Este pasado 11 de marzo Luz dio una rueda de prensa online presentando su nueva novela gráfica, Dos mujeres desnudas, que acaba de llegar a todas las librerías, publicada por Reservoir Books, un siglo de historia, visto por un cuadro, y que ha sido la más premiada de la temporada en Francia.
Vía Zoom, el conocido autor francés -con sus habituales gafas de cristales grandes y tintados, flequillo canoso, cazadora y camiseta negras- estuvo muy hablador, haciéndonos partícipes de sus comentarios a todos los que nos habían invitado, tras la presentación de Pablo Biosca, como moderador de la rueda de prensa, y de Jaume Bonfill, su editor.
A la primera pregunta, precisamente de Bonfill, para saber cuántos meses estuvo encerrado en el museo de Colonia y en qué momento supo que tendría en sus manos una historia [sobre el cuadro Dos mujeres desnudas de Otto Müller], Luz se extendió muchos, muchos minutos, diciendo que:
“Cuando llegué a París [hace años] y empecé a trabajar en Charlie [Hebdo], descubrí el arte expresionista alemán y la relación entre el hecho de dibujar en un periódico, en una revista satírica política, y el trabajo realizado por bastantes de estos artistas del siglo XX en Alemania. Eran vectores de la sociedad de sus contemporáneos. Para mí fue un choque total. Porque en definitiva, y por suerte, el tema no era simplemente yo, sino que eran los artistas y toda la gente que trabaja en el mundo del arte, de la cultura, las personas “dispensables” –Luz dudó unos segundos, no sabía si se utiliza aquí el mismo término-, prescindibles para muchos.
Y me empecé a interesar por toda la historia que giraba en torno a esa exposición de 1937. Y encontré un libro increíble, donde había referencias de todos los cuadros de esa exposición y fotografías de prácticamente todas las paredes. Y me puse en la piel de alguien que mira esta exposición, simplemente.
Y [yo] no sabía si tenía que buscar una pintura o un artista al principio. Igual hubiera sido [más] fácil mirar a un artista conocido, [como] Kandinsky u otros artistas de arte moderno, no sé, las opciones eran complejas, pero al final pensé tengo que buscar un cuadro de un artista poco conocido. Y, en un momento dado, vi un pequeño cuadro, porque las reproducciones en blanco y negro [del libro] eran bastante pequeñas, que me impactó: este cuadro de Otto Muller, [en el que] había dos mujeres con un contorno muy marcado, lo que permite ver cuando observas las páginas, claramente, la definición de ese contorno. Y vi que el cuadro no solo estaba inclinado como la mayoría de los cuadros, porque la exposición estaba especialmente mal expuesta para mostrar la locura de los artistas, hasta qué punto eran unos degenerados los artistas. Y me di cuenta de que el cuadro estaba como a nivel de un niño, [en] la parte baja del muro, y pensé, esto es interesante. ¿Había niños en esta exposición?”
Al respecto de eso, nosotros le preguntamos por el momento en que, en su cómic, Wolfgang Willrich grita: “¡Sabotaje!”, al ver los cuadros correctamente colgados, “tan rectos como estacas”. Y cómo éste ordena ponerlos torcidos, para subrayar el mensaje de la exposición [“Arte degenerado”]. Le dijimos a Luz que estaba muy bien cómo, a partir de ese momento, él cambia el encuadre de las viñetas, las desequilibra, para dejar patente el absurdo de Willrich y la locura nazi. Esta pregunta se enlazó con otra que se le hizo sobre, si había niños mirando esta exposición, de dónde venía el personaje de Lothar. A lo que Luz respondió:
“En mi proceso de creación el niño, Lothar, era clave. Lothar era fundamental en mi reflexión. Y el hecho de imaginar que, de ese cuadro, sólo [Lothar] veía torsos, culos, partes del cuerpo humano, que lo único que podía ver era la parte a su nivel, me parecía un guiño importante para el libro y para mí.
Y también era interesante imaginar que ese cuadro era el catalizador de muchas emociones contrarias. Es decir, de personas que lo amaron o que les gustó, que lo desearon. O de personas que lo odiaron. Pero también de un niño que no tiene opinión en absoluto, un niño que es neutro, neutro completamente, y que lo único que hace es un acto poético. Poner este cuadro recto, es un acto inconsciente y, sin embargo, para mí completamente poético. No lo pone recto para estar en el camino adecuado, sino para que se vea mejor, [no] para sacarle esa presunta degeneración con la que lo han etiquetado los nazis. Yo creo que es el acto más poético, precisamente porque viene de un niño.
Soy una persona optimista. Y creo en las próximas generaciones, Y, de hecho, también en las actuales.”
Luz (Tours, 1972) es un historietista, dibujante e ilustrador. Tiene en su haber una nutrida bibliografía, en la que destacan los libros: Cambouis (2002), Rouge Cardinal (2010), Ô vous, frères humains (2016), Indélébiles (2019), la adaptación al cómic en dos volúmenes del Vernon Subutex de Virginie Despentes (2020, 2022; el primero se publicó en Salamandra Graphic en 2021) y Testosterror (2023). En 2015 sobrevivió, por llegar tarde al comité de redacción, a los atentados de Charlie Hebdo, hechos que relató en la obra Catharsis (2015), por la que obtuvo el Prix Nouvelle République, el Prix France Info y el Premio Max und Moritz del festival alemán de Erlangen, y asimismo fue finalista del Grand Prix de la Critique ACBD. Dos mujeres desnudas (Deux filles nues) es su obra más reciente, publicada en Francia en 2024, y considerada unánimemente su obra maestra, por la que ha obtenido los dos máximos galardones que se otorgan al cómic en Francia: el Premio de la ACBD (Association des Critiques et journalistes de Bande Dessinée) y el Fauve d’Or al mejor álbum del festival de Angoulême; asimismo, ha sido merecedor del Prix Wolinski de la BD de la revista Le Point y el Gran Prix de la BD de la revista Elle.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: © Roberto Franckenberg
INTÉRPRETE: Emma Soler
Luz
Traductor: Carlos Mayor Ortega
Reservoir Books, 200 pp., 24,90 €
En 1919, en un bosque a las afueras de Berlín, Otto Mueller pinta Dos mujeres desnudas. Todo empieza aquí. De las paredes del estudio del artista a las del despacho de su primer propietario, el propio cuadro observa la vida cotidiana. Sin embargo, pronto se ve arrastrado por las tribulaciones de un oscuro periodo histórico: la llegada de Hitler al poder, el antisemitismo de Estado, la calificación de «degenerado» del arte moderno por parte de los nazis, el expolio de las familias judías, exposiciones, ventas, hogueras…
La pintura Dos mujeres desnudas logra sobrevivir; es el testigo mudo de un mundo que escapa a su comprensión. Esta maravillosa novela gráfica (e histórica) es el fruto de una extensa investigación de su autor, Luz, y nos invita a estar vigilantes ante cualquier forma de autoritarismo político y cultural.







