«…A través de la angosta ranura Ascasubi alcanza a ver un camión hidrante de la policía que avanza a contramano por Hipólito Yrigoyen. El conjunto de gente se desgrana en racimos que intentan guarecerse en las recovas, a medida que el chorro de agua se abre de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, persiguiéndolos. Un estampido sobre el otro lado lo obliga a girar la cabeza. Alcanza a divisar, siempre por la incómoda ranura de los postigos, la base de la Pirámide de Mayo. El pelotón de la guardia de infantería, en formación cerrada, dispara gases lacrimógenos y avanza, al paso, hacia el Cabildo.
-¿Galtieri está arriba? -pregunta Juárez.
-Creo que no. Debe estar en el Edificio Libertador, con el resto de los mandos…»
Estas frases son de la novela El juego del silencio de Gil Pratsobrerroca, publicada por Reservoir Books y que desde el 4 de junio está en todas las librerías. Una obra que nos cuenta que, el 15 de junio del año 2025, desapareció Valèria Costa, una preciosa niña de siete años. Dos semanas antes, sus padres habían decidido irse a vivir todos juntos a un pequeño pueblo del Pirineo; un paraíso rural lleno de sombras, que rápidamente sumirá a la pareja en una investigación trepidante y los obligará a confesar hasta el último de sus secretos.
El debut en la novela negra de Gil Pratsobrerroca ha dado un campanazo récord en el panorama literario catalán, coronando las listas de ventas durante semanas y semanas hasta convertirse en un fenómeno imparable. Por su retrato del amor y el deseo, a través de una trama ambiciosa, tejida con paciencia y precisión, así como repleta de giros inesperados, ha sido comparado con los grandes del género; sin duda, su exploración de nuevos caminos ha colmado las expectativas de los lectores de thriller más voraces.
Recordemos que Gil Pratsobrerroca i Febrer (Vic, 1996) es licenciado en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra y tiene un máster de Sociología por la Universitat de Barcelona. Ha pasado largos periodos de su vida en Inglaterra y México, temporadas en las que cultivó la afición a la escritura y que lo empujaron a estudiar en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès. Ha escrito guiones para televisión y radio, así como ha dirigido dos series televisivas para la plataforma 3Cat.
El juego del silencio es su primera novela, un incomparable fenómeno literario en el panorama editorial catalán que acumula ya diez ediciones y más de 50.000 ejemplares vendidos. Por ella, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Gil Pratsobrerroca, para que nos la presente a los lectores de Qué Leer.
Gil, por favor, haznos un breve resumen de El juego del silencio.
El juego del silencio es un thriller ambientado en un pequeño pueblo del Pirineo. La historia arranca con la desaparición de Valeria, una niña de siete años, y sigue la investigación y las consecuencias que este hecho tiene sobre una pareja —sus padres— aparentemente perfecta. A medida que avanzan los capítulos, salen a la luz secretos, mentiras y tensiones que estaban ocultos bajo la superficie.
¿Cuál fue la chispa para ponerte a escribir este libro: una imagen, una película, una noticia…?
Tenía claro que quería explorar ciertos elementos, ciertos plot twists que aparecen en el libro y, a partir de aquí, busqué un hilo conductor para que todo encajara. A partir de aquí han ido surgiendo otros temas, como por ejemplo el impacto del turismo en una ciudad tan masificada como es Barcelona. Pero el libro no profundiza mucho en eso tampoco; es una novela fundamentalmente de trama. Quise hacer una buena trama.
Con todo lo que se ha escrito sobre desapariciones de niñas, ¿cuál fue el principal reto de esta novela?
El principal reto fue intentar transmitir las emociones que viven unos padres cuando esto sucede. No conozco ningún caso real de desaparición de un menor —afortunadamente—, por lo que tuve que leer y mirar películas donde se contara qué pensamientos o ideas te pasan por la cabeza cuando tu hijo desaparece. Y sin duda debe ser terrible.
¿Tenías todo el argumento preparado antes de ponerte a escribir?
Tenía un esquema previo donde todo encajaba y que tardé mucho en hacer; también sabía la premisa, los personajes principales y el desenlace, pero no todos los detalles del camino. Me gusta planificar bastante antes de escribir, aunque me fue bien dejar espacio para que algunos personajes y situaciones evolucionaran de forma natural durante el proceso.
Y, después del argumento, la trama: tan dinámica, ¿te fue difícil montarla?
