“Lima y sus acantilados de tierra seca. En eso pensaba recién. Las laderas cubiertas por una malla metálica que parece una red de salvataje más que un instrumento para que trepe el verde imposible. Acá también hay montañas, pero de otro tipo. Las montañas de Bogotá quieren hacerse nube, mientras que los acantilados de Lima quieren volverse desierto. En eso pensaba, Claudia. Una presencia puede adquirir muchas formas. Estoy mirando por la ventana hacia la calle que baja al lugar exacto donde mi cabeza golpeó el pavimento. Mee recogieron dos celadores de los que no recuerdo ni las caras. Los doctores insisten en que tuve suerte. “Suerte”, dicen, y yo me reiría si la boca me dejara. También hablan de tiempo. Dicen que la intervención fue oportuna y que por eso pudo evitarse un daño mayor.”
Estas frases pertenecen al cuento Última carta a Claudia, incluido en Miembro fantasma de Fernanda Trías, libro que va a publicar Páginas de espuma y que el 4 de marzo ya estará en todas las librerías.
Trías en cuatro años ha ganado en dos ocasiones el premio Sor Juana Inés a la mejor novela que otorga la FIL de Guadalajara. Con éste, su último libro de cuentos, penetra en la reflexión de que todos tenemos “miembros fantasma”. O, al menos, ella admite tenerlos, y los personajes de estos cuentos también. Esos dolores que quedan enquistados, latiendo sordamente.
Fernanda Trías es autora de las novelas Cuaderno para un solo ojo, La azotea, La ciudad invencible, Mugre rosa y El monte de las furias, y el libro de cuentos No soñarás flores. Por Mugre rosa recibió el Premio Nacional de Literatura (Uruguay, 2020), el premio Bartolomé Hidalgo (Uruguay, 2021) y el Sor Juana Inés de la Cruz (México, 2021). En 2024, Mugre rosa estuvo nominada a los National Book Awards en Estados Unidos. Tanto La azotea como Mugre rosa obtuvieron el British PEN Translates Award (2020 y 2022). En 2025 volvió a recibir el premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela El monte de las furias. Sus novelas se han traducido a veinte lenguas. Desde 2015 vive en Colombia, donde es profesora en la Maestría de Escritura Creativa del Instituto Caro y Cuervo.
Por Miembro fantasma, su último libro de cuentos, vamos a entrevistar a Fernanda Trías y que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
Por favor, Fernanda, haznos una breve presentación de tu libro.
Estos son cuentos, relatos, aquí se dice más relatos, que están organizados en torno al concepto de “miembro fantasma”, que en términos médicos y neurológicos es esa sensación que persiste después de una amputación de un miembro en la que la persona sigue sintiendo que el miembro está presente. A veces son sensaciones de todo tipo pero muchas otras están asociadas al dolor. Estas personas se quejan de que sigue doliendo a pesar de que ya no está el miembro.
Yo siempre he trabajado mucho a partir de conceptos médicos, porque he dedicado una buena parte de mi vida a estudiar temas médicos como traductora. Yo trabajé veinte años como traductora especialista en temas de este tipo y eso me llevó a aprender cosas que no imaginaba que iba a aprender. De alguna manera, se entrelazaron la medicina y la literatura. Esto ya lo había encontrado en libros anteriores. Me funciona pensar, a partir de ciertas metáforas, que tienen que ver con síndromes u otras condiciones vinculadas al cuerpo, determinar y organizar a partir de esos conceptos, de manera un poco simbólica, otros aspectos vinculados con la vida.
Aquí los cuentos son de temas variados, pero lo que los une es esa sensación de una ausencia que se sigue sintiendo presente, de la ausencia hecha cuerpo. Esa idea la abordo desde lados muy diversos, pero siempre con personajes que han vivido bastante y que tienen, y que cargan, con esas ausencias y que intentan reconstruirse o seguir viviendo o, de alguna manera, lidiar con esos pasados que se sienten que no han terminado de pasar.
Normalmente, ¿cómo surgen estos cuentos? ¿Tienes una idea pensada antes? ¿O te viene como una especie de fogonazo..?
Los cuentos casi siempre se me aparecen prácticamente de manera completa. De pronto estoy haciendo otra cosa, que no tiene nada que ver con nada, y me viene la idea completa; yo podría decir, por ejemplo, que el cuento “Miembro fantasma”, en términos muy simples, es sobre un hombre que desea vengarse de alguien que le hizo daño a su madre, a su familia. Digamos que tengo la historia completa de una manera muy esquemática, ¿me explico? O sea, sí veo el principio y veo el final, pero en el proceso de escritura voy descubriendo muchísimos detalles y capas y capas para la historia. La escritura del cuento, en mi caso, la siento como si pusiera capas de complejidad, una sobre otra, y engordara esa idea original que me vino como un fogonazo, que me llegó sola y de manera misteriosa, porque en realidad no estaba pensando en nada relacionado con eso. Son movimientos inconscientes.
