«…Las cosas empezaron a descomponerse cuando el inspector Morales recibió la visita de un viejo colega de la policía antidrogas, ya hacía años retirado, el capitán Romeo Guardiola, a quien por sus orejas gachas y su aspecto desmañado al caminar apodaban Tribilín, el amigo de Mickey Mouse. Era guasón por naturaleza, y confianzudo, con habilidades histriónicas suficientes para fingirse traficante de drogas y así infiltrarse en los incipientes cartelitos que a finales de los años noventa empezaban a formarse en los barrios de Managua, como el de Los Pitufos en Monseñor Lezcano, o el de Los Mertiolatos de San Judas, que no pudieron correr muy lejos.
Había cambiado poco, según notó doña Sofía cuando le abrió la puerta una mañana de comienzos de aquel noviembre, salvo que tenía las orejas de perro de Walt Disney más caídas, y el hocico menos prominente, y en lugar de sus zapatones cosiclavos de antes, usaba ahora unos tenis Adidas tricolores que parecían nadarle en los pies. Nunca le cayó bien mientras lo trató en las oficinas de la plaza del Sol, siempre tomándola por mandadera para que le fuera a comprar cigarrillos, o incordiándola para que le sirviera café; y ahora, aunque se deshizo en zalemas al verla, no dejaba de darle un mal pálpito que apareciera de pronto en casa de la Fanny a buscar al compañero Artemio, después de tantos años de no vérsele la cara. ¿Y cómo es que sabía dónde encontrarlo?…»
Estas frases son de la novela La maldición de Ramfis de Sergio Ramírez, publicada por Alfaguara y que desde el 11 de junio está en todas las librerías. Con esta nueva obra, vuelve el inspector Morales, protagonista de la estupenda serie negra del Premio Cervantes 2017.
Exiliado en Costa Rica, el inspector Dolores Morales sobrevive junto a doña Sofía lejos de Managua, hasta que un caso los desafía de nuevo. A bordo del Sea Cloud, un velero de lujo marcado por una historia turbia, aparece muerto un empresario al que ambos conocen demasiado bien. La investigación del asesinato abre enseguida un camino peligroso: el de una red de lealtades rotas, intereses económicos y vínculos que afloran desde el pasado y siguen actuando más allá de cualquier frontera.
Después de El cielo llora por mí, Ya nadie llora por mí y Tongolele no sabía bailar, Sergio Ramírez amplía una de las series negras más singulares de la literatura en español. La maldición de Ramfis traza una intriga en la que el crimen convive con el exilio, la corrupción, la violencia y la impunidad. Entre indicios, humor y cuentas pendientes, construye una tensa ficción que confirma la fuerza literaria de un autor capaz de dotar a la novela policial de una densidad humana, histórica y política poco frecuente.
Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942). Premio Cervantes 2017, forma parte de la generación de escritores latinoamericanos que surgió después del Boom. Tras un largo exilio voluntario en Costa Rica y Alemania, abandonó por un tiempo su carrera literaria para incorporarse a la revolución sandinista que derrocó la dictadura del último Somoza. Ganador del Premio Alfaguara en 1998 con Margarita, está linda la mar, galardonada también con el Premio Latinoamericano de novela José María Arguedas, es además autor de las novelas Castigo divino (1988, Premio Dashiell Hammett), Un baile de máscaras (1995, Premio Laure Bataillon), Sombras nada más (2002), Mil y una muertes (2005), La fugitiva (2011), Sara (2015), la tetralogía protagonizada por el inspector Dolores Morales formada por El cielo llora por mí (2008), Ya nadie llora por mí (2017), Tongolele no sabía bailar (2021) y La maldición de Ramfis (2026) y El caballo dorado (2024; Premio Bienal de novela Mario Vargas Llosa). Entre sus obras figuran también los volúmenes de cuentos Catalina y Catalina (2001), El reino animal (2007), Flores oscuras (2013) y Ese día cayó en domingo (2022); el ensayo sobre la creación literaria Mentiras verdaderas (2001), y sus memorias de la revolución, Adiós muchachos (1999). En 2021 el Grupo de Diarios América (GDA) lo escogió como el personaje latinoamericano del año por su activa defensa de la libertad de expresión y de la democracia en su país. Además de los citados, en 2011 recibió el Premio José Donoso por el conjunto de su obra literaria, en 2014 el Premio Carlos Fuentes, en 2021 la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, en 2023 el Premio Festival Eñe y en 2026 el Premio Ortega y Gasset de Periodismo.
