«…Se fue sin mediar palabra, con las manos en las lumbares, sacando estómago y arqueando el cuello como para hacer crujir unas cervicales doloridas, y yo no fui tras él, sino que me dejé llevar por dios sabe qué pulsión arcaica y perdí el control, en aquel piso donde vivíamos desde hacía casi veinte años, olvidando que me había prometido no volver a hacerlo, no volver a ordenar, limpiar y recoger, olvidando las solemnísimas declaraciones que había hecho al respecto y los pósits en la puerta de la nevera, anuncios dirigidos a los que aquí vivían pero se imaginaban que esto era un hotel, o sea a Blaise, que se beneficiaba de un régimen de excepción histórico al que cada día me proponía poner fin sin llegar nunca a hacerlo, y a Maia, nuestra maravillosa hija, completamente ajena a la vida doméstica, y así, descartando en fin todas estas resoluciones me lancé sobre el fregadero, los armarios, el fondo de los cubos de basura y la lavadora, pasé el aspirador golpeándolo contra los zócalos, el cuerpo de un hombre, y monté tal jaleo que no oí detrás de mí a Blaise, que había cambiado de opinión y se acercaba rascándose la nuca con el codo en alto, muy inspector Colombo por un instante, con la misma pinta desaliñada y el mismo juego de velocidades –lento por fuera, rápido por dentro–…»
Estas frases son de la novela Día de mareas de Maylis de Kerangal, publicada por Anagrama y que desde el 7 de octubre está en todas las librerías. Una obra en donde aparece, en una playa de Le Havre, el cuerpo sin vida de un hombre. En el bolsillo de su pantalón, la policía encuentra una única pista: un número de teléfono anotado al dorso de una entrada de cine. Le pertenece a la narradora, una dobladora de cine y audiolibros, que vive en París junto a su pareja y su hija. Esta inesperada llamada la arrastra de vuelta a la ciudad portuaria donde creció y a la que no regresaba desde hacía años. Aunque no conoce a la víctima y la investigación apenas ofrece respuestas, decide quedarse en Le Havre unas horas más.
Maylis de Kerangal (Toulon, 1967) es una prestigiosa narradora francesa. Es autora de más de una decena de libros, entre ellos las novelas Nacimiento de un puente, traducida a ocho idiomas y ganadora de los premios Médicis, Franz Hessel y Gregor von Rezzori, y Reparar a los vivos, galardonada con los premios France Culture-Télérama, Orange du Livre, Charles-Brisset, Relay des Voyageurs Lecteurs, Paris Diderot-Esprits libres, L’Express-BFMTV, Grand Prix RTL-Lire y, en España, el Premi Llibreter. En el año 2014 recibió el premio de literatura Henri Gal de la Academia Francesa por el conjunto de su obra. Línea de fuga es la adaptación de una radionovela escrita para France Culture en 2010. En Anagrama también ha publicado Lampedusa, Un mundo al alcance de la mano y la colección de relatos Canoas.
Pues bien, en Día de mareas, De Kerangal divide su última novela en tres partes, de más o menos el mismo tamaño y con muchos fragmentos de varios párrafos, para contarnos la breve estancia de la protagonista y narradora en Le Havre, durante la cual esta ciudad deja de ser un espacio poblado por edificios, calles, el inmenso muelle, para convertirse en un territorio mental.
En la primera parte, titulada “La ciudad por tierra”, llega a Le Havre, presta declaración ante el teniente Zambra, pelirrojo, treintañero, con quien no conecta mucho, y cuando acaba la poco productiva reunión, ella no reconoce el cuerpo del difunto, a lo que el policía le dice: “Llámeme si se acuerda de algo más”, y le da una tarjeta con sus datos de contacto.
A partir de ahí, la protagonista, pensando en los últimos vaivenes de su trabajo de dobladora; en su familia, a través de los mensajes telefónicos de Blaise, su pareja, respecto a la competición de esgrima a la que acompaña a su hija Maia; la narradora, como decimos, recorre los muelles, los viejos cines, las playas y los bares de su adolescencia, transita también los escenarios de su juventud.
Rehecha tras los devastadores bombardeos de la Segunda Guerra Mundial sobre ruinas tanto visibles como invisibles, Le Havre emerge aquí como un personaje más, actúa como un espejo magnético de la propia protagonista; la reconstrucción arquitectónica de hormigón diseñada por Perret tras la guerra no es solo un decorado: es el reflejo de una mujer que también intenta reconstruirse sobre sus propios traumas y los recuerdos de un primer amor roto.
