“«Eres un buen comunista, pero un pésimo marido», dijo mi madre con lágrimas en los ojos, mientras se acariciaba con las manos el vientre redondeado que sobresalía de una camisa de áspero algodón producido en su región. Bajo sus manos, dentro de su vientre, yo pataleaba y me estiraba, lista para salir. Era marzo de 1952 y habían pasado más de dos años desde que, a finales de 1949, el Partido Comunista arrebatara China al Kuomintang (el partido nacionalista). Mis padres eran comunistas, mi madre era bastante nueva en el Partido y mi padre, un veterano. De hecho, era el gobernador de la región donde vivían, Yibin, una prefectura de la provincia de Sichuan, ubicada en el suroeste de China, que abarca más de trece mil kilómetros cuadrados.”
Estas frases son del libro Vuelan los cisnes salvajes de Jung Chang, publicado por Lumen y que desde el 5 de febrero ya está en todas las librerías. La esperada secuela del fenómeno Cisnes salvajes, con 15.000.000 de lectores en 40 idiomas: un retrato de China que sigue las emocionantes vidas de tres generaciones de mujeres. Uno de los mejores libros del año según The Guardian, The Times, Telegraph, The Financial Times y The Sunday Times.
Jung Chang nació en la ciudad china de Yibin, provincia de Sichuan, en 1952. A los catorce años se hizo miembro de la Guardia Roja y después trabajó como campesina, obrera siderúrgica y electricista antes de estudiar Lenguas Extranjeras y, más adelante, convertirse en profesora ayudante en la Universidad de Sichuan. En 1978 dejó China para trasladarse al Reino Unido y, poco después, recibió una beca de la Universidad de York, donde obtuvo el doctorado en Lingüística en 1982 (fue la primera ciudadana de la República Popular China en doctorarse en una universidad británica). En 1991 publicó su aclamado libro Cisnes salvajes, que ganó el NCR Book Award y el British Book of the Year Award, y, ahora, su secuela Vuelan los cisnes salvajes (Lumen, 2026), que ha sido aclamada entre los mejores libros del año según The Guardian, The Times, The Sunday Times, Telepraph y The Financial Times, entre otros. Es también la autora de Mao y de Cixí, la emperatriz.
Por Vuelan los cisnes salvajes, su último y recién publicado libro, estamos en la Plaza de las Cortes, en una suite del Hotel Villa Real, para entrevistar a Jung Chang y que nos lo presente a los lectores de Qué Leer.
Cisnes salvajes, en 1991, Vuelan los cines salvajes, en 2025, ¿por qué han pasado treinta y cuatro años entre ambos libros y no veinte, veinticinco?
No escribí Vuelan los cisnes salvajes antes porque en estos años no sentí que hubiese muchas cosas sobre las que escribir. Pensé que las historias de mi vida y de mi madre, desde el año 1978, que es cuando finaliza Cisnes Salvajes, eran historias para un capítulo y no para un libro.
Solamente esta idea de escribir la secuela la tuve en el año 2023, cuando mi madre estaba muy enferma y yo la estaba mirando a través de una pantalla de un móvil. Y la vi muy debilitada, pero aun así, con un gesto fuerte. Y pensé que yo había dejado China hace más de cuarenta años ya [1978]. Y me di cuenta de que, en estos cuarenta años, habían sucedido muchísimas cosas en nuestras vidas, mucho drama, y que había muchas cosas sobre las que escribir.
También sentí que había acabado una era. La era de la reforma de China y su apertura a Occidente, haciendo alianzas; no con Occidente, porque el año 1978 fue un punto de inflexión: se termina la era de Mao, luego Deng Xiaoping, empiezan las reformas y, para el año 2023, la era de Deng Xiaoping había terminado y la era de Xi Jinping había comenzado. Y la nueva era no es una continuación de la era de Deng, es una vuelta atrás a la época de Mao. Así que sentí esta necesidad de escribir como una segunda parte de Cisnes Salvajes para traer estas historias de mi vida, la vida de mi madre y las historias de China, a la actualidad.
Respecto a lo que dice en el libro de que Xi Jinping quiere implantar un neomaoísmo…
Por encima de todo, es la continuación de las ambiciones de Mao, de construir una China que sea un superpoder del mundo para que pueda dominarlo. Y eso ha sido la ambición de Mao desde que éste obtuvo el poder en el año 1949. Mao no consiguió esas ambiciones porque China era demasiado pobre. Pero ahora China es relativamente rica y poderosa y, entonces, Xi Jinping siente que puede lograr este sueño. Ese es su intento. Pero creo que se ha encontrado con muchos problemas, no ha logrado sus objetivos, y dudo si en algún momento Xi Jinping los conseguirá.