Estos cuentos ¿son de diferentes épocas?
Están escritos, sí, durante varios años, dado que para mí los cuentos nacen de esa manera. Yo no los estoy buscando, ni tengo una lista de cuentos que digo, bueno, cuántos cuentos necesito para un libro, vamos a escribirlos, sino que van naciendo solos. Pero luego, en algún momento, voy entendiendo que hay una energía o un estado de ánimo o algo que los une, como si pertenecieran a una misma época, aunque esa época se haya extendido durante varios años. En general, cuando miro atrás y lo pienso con otra perspectiva, veo que es una época de mi vida, que se podría sentir como un período donde hubo unos intereses que estuvieron presentes durante ese período, aunque a veces después cambia y entra otro período.
Más o menos, entre 2020 y 2024, fui escribiendo estos cuentos.
Por lo que entiendo, entonces son los cuentos los que te proporcionan el motivo. Digamos que el libro no lo tenías pensando antes y lo has ido llenando con cuentos afines, en este caso, a la idea de “miembro fantasma”.
Exacto, es a la inversa. Ellos van surgiendo solos. Yo confío siempre en que por algo estos cuentos aparecen en ese momento. Pero luego, poco a poco, voy viendo que se fue configurando algo y pienso, bueno, qué es lo que está detrás de todo esto, qué es lo que está conectando todas estas historias y todos estos personajes. Y ahí es cuando generalmente me doy cuenta y encuentro el motivo, y no al revés, no primero el motivo y después los cuentos.
Precisamente, el cuento “Miembro fantasma”, aparte de dar título al volumen, ¿es el cuento “corazón” de este libro, el cuento base?
Para mí, sí, porque es muy personal, en el sentido de que trata sobre un tema muy doloroso del pasado histórico de mi país. No hay que olvidar que yo nací durante la dictadura militar y crecí mis primeros años en ella. Tengo un recuerdo, aunque vago porque era pequeña, de la transición a la democracia y, por supuesto, no sólo viví, sino padecí, los años postdictadura. Años que fueron terribles, porque había que reconstruir, después de tantos años de un régimen militar que tuvo muchas consecuencias para todo el mundo.
Yo llevo prácticamente toda la vida queriendo escribir sobre el tema de la dictadura, pero no encontraba la manera, porque no es fácil. Porque los que eran adultos durante la dictadura, que es la generación anterior a la mía, han escrito mucho sobre eso, pero desde otro lugar, porque la vivieron y la sufrieron de otra manera. Yo la viví como niña y esos recuerdos infantiles son muy mezclados, muy vagos y son unos dolores que obviamente estaban conectados con la sociedad entera. Pero yo no le podía poner nombre, no lo identificaba, yo no entendía qué es lo que estaba pasando. Entonces, claro, cómo hacerlo, cómo escribirlo, no era fácil.
Y en algún momento este cuento [“Miembro fantasma”] se me impuso como un cuento muy necesario para mí, donde yo puse un personaje que es un hombre que no tiene nada que ver conmigo, es una historia muy distinta, pero yo pude aprovechar mis recuerdos de infancia para inculcárselos a este personaje y, de esa manera, creo que pude drenar algunas de esas emociones más dolorosas.
El alcohol, el beber habitualmente, a escondidas o en bares, aparece en algunos de tus cuentos.
Sí, me parece un conflicto que es cercano en mi familia, en mi vida. Por supuesto, no es algo que no tiene nada que ver conmigo. Porque en general casi todos los cuentos se conectan con algo o que viví o que vi o que era cercano de alguna manera, muy cercano, y que tuvo influencia en mi vida.
Hay algo del poder destructivo y arrasador de la adicción que me parece un conflicto que se presta para la exploración en la forma del relato. Sobre todo porque a mí me interesa mucho esos misterios del alma, de decir por qué hacemos lo que hacemos, y también porque, cómo lo que hacemos, arrasa con todo lo que está alrededor, con la familia, con los niños, con los hijos, con los padres. El tema de la adicción, ya sea al alcohol u otras cosas, otros comportamientos, me parece muy interesante porque es sistémico, es una enfermedad familiar, y se presta para muchas complejidades de los vínculos, que es lo que finalmente a mí me interesa y de lo que vengo escribiendo desde el primer día, de esas complejidades, de esos dolores y de esas dificultades de los vínculos familiares o interpersonales entre amigos, entre parejas.
Hablando de escribir, del acto de escribir, también aparece y reaparece en Miembro fantasma.
