“Joroba de Búfalo estaba sentado sobre una piel de ciervo cerca de su hoguera. Estaba el resguardo de un saliente de piedra que mantenía el calor del fuego al tiempo que lo protegía de la fuerte aguanieve. En ese momento partía el hueso de una pata de búfalo. Cuando partía huesos, ponía especial cuidado, no quería perder nada del cremoso tuétano. La mayoría de los hombres eran impacientes, en especial los jóvenes. Cuando intentaban realizar las tareas tradicionales ponían poco cuidado. Blue Duck, su hijo, en pocas ocasiones partía un hueso, y cuando lo hacía, perdía la mitad del tuétano. Joroba de Búfalo había engendrado al chico con una cautiva mexicana llamada Rosa, una mujer bella pero rebelde que insistía en intentar escapar…”
Esto que hemos leído es de Luna Comanche, novela de Larry McMurtry, publicada recientemente por la editorial Valdemar. De este libro, de esta novedad, nos va a hablar Alfredo Lara, gran amigo y director de la magnífica colección Frontera, la colección dedicada a la literatura western de la editorial Valdemar.
Alfredo, por favor, ¿qué nos puedes contar de Luna Comanche?
Es realmente una novela de guerras indias. En ese sentido es bastante evocadora y en muchos casos acertada históricamente sobre la contienda entre los colonos blancos, los comanches y los apaches, allá por 1840 y pico.
Aunque es una novela autónoma, que gana el Spur Award el año en que aparece, el premio a la mejor novela western de 1998, no deja de estar inscrita dentro de un ciclo que es el que se inicia con Lonesome Dove, premio Pulitzer de 1985, y continúa las andanzas o, más bien retrocede en el tiempo respecto a Lonesome Dove, y cuenta el periodo que tiene lugar entre la primera de las precuelas de Lonesome Dove, que es La jornada del muerto (1995), y el propio Lonesome Dove.
Luna Comanche, en ese sentido, sería la cuarta y última entrega de la serie que hace Larry McMurtry, pero cronológicamente sería la segunda, después de La jornada del muerto, que sería la que se desarrolla en un tiempo histórico más antiguo.
¿Por qué se caracterizan estas cuatro novelas del universo Lonesome Dove?
Parece que el intento de Larry McMurtry, que es un escritor texano, era mostrar la rudeza y poco menos que disipar un poco la aureola romántica que tenía la vida de los cowboys en la Texas del siglo XIX. En ese sentido, las novelas son muy realistas. Ponen muy de relieve lo complicado y peligroso que era vivir en aquella época, lo trabajoso, lo duro de las condiciones, los riesgos a la propia vida por la contienda continua con comanches, apaches, mexicanos. Pero [McMurtry] hace este trabajo de baño de realismo con tal eficacia, en cuanto a belleza, poesía y ética, que al final [las cuatro novelas] se convierten prácticamente en mitos de la vida de los cowboys, en vez de ser una especie de cura de espanto de la misma. Y por eso [Lonesome Dove] ha generado tal admiración, tal grupo de devotos, tales viajes que recorren los sitios donde se desarrolla la novela y han dado origen, pues, a todo un universo, Lonesome Dove, que cuenta con todo tipo de apéndices a lo que es la propia literatura de Larry McMultri.
De hecho, de las cuatro novelas que McMurtry dedica al mundo de Lonesome Dove, a la vida de dos vaqueros o ex rangers texanos que se llaman Woodrow Call y Augustus McCrae, en torno a la serie literaria han surgido cinco miniseries de televisión, dos series de episodios también, que toman o utilizan el universo de Lonesome Dove. Es decir, todo un fenómeno ya no solo literario sino con bastantes ramificaciones en otros ámbitos.
Está planificado publicar las cuatro novelas, ¿no?
Sí, llevamos tres y yo creo que Calles de Laredo (1993), que es la que falta, caerá más tarde o más temprano. Y espero que más bien pronto.
¿Por qué habéis cambiado el orden de publicación de los cuatro libros?
Yo en principio siempre soy partidario de seguir el orden de publicación, porque es una especie de coherencia interna: un escritor no puede referirse a cosas que todavía no ha escrito y cosas por el estilo y juega con que el público conoce los hechos. Pero en este caso, en el universo de Lonesome Dove, la siguiente novela [a la primera] que publica McMurtry [Calles de Laredo] es una novela muy crepuscular, donde faltan bastantes o varios de los protagonistas principales de Lonesome Dove, es muy melancólica, muy triste, y me apetecía más saber cómo había sido el origen de la historia, cuáles eran los primeros tiempos de estos dos protagonistas, de Woodrow Call y Augustus McCrae, que ver cómo acababa todo con muchos de los personajes principales a faltar en Calles de Laredo.
Me parecía que Calles de Laredo era un final maravillosamente apropiado para toda la saga, y entonces me salté en este caso el orden y por eso pusimos Lonesome Dove la primera, lógicamente, luego la primera de las precuelas, La jornada del muerto, y luego la segunda de las precuelas, que enlaza con Lonesome Dove y que es este Luna Comanche.