Por La maldición de Ramfis, su recién publicada novela, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Sergio Ramírez, en su casa de la calle de Vallehermoso, para que nos la presente a los lectores de Qué Leer.
Sergio, por favor, haznos una sinopsis de tu libro.
[La maldición de Ramfis] Trata de un crimen cometido en aguas costarricenses, en un velero de lujo que hace turismo de alta gama, y el asesinato de un magnate nicaragüense y que es investigado por el inspector Dolores Morales, protagonista de otras tres novelas anteriores, que se encuentra exiliado en un poblado muy cercano a la frontera con Nicaragua, y está a mano para resolver este caso.
¿Y cuál fue el detonante para ponerte a escribir este cuarto libro sobre el inspector Dolores Morales?
Hubo dos clases de detonantes.
Primero, fueron unas noticias que pasaban casi desapercibidas en los periódicos y que había que ir sumando cabos, referentes al paso de migrantes al aeropuerto internacional de Managua, en enormes cantidades, con aviones chárter que llegaban de los lugares más insólitos respecto a Nicaragua: de Etiopía, de Bangladesh, aviones cargados de migrantes con rumbo a los Estados Unidos.
Y según fui reconstruyendo la situación, como en Nicaragua no había estadísticas sobre este tráfico, las estadísticas oficiales del gobierno de Honduras sobre el paso de extranjeros a través de la frontera de Nicaragua, Costa Rica, llegaron a sumar en un año trescientos cincuenta mil. Era un tremendo negocio de tráfico de personas, porque traían a los migrantes en chárter, ellos eran dueños de la compañía de chárter, los pasaban por el aeropuerto, les cobraban una coima [soborno, mordida], los llevaban a la frontera en autobuses y los despachaban con rumbo al norte.
Me llamó la atención eso. Y que en Estados Unidos el gobierno se quejara poco, sabiendo que esta situación estaba caliente allí, el paso masivo de migrantes.
Eso me llamó la atención y me pareció que podría ser el eje alrededor del cual construir la novela.
Y luego, tenía en la memoria que, estando una vez en San Juan del Sur, en el puerto de San Juan del Sur, donde comienza la novela, en las aguas de la bahía, una mañana que me desperté, vi un velero de cuatro palos en la bahía, algo insólito.
Y averiguando también, me di cuenta de que este velero que hace turismo de alta gama, recorre los mares llevando sesenta pasajeros de millonarios, que puedes rentar el barco, en chárter, o puedes subirte en la ruta que el barco lleva.
Y a partir de ese velero, me pareció que sería el escenario del asesinato de este magnate que está ligado al tráfico de los migrantes.
Perfecto. ¿Y cuál fue el principal reto de esta novela? ¿El que fuera autosuficiente y, a la vez, que quien hubiese leído las tres anteriores, apreciara ésta?
Hay que ir resolviendo dudas. Yo pongo al comienzo de la novela una página de Wikipedia donde voy resumiendo las novelas anteriores.
Pero mi primera duda fue si crear un personaje nuevo o retomar uno de las novelas anteriores. Y al final decidí retomar a este Soto, este magnate que ya aparecía antes ligado al régimen de la dictadura, como el personaje que es asesinado.
Y, a partir de ahí, ya despejé mis dudas y seguí adelante.
Y, Sergio, ¿cómo fue el reencontrarte con el inspector Dolores Morales? ¿Qué sentiste?
Bueno, es un personaje que estaba siempre allí, detrás de mí, esperando una nueva oportunidad.
