«…La Rusia literaria tiene un inicio claro y casi tópico: Pushkin y Gógol son los fundadores de la literatura rusa moderna. Sin embargo, estos autores no solo inauguran una tradición literaria, sino que ponen en escena, por primera vez de forma consciente y radical, el conflicto entre el individuo y el poder, entre la lengua y el Estado, entre la experiencia íntima y la maquinaria social.
Para comprender el alcance de esta transformación es imprescindible comenzar por el contexto histórico, porque en Rusia la literatura del siglo XIX no es un fenómeno autónomo: es una respuesta directa a una estructura política específica. Rusia es entonces un imperio autocrático, gobernado por un zar cuyo poder no conoce contrapesos institucionales. No hay parlamento, no hay libertad de prensa, no hay participación política de la sociedad civil. El Estado se concibe a sí mismo como una entidad sagrada, heredera de Bizancio, y exige obediencia no solo legal, sino moral. A esta estructura se suma la servidumbre, que mantiene a la mayoría de la población campesina en una condición de dependencia personal respecto a la nobleza. La vida humana, en este sistema, no tiene un valor abstracto: tiene un valor administrativo, económico o simbólico…»
Estas frases son del magnífico libro Troncos, raíces, piedras de Toni Montesinos, publicado por Ediciones del Subsuelo y que desde el 17 de junio está en todas las librerías. Una obra que atraviesa más de doscientos años de literatura y política rusa, desde Pushkin y Gógol hasta hoy, para mostrar cómo de continuo el escritor ruso ha tenido que enfrentarse al poder ꟷpolítico, eclesiástico, militar, revolucionario, dictatorialꟷ para que sus obras vieran la luz.
Recordemos que Toni Montesinos es crítico literario de La Razón desde el año 2000, además de director de Qué Leer y colaborador de Cuadernos Hispanoamericanos, Cultura/s (de La Vanguardia) y El Viajero (de El País). Autor de más de cincuenta libros de diversos géneros: poesía, novela, ensayo, biografía, historias de la literatura y crónicas viajeras, también se ha encargado de editar o prologar obras de una docena de escritores españoles, hispanoamericanos y anglosajones. Con La pasión incontenible. Éxito y rabia en la narrativa norteamericana obtuvo el XI Premio Internacional de Crítica Literaria Amado Alonso. En la editorial Berenice ha publicado La letra herida. Autores suicidas, toxicómanos y dementes. En El Desvelo Ediciones ha publicado los ensayos La larga pintura del hombre y El sueño esclavo, así como las novelas El fantasma de la verdad y La soledad del tirador. Y recientemente en Paidós, Pisar la tierra con libertad, textos seleccionados de Thoreau, en donde escribió su prólogo; en El Desvelo Ediciones, Historia de la literatura española contada en una hora; y en La Esfera de los Libros, Mandar y obedecer. Una historia del poder desde la resistencia, el lenguaje, el ego y la fe.
Por Troncos, raíces, piedras, su nuevo y recién publicado libro, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Toni Montesinos para que nos hable de él a los lectores de Qué Leer. (Se puede escuchar la entrevista en el programa radiofónico Por qué estoy tan triste teniéndolo todo.)
Toni, por favor, haznos una breve presentación de tu libro.
Se trata de una historia de la literatura rusa que, en propiedad, es bastante breve, por cuanto uno puede localizar su origen tradicionalmente, como se suele decir, con Pushkin y después también con Gógol hacia 1820, que es cuando empieza a publicar Pushkin, y acaba en la actualidad, porque alcanza la guerra de Ucrania.
Lo que pasa que es una historia de la literatura rusa que, aunque he pretendido que sea completa, por cuanto tomo todas las épocas principales de la evolución literaria de esas letras y sus autores más representativos u otros más desconocidos, igualmente importantes, tiene una connotación un poco diferente a una historia de literatura, digamos, convencional, porque está todo atravesado por algo que es consustancial al pueblo ruso, a la literatura rusa, que es el impacto, el efecto de lo político en el devenir de las vidas y creaciones literarias de tantísimos escritores, desde esa época de los zares inicial, hasta ahora mismo, con lo que se llama incluso el “ciber gulag” en estos tiempos de Putin.