El que no haya conocido hasta ahora a su autor, Larry McMurtry, hay que decirle que no es un cualquiera.
No, no precisamente [Alfredo se ríe antes de contestar]. Tiene una amplia experiencia como escritor de renombre y muchas más cosas. Ha estado muy relacionado con el mundo del cine. Una de esas primeras novelas Horseman, Pass By (1961), fue llevada a la pantalla como Hud [con Paul Newman de protagonista]. Otras son famosas como Living Cheyenne (1963) o The Last Picture Show (1966). Y además es un caso curioso porque McMurtry, que además fue un excelente librero con una gran librería allí en su pueblo original y que ha sido más cosas aparte de escritor, lo primero que le reprochaba a sus contemporáneos escritores texanos es que estaban demasiado señalizados, demasiado enmarcados por la historia de Texas, por el ganado, por los vaqueros, por el western, y que había un Texas moderno que había que reflejar, que es lo que él hace en Living Cheyenne o en Horseman, Pass By, y que no debería estar la literatura tan apegada al pasado ganadero y aventurero de Texas. Y después de toda esta especie de diatriba y rapapolvo amable que él echa a sus contemporáneos escritores texanos, va y se marca, debe ser que Texas marca mucho también, va y se marca la mejor novela [western] que posiblemente que se haya escrito nunca, que es Lonesome Dove.
Es una cuestión paradójica y encantadoramente paradójica. Menos mal que ha ocurrido así, que no hubiera seguido con su apuesta de que hay que romper con las tradiciones del pasado texano, de que hay que decir que hay una Texas moderna que reflejar. Pues, mira, afortunadamente debió repensárselo y nos dio Lonesome Dove y las otras novelas.
“…Joroba de Búfalo la sorprendió tres veces y la apaleó; después, sus esposas también la apalearon, incluso con más dureza, pero Rosa era cabezota y siguió escapándose. El invierno que sucedió al nacimiento del niño volvió a escapar y se llevó al bebé con ella. Joroba de Búfalo había partido para participar en un ataque y, cuando regresó, él mismo salió en busca de Rosa, pero llegó un fuerte viento que cubrió la pradera de nieve en ráfagas tan densas que incluso los búfalos se ponían de espaldas a él. Cuando por fin encontró a Rosa bajo un ribazo del río Washita, estaba congelada, pero el chico, Blue Duck, todavía vivía y seguía chupando de su fría teta.”
Además de Luna Comanche de Larry McMurtry, me gustaría que nos hablases ahora, Alfredo, un poco más en global de la colección Frontera… Aparte de la selección de títulos, cuidáis especialmente las imágenes de las portadas y los prólogos.
Cuando nos propusimos hacer la colección, sabíamos que el western tenía una imagen en España, no en otros sitios, de una cierta “casposidad”, porque se había asociado siempre con el imperialismo norteamericano y, por lo tanto, con las posturas poco democráticas. Lo que era más famoso eran las novelas de “a duro” y de Marcial Lafuente Estefanía y demás. Había una visión un tanto peyorativa del wéstern como género. Se valoraba el western en cómic, o el western en cine, pero prácticamente se desconocía que hubiera una literatura western de tanta calidad como en cualquier otro género literario, como el policíaco o como el romántico o como el histórico.
Y cuando decidimos intentar lo de hacer una colección específicamente de western, pensamos también en que tuviera una presentación digna de ser tomada en consideración como literatura y de ser leída sin prejuicios. Sabíamos que había que, primero, no hacerlo como disparos casuales, sino realmente hacer una colección enfocada a recuperar los clásicos de literatura western que nos faltaban y que tenían calidad más que suficiente para ser apreciados por el público en general, no solo por los aficionados al western. Y para ello, queríamos que tuviera un prólogo, una presentación, que más o menos pusiera en antecedentes a un lector español de cosas que uno estadounidense, simplemente por ser de donde es, ya tenía y daba por sabidas. Un lector español no tiene por qué saber cuál es el concepto de frontera para los estadounidenses, o quiénes eran los comanches o los sioux, o cuál es la sucesión temporal. Eso lo intentamos aclarar un poco en el prólogo, para facilitar el disfrute de la novela.
Y luego las portadas, que sí queremos que tengan que ver con el contenido. Si es una novela que se desarrolla en Arizona, no vamos a poner iroqueses; o si es una novela que se desarrolla en los bosques del norte, allí sobran los apaches, los comanches. Entonces buscamos ilustraciones, que hay montañas de ilustradores y pintores de temas western en Estados Unidos, buscamos ilustraciones que tengan que ver con el contenido, que no lo traicionen y que, al mismo tiempo, sean agradables a la vista. ¿Por qué no? Lo hermoso siempre vale la pena buscarlo y defenderlo. Y las portadas de una novela no tienen por qué ser precisamente no atrayentes. Y eso sí que lo intentamos mantener en la colección.
Y nos fijamos mucho en los clásicos de western. Hay excelentes escritores western contemporáneos que siguen produciendo novelas western que tienen su ámbito, su universo en Estados Unidos, sus premios, se adaptan al cine o a la televisión, pero nosotros queríamos hacer una colección que recuperara esos clásicos del western que aquí no salieron o que salieron de una forma poco elegante, por decirlo así.
