«Si estás aquí, probablemente hayas sido una de esas niñas que pedían deseos a las estrellas, que alguna vez intentó hablar con su hada madrina y que deseó tener una corona y un vestido espectacular. También, lo más probable, es que hoy seas una de esas mujeres que no quiere que ninguna niña más se vea encerrada en historias de madrastras malvadas y príncipes azules. Y que te debatas internamente entre el amor y el odio hacia la princesa que, desde hace mucho tiempo, vive en ti.
Si todo esto es así, amiga, quiero decirte que te entiendo, que no estás sola y que juntas, en este libro, intentaremos romper la maldición sin, necesariamente, tirar esa corona.
Así que acompáñame… ¿adónde era? Ah, sí.
«Érase una vez, en un país muy muy lejano…».
Es increíble el poder que tienen estas palabras. «Érase una vez» consigue transportarte a un mundo nuevo instantáneamente. Con solo una frase puedes empezar a soñar, a existir en otros lugares y a creer en la magia.»
Estas frases son del libro La princesa que nunca fui de Sara Ruiz Sardón, publicado por Roca Editorial y que desde el 12 de febrero está en todas las librerías, un ensayo sobre la cultura que convirtió a tantas chicas en princesas sin contarles quiénes eran ellas de verdad.
¿Sabías que cada princesa Disney está íntimamente relacionada con el momento histórico que la vio nacer? ¿Qué Elsa estuvo a punto de ser la villana de Frozen o qué Blancanieves no tuvo siempre ese final? ¿Dónde empiezan los sueños, si no es con un «érase una vez»?
Sara Ruiz Sardón es escritora, directora, actriz y analista fílmica feminista. Tras una década sobre los escenarios y una sólida formación en cine y artes escénicas, decidió mirar hacia la pantalla para analizar las historias que nos definen.
Desde 2023 comparte en redes una forma distinta de ver el cine: una mirada feminista, crítica y profundamente humana. Sus análisis sobre la representación de la mujer en franquicias como Disney, Marvel, Star Wars o El Señor de los Anillos han alcanzado millones de visualizaciones y han creado una comunidad que cuestiona, reflexiona y transforma la manera en que entendemos la ficción.
Por La princesa que nunca fui, su recién publicado libro, nos ponemos en contacto con Sara Ruiz Sardón para entrevistarla y que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
Por favor, Sara, haznos una breve presentación de tu libro.
La princesa que nunca fui es un ensayo que recorre las historias de princesas con las que hemos crecido generaciones de mujeres, desde 1937 hasta ahora, e intenta devolver la narrativa a nosotras mismas.
Empecemos por el principio: por Blancanieves [1937], la primera princesa, ¿qué podemos decir de ella?
¡Guau, Blancanieves! Pues es la que abrió paso, ¿no? Es la primera princesa, la que empezó este universo de sueños, que llegará hasta hoy, hasta 2026, y que es la princesa que más necesita una reescritura, una revisión, porque creo que la miramos muy injustamente y al final siempre fue, o siempre debió ser, esa princesa que luchó por su futuro y que, en el peor momento de su vida, se fijó en rescatar a un pájaro en vez de defenderse ella misma, por ejemplo.
Bueno, es que a Blancanieves hay que situarla en su contexto histórico, como le pasa también a Cenicienta, ¿no te parece?
Totalmente. Ambas están en la primera etapa de las princesas Disney. Tanto Blancanieves como Cenicienta, o como La Bella Durmiente o Aurora, hay que situarlas en el entorno social y político del momento. Son hijas de su época.
Blancanieves y Cenicienta, en este caso, son hijas de etapas muy complicadas. Blancanieves nace en el periodo de entreguerras. Cenicienta igual. Al final, servían para mandarles un mensaje muy específico a las mujeres y fueron, pues, instrumentos en cierto sentido.
La evolución de Blancanieves, o de Cenicienta, a Elsa y Ana [Frozen (2013)]. Mmmm, ¿qué ha cambiado en ser princesa?
Uf, ha cambiado creo que casi todo. Antes estas princesas, las princesas en general, eran princesas muy encerradas en finales de amor, en príncipes, en historias de amor romántico. Y ahora ser princesa es otra cosa muy distinta.