Con lo cual es una historia de literatura que, a diferencia de otras, obviamente en muchas otras naciones la política ejerce una influencia capital, pero a veces eso tiene sus altibajos, en el caso de Rusia, esos últimos doscientos años han estado marcados por completo por la censura, la vigilancia, la persecución, el asesinato, es decir, con la vigilancia continua de la política. Por lo tanto, yo encaro muchas obras o muchas vidas de autores, también tomado todo esto desde cómo la política ejerció ese poder infinito que tiene, y realmente produjo algo muy concreto, una serie de obras determinadas o que no pudieron ver la luz cuando se produjeron o que se recuperaron más tarde, un montón de avatares diferentes, literarios, siempre con la sombra de la política por detrás.
Troncos, raíces, piedras. ¿Por qué eliges este título?
Me resultó muy bonito este título porque lo tomé de un libro de Gorki en el que él comenta sus encuentros con varios autores, entre ellos Tolstói y Chéjov, y es un testimonio extraordinario de un autor como Gorki que estuvo cara a cara con ellos en Yásnaia Poliana, la finca de Tolstói; y con otros autores. Él tiene una cita muy bonita hablando de Tolstói, que reproduce algo que hablaron en su momento y venía a ser como que hay muchos troncos, muchas raíces, muchas piedras, como obstáculos diarios en la vida, y a todo eso tenemos que enfrentarnos. Y un poco lo concretaba él con respecto a las personas que nos hacen daño, que al fin y al cabo es la esencia de la vida, cómo evitar que nos hagan daño los demás, cómo algunos se creen en propiedad o se creen con el derecho de hacerlo por algún tipo de complejo de superioridad o de poder. Y me resultaba muy significativo un título tripartito como este para tomar como antecedente del subtítulo, que es Doscientos años de literatura y políticas rusas.
Además, yo soy en ese sentido muy obsesivo con todo lo que tiene que ver con la estructura de cada libro, con su título, todo tiene que tener un gran sentido. E incluso este título hasta tiene sentido por la dedicatoria, una cosa familiar mía, con el que yo proyecto, alargo ese título hacia lo más íntimo mío y personal.
Toni, ¿y cuál es su principal característica?, me refiero de la literatura rusa en general.
Si preguntáramos a Dostoievski, diría que el sufrimiento, la capacidad rusa del pueblo para sufrir. Y creo que es bastante atinado. Porque desde la época de los zares, muchos sectores de la población, no solamente el campesinado, sino también muchos intelectuales han tenido que sufrir un montón de oprobios relacionados con lo que es la obediencia, o estar en rebeldía contra el poder, para poder desarrollar sus obras, con lo cual al final creo que ya en la época de los zares y después, cuando la época de los bolcheviques, en la época de la Unión Soviética, la actual Federación Rusa, etcétera, en cada etapa del pueblo ruso, del suelo ruso, creo que lo más importante, por intentar contestar a tu pregunta, sería el estar alerta.
El escritor ruso tiene que estar alerta, porque no puede escribir lo que quiere muchas veces, sino lo que tiene que estar dentro del dogma socialista, por ejemplo, en el periodo estalinista; o no puede escribir ciertas cosas porque van en contra de lo que sería el decoro social y no pueden permitir determinados usos y abusos de ciertos temas o formas, en la época de los zares. Es el autor que tiene que estar siempre vigilante, escondiendo su manuscrito, intentando sacarlo con microfilm fuera del suelo ruso para que se publique en otros lugares, como sucedió en el siglo XX, en algunos casos. Es el escritor que está pendiente de que, tal vez, le puedan notificar una carta muy sospechosa que pondrá “asistencia obligada”, que nos explica uno de los libros de los que hablo, y que era un método que tenía el Estado soviético para intimidar a los autores y llevarlos a una especie de “asociación de escritores”, en cuyas reuniones se censuraba a los autores, se les menospreciaba, se les ninguneaba o se les acaba llevando a la marginalidad.
Es decir, el estar alerta es un estado del escritor en el que siempre está pendiente de lo que le va a pasar y de cómo él puede proteger una obra, si es que realmente la lleva a cabo. Y cuantísimos autores han acabado con sus huesos en un gulag o en un campo de concentración, o siendo asesinados, o simplemente siendo tan ninguneados que han acabado hasta suicidándose.
