En el podcast Puente aéreo hemos entrevistado a Pablo Carbonell, un polifacético artista español conocido como cantante, humorista, actor y escritor. En los años 80 alcanzó gran popularidad en el programa de televisión La bola de cristal y, posteriormente, como líder y vocalista de la banda de pop-rock irreverente Toreros Muertos. Su carrera televisiva se consolidó como reportero en el exitoso espacio de humor Caiga quien caiga. En el cine, ha trabajado como actor en diversas comedias y debutó como director con la película Atún y chocolate. Además, ha desarrollado una notable faceta como escritor con la publicación de varias novelas. Acaba de publicar Jesús, qué vida llevo. Conversaciones con el hombre que siempre va conmigo en la Editorial Almuzara. Un libro biográfico y de reflexiones en el que repasa con ironía y escepticismo su tránsito desde una infancia como monaguillo devoto hacia el agnosticismo y la irreverencia. El libro aborda la espiritualidad a través de un viaje personal, mezclando dudas existenciales, anécdotas irónicas y los placeres terrenales.
En la advertencia del libro confiesas que vives sin fe en lo sobrenatural, pero admites que envidias a las personas que creen. ¿Qué es lo que más extrañas de esa fe que heredaste de tu padre y terminaste perdiendo?
Lo que más envidio es que hay algunas personas que creen y son muy felices. Tienen una alegría muy especial. Las he conocido y las he tratado. Mi padre era uno de ellos. Cuando tienes una vida lamentable, la que te toca, pues es un gran consuelo decir “bueno, estoy sufriendo, pero dentro de poco saldré de este valle de lágrimas, y me iré a un sitio donde voy a ser feliz y dichoso”. Esta es la promesa que recibe la mayoría de los que creen.
¿Tuviste fe?
La tuve y la perdí.
¿Por qué?
Yo qué sé. Por ser un mujeriego, por salir de la normalidad. Ahora me conformo con intentar captar la eternidad que existe en un instante y en disfrutar, sin meterme con nadie, con mi existencia, con mi caminar por la vida, y con eso me tengo que conformar, y no me parece poco, la verdad. Desde que escribí el libro aprecio mejor lo que tengo, el momento en el que estoy, incluso acarreando mi instrumento por la calle, me siento muy afortunado. Hubo momentos en los que me sentía desgraciado.
Hacia el final del texto mencionas la palabra nada, como algo terrible, pero concluyes que la nada indica que hay esperanza. ¿Cómo se puede encontrar esperanza en el concepto de la vacuidad?
Para mí el libro ha sido un descubrimiento. Me hice muchas preguntas y he intentado responderlas. Sé que la advertencia, también podríamos llamarla prólogo pero pensé que era mejor poner advertencia, que me estaba lanzando al vacío, a la nada. Pensar que cuando de repente te metes en un sitio cubierto y miras las hojas transparentadas por el sol y te parece que no ves nada. Cuando observas el horizonte y ves la inmensidad del océano, pues eso. La nada me aterraba. Pensar que no había nada después de la vida era una cosa que al principio del libro me daba un poco de pena e incluso terror. Después me puse a estudiar teología, a revisar la Biblia, los evangelios, el catequismo, lecturas, también me leí el de Cercas, el del viaje del Papa a Mongolia.
¿Qué descubriste?
Me metí en este mundo, donde por cierto mi padre vivía, porque vivía prácticamente en el cielo, pues me parecía que la nada es terrible. La nada de la que por cierto venimos. En fin, si puedes sacar partido a la vida y disfrutar del momento, la verdad no es tan terrible, respecto a la nada, si asumes que después de esta vida no hay nada.
¿Afirmarías, como dijo Luis Buñuel, que tú eres ateo gracias a Dios?