Para mí siempre significa un reto enfrentarme con él, porque es un personaje contemporáneo. Y yo siempre quiero que sea un personaje contemporáneo. Podría crear aventuras pasadas del inspector Morales, pero él va con la historia presente. Y en esta novela, ya está en el exilio, le ha sido imposible quedarse a vivir en Nicaragua bajo la represión y como perseguido que es, y va a recalar en Costa Rica, en este pueblecito de pescadores, que está muy cerca de la frontera.
Y me dediqué a reconstruir el escenario geográfico de este lugar entre Nicaragua y Costa Rica, la bahía de Salinas, la isla Bolaños, el pueblecito del puerto, que no es puerto, sino un pueblecito de pescadores.
Y a partir de ahí, ubicarlo como vigilante de un hotel donde casi no llega nadie nunca. Y su compañera de aventura, doña Sofía, como camarera de este hotel.
Háblame, por favor, también de doña Sofía.
Ella me surgió en la primera novela, en El cielo llora por mí, como una afanadora, dicen en Nicaragua, que no era una palabra que se usara antes, no sé de dónde salió esa palabra: la limpiadora, la que limpia las oficinas.
Y limpiaba las oficinas de la policía, era madre de un mártir de la revolución, de un caído, tenía esta relación evangélica. Y a pesar de que para mí no era nada más, al principio, que quien limpiaba la oficina, de repente le fui sumando peculiaridades como para ser un personaje muy singular, que se entremetía, aconsejando, opinando sobre los casos, y en muchos casos acertaba. Y se fue convirtiendo en la asesora del detective, del inspector Morales, hasta que llega a ser su compañera insalvable.
Es decir, se va con él al exilio y le toca ahora subirse al barco también para ayudar a resolver este caso.
Aparece al principio Tribilín, un viejo colega de la policía antidrogas, con un ofrecimiento. Y, a partir de ese ofrecimiento, ya todo se lía….
Esto en la novela parece como una singularidad, pero en Nicaragua es lo común.
Es decir, como la pretensión de la codictadora es siempre controlar todo, se hace promedio de los halagos o de las amenazas. Te ofrecen, si tienes un pariente enfermo, y esto es lo común, el mejor hospital. Y esto significa que, a cambio, el pacto con el diablo es que tienes que dar tu adhesión, aparecer en los programas de propaganda, alabando al régimen. Y, si te niegas, entonces te vuelves traidor a la patria, te vuelves enemigo.
Y es lo que le pasa al inspector Morales con su compañera, que está en estado crítico.
También aparece por ahí la Cachorra.
Todos estos son personajes, digamos, del bajo mundo, de los servicios secretos, que un día fueron guerrilleros y luego, en el proceso de descomposición del poder, se van apoderando de segmentos de poder, pierden su dignidad, pierden el respeto por ellos mismos. Se vuelven instrumentos de un poder que ya no tiene ideales políticos ninguno, sino que lo que reparte son amenazas y favores. Entonces se alinean con este poder.
Es lo que pasa con Tribilín, con la Cachorra, con Tongolele, mi personaje de la novela anterior, que todos vienen de la misma tradición.
Quisiera que habláramos ahora del estilo de La maldición de Ramfis. Por un lado, tiene cierto desenfado, cierto humor contando las vidas de los personajes. Y por otro, nos plantea temas de largo alcance, desde la policía, el gobierno, hasta lo que ocurre en el mundo.
Lo que yo quiero contar es una historia que ocurre en la Nicaragua presente, recordar que lo que ocurre en Nicaragua le interesa a poca gente hoy día.
Nicaragua, otro país bajo una dictadura, nadie lo singulariza. En América Latina, tienes el caso de Venezuela, después Cuba. En Nicaragua, se cometen las más grandes atrocidades y casi nadie se ocupa de ellas.
Teniendo conciencia de esto, tratar de revelar los entresijos contemporáneos de un país como Nicaragua, en términos latinoamericanos también, qué es lo que Nicaragua significa, cómo un país tan pequeño puede montar un negocio de esta magnitud, por ejemplo, de los migrantes masivos, traerlos de los lugares más lejanos del mundo, jugar a desafiar a los Estados Unidos y, en el momento en que Biden deja la presidencia, inmediatamente suspenden este tráfico, le tienen miedo a Trump, saben que Trump no lo toleraría. Frente a la avalancha de medidas en contra de la migración, las expulsiones, las persecuciones, inmediatamente desmontan este aparato y comienzan otra vez a exigirles visas a todos los cubanos, a los haitianos, a la gente que llegaba del Caribe y desde lejos pasaba sin visa.