Igual que te he pedido una característica que identifique a la literatura rusa, si te pregunto por una obra fundamental de la literatura rusa, aunque hay tanto, tantísimo, ¿qué me respondes?
Pues mira, sin pensarlo, que es a veces lo mejor a la hora de contestar cosas que te vienen de manera muy instintiva, yo diría dos: Anna Karénina, de Tolstói, y El doctor Zhivago, de Pasternak. Y lo digo por lo siguiente.
Tolstói es la cumbre de la narrativa decimonónica en Europa. Pocas novelas hay de la magnitud y de lo completo, de lo variado en los personajes, en las temáticas, en las clases sociales, que disgrega Tolstói en Anna Karénina. Además, es una historia de amor de un par de parejas. Es una historia social. Es una historia que toma todo el siglo XIX, porque Tolstói era una persona muy cercana al campesino y a la reflexión continua sobre por qué vivimos y qué sentido tiene vivir. Y siempre da vueltas a ese tipo de asuntos, que después los va a llevar a un terreno más panfletario, más ideológicamente religioso.
Pero esta obra recoge toda el alma rusa y creo que está muy por encima de otras obras que podrían ser un poco circunstanciales, como la de Gógol, que muchas veces acaba siendo una caricatura social; o muy por encima de la de Dostoievski, por cuanto Dostoievski, aunque no está exento de humor, tiene siempre una actitud muy deprimente, en el sentido de que cada personaje es en sí un siniestro total, por llamarlo como el grupo musical nuestro.
En Tolstói hay mucha más ambigüedad, la naturaleza humana se despliega de manera muy variada, muy poliédrica. Todos son buenos, todos son malos; es decir, son humanos de verdad, son como nosotros sus personajes. Realmente Tolstói es un autor cumbre de la historia de la literatura.
Y por otro lado, mencionaba El doctor Zhivago porque toma otro momento muy importante, que es el momento de la Revolución bolchevique, y cómo estos revolucionarios idealistas al final acaban siendo unos sanguinarios, ansiosos por el poder que tenían antes los zares; es cambiar a unos poderosos por otros y cambiar a unas injusticias por otras, ¿verdad? Y Pasternak hace esta gran obra, que es apasionante de leer.
Además, se han hecho unas buenas adaptaciones también a la televisión y al cine. Es una obra que también tiene un montón de valores en cuanto al amor y al sentido de la vida, al sentido del sacrificio y de la valentía por escribir, que es uno de los grandes temas de la literatura rusa, socialmente hablando. Y además que es un autor que se enfrenta al poder, lo van a marginar, le van a obligar a no aceptar el Premio Nobel y eso durante décadas, y va a ser un autor representativo de casi todo el siglo soviético en ese sentido.
Y son dos obras capitales, que uno lee además con gusto y que pueden ser obras que lleguen a todo tipo de lectores, desde el erudito pedante que le encanta la alta literatura, hasta la persona que quiere descansar de alguna porquería de entretenimiento actual y quiere realmente entretenerse bien con un par de obras que seguro que le van a encandilar porque son apasionantes.
Casi lo mismo se podría decir de este libro tuyo, en donde sobresale la fuerza narrativa, algo muy difícil, tratándose sobre todo de algo tan amplio y tan exigente como toda una historia de la literatura rusa recogida en estas cuatrocientas páginas. Porque, por un lado, haces unos análisis literarios estupendos, algo habitual en ti, y los vas entreverando con la vida de los propios escritores, desde los momentos históricos a cosas de la cultura, de la música, de los periódicos.
Muchas gracias, Carlos. Creo que, cuando uno tiene que encarar una historia de la literatura, tiene que someterse a que la vida es plural, es muy diversificada en montones de cosas y hay que atender también eso. Entonces, también hablo de músicos que acabaron defenestrados por el régimen soviético. Hablo de periodismo como un sector importante a la hora de divulgar obras; por ejemplo, de Dostoievski en algunos periódicos, o cómo un periodista norteamericano visita en su finca a Tolstói y las obras de Tolstói tienen una divulgación internacional a partir de ahí. Es decir, hablo de muchos asuntos extraliterarios que inciden en cómo la literatura se va moviendo, porque estamos hablando de algo vivo, vívido, cambiante. Y lo que intento es capturar un poco la esencia de cada época y lo que podía suponer escribir y vivir en tal etapa, a partir de cómo se estaban estipulando las censuras correspondientes o los poderes fácticos.