A mí no me gusta la palabra ateo. Ateo es decir sin Dios. Javier Krahe decía que no se podía decir de un niño que era un no fumador, que un bebé no era un no fumador, pues de la misma manera a mí no me tienen que decir que soy ateo. No niego. A mí no me gusta negar nada. La A significa lo contrario a lo que venga después, teo es Dios, Ateo es sin Dios, no Dios. No quiero negar a Dios. Hay gente que ha leído el libro y me dice: “tú no eres ateo, tú eres agnóstico”. Quizás si.
¿Entonces?
La verdad, rodeado de tanta belleza, y mira que hay cosas atroces en el mundo. Rodeado de tantos planetas, de tantas galaxias, de tan soles, de tanta inmensidad, y viendo mi tamaño, no sé… Si Dios existiese, que también esa es una parte del libro, te preguntas “si yo fuese Dios, ¿qué es lo que haría? ¿Qué es lo que pensaría si tuviese la omnipotencia?”. Considero hay cosas que son bastante contradictorias con lo que Dios supuestamente nos hace.
La otra cosa es el tema Dios, ¿a cuál nos referimos?
¡Claro! Cuando te dicen eres ateo la pregunta sería ¿de qué Dios? Porque hay muchos dioses. Los judíos tienen uno, los cristianos tienen otro, los budistas tienen otra relación con la trascendencia. Los griegos y los romanos tenían multitud. Nosotros parece que hemos cambiado, pero en realidad seguimos teniendo un montón de santos y un montón de vírgenes, con lo cual, en realidad, no hemos cambiado mucho con el paganismo de los romanos.
¿Cuál ha sido tu pretensión al escribir el libro?
He intentado hacer un libro para los chavales que no tienen idea, porque, bueno, no digo que sea malo, pero no estudian religión, no estudian ética, no estudian moral, qué sé yo. Nosotros tenemos una educación católica en España. Somos uno de los países más católicos del mundo. Los que más apostolado hemos hecho en toda la historia. Esta educación cristiana se está perdiendo un poco. Este libro también ayudará a que se recuerde qué fue el paso de Jesús por la vida y por la historia.
En el libro te defines como un primate evolucionado que sacude un árbol con frenesí, esperando recoger frutos de tu limbo mental. ¿Qué frutos específicos sientes que cayeron tras terminar de escribirlo?
Creo que el principal que he recibido, después de escribir el libro, es sentirme bastante en paz. Esto es una cosa que recomiendan mucho los psicólogos y los psiquiatras. Escribe, escribe tu trauma, ponlo sobre un papel y así lo podrás observar desde fuera. Pues algo de eso me ha pasado cuando he escrito este libro. Un primate evolucionado es lo que somos. Los humanos no dejamos de ser un australopithecus que decidió ponerse erguido para vigilar el entorno con más precisión y esto de liberarnos las manos nos permitió empezar a fabricar cacharros, armas y todo lo que hemos hecho. Y, claro, agito el libro del árbol de la ciencia del bien y del mal.
En el libro mencionas que al cumplir sesenta y tantos años, el hedonismo ya no sirve ni para subir el ánimo.
Y otras cosas.
¿Cómo cambia tu perspectiva del placer y de tu propia mortalidad al llegar a esta etapa de la vida?
El hedonismo ha sido quizás mi corriente filosófica favorita. Durante mucho tiempo el placer era lo oportuno y a mi cuerpo le he dado todas las alegrías que podido pero, desde luego, el placer más fuerte que podemos sentir siempre viene después de un cierto sacrificio. Cuando uno en realidad sacrifica todas las cosas, todos los sacrificios que hace, todas las tareas que hace por los demás, en la propia labor, la sacrifica, la convierte en algo trascendente, porque eso es otro tema. La trascendencia no la he tratado mucho en el libro. Igual tendría que escribir un libro sobre la trascendencia y sobre la culpa, que también es otro tema, pues es cuando realmente uno se siente satisfecho. O sea que el hedonismo y caer de pastelería en pastelería tampoco es la solución.
¿Quién es Saulo en tu vida?