La estructura de la novela, Sergio. Tenemos la intriga criminal. Y tenemos la realidad que rodea la intriga, esa realidad de ahora mismo que tú estás comentando. Menudo desafío.
En primer lugar, el desafío es crear un escenario cerrado, un barco que no está en alta mar, pero está en una bahía. Nadie puede salirse de ese barco, por lo tanto. Se comete un crimen y todos los que están arriba de ese barco, son los sospechosos.
De repente, uno de los sospechosos, en su declaración, dice: yo tengo la teoría de que el criminal pudo haberse venido nadando de la costa y regresar. Eso ya son extravagancias, ¿no? Que yo expongo las extravagancias para ver que se trata de un escenario completamente cerrado. Que uno de esos tiene que ser el culpable, como en El Expreso de Oriente [en España: Asesinato en el Orient Express], que es un crimen que se convierte a bordo de un tren y es alguno de los pasajeros del tren el que resulta culpable.
Haces muy bien que eso no se convierta en una mirada elitista solamente, de sesenta señores que viven como Dios, sino que también se vea que, lo que está ocurriendo, pasa dentro de un mundo miserable, horroroso…
Claro, que el escenario de repente es ocupado por una ralea, que a un barco de alta gama lo que se sube es una ralea de nuevos ricos. Un nuevo rico que se ha hecho rico a la sombra de un régimen dictatorial, a través de los negocios más oscuros, ya sabemos quién es, con su parentela, con sus amigos, todos son duales, todos son oscuros.
Eso es.
Esos son los agentes de la inteligencia encubiertos, esos son los personajes que están a bordo de este barco, frente a unos personajes muy circunspectos, como el capitán y el primer oficial, que están acostumbrados a tratar con otra gente y, de repente, se encuentran allí con esta ralea.
Una metáfora de lo que es el mundo.
Sí, de lo que es el mundo allí. Porque hay un ascenso de los nuevos ricos del mundo, es decir, las fortunas nuevas. Lo que se llamaba el dinero viejo, ahora es el dinero de los nuevos ricos.
Y por ahí, tenemos pululando la venganza, un tema de siempre en la literatura y, sobre todo, en las novelas de tipo criminal.
Sí, son los resortes de todo.
Entre los resortes más espurios, la venganza es el más espurio de todo. Y está de por medio siempre y…
Y no contemos más, para no desvelar nada… Mmmm, y sobre los diálogos, Sergio, qué decir, hacen avanzar la trama.
Descansa sobre los diálogos. Mi intención es esa, hacerla descansar no sobre descripciones, sino sobre diálogos muy puntuales, que no son extensos, sino que en la dialéctica del diálogo está la dinámica de la novela. Lo que uno dice y el otro responde. Y con los toques de humor que siempre lleva.
Siempre hay que tomar distancia a la gravedad de la situación. A mí me parece que el humor negro ayuda mucho a eso.
Claro que sí. Y otra cosa que te quería comentar, a mí me ha parecido que te lo has pasado muy bien escribiendo La maldición de Ramfis.
Mira, a mí me divierte mucho. Es una novela en la que tú tienes el gozo de escribirla y la dificultad técnica de ir atando todos los cabos y todos los hilos.
Porque a mí me da mucha pereza el procedimiento, que es muy legítimo, por supuesto, de hacer mapas y esquemas. Yo lo tengo todo en la cabeza. Me gusta tenerlo todo en la cabeza e ir creando estos hilos en la cabeza en lugar de irlos anotando.
Porque si yo hago resúmenes de lo que voy a escribir, yo creo que perdería el interés en escribir. Y muchas cosas, cuando me siento a escribirlas, no sé qué va a pasar al escribir en la mañana, no tengo previsto qué va a pasar, y eso es parte para mí del atractivo de la escritura.