Eso me lleva efectivamente a hacer una narración, porque cuento lo que pasa en un determinado momento. Y todo lo espolvoreo con asuntos que son indistinguibles. Porque no puedo hablar de una literatura rusa sin hablar de la vida de esos autores que escribieron en esa literatura, porque está estrechamente unido por cuanto, como decía antes, una obra escrita concreta de una manera específica, tanto en su forma como en su fondo, podría llevarte al aplauso del régimen, como le pasó a Shólojov, por ejemplo, que era un gran autor del siglo XX, que tuvo todos los parabienes posibles desde el comunismo, o acabar siendo ninguneado hasta, incluso, el asesinato. Con lo cual, la vida de esas personas va mucho más allá de la literatura. Y tengo también que atenderlo porque muchos de esos poetas, narradores, dramaturgos, acabaron muertos en un campo de exterminio o de trabajo, eufemísticamente hablando, el gulag, o bien incluso muertos por un disparo, por una ejecución de esas que eran terribles, por ejemplo, en el gran año del terror en Moscú, 1937.
Intento que mi libro sea muy literario, pero que obedezca a la obligación sociohistórica que me va a llevar todas esas obras.
Lo has mencionado: empiezas con Pushkin, con Gógol. Por supuesto, sigues con el gran combate: Tolstói versus Dostoievski, con esas enormes obras que nos dieron. Pero a mí me gustaría que ahora disminuyéramos un poquito de tamaño. Si te digo “La dama del perrito” o cualquiera de los cuentos de Chéjov, la pregunta: ¿por qué es tan importante Chéjov?
Chéjov es un autor que escribe cuentos que inicia in medias res, no se sabe lo que ha pasado antes, pero da igual. Es un autor que consigue contarnos una historia absolutamente anodina. Y atraparnos, porque lo que está haciendo es un retrato de cómo pensamos, en el sentido de que alguno de sus cuentos son simplemente observaciones de alguien que ha tenido curiosidad por algo y que está en medio de nada, porque son personajes, los suyos, que no consiguen nada, que están en una especie de limbo extraño, desean algo que no van a obtener, y se mantienen en esa nebulosa en que no acaban de ser desgraciados del todo, pero tampoco consiguen un éxito en nada.
Es decir, están en esa medianía, que es una cosa que es tan natural a nuestra vida en cualquier época, y con un acento especial en saber distinguir muy bien de qué clase social es cada uno. O incluso de sexo, porque qué bien él retrata a ciertas mujeres de ciertos contextos, o a hombres que se han jubilado de su funcionariado, que eso también será un arquetipo de la literatura rusa.
Chéjov va a lo mínimo para contarte lo máximo, va al detalle prácticamente nimio, pero te está contando la fuerza de la naturaleza humana y de la observación humana, y también de la introspección humana, en tantísimos de sus cuentos. Y además es un autor que no juzga a sus personajes, los presenta para que el lector los conozca y además tiene unos finales que no son finales en propiedad, él podría haber acabado el cuento una página atrás o haberlo seguido una página adelante muchas veces porque nos dejan esa especie de nebulosa vivencial en que sentimos que podríamos continuar leyendo lo que está pasando, pero sin embargo hemos acabado en ese justo momento y tal vez no necesitamos más.
Es un autor de una sutileza, de una inteligencia, de una sensibilidad y de un talento infinito, porque con estas cositas que te acabo un poco de mencionar, el hecho de centrarse en algo pequeño y no contar nada extraordinario, y que nos atrape y que cuente algo tan importante de la condición humana, es de ser uno de los grandes de verdad.
Chéjov… Continúas a lo largo de la “estepa” literaria, nunca mejor dicho, de la literatura rusa. Ya has hablado de El doctor Zhivago. Y llegas hasta ahora mismo, a la Premio Nobel Svetlana Aleksiévich, o a autoras como Anna Starobinets, con El Vado de los Zorros.