¿Un título de Frontera al que le tengas especial cariño?
A casi todos, puesto que los he elegido yo, les tengo mucho cariño. Pero Indian Country es el primero, el de cuentos de Dorothy Johnson, que es el que elegí para iniciar la colección. Y luego me gusta mucho, y no es de las más famosas novelas, La luna del cazador, que dio origen a una versión cinematográfica que se llamó La noche de los gigantes (1968) con Gregory Peck, que es una excelente novela de un escritor poco conocido, T. V. Olsen, pero que es muy original en sus planteamientos. En el tomo de Frontera de Olsen, se incluye también la novela suya Soldado azul, que recoge cosas de aspectos del western que no son tan conocidos; por ejemplo, que tras la guerra de Secesión, muchos esclavos negros liberados entraron en el ejército, y otros muchos de ellos se hicieron cowboys. Históricamente hubo muchos cowboys negros en Estados Unidos tras la guerra de Secesión. La única novela que he leído que refleje bien eso es en la de Olsen.
Y otra novela a la que le tengo especial cariño, por el escenario que plantea, es El rapto de Marah [de Dale Van Every], porque me gusta mucho lo que es el pre-western, la época de las guerras coloniales entre franceses, ingleses y las tribus del norte, como los iroqueses, y del Valle del Ohio; el ambiente un poco que se refleja en El último mohicano, cosas así.
Qué grandes libros en la colección Frontera… Alfredo, el único defecto que se os achaca es la lenta edición de títulos, prácticamente dos al año. ¡Con la cantidad de buenas novelas western que hay!
Bueno, eso es también sentido de la oportunidad. En nuestro descargo puedo decir que los últimos eran muy gordos [Alfredo se vuelve a reír] y que, a la hora de traducir, había muchas páginas. Pero, sí, es cierto que nos gustaría acelerar un poquito más la marcha. Pero hay que negociar los derechos, conseguir las cubiertas, también el que el orden de aparición del número de ejemplares, de títulos más que de ejemplares, no sea muy largo, pues hace que quien quiera seguir la colección pueda prácticamente tenerlos todos.
Y hay también una complicación añadida. Bueno, si es una complicación, es una agradabilísima complicación añadida, que es que hay que estar atentos a reeditar, porque muchos de los títulos se nos agotan y hay que volverlos a poner en marcha. Y eso no es simplemente darle a la máquina de imprimir. A veces hay que volver a negociar los derechos porque ya han prescrito o hay que volver a retomar los contactos para volver a imprimirlos. Y eso hace un poco más laborioso llevar la colección.
Aparte de que no es la única colección que Valdemar tiene en el mercado. Las otras también tienen éxito, como la Gótica, Club Diógenes, Selecta… Aunque a mí me encantaría que la frecuencia de Frontera fuera mayor, de momento, que nos quedemos como estamos y, si podemos avanzar un poco más en orden de publicación con más frecuencia, pues yo encantado. A ver cómo van las cosas.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: (c) Rosa Maroto
Larry McMurtry
Traducción: Marta Lila Murillo
Editorial Valdemar, 896 pp., 37 €
Sinopsis:
Luna Comanche recibió en 1998 el más prestigioso de los premios que se entregan en el ámbito de la literatura western, el Spur Award, y la CBS realizó una miniserie de TV en 2008.
Luna Comanche es la cuarta y última entrega en orden de publicación de la saga de Lonesome Dove, iniciada en 1985 por Larry McMurtry, que recoge la azarosa vida y aventuras de dos rangers de Texas, Woodrow Call y Augustus «Gus» McCrae, en los primeros años del Estado de la Estrella Solitaria. Aunque, si nos atenemos a la cronología de la narración, la presente novela se situaría temporalmente entre La Jornada del Muerto y Lonesome Dove, ambas ya publicadas en la colección Frontera.
Luna Comanche puede leerse como una novela independiente y en ella seremos testigos de las nuevas andanzas de Gus y Call, que ya no son dos rangers novatos como en La Jornada del Muerto; ambos se han convertido en curtidos rangers que prestan servicio en los más complicados años del enfrentamiento con las tribus indias. El título hace referencia a la luna llena de otoño, cuando los caballos de los guerreros comanches y sus aliados kiowas han disfrutado de un periodo de buenos pastos y están en plenitud de fuerza. Entonces, la claridad de la luna se convierte en una valiosa aliada de las temidas razias nocturnas que emprenden bandas de jinetes indios por el territorio de Texas y el norte de México en busca de gloria, sangre y botín. Días que para la población blanca de aquellas tierras se convierten en jornadas de terror, alarma y un estado de alerta permanente. Los comanches, liderados en aquellos años por el gran jefe Joroba de Búfalo, fueron conocidos con el apelativo de «los señores de las praderas» y llegaron a forjar un imperio de jinetes nómadas y fronteras difusas que se impuso y sometió a tributo a otros pueblos indígenas. Pero aquellos días de gloria ya están tocando a su fin…