Señora Chang, quería preguntarle por su madre. La figura de su madre sobresale en el libro. El cariño, el respeto hacia ella, inundan completamente sus páginas. Quería que me hablara sobre el bonito final, ese final besando la pantalla del móvil con la imagen de su madre. ¿Lo tenía pensado al empezar a escribir Vuelan los cines salvajes?
No, no planifiqué el final, solamente escribía a medida que iban sucediendo los sucesos, cómo iba evolucionando la cosa. Creo que este suceso del final, yo mirando a mi madre… no, no lo planifiqué, pese a lo cual, acabó siendo un final muy bueno… Básicamente, yo lo que hacía era registrar y grabar lo que estaba sucediendo después del año 2023. Escribía en un diario, escribía cartas, porque sencillamente yo no podía volver a China debido a los libros que había escrito antes. Y mi madre estaba súper enferma y se estaba muriendo y los doctores llamaron a mi hermana y le dijeron: tu madre puede morir en cualquier momento y este es el momento para que sus hijos se reúnan en torno a su cama y se despidan de ella. Pero yo no fui capaz de ir, no podía ir porque había decidido no volver.
¿Por qué tomó esa decisión?
Porque en el año 2018 Xi Jinping, él mismo, se hizo el líder supremo permanente de China e inmediatamente después lanzó una orden, una ley en la cual básicamente se condenaba a cualquier persona que supuestamente hubiera insultado a un héroe revolucionario. Porque Mao es considerado el héroe revolucionario más importante; su retrato está en Tianamen, su cara está en todos los billetes chinos. Y yo había hecho la biografía de Mao; había documentado cómo había gobernado cruelmente China. Por todo eso, me di cuenta de que si volvía a China no iba a salir del país nuevamente y tuve que tomar una decisión muy dolorosa: no intentar ir a China.
Mi madre vio esto en su lecho de muerte, cuando vio que yo no estaba ahí físicamente, pero que estaba en una pantalla de móvil. Mi madre sabía cómo de difícil estaba siendo eso para mí, el no poder ir. La situación de ir a China era complicada y mi madre me dijo: no vuelvas por esto. O con esto se refería a su muerte.
Me lo dijo porque no quería que yo sintiese esa culpa por no luchar, por no intentar a toda costa ir a verla en su lecho de muerte. Me quería decir que esa era su decisión, no la mía. Eso es muy típico de mi madre; no quería que fuera ninguna carga, ni para mí ni para ninguno de sus hijos. Y, por lo tanto, después de hablar con ella, yo ya no tenía esa carga sobre los hombros. Siempre me liberaba de cualquier carga después de hablar con mi madre. Así que sentí mucho aprecio y mucha admiración hacia ella.
[Jung Chang se extiende en sus respuestas. Es la amabilidad personificada. Pelo recogido, mirada vivaz, grandes pendientes, gran sortija]
Además de hablar de su madre y de China, usted habla de sí misma. Llega con veintiséis años a Londres. Quería que me comentara algo de Jon, de su marido. ¿Qué puede decir de todos estos años con él?
Yo llego a Inglaterra en el año 1978, cuando se empieza a abrir China. Yo tuve la suerte de ser uno de los primeros chinos en salir de la China comunista y estudiar en Occidente.
Llegué con un grupo de catorce personas y todos llevábamos los trajes Mao. No se nos permitía salir. Teníamos que movernos en grupo. La verdad es que éramos como bastante visibles en las calles de Londres. Cuando llegué a Gran Bretaña, era como otro país. Era un planeta distinto, todo era diferente. Y antes de llegar, no tenía ningún tipo de idea de cómo era Occidente. Cuando llegué fue como aterrizar en Marte. Y me lo pasé súper bien.
Por supuesto, experimenté todo nuevo. Yo fui la primera persona en hacer muchas cosas en Occidente porque en esas fechas no se nos permitía hacer esto, lo otro, lo que fuese, y en particular no se nos permitía ir a pubs, porque la traducción de “Pub” al chino es “Jiǔbā”, y sugería que eran como lugares indecentes con mujeres bailando por ahí. Se nos dijo, nunca te metas en un pub. Y por supuesto, yo tenía mucha curiosidad y un día salí de esta escuela donde estaba, crucé la calle, empujé la puerta del pub, la abrí, entré y no vi nada. Solo vi algunos hombres mayores bebiendo cerveza. O sea, la verdad es que fue una decepción enorme.
Pero bueno, no os podéis imaginar la emoción de mi vida en ese primer año. Porque, aclaro, tenía veintiséis años y los únicos extranjeros que yo había conocido eran marineros en un puerto en el sur de China, donde como estudiantes de inglés se nos mandaba para practicar nuestro inglés con ellos. Allí nos sentábamos, en ese club de marineros internacional, y esperábamos con ansia a nuestros marineros y los recibíamos en cuanto llegaban a puerto. Y claro, no teníamos ni idea de lo que pensaban; no sabíamos de qué hablaban ellos y ellos no entendían de lo que hablábamos nosotros, porque nuestras profesoras nunca habían conocido personas extranjeras, ni siquiera a ellos.