Sí, hacer el esquema de la trama fue muy complejo. Fue la parte que más tardé en hacer. En una novela de suspense, todo tiene que encajar: las pistas, los silencios, las falsas sospechas y las revelaciones. Así que tuve que dedicar mucho tiempo a revisar la estructura para asegurarme de que cada escena cumplía una función y de que el ritmo se mantenía hasta el final. Incluso una vez escrito, tuve que volver a retocar el final porque era previsible.
Hablábamos del dinamismo de tu novela: ¿quizá porque tiene muchos diálogos? ¿Piensas que hacen avanzar la trama?
Sí. Me gustan mucho los diálogos porque permiten que la historia avance de forma natural. Intento que cada conversación revele información, construya personajes o genere conflicto. Cuando un diálogo cumple varias de esas funciones a la vez, la lectura se vuelve más ágil. De hecho, pienso que cuando los diálogos son creíbles, el lector se cree que la novela es real y entra mucho más en la historia.
Los padres de Valeria: ¿Te fue complicado recrearlos y profundizar en sus personalidades para hacerlos creíbles?
Quería que reaccionaran de forma creíble, con contradicciones, momentos de fortaleza y momentos de derrumbe. Pero aun así, toda la novela está al servicio de la trama. Primero pensé lo que quería que pasara y después adecué los personajes a estos acontecimientos y pensé qué personalidad o qué pensamientos tenían que tener para que la consecución de estos actos pasara de forma orgánica.
Estilo: tercera persona omnisciente. ¿Por qué eliges esta forma narrativa?
Porque me permitía moverme entre distintos personajes y mostrar cómo cada uno vive los acontecimientos. En una historia coral, donde todos esconden algo o tienen una visión diferente de los hechos, la tercera persona omnisciente ofrece mucha libertad para construir el suspense.
Los capítulos alternan entre los días previos a la desaparición y el propio día de la desaparición. Háblanos de esta estructura.
Desde el principio me interesaba jugar con dos líneas temporales. Por un lado, el lector conoce las consecuencias de la desaparición; por otro, va descubriendo poco a poco qué ocurrió antes. Esa estructura me permitía dosificar la información y generar tensión constante hasta que ambas líneas terminan encontrándose.
El final de la novela es impactante. Supongo que lo tenías preparado desde el principio.
Curiosamente, no. Tenía bastante clara la dirección general de la historia, pero el final original era diferente. Cuando ya tenía una versión avanzada de la novela, se la dejé leer a un amigo y acertó el desenlace antes de llegar al final. Eso me hizo pensar que algunas pistas eran demasiado evidentes y que el misterio no funcionaba como yo quería. Así que acabé cambiando el desenlace.
¿Y el epílogo? ¿También lo tenías preparado o surgió después?
El epílogo también apareció más tarde. Cuando terminé la historia principal, sentí que aún quedaba una última reflexión por hacer. Algo que diera la sensación de descanso. No quería que fuese simplemente una prolongación del final, sino una mirada distinta sobre las consecuencias de todo lo ocurrido.
¿Junto a qué otros libros colocarías El juego del silencio en una estantería?
Creo que podría compartir espacio con novelas de suspense psicológico y novela negra rural. Sin duda creo que Joël Dicker es un compañero perfecto de estantería, pero también lo relacionaría con Shutter Island de Dennis Lehane, o con El dios de los bosques de Liz Moore.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Sergi Pérez Fernández
Gil Pratsobrerroca
Editorial Reservoir Books, 344 pp., 21,90 €
Sinopsis:
El 15 de junio del año 2025 desapareció Valèria Costa, una preciosa niña de siete años. Dos semanas antes, sus padres habían decidido irse a vivir todos juntos a un pequeño pueblo del Pirineo; un paraíso rural lleno de sombras, que rápidamente sumirá a la pareja en una investigación trepidante y los obligará a confesar hasta el último de sus secretos.
El debut en la novela negra de Gil Pratsobrerroca ha dado un campanazo récord en el panorama literario catalán, coronando las listas de ventas durante semanas y semanas hasta convertirse en un fenómeno imparable. Por su retrato del amor y el deseo, a través de una trama ambiciosa, tejida con paciencia y precisión, así como repleta de giros inesperados, ha sido comparado con los grandes del género; sin duda, su exploración de nuevos caminos ha colmado las expectativas de los lectores de thriller más voraces.




