. La almadraba.
KERKYRA. YO, NAUSICA
Nausicaa
Antes me llamaban Nausica.
Yo fui la que quemaba barcos, coleccionaba pecios traídos por la marea y lamía con denuedo la sal en la piel de mis náufragos.
Ahora firmo papeles para cada uno de ellos, remedo como puedo sus heridas y los arrojo de nuevo a la mar
Cada cual se salve como pueda.