Nuestros libros de textos eran traducciones directas de textos chinos. Por ejemplo, cuando tú saludas, los saludos eran traducciones directas. En aquella época, cuando te encontrabas con alguien en la calle, le decías una frase en chino que significa ¿dónde vas?, ¿has comido? Y esas eran los saludos en inglés que yo aprendí. Aparte de propaganda.
A ver, señora Chang, se está yendo por las ramas. Por favor, cuénteme cómo conoció a Jon, cómo han sido todos estos años a su lado.
Bueno, llegué a Londres en 1978 y en 1979 conseguí una beca de la Universidad de York y me fui a York e hice un doctorado en lingüística y en el año 1982 terminé este doctorado. Fui la primera persona de la China comunista en conseguir un doctorado de una universidad británica.
Y después empecé a trabajar para una empresa de televisión que estaba haciendo la primera serie de televisión de la historia sobre China, la China de después de Mao, que se llamó, la traducción es literal, El corazón del Dragón.
Jon, mi futuro marido, estaba escribiendo una serie de televisión sobre la guerra coreana y necesitaba ayuda para que él pudiese hablar con el gobierno chino. Y como mi empresa, la compañía de televisión en la que yo trabajaba, estaba haciendo la [mencionada] serie sobre China, vino a nuestra oficina para buscar esa ayuda. Y yo no pude ayudarle, porque los chinos no iban a hablar con nadie sobre la guerra de Corea, porque evidentemente había muchas cosas que esconder.
Pero Jon me invitó a comer. Y yo escribí en mi diario: Jon Hemingway. O sea, me enteré mal por de su apellido, que es Halliday. No lo escuché bien, qué cosas: Jon Hemingway… Y quedamos para comer. Y bueno… creo que fue amor, no a primera vista, pero sí a segunda vista.
En Vuelan los cisnes salvajes, habla mucho de China, de la evolución de China. Pero, con treinta y tantos años viviendo en Londres, no habla tanto de esta ciudad. ¿Cómo ha evolucionado Londres o cómo le ha influido Londres a usted?
Londres es hogar. Me encanta Londres, me encanta Gran Bretaña y es mi hogar. Tengo una confianza plena en la democracia. Diré, no importa cuántos problemas tengamos y enfrentemos, siento que en una democracia todas las personas inteligentes, como vosotros, los periodistas, los medios, la oposición, constantemente están observando el Sistema, están constantemente criticando el Sistema.
Creo que es una garantía de que el Sistema se mantendrá, va a durar, porque se tiene la habilidad de aceptar cualquier crítica y mejorar. Y por eso, por esa fe intrínseca que tengo, no vigilo Londres, no como puedo vigilar China. No soy la guardia de Londres, por así decirlo, no estoy constantemente involucrada en la política de Gran Bretaña.
En cambio, es verdad que he vivido en Gran Bretaña mucho, mucho más que en China, aun así, le sigo prestando atención a China y escribo sobre China, leo sobre China, siento ansiedad en cuanto me entero de cosas. Creo que la razón principal es porque siento una sensación de confort viviendo en Londres.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: (c) Cortesía de la autora
INTÉRPRETE: Aitana Mendioroz
Jung Chang
Editorial Lumen, 368 pp., 22,90 €
Cisnes salvajes marcó a toda una generación con la historia épica de tres hijas de la China del siglo XX. Comenzaba en 1909, bajo el último emperador, con el nacimiento de la abuela de Jung Chang, que se convirtió en concubina a los quince años, y recorría las vidas de tres generaciones de mujeres hasta la muerte de Mao Zedong y la llegada al poder de Deng Xiaoping. Casi medio siglo después, China ha pasado de ser un Estado arcaico y aislado a convertirse en una potencia mundial con Xi Jinping, que la ha transformado en un régimen comunista con rasgos capitalistas.
Jung Chang, que fue miembro de la Guardia Roja, campesina, obrera siderúrgica y electricista hasta convertirse en estudiante de Lenguas Extranjeras y profesora ayudante en la Universidad de Sichuan, huyó a Occidente y fue la primera persona de la República Popular China en doctorarse en una universidad británica. En esta secuela, lleva la historia de su familia y la de su país de origen hasta la actualidad, y, siguiendo su vida y la de su madre, construye un relato envolvente, conmovedor y difícil de olvidar sobre las dificultades que entraña el hecho de vivir en una dictadura comunista y sobre las amenazas que la China moderna plantea al orden mundial. Un libro que rebosa humanidad, amor, valentía y dignidad de la mano de una autora cuyos libros siguen prohibidos en su país natal.