Por ejemplo, muchas veces creemos que Ariel, de La Sirenita, es una princesa también encerrada en una historia de amor. Y para nada. Ariel es una historia de una mujer, de una niña adolescente, aventurera, que quiere salir de su entorno conocido y descubrir mundo, y que se enmascara en esa historia de amor con Eric.
Pero ahora ya tenemos historias que no se enmascaran. Elsa y Ana, Mérida [Brave (2012)], Vaiana [2016], Raya [Raya y el último dragón (2021)], son historias que ya no necesitan de tener un acompañante, un príncipe. No necesitan de eso para funcionar como ellas solas.
Y al final, hoy, las princesas somos lo que siempre fuimos desde el principio, pero sin necesidad de enmascarar con historias de amor romántico.
En La princesa que nunca fui, está muy bien cómo reflexionas sobre la huella generacional, para entender de dónde venimos y poder sentarnos a hablar con las nuevas niñas.
Totalmente. Es que es básico. Una de las cosas que creo que se había hecho [mal] es que las mujeres no hablásemos entre nosotras, quitar esta huella generacional, como bien has dicho.
Un ejemplo de estas historias mismas era privar a las princesas de madres o de referentes femeninos anteriores. Esto también hace que estas princesas se muevan en un mundo solas, sin referentes femeninos, que son muy importantes.
Entonces, con este libro lo que quería hacer era dar o, bueno, proponer unas herramientas para que las mujeres pudieran hablar con sus hijas, para que compartieran las historias con las que crecimos, para que juntas construyamos una nueva narrativa que sí nos represente y de la que no tengamos miedo a ser partícipes.
Los vestidos de boda, los vestidos de puesta de largo, los vestidos de comunión, ¡qué grande es la influencia de las princesas en esto y en tantas cosas!
¡Uy, es enorme! ¡Claro que sí! Yo de pequeña he tenido un montón de vestidos de princesas, muchísimos, y mi hermana también.
Es verdad que, una vez avanzas en edad, hay muchas que las dejamos un poco atrás, no del todo, porque yo sigo teniendo un vestido de Elsa guardado en el armario que me pongo [Sara se ríe al hacer esta confesión]. Pero es verdad que para muchas sigue siendo un ideal muy potente, un deseo muy potente.
Y creo que es maravilloso por una parte. Creo que es maravilloso que hoy en día, que cuando tú te conviertes en una mujer adulta, sigas queriendo revivir estas cosas que te hicieron tan feliz de niña.
Otra cosa es que perdamos un poco la cabeza, muy entre comillas, en cuentos de hadas y que no sepamos mirar a la realidad como realmente es, valga la redundancia. Eso es lo peligroso. Pero renunciar a la magia nunca debería ser algo que vaya acorde con mirar a la realidad a la cara.
Y Sara, si hablamos de princesas Disney, hay que hablar del Príncipe azul.
Por supuesto. Sin duda, sin duda… [Sara vuelve a reír] Es que no hay, bueno, ahora ya sí, pero casi no hubo historias sin príncipe azul. Y ahí estarán siempre.
Y creo que los príncipes azules también han evolucionado muy bien. ¿Qué decir de estos príncipes que casi eran inexistentes en las primeras princesas y de los que casi no conocemos el nombre? Seguramente tú preguntes cómo se llamaba el príncipe de Blancanieves y muy poquita gente te sepa decir el nombre.
Y ahora tenemos príncipes maravillosos, que son unos grandísimos escuderos, que son unos grandísimos acompañantes. Flynn Rider, o Eugene, de Enredados [2010], es un compañero increíble. O Kristoff, de Frozen. Qué grandísima evolución y qué bonito cómo han sabido mantener en las historias este amor romántico. Cómo han sabido evolucionar a ser unos grandes compañeros de las princesas.
Y si hablamos de princesas, si hablamos del Príncipe azul, no puede faltar la Madrastra o la Reina malvada.
Exactamente. La grandísima villana de nuestras princesas. ¡Madre mía…!
Qué curioso que antes mencionábamos que a las princesas se las privó de una madre, de una amiga, de una hermana, pero se las puso una villana, otra mujer para hacerle frente. Qué mensaje más sutil, pero qué bien puesto ahí para las niñas. Pobrecillas.