La dificultad es mayor en una novela como esta, en donde tú no puedes errar nunca en las congruencias, no te puedes equivocar.
Y las revisiones finales consisten precisamente en ver que no haya errores y lleven al lector a decir: esto es contradictorio, esto no es así; porque entonces, cuando siembras dudas sobre este aparato narrativo, ya estás perdido. Si el lector tiene dudas, ya el que la escribió está perdido.
Y cuando estás corrigiendo y encuentras una incongruencia, ¿cómo te lo tomas? ¿No te das una colleja, Sergio?
Te disgusta, pero es parte del procedimiento, porque sabes que, si hay una incongruencia en un lugar, tienes que revisar todo, porque te puede resonar en otra parte.
Ahora, claro, los recursos para escribir que tiene el ordenador, ayudan muchísimo a eso.
El fin de esta novela, dime, ¿era el previsto, desde el principio?
Para no hacer ningún spoiler, diré que yo sentí que aquí hay un punto clave en una narrativa como esta, que es la concentración. No prolongarse. En una novela negra no puedes prolongar mucho las cosas.
Si tienes que resolverla en un escenario fijo, y ese escenario fijo era ese barco que está ahí que no puede moverse, hay que crear las razones por las que no puede moverse.
Y aquí también viene otra cosa muy importante, que es la investigación de lo real para que la ficción no sea derrotada por lo real. Es decir, ¿qué pasa con un barco como este?
Yo me pasé varios días investigando los sistemas de navegación de comunicaciones modernos. Este es un barco viejo, pero está dotado seguramente de los medios de comunicación y la navegación satelitales. [La cuestión] Es cómo detener un barco que no puede moverse porque alguien le dañó los sistemas digitales y a la vez controla la comunicación y la navegación.
Primero [fue] crear esa inmovilidad y ya porque tienes un escenario fijo, está frente a los ojos del lector, ese escenario ya no se puede mover.
Y para acabar. ¿Qué futuro le espera al inspector Dolores Morales? ¿Protagonizará más libros?
No lo sé, porque para mí escribir esta serie es una manera alternativa de escribir. No es mi dedicación exclusiva, sino una alternativa de escritura.
Ahora, mi próximo libro serán las memorias de infancia, de mi pueblo, de mi familia. Y después, y el tiempo no es infinito, je, je, je, voy a ver en qué entro, si a lo mejor la realidad me dice que tengo que volver al inspector Morales, es decir, que se apresuren las cosas, porque esto es un diálogo con la realidad, qué pasará en Nicaragua.
El personaje es contemporáneo a los acontecimientos, por eso está en el exilio. Entonces, ¿qué pasará ahora en Nicaragua? ¿Volverá el inspector Morales a Nicaragua?, es una pregunta. ¿O seguirá en el exilio?
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Daniel Mordzinski
Sergio Ramírez
Editorial Alfaguara, 232 pp., 20,90 €
Sinopsis:
Con La maldición de Ramfis, vuelve el inspector Morales, protagonista de la magistral serie negra de Sergio Ramírez.
Exiliado en Costa Rica, el inspector Dolores Morales sobrevive junto a doña Sofía lejos de Managua, hasta que un caso los desafía de nuevo. A bordo del Sea Cloud, un velero de lujo marcado por una historia turbia, aparece muerto un empresario al que ambos conocen demasiado bien. La investigación del asesinato abre enseguida un camino peligroso: el de una red de lealtades rotas, intereses económicos y vínculos que afloran desde el pasado y siguen actuando más allá de cualquier frontera.
Después de El cielo llora por mí, Ya nadie llora por mí y Tongolele no sabía bailar, Sergio Ramírez amplía una de las series negras más singulares de la literatura en español. La maldición de Ramfis traza una intriga en la que el crimen convive con el exilio, la corrupción, la violencia y la impunidad. Entre indicios, humor y cuentas pendientes, construye una tensa ficción que confirma la fuerza literaria de un autor capaz de dotar a la novela policial de una densidad humana, histórica y política poco frecuente.




