Como cada 6 de enero desde hace más de ocho décadas, el año literario no comienza en una librería ni en una tertulia de café, sino en un salón del Hotel Palace de Barcelona.
El Premio Nadal, creado en 1944 por la revista “Destino” en homenaje a Eugenio Nadal Gaya, su redactor jefe fallecido prematuramente, no es solo el galardón literario más antiguo de España, es también uno de los pocos que ha sabido construir un relato propio y convertirse en todo un acontecimiento. En su primera edición, el 6 de enero de 1945, se presentaron apenas 26 manuscritos y ganó una joven desconocida llamada Carmen Laforet con Nada, una novela que cambiaría para siempre la literatura de posguerra. Desde entonces, el Nadal ha sido trampolín, espejo y termómetro de la narrativa en español.
En este Día de Reyes de 2026, en una sala expectante, el jurado, formado por Víctor del Árbol, Juan Luis Arsuaga, Inés Martín Rodrigo, Care Santos y Emili Rosales, anunció, por mayoría, el ganador de la 82ª edición del premio. Tal honor ha recaído el joven escritor jienense David Uclés, por la novela La ciudad de las luces muertas, que llegará a las librerías el próximo 4 de febrero, publicada por Destino.
Entre los 1.207 manuscritos recibidos, la obra se había presentado bajo el seudónimo de Oriol Arce y el título Ruge otro día estival. Uclés, autor ya reconocido por La península de las casas vacías (Siruela), subió al escenario con su inconfundible boina y una mezcla de incredulidad y alegría contenida. No era para menos, confesó que llevaba presentándose al Nadal de manera casi ritual desde 2010 hasta 2020. Este 6 de enero se ha convertido en uno de los días más felices de su vida.
La ciudad de las luces muertas es, en palabras del propio autor, una declaración de amor a Barcelona. La novela parte de un apagón total que deja a la ciudad durante 24 horas sin luz, solar ni artificial. Solo sobrevive una claridad inexplicable y el resplandor del fuego. A partir de ahí, el tiempo se rompe, todas las Barcelonas arquitectónicas que existieron convergen y se superponen, desde las murallas romanas hasta una Sagrada Familia terminada, y la ciudad queda desbordada por sus propias épocas.
El resultado es una novela coral, poblada por intelectuales y artistas que hicieron de Barcelona su casa o su mito. En ese territorio imposible, Picasso hace llorar a Simone Weil; Cortázar retrata a Laforet; Miró barniza a los transeúntes; Bolaño se adelanta a su muerte; García Márquez huye en una barca; George Orwell protege a Montserrat Caballé, Núria Espert y Jordi Savall de los proyectiles de la guerra. Un fotógrafo capaz de revelar con su cámara lo que aún no ha ocurrido y muchos otros personajes intentan comprender qué ha pasado y cómo devolver la luz perdida.
La idea de esta novela nace hace cinco años, cuando Uclés obtuvo una beca Montserrat Roig y se instala durante seis meses en Barcelona. Estudia la ciudad con minuciosidad casi obsesiva, como quien sabe que un lugar no se escribe desde fuera, sino desde la convivencia y la escucha. Ese trabajo se nota, la Barcelona de Uclés no es postal ni decorado, sino un organismo vivo atravesado por capas de memoria y tiempo.
En los agradecimientos, el autor no olvidó a sus padres y a su hermana, con quienes ha construido “un núcleo de amor muy bonito”; a sus agentes y a sus tres mejores amigos, esos que dejan “toda la noche el móvil encendido por si me da una arritmia”. Tuvo también palabras emocionadas para Siruela, la editorial que apostó por su anterior novela y que considera “familia”. Y cerró, ya en catalán, recordando a Mercè Rodoreda, Montserrat Roig y Carmen Laforet, sin sus palabras, afirmó, la escritura de esta novela no existiría.
En la misma velada, como viene ocurriendo desde hace 58 años, se entregó también el Premio Josep Pla de prosa en lengua catalana. De entre las 42 obras presentadas, el jurado lo concedió por unanimidad al filósofo y teólogo Francesc Torralba por Anatomia de l’esperança, un discurso sólido y sereno sobre el futuro que se aleja de las habituales lecturas apocalípticas y reivindica, con fundamento intelectual, la esperanza como categoría ética.
Como cada 6 de enero desde 1945, se anunció el veredicto del jurado. A partir de ahora, como siempre, la valoración queda en manos de los lectores.
Lorena Pizarro Durán