La narradora llega al espigón donde encontraron el cadáver. Allí ve a un operario con una excavadora limpiando la playa. Habla con él y se entera que fue él quien descubrió el cuerpo a las nueve de la mañana. Y de poco más se entera. Embebida en sus pensamientos, camina por el espigón, a pesar del mal estado del mar.
En la segunda parte de la novela, “Los cantos de las sirenas”, la protagonista, completamente empapada, después de sufrir los embates de las olas en el espigón, se refugia en un bar cercano; es atendida por Virginia, la dependienta, que le ofrece cambiarse de ropa en la habitación de arriba, que tiene alquilada a dos ucranianas que esperan el visado para coger el ferri y cruzar a Gran Bretaña. Uno de los mejores momentos de Días de marea, lo encontramos en esta parte con la subtrama con el vocal designer assistant de la prueba que hizo la protagonista en Londres para una serie de Netflix, Lady Forger, protagonizada por Carey Mulligan, que había batido récords de audiencia en Estados Unidos.
En la tercera parte, “La golondrina”, le pide al teniente Zambra ver el cadáver, para intentar recordar algo más, comprobar si tener el cuerpo delante le provoca algún tipo de reacción, de atisbo, que ayude a su identificación. Van a Ruan, en el depósito de cadáveres conoce a la forense Rym, de la misma edad que Zambra, se nota que empatiza con él.
Bueno, como se ve, la intriga criminal es muy leve, apenas sirve de base para que la novela progrese. Pero De Kerangal supera todas las dificultades que conlleva este clásico recurso, tantas veces utilizado, para hacerse fuerte en lo que verdaderamente le interesa, desplegando un doble y poderoso retrato: el de una mujer que rememora su pasado, aquel primer amor con dieciocho años interrumpido abruptamente, y el de una ciudad marcada por su historia reciente.
La narradora es la protagonista absoluta, una mujer madura, que nos trasmite, a través de su mirada, en primera persona y en pasado, lo que ve y, sobre todo, lo que piensa y siente, a través del estilo preciso de De Kerangal, que no deja nada al azar, cada adjetivo está colocado con la técnica de un cirujano, apoyándose en la cadencia y la estructura de las frases para que el texto fluya como una melodía, balanceando las pausas de manera casi poética, profundamente sensitiva.
En Día de mareas, Maylis de Kerangal explora los efectos de la memoria y confirma el gran dominio que tiene de la escritura, incluyendo diálogos dentro de los párrafos, que hacen avanzar la trama, hasta un final poco sorprendente; poco sorprendente, no porque el lector esperara la resolución del caso o una vuelta de tuerca más, sino porque es el cierre lógico a como ha ido transcurriendo esta buena y poco extensa novela.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Catherine Hélie
Maylis de Kerangal
Editorial Anagrama, 208 pp., 19,90 €
Sinopsis:
En una playa de Le Havre aparece el cuerpo sin vida de un hombre. En los bolsillos de sus pantalones, hallan una única pista: un número de teléfono anotado en el reverso de una entrada de cine. Es el de la narradora, una mujer de mediana edad, dobladora de cine y audiolibros, que vive en París con su compañero y su hija. La llamada de la policía la arrastra de nuevo a esa ciudad portuaria en la que creció y a la que no había regresado desde hacía años. Ella no conoce al muerto —o eso cree— y la policía no le ofrece respuestas concluyentes. Pese a ello, decide permanecer en Le Havre unas horas más.
Durante su estancia, la ciudad no será para ella un espacio meramente físico, sino también mental. Se moverá por los lugares en los que transcurrió su juventud: los muelles, los viejos cines, las playas, los bares de adolescencia… Tras los bombardeos que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial, Le Havre se ha reconstruido sobre ruinas tanto visibles como invisibles y emerge aquí como un personaje más. A la investigación policial —opaca e impersonal— se superponen los recuerdos de un primer amor abruptamente interrumpido. Poco a poco, la narración se adentra en territorios más personales e íntimos…
Bajo la apariencia de una intriga policial, Día de mareas despliega un doble retrato: el de una mujer que rememora su pasado y el de una ciudad marcada por su historia reciente. Con un estilo preciso, minucioso, rítmico y profundamente sensorial, Maylis de Kerangal, autora de la aclamada Reparar a los vivos, nos brinda una nueva novela que explora los efectos de la memoria y que confirma su espectacular dominio de la escritura.