Efectivamente, atiendo a esos autores que, aunque son recientes y no tenemos todavía un poco la distancia temporal para valorarlos en su justa medida, obviamente ya son importantes, como Andréi Kurkov, por ejemplo, que tiene una trayectoria muy sólida e internacional.
Son autores que además representan algo que también representaban los autores en los que me hago cargo al comienzo del libro. Son autores que no pueden aislarse de su contexto sociopolítico porque se están enfrentando al exilio, por hablar mal de la guerra de Ucrania, porque Putin prohíbe sus libros en las bibliotecas o cancela los estrenos suyos si son autores que tienen obras teatrales. Es decir, es el autor que está metido, aunque no lo quiera, en su momento histórico. Y eso no ha cambiado.
La tesis de mi libro es que llevamos doscientos años en que la literatura rusa no ha cambiado de organigrama sociohistórico, y en ese sentido no hay mucha diferencia entre un Gógol, Pushkin, sobre todo Pushkin, Gógol estuvo mucho más libre de eso, y no hay mucha diferencia entre cómo Dostoievski estuvo en un pelotón de ejecución y al final se salvó, porque casi parecía una broma que les estaban haciendo a esos pobres desgraciados, y estuvo encerrado no sé cuánto tiempo ahí en Siberia, y lo que pasa hoy en día, cuando hay autores que han desaparecido de manera harto sospechosa, o que han tenido que huir, precisamente por esa vigilancia.
Yo en el libro hablo de estos autores contemporáneos, uno de los cuales habla de este “ciber gulag”, en el sentido de que ahora el gulag es mucho más sutil, es a distancia, es vigilancia, es por internet, o es la censura de Internet, que cierra las redes sociales para esos autores o para todo el mundo en general. Es un tiempo kafkiano.
Hablo mucho de lo kafkiano también en el libro, en el sentido de que ese “ciber gulag”, esa vigilancia cibernética está asediando también al mundo de la cultura, de la literatura. Es decir, no hay demasiada diferencia en eso.
Y por eso me hago eco de algunas declaraciones interesantes que, estos autores que tú has mencionado y otros han dado al respecto de la situación cómo ellos la ven. Porque ahora ya es como ser cubano, hay nacionalidades que las llevas como un lastre, no puedes sustraerte a ellas, porque estás demasiado marcado por los eventos históricos y el efecto del poder político en tu vida. Esto es un callejón sin salida. Estás atrapado en eso. Y estos autores se tienen que politizar, aunque no lo quieran.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFÍA: © Sergi Naches
Toni Montesinos
Ediciones del Subsuelo, 395 pp., 22 €
Sinopsis:
Este recorrido lleno de troncos, raíces y piedras atraviesa más de doscientos años, desde Pushkin y Gógol hasta hoy, para mostrar cómo de continuo el escritor ruso ha tenido que enfrentarse al poder -político, eclesiástico, militar, revolucionario, dictatorial- para que sus obras vieran la luz. Tolstói y Chéjov, la sociedad zarista y el comunismo, el Moscú del Terror y el gulag, la vigilancia totalitaria o la guerra en Ucrania son algunos de los asuntos tratados aquí en torno a los gobiernos que han marcado el devenir de la literatura rusa, hasta el punto de censurar o prohibir libros, obligar a escribir bajo el dogma socialista o encarcelar, desterrar, esclavizar o asesinar autores. Y es que, ya sea en el Imperio ruso, la Rusia bolchevique, la URSS o la Federación Rusa, es imposible leer esta tradición literaria sin su sombra política, que tanto sufrieron Dostoievski, Gorki, Solzhenitsyn, Grossman o Pasternak, pero también otros literatos contemporáneos como Dovlátov o Brodsky, o aquellas voces que resuenan actualmente desde el exilio como Ulítskaya, Starobinets, Shiskin o Kurkov.
En Troncos, raíces y piedras, así pues, como es habitual en la vasta trayectoria de Toni Montesinos, se trenzan el análisis literario y la peripecia vital de numerosos escritores para desentrañar aspectos de tipo histórico, cinematográfico, musical o periodístico, iluminando de forma excepcional una literatura de interés inmarchitable.