Sí, porque es una obsesión. Llevo muchos años pensando cómo contamos las historias y cómo nos contamos a nosotros mismos una historia. Porque siempre, de alguna manera, recordar el pasado es una reescritura, la memoria no es fiable y muchos de mis cuentos tienen que ver con la memoria y que no es fiable. Por ejemplo, en un cuento como «Ciclón«, donde es importante esto, donde lo importante es lo que se recuerda, lo que elegimos olvidar, las historias que nos contamos y luego cómo determinados acontecimientos pueden llevarnos a tener que replantear y reescribir toda una parte de la vida. Todo eso tiene que ver también con la manera en que, los que escribimos, escribimos una historia, la organizamos, administramos la información, ocultamos la información, vamos dosificando la manera en que se va contando una cosa, lo que se dice es muy importante, pero lo que no se dice incluso tiene un peso mayor. Todo eso, porque es mi oficio y es mi pasión la escritura, es algo en lo que me obsesiona reflexionar y que se ha ido colando cada vez más en mis textos, donde el propio artificio de la escritura pasa a tener un lugar en el cuento mismo.
Antes lo has mencionado, tus cuentos, más que de una buena historia que le ocurre a alguien, son esencialmente “de personaje”, de lo que sienten, de lo que piensan…
Sin duda, porque eso es lo que a mí me fascina. Me fascina el misterio de la personalidad, el misterio de la psique humana e incluso te diría el misterio de la psique propia. Hasta qué punto no nos conocemos, hasta qué punto nos autoengañamos, hasta qué punto pondríamos la mano en el fuego de que somos de determinada manera y, luego, un determinado acontecimiento nos revela quiénes somos realmente. Yo siento que ahí, en el personaje, hay un mundo extremadamente interesante e inagotable para explorar en la narrativa.
A mí me gustan los cuentos así, de construcción de personajes, personajes que nos acerquen a esa complejidad de la existencia más que una simple anécdota que sea buena o entretenida o en sí misma sorprendente. No es tanto la sorpresa lo que me interesa sino que el lector se asome a esa complejidad.
Respecto a esa complejidad, a la complejidad de la existencia, otra cosa que late en tu libro es la frustración.
La encuentro una emoción interesante. Yo ya he escrito otras cosas que tienen que ver con eso, por un lado la frustración y por otro el fracaso. Personajes fracasados o que sienten que no son lo suficiente o que tienen una gran frustración de la vida que fueron construyendo para sí mismos y de la que ahora sienten que no pueden escapar, yo ya he escrito y reflexionado sobre eso, porque el fracaso me parece una gran tentación, ¿sabes? No algo que te ocurre, que también te puede ocurrir, pero no tanto como algo que te ocurre, fracasaste, sino como la tentación de fracasar para ya no tener que seguir intentando, o ya no tener que ir detrás de ese deseo, sino fracasar voluntariamente.
Desde luego, Fernanda, tus personajes poco aprenden. Me refiero que el fracaso, de las pocas cosas buenas que tiene, es que debería servir para aprender.
Sí [y Fernanda Trías se ríe ante esto]. Pero me pregunto hasta qué punto aprendemos realmente o nos seguimos repitiendo.
Yo creo que tal vez haya un aprendizaje que podría llegar a ocurrir fuera de la temporalidad del relato. Pero creo que el relato, como género, necesita que elijas un periodo de tiempo acotado, un momento de tensión máxima. Yo trato de acotar lo más posible ese momento de tensión máxima; y lo que ocurre después, que pueden ser cosas positivas, de crecimiento, de aprendizaje, queda fuera del cuadro.
¿Junto a qué otro libro o libros colocarías en un estante Miembro fantasma?
Junto a relatos de escritoras que me gustan, que trabajan el relato de personaje. Entre ellas puedo pensar en Lucia Berlin, que ha escrito mucho sobre mujeres alcohólicas y adictas y fracasadas. También una escritora colombiana maravillosa, que recientemente empezó a ser rescatada, que se llama Marvel Moreno. Me gustan mucho los cuentos de la tradición norteamericana, como los de John Cheever, que son unos artefactos perfectos, van muy al fondo del alma de sus personajes. Y unos cuantos de la tradición estadounidense contemporánea, de una escritora que se llama Deborah Eisenberg, que realmente es una cuentista de cuentos largos, de cuento de construcción de personajes, muy buena.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: © Carlos Escobar
Fernanda Trías
Editorial Páginas de espuma, 224 pp., 20,90 €
Próxima publicación: 4 de marzo de 2026
Sinopsis:
El miembro fantasma es la amputación que permanece como dolor y como presencia. ¿Se trata de un dolor imaginario? No, es real. Los personajes de estos cuentos cargan con lo perdido. Dolores que quedan enquistados, latiendo sordamente en el ámbito más íntimo; que permanecen alojados en la memoria de las familias, los amantes, las amistades; que se inscriben en la historia de una nación herida. En ese universo, las adicciones, las huidas o los desapegos son la anestesia para lo que no se puede soportar o borrar: porque algunos fantasmas no se ven, deambulan dentro de nosotros.







