«En el otoño de 1924, un grupo de hombres desembarcaba en el extremo noroeste de la isla Herald, un pequeño islote aislado e inhóspito en el lejano mar de Chukotka. Sus poderosos acantilados se erguían amenazantes sobre el océano Ártico, a mitad de camino entre Alaska y Siberia… que es como decir en mitad de la nada. Los marineros llevaban varios días intentando acercarse a aquella insulsa roca con la intención de reclamarla para Estados Unidos, pero el mal tiempo lo había impedido. Una y otra vez la corriente los lanzaba contra los peñascos hasta que, el 29 de septiembre, la calma llegó y por fin lograron su propósito. Pisaron la costa, desplegaron una bandera y el capitán recitó una breve proclama antes de regresar al barco. Unos minutos de formalidad para cumplir y se acabó, nadie encontraba una sola razón para quedarse allí. La cruda naturaleza de aquel páramo deshabitado se muestra implacable para todo lo que no sea un esporádico oso polar o un puñado de aves de camino a regiones más prometedoras. Aun así, mientras se alejaban de la isla, uno de los tripulantes quiso echar un último vistazo desde la cubierta con sus binoculares para atisbar algo extraño…»
Estas frases son del libro En busca del último continente de Javier Peláez, publicado por Crítica y que desde el 8 de abril está en todas las librerías. Una obra que evoca la emoción de la exploración científica a través de una prosa que huele a viento helado, madera y sal, y que recupera el viaje del navío Karluk al Ártico, en 1913, para cartografiar y descubrir el último de los continentes. Esta insólita búsqueda se convirtió en una verdadera odisea tan terrible como olvidada. A través de diarios, cartas y documentos originales, Peláez reconstruye el retrato de un tiempo en que la ciencia y el heroísmo caminaban juntos, cuando aún quedaban territorios por descubrir y hombres dispuestos a perderlo todo por alcanzarlos.
Javier Peláez (Puertollano, 1974) es escritor y comunicador científico. Es uno de los fundadores de la plataforma Naukas.com, editor de ciencia en Yahoo y guionista en El cazador de cerebros de RTVE. Durante más de una década ha escrito en diferentes medios de comunicación (El País, El Español, NationalGeographic, Vozpópuli). Es coautor de los pódcast Catástrofe Ultravioleta y La Aldea Irreductible, y ha colaborado en diferentes proyectos radiofónicos y televisivos (Radio Nacional de España y Radio Televisión Canaria). Es ganador de tres premios Bitácoras, un Premio Prisma a la mejor web de divulgación científica y un Premio Ondas al mejor programa de radio digital. Es autor de 500 años de frío. La gran aventura del Ártico (2019) y Planeta Océano. Las expediciones que descubrieron el mundo (2022), ambos publicados en Crítica.
Por En busca del último continente, su último y recién publicado libro, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Javier Peláez, para que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
Javier, ¿por qué el Karluk quedó atrapado en el hielo ártico en 1913?
Ese ha sido el destino de incontables barcos que se adentraron en las aguas del norte durante siglos. Las temperaturas descienden y la banquisa termina por rodear al navío hasta que termina atrapado por el hielo sin aguas abiertas a la vista.
¿Qué fue lo que hizo que te arremangaras y te pusieras a escribir este libro?
Encontré la odisea del Karluk durante los años que estuve investigando y recopilando información para mi primer libro, «500 Años de frío». Al conocer su historia consideré que sería bastante injusto dedicar solo unos breves párrafos o incluso un capítulo a una aventura tan apasionante y decidí guardar esa expedición para prestarle más atención. Cuanto más conocía sus peripecias, más me convencía de que se merecía un libro en exclusiva.
Has manejado documentos, diarios, cartas. ¿Ése fue el mayor reto a la hora de hacer este libro? ¿El comparar información, buscar detalles, saber qué buscar…?
Buscar sus diarios y recopilar datos fiables sobre la expedición fue el primer paso. Pero aunque suene paradójico encontrar tantos puntos de vista, tantas declaraciones y opiniones enfrentadas fue un verdadero problema. En los diarios que se conservan, en muchas ocasiones, encontré visiones y narraciones diferentes de lo que ocurrió. Los protagonistas de esta aventura tuvieron muchos encontronazos y terminaron siendo adversarios y hasta enemigos. Saber diferenciar los hechos de las tergiversaciones fue el mayor reto.
Qué tiempos aquellos, Javier. Expediciones, descubrir continentes, jugárselo todo, poder perder la vida. Había toda una mística en torno a estas expediciones.
Sin duda, el sueño de aventuras y ese afán de explorar y descubrir han estado siempre presentes en el ser humano y nos ha regalado personajes e historias fascinantes. Siempre ha existido esa conexión y durante siglos los navegantes se han convertido en héroes nacionales, desde la Antigua Grecia con las leyendas de Ulises o Jasón o Teseo hasta los descubridores españoles de los siglos XVI y XVII o los británicos como Cook o Cabot. El Ártico, como el lugar más extremo del planeta, añade un plus de dificultad haciendo que sus expediciones sean aún más espectaculares.
Y quizá también objetivos menos fantasiosos, más económicos.
Siempre. Más allá de ese afán de explorar nuestro planeta, la inmensa mayoría de las expediciones de descubrimiento se lanzaron con objetivos económicos, territoriales o comerciales. Buscar nuevas rutas, ampliar los territorios y comerciar con especias o productos exóticos han sido las razones históricas básicas para realizar estos viajes.
¿Cuánto tiempo te llevó escribir En busca del último continente?
