Tengo sobre mi mesa de trabajo un libro bastante interesante, que he leído con apremio e interés, se trata de La cara oculta de los santos (Plaza & Janés, mayo de 2026), del ya célebre José María Zavala, autor del best seller El Profeta. La gran novela de Jesús de Nazaret (Ediciones B, 2025), y mi atracción por la presente obra deviene, si se quiere, del deseo un tanto mórbido de conocer, de la mano de un escritor reconocido y que antes ha trajinado estos temas, ese otro lado (la cara oculta, la denomina Zavala) de dieciocho figuras del santoral católico, que fueron, sin lugar a dudas, tan humanos como el resto, solo que descollaron en medio de grandes vicisitudes y legaron al mundo una impronta que los hizo acreedores de la luz divina.
Por supuesto, hay tensión en estas páginas, porque, como si se tratara de pequeñas historias del género policiaco (o al mejor estilo de un suspense), Zavala logra articular, con una escritura exenta de grandes pretensiones estilísticas, pero clara y precisa, los intríngulis de situaciones oscuras: acechos, trampas, persecuciones, intrigas, controversias, escándalos y hasta calumnias de las que fueron objeto muchas de aquellas figuras que hoy hallamos en los altares (pero también sus máculas y debilidades), lo que las humaniza al extremo, las baja de sus nichos, nos las entrega para que seamos nosotros, luego de las argumentaciones y detalles mostrados en el imprescindible tomo, quienes tomemos partido por ellas, o sigamos de largo.
Como se ha de suponer, muchos de estos personajes (que ya mencionaré) tuvieron que sufrir un largo y doloroso proceso de depuración en vida, pero también después de fallecidos (en algunos casos: los procesos que culminaron con la santificación consumieron siglos de enconados debates y truculencias entre los teólogos y los llevadores de sus causas, de pruebas sobre pruebas, de razones y contrarazones), y en ambas circunstancias se nos muestra de manera descarnada que el camino a los altares no es jamás un nicho de rosas; es más: está plagado de un sinnúmero de circunstancias, todas ellas en el orden del tormento (y muchas veces escatológico), que nos coteja, con perplejidad y asombro, frente a sus luces y sombras, verdades y bulos; realidad y fábula.
El libro, de casi 300 páginas, está estructurado así: INTRODUCCIÓN: Las sombras de los santos; 1. Longinos de Jerusalén (¿?-37 d. C): El ciego y mudo que vio y habló; 2. Lorenzo de Osca (225-258): El custodio del Santo Grial; 3. Elena de Constantinopla (246-330): La emperatriz “arqueóloga”; 4. Gregorio de Narek (950-1010) y los veintiún mártires de Libia; 5. Vicente Ferrer (1350-1419): El Ángel del Apocalipsis; 6. Francisco de Borja (1510-1572): La carta secreta; 7. Catalina Labouré (1806-1876): La medalla milagrosa; 8. Juan Bosco (1815-1888): Los atentados; 9. Chárbel Makhluf (1828-1898): Mano de santo; 10. Luis Orione (1872-1940): ¿Un virtuoso con sífilis?; 11. Teresa de Lisieux (1873-1897): Del asesino Pranzini al veneno mortal. 12. Padre Pío (1887-1968): El “erotismo” y los micrófonos; 13. Maximiliano Kolbe (1894-1941): El “mártir de la Caridad”; 14. Faustina Kowalska (1905-1938): La mensajera de la misericordia; 15. Jacinta de Fátima (1910-1920): La incorruptible; 16. Teresa de Calcuta (1910-1997): Del exorcismo a las calumnias; 17. Juan Pablo II (1920-2005): Con la muerte en los talones; Carlo Acutis (1991-2006): Profeta y místico, y AGRADECIMIENTOS.
Por supuesto, lo presentado en este libro por Zavala es apenas una alícuota del santoral católico, que podría superar las 10.000 figuras, entre santos propiamente dichos y beatos, pero no deja de ser una muestra significativa y representativa, y, algunos de los cuales, son muy cercanos a nosotros, como podrían ser los dos últimos, pero me imagino (especulando un poco), que fueron tomados por el autor por tener en sus vidas y en sus procesos hasta llegar a los altares, elementos atractivos para los lectores contemporáneos (las imperfecciones, como las llama Zavala), pero, además, porque algunos de los incluidos han sido trabajados por el autor en los últimos años: me refiero al Padre Pío, a Carlo Acutis, a San Juan Pablo II, así como el fenómeno de la Virgen de Fátima.
Como lo expresé al inicio, La cara oculta de los santos es una investigación del autor, pero, por serlo, echo de menos el aparato crítico de la obra, que nos permita tener a la mano las fuentes usadas, las referencias cruzadas, las páginas Web consultadas, las citas biblio-hemerográficas, las notas al pie o notas finales, así como los respectivos anexos, todo lo cual le confiere a toda investigación solidez y replicabilidad; máxime cuando se trata de una temática controvertida, que no todos asumen de entrada sin hacerse las respectivas preguntas y de plantearse válidas argumentaciones, y muchos lectores somos más exigentes que otros, razón por la cual sería válido que el autor incluyera el aparato crítico en las sucesivas ediciones, y que lo planteado no sea asumido como meros argumentos de creador, sino como la resultante de una sólida investigación que le dé a la obra permanencia en el tiempo.
Los santos son figuras a las que los fieles y devotos acuden con frecuencia en busca de su intercesión ante el Todopoderoso (en particular cuando se presentan problemas), pero también son íconos y modelos sociales desde sus virtudes teologales, pero en ese cruce que se da entre el virtuosismo y la imperfección se cuelan la fe y la admiración, de allí que nos interese tanto conocer acerca de sus vidas y portentos, y qué mejor oportunidad que el libro La cara oculta de los santos de José María Zavala, que nos entrega magníficamente editado Plaza & Janés, cuyo ejercicio de síntesis nos muestra con precisión ese otro lado de la moneda, que hace de ellos seres tan humanos e imperfectos como nosotros, pero también tan excelsos en grado de heroísmo, que nos llevan a seguirlos e imitarlos.
Ricardo Gil Otaiza




