La escritora catalana publica el libro “Te quise, te quiero y SIEMPRE te querré”, una obra a medio camino entre el diario y una narrativa muy personal creada para compartir una experiencia: la muerte de un ser querido.
A partir de un testimonio real, representado primero en la perdida de un hijo y años después en la de una madre, la autora no se queda con la idea del duelo. En las líneas de su obra trasciende al miedo que se le pueda tener a la muerte, para dejar la sensación de que los vínculos no terminan, sino que se transforman como la misma esencia del pariente que queda. De ahí que la palabra SIEMPRE vaya en altas en el título.
Pregunta: – En la literatura se han escrito varios libros de duelo. ¿De qué trata el tuyo?
Respuesta: – Mi libro no trata solo del duelo… trata del amor que sobrevive al duelo. Es un testimonio real, sin filtros, de lo que significa perder a un hijo y, años después, a una madre, y aun así seguir encontrando sentido a la vida. No es un manual ni una teoría sobre el dolor, es un viaje emocional y espiritual donde muestro cómo incluso en la pérdida más desgarradora puede nacer una forma de amor más profunda, más consciente… y eterna.
P: – ¿Está escrito como un diario personal que conecta con los otros?
R: – Tiene algo de diario, porque nace desde lo íntimo, pero no se queda ahí. Está escrito desde la vivencia personal con la intención de trascenderla. Es como abrir mi alma para que otros puedan reconocerse en ella. No escribo solo para contar lo que viví, sino para acompañar a quien esté atravesando algo parecido y no encuentre palabras para explicarlo.
P: – Me llama la atención que en el título de tu libro la palabra SIEMPRE, aparece toda en altas. ¿Por qué?
R: – Porque ese «SIEMPRE» es el corazón del libro. Es una declaración, una certeza, casi un grito. Es la manera de decir que el amor no termina con la muerte, que no se apaga, que no se reduce al recuerdo. Ese «SIEMPRE» es eterno, innegociable, indestructible. Es la forma más pura de amor que he conocido.
P: – ¿La escritura de esta obra te ayudó a superar tu propio dolor o ya lo habías sanado de algún modo?
R: – No creo que el dolor se supere, creo que se transforma. Y escribir este libro fue una parte esencial de ese proceso. Me ayudó a ordenar el caos, a dar sentido a lo vivido, a abrazar el dolor en lugar de rechazarlo. No lo escribí desde un dolor completamente sanado, lo escribí mientras seguía caminando dentro de él. Y quizá por eso es tan real.
P: – Y la concepción cultural sobre la muerte. ¿La valoras de otro modo a partir de tus experiencias?
R: – Totalmente. Antes veía la muerte como un final. Hoy la veo como una transformación. Creo que como sociedad le tenemos demasiado miedo, la escondemos, no la nombramos… y eso nos limita. Cuando la miras de frente, cuando la atraviesas, entiendes que forma parte de la vida. Y que el amor no desaparece con ella, solo cambia de forma.
P: – ¿Qué le dirías a un lector temeroso a la muerte que encuentra tu libro?
R: – Le diría que no tenga miedo de sentir. Que el miedo muchas veces nace del desconocimiento y del rechazo al dolor. Este libro no elimina el miedo, pero lo suaviza, lo humaniza. Le diría que hay algo más allá de lo que vemos, y que el amor es el hilo que lo conecta todo. Que incluso en la pérdida, hay luz.
P: – ¿Y qué te dicen tus lectores después de terminar el libro, recuerdas algún testimonio?
R: – Muchos me dicen: «He sentido que alguien por fin entendía lo que me pasa». Ese es el mayor regalo. Recuerdo especialmente a una madre que había perdido a su hijo y me escribió diciendo que, por primera vez en años, había podido llorar con paz. Que no se sentía tan sola. Ese tipo de mensajes te cambian la vida.
P: – ¿El amor transforma nuestra concepción de la muerte?
R: – Sin duda. Cuando amas profundamente, la muerte deja de ser solo pérdida para convertirse también en vínculo. El amor te obliga a mirar más allá de lo físico. Te enseña que lo verdaderamente importante no se rompe, no desaparece. Y eso cambia completamente la manera de entender la muerte.
P: – ¿Dirías que ahora Beatriz Torregrosa es otra persona o surgió la que ya había dentro?
R: – Diría que ambas cosas. Hay una Beatriz que murió con sus pérdidas… y otra que nació de ellas. Pero en el fondo, creo que surgió la versión más auténtica de mí misma. La que ya estaba dentro, esperando ser escuchada. Más vulnerable, sí, pero también más consciente, más libre y más conectada con lo esencial.