Desde que conocí por primera vez la expedición Karluk, allá por 2016 o 2017, hasta su publicación en abril de 2026, pasaron diez años. Por el camino escribí mis otros dos libros (500 Años de frío y Planeta Océano) y en esta ocasión fue una historia cocinada a fuego lento. Durante la pandemia me dediqué a encontrar y reunir diarios, obras originales publicadas por los tripulantes así hasta tener suficiente información para iniciar la historia.
Hablemos del estilo del libro: destaca la claridad con que escribes, la precisión de lo que cuentas, se nota que has cuidado unir la divulgación con que el lector se lo pase bien leyendo, ¿verdad?
Que este libro pudiera leerse como una verdadera novela de suspense fue un objetivo desde el principio. He intentado cuidar la trama de esta aventura para que el lector se enganche como si fuese un thriller y ha sido todo un desafío: mantener un ritmo trepidante sin perder rigurosidad con los hechos que sucedieron.
El destino del Karluk tiene semejanza con el del Endurance de Shackleton.
Sí, son dos expediciones contemporáneas y además son las dos últimas expediciones que se realizaron «a la antigua usanza», es decir con barcos de madera, sin radio, sin ayuda aérea. Tanto el Karluk como el Endurance fueron las últimas empresas de exploración que se lanzaron sin los avances tecnológicos que ya estarían presentes en las siguientes expediciones. La gran diferencia entre ellas fue el factor humano. En el viaje de Shackleton los tripulantes se comportaron como compañeros y consiguieron resolver sus problemas colaborando y ayudándose mientras que en el Karluk la supervivencia se vivió con dramas, engaños, traiciones y hasta muertes.
A propósito de Shackleton, en 1907 ya fue a la Antártida en el Nimrod.
La expedición Nimrod en 1907 fue la segunda expedición antártica de Ernest Shackleton y la que reportó mejores resultados. Alcanzaron el punto más al sur jamás registrado hasta entonces, quedándose a tan solo 180 km del Polo Sur, fueron los primeros en alcanzar el Polo Sur Magnético e incluso realizaron la primera ascensión al legendario volcán Erebus. Fue también una expedición muy productiva en términos científicos con importantes estudios geológicos y meteorológicos. A su regreso, Shackleton fue recibido como un héroe.
Y en el Nimrod iba James Murray, quien luego iría en el Karluk. Háblanos un poco de este personaje.
Efectivamente. Murray fue uno de los miembros del Nimrod que logró escalar el Erebus en la Antártida y trajo consigo un poco de experiencia polar a la expedición Karluk. No obstante, su cabezonería y su afán de protagonismo le colocaron en una posición delicada en este nuevo viaje y terminaría convirtiéndose en una de las muchas víctimas del Ártico. James Murray había participado en expediciones por todo el mundo, en la Antártida con Shackleton, en las selvas amazónicas con Percy Fawcett, pero el Ártico resultaría más duro y peligroso de lo que nunca pudo imaginar.
Y hablando de personajes, no podía faltar el capitán Robert Bartlett.
Bartlett es el verdadero héroe de esta epopeya del Karluk. Un personaje casi desconocido que, sin embargo, resultará indispensable para que los tripulantes del Karluk puedan sobrevivir. Era un tipo solitario, gruñón pero con una fuerza de voluntad casi inhumana. Sin él y sin la ayuda de los inuits, esta expedición habría sido una catástrofe aún mayor de la que fue.
El capitán Robert Bartlett luego guio a la tripulación por el hielo hasta la isla Wrangel. Toda una hazaña.
Caminar sobre el quebradizo hielo durante semanas hasta alcanzar tierra firme fue uno de los momentos más peligrosos de toda la aventura. No me gustaría hacer demasiados «spoilers» del libro pero en esta expedición vamos a encontrar todos los peligros imaginables que el Ártico puede lanzar a quienes se atreven a desafiarle…
Entendido, Javier, entendido, ja, ja, ja… Pero no me resisto a preguntarte: ¿cómo fue la estancia en la isla Wrangel?
Fue sin duda el momento más duro de toda la expedición. Sobrevivir como náufragos en uno de los lugares más áridos y extremos de todo el planeta dejó una profunda huella en el ánimo de los que lograron llegar hasta allí. Sin comida, enfermos, poco preparados, sin refugio y con tantas personalidades enfrentadas, la convivencia en la isla se deterioró hasta romperse.
Finalmente, cuándo y cómo fue el regreso a la civilización de los sobrevivientes de la expedición.
Eso tendrán que descubrirlo los lectores por su cuenta. El final de esta película tiene tantos giros insospechados, tantas sorpresas y peripecias que prefiero que aquellos que se adentren en el libro los saboreen sin demasiados adelantos de guion.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: (© Xurxo Mariño)
En busca del último continente
Javier Peláez
Editorial Crítica, 360 pp., 21,90 €
Sinopsis:
En 1913 un navío zarpó de Alaska para cartografiar y descubrir el último de los continentes. En aquel barco viajarían científicos de todo tipo. Era la mayor expedición científica al Ártico que jamás se había concebido. Esta insólita búsqueda del último continente terminará convertida en una verdadera odisea tan terrible como olvidada. El viaje del navío Karluk representa la última de las expediciones a la vieja usanza. Partieron, como en siglos anteriores, lejos de cualquier atisbo de civilización con la que poder comunicarse y de la que poder recibir ayuda.
En busca del último continente recupera esta historia olvidada con el pulso de una novela de aventuras y la precisión de un reportaje histórico. A través de diarios, cartas y documentos originales, el autor reconstruye el retrato de un tiempo en que la ciencia y el heroísmo caminaban juntos, cuando aún quedaban territorios por descubrir y hombres dispuestos a perderlo todo por alcanzarlos.