Pues nunca lo he pensado. Saulo, claro, es Pablo. Pues me imagino que Saulo es aquel borrico que después de la separación de la madre de mi primera hija, Carlota, pues se dedicó a vivir noches interminables que no llevaban a ningún sitio y a perder el tiempo como un demente. A querer quitarme del medio. Venga a beber. Venga a drogarme. No tener ninguna fe en mí mismo. Ese era Saulo. Un día encontré una mujer que me sacó de aquel marasmo y bueno pues me convirtió en Pablo. Y así recuperé a mi Pablo.
¿A qué te refieres exactamente cuando dices que el compromiso con el más allá es muy superior a la importancia que le damos a nuestros huevos?
Hago lo que me sale de los huevos. El compromiso con el más allá es lo más importante. Me di cuenta tarde que debemos vivir con cierta sensación de trascendencia. Es inevitable pensar que las cosas que estamos haciendo no superan nuestro paso por la tierra. Lo que hacemos tiene que dejar una huella, para nadie en especial. pero sí para que nuestro lado espiritual, que es una de las cosas que he tratado en este libro, pues tenga su peso y su definición. He querido definir cual es esa fuerza que uno tiene para levantarse por la mañana y que le hace acometer obras mucho más trascendentes que tu propia experiencia vital.
Bromeas con que habrá gente que piense que el demonio guía tu mano para sumar almas a la fogata. ¿Crees que la provocación y el humor son necesarios para hablar de temas tan solemnes como el alma y la muerte?
A mí me parece que sí. Tengo mucha capacidad de reírme de mí mismo y esto es fundamental para cualquier persona que quiera dedicarse a ser cómico. Puedo hablar de la muerte, no con humor, porque la muerte no es agradable, la de nadie… Bueno, de alguna persona que ahora mismo se me viene a la cabeza… Sí. En fin… hay mucha gente que la verdad me gustaría muriera, no que lo mataran. Me gustaría que se muriera… Ya me he despistado… En general el humor sirve para hablar de las cosas serias y la gente seria no puede hablar del humor. Es muy raro que un actor dramático pueda hacer comedia, pero en cambio un actor cómico sí que podría hacerla, porque en general los cómicos tenemos una vida mucho más reflexiva de lo que a priori la gente cree. Dicen “bueno, me tomo dos copas y hago lo que tú haces”. Y les contesto “venga, venga. Ánimo, ánimo. Tómatelas. Adelante, adelante”.
El libro está dedicado a la los maestros espirituales o literarios que te enseñaron a mirar hacia adentro sin perder la ironía. ¿Cuáles fueron?
He tenido muy buenos maestros en los salesianos de Cádiz. Tuve a don Luis, otro fue don Francisco. Después había otros muchos que no tenían vocación. Recuerdo una profesora de literatura, María Ángeles, que me indicó cuál era mi vocación. Me dijo un día “los payasos al circo”. Reflexioné “¿cómo se ha dado cuenta de que soy un payaso?”. Después he tenido la suerte de trabajar con Pedro Reyes, de ser amigo de Javier Krahe, del Gran Wyoming cuando era él y no el personaje mediático que es ahora, que se aleja mucho del Wyoming que conocí. Gracias a él pude encauzar mi carrera para funda Toreros Muertos.
¿Te sientes hoy un poco más en paz o con más preguntas que antes?
Pues me siento bastante más en paz. De hecho, creo que culminó el libro así, diciendo que los proyectos que más o menos me he planteado durante la escritura los voy a acometer. Hablo de la misión que tiene una persona en la vida. Que es una cosa que nos inculcaron en el colegio. Tú estás aquí porque Dios te ha puesto una misión y no te vas a morir hasta que no la hagas. Dije “no quiero cumplir la misión y seguir estando aquí”. Después de haber escrito este libro, me voy a ir más a gusto. Ciertamente creo que todo el mundo tiene un libro en la cabeza, tiene una serie de preguntas, y encontrar la respuesta, como ha sido el caso, te deja más tranquilo.
César Alcalá