A mí me hubiese gustado ahondar mucho más en el libro en las villanas. Pero al final, las protagonistas del libro son las princesas y a las villanas, a las madrastras, se les deja un huequito. Pero me hubiese encantado más, porque, por ejemplo, la villana Lady Tremaine, la madrastra de Cenicienta, creo que es una grandísima incomprendida. Al final, es una mujer a la que dejan sola en el mundo, en un mundo liderado por hombres, en el que es una viuda, a cargo de una casa, pues lo hace mucho más complicado.
Entonces, uf, qué mujeres más incomprendidas… Las hermanastras de Cenicienta. O Úrsula [la bruja del mar de La Sirenita], qué gran villana, ¿no?, qué mujer tan poderosa, qué mala y qué interesante.
A lo largo de tu libro todo el rato interpelas/ hablas a la lectora.
Pues sí. Esto fue así desde el principio. Ten en cuenta que yo llego a esta grandísima oportunidad de escribir un libro gracias a mis redes sociales, sobre todo a mi canal de Instagram.
Tenía muy claro que esta cercanía que se tiene en redes sociales yo la quería trasladar al libro. Quería que la persona que ve mis vídeos en Internet y que siente esa facilidad de dar un “me gusta”, de mandar un mensaje, de tener una comunicación, de tener una palabra cercana, lo tuviera al leer el libro. Ya que creo que [eso] siempre es mucho más cálido cuando te enfrentas a una lectura, y sobre todo a un ensayo, porque al final leer narrativa, leer ficción, es mucho más calentito, pero leer un ensayo muchas veces es frío y puede generar incluso rechazo a gente que no esté acostumbrada a leer ensayo.
Yo quería que mi ensayo, que lleva ese apellido, ensayo, y es como muy grande, fuera algo muy calentito, muy de chocolate caliente, muy de amiga.
Otra de las cosas que hablas en tu libro es de las canciones Disney. Sara, ¿cuál es tu canción favorita [de princesas]?
Wow, ¿canción favorita?, no lo sé, soy tan mega fan de todas las canciones. Pero bueno, yo creo que si me tuviese que quedar con una banda sonora que inmortalizar sería la banda sonora de Vaiana. Esas canciones te dan unas ganas de coger un barco, navegar y yo qué sé, salvar tu tierra, [son] increíbles.
También mencionas frases famosas y no puedo dejar de citar ésta de Frozen: «Sólo un momento de amor verdadero puede descongelar un corazón helado».
Es que [es] totalmente, ¿verdad? Creo que hoy en día es muy importante que no nos olvidemos de esa verdad.
Hace poco en la Super Bowl veíamos este mensaje tan importante de «sólo el amor es más fuerte que el odio». Y es que soy una creyente acérrima de que el amor salva al mundo.
Y ya por último, ¿qué podemos esperar hoy del personaje de la princesa?
Pues mira, a mí me encantaría que el personaje de la princesa moviese, ampliase fronteras. Es decir, que no se quedase recluido en un estudio de Disney, que las historias de princesas fueran historias de todos y de todas y que empezáramos a hacernos dueñas de estas propias historias y no dejar a una compañía de unas pocas personas este discurso tan necesario y tan importante para inspirar y dar base a futuras generaciones.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: © Sara Ruiz Sardón
Sara Ruiz Sardón
Roca Editorial, 320 pp., 22,90 €
Las princesas Disney nos han acompañado y han definido nuestro imaginario colectivo desde hace décadas. Impactaron en nuestros sueños y expectativas, en nuestro comportamiento y hasta en la forma de relacionarnos con nuestras amigas. Pero, realmente, ¿ellas fueron así? ¿Qué significa «ser una princesa»? Desde los contextos históricos o culturales que construyen a Blancanieves o Cenicienta hasta los cambios de patrones relacionales que representan Vaiana o Mérida, Sara Ruiz Sardón desarrolla en La princesa que nunca fui una mirada nueva, crítica y nostálgica a la vez, hacia las historias que marcaron nuestra infancia. Porque es posible analizar aquello que nos ha definido, detectar lo que nunca nos representó y, aún así, seguir disfrutando y celebrando lo que somos.








