“Creo que las personas nos parecemos mucho a los ciclos de la luna”
Por: Roger Ferreras.
Lorena Camacho Manzanares (Palma de Mallorca, 1997) presenta su segunda novela, “Un invierno nuevo”. Luna, el personaje que tiene mucho de la autora, vuelve para enfrentar los desafíos del fallecimiento de su primer amor, hecho que ocurrió en su primer libro, “Once inviernos y medio”. Con esta saga la autora se ha ganado un espacio entre los lectores jóvenes amantes del drama romántico.
Pregunta: – Acabas de lanzar tu segunda novela, “Un invierno nuevo”. ¿Es la continuación de “Once inviernos y medio»?
Respuesta: – “Un invierno nuevo” es la continuación de la vida de Luna y de su proceso tras perder a su primer amor. Mientras que “Once inviernos y medio” narra cómo Luna y Ángel se conocen, crecen juntos y construyen una historia de amor llena de sueños compartidos, este segundo libro muestra qué ocurre después de la pérdida. Muchos de esos sueños quedaron sin cumplir, y Luna se enfrenta a una decisión muy difícil: rendirse junto a todo lo que perdió o seguir adelante por los dos. Decide luchar por la vida que una vez imaginaron juntos, aprendiendo a convivir con la ausencia sin dejar de avanzar.
“Un invierno nuevo” es una historia de reconstrucción, de segundas oportunidades y de cómo, incluso después del invierno más duro, siempre existe la posibilidad de volver a florecer.
P: – ¿Qué nuevos acontecimientos descubrirán tus lectores en esta historia?
R: – “Un invierno nuevo” incorpora personajes que se convierten en una pieza fundamental en la vida de Luna y en su proceso de duelo. A lo largo de la historia, el lector descubrirá cómo afronta el apego a la ausencia de Ángel y cómo aprende a convivir con una pérdida que seguirá formando parte de ella. Pero, sobre todo, encontrará a una Luna diferente. Una Luna que evoluciona, que reconstruye y que mejora la relación con su familia mientras intenta encontrar su lugar en el mundo. Es una historia sobre volver a levantarse, sobre aprender a reír sin sentir culpa, sobre permitirse ser feliz de nuevo y dejar de verse a sí misma como una carga para los demás. En definitiva, es el viaje de una mujer que aprende que seguir viviendo no significa olvidar, sino honrar lo vivido mientras continúa avanzando.
P: – ¿El personaje de Luna representa un símbolo de superación personal?
R: – Luna representa, como bien indica su nombre, el ciclo lunar. Creo que las personas nos parecemos mucho a la luna. A lo largo de nuestra vida, o incluso durante etapas concretas, atravesamos ciclos en los que a veces nos sentimos llenos y otras veces vacíos. Hay momentos de luz, pero también de oscuridad. Para mí, Luna simboliza precisamente eso: la capacidad de encontrar un pequeño rayo de luz incluso en las noches más oscuras, cuando parece que estamos a punto de perdernos en el abismo. Pienso que muchos lectores pueden verse reflejados en ella porque, más allá de ser una chica que ha sufrido una gran pérdida, también es una persona que se equivoca, que toma malas decisiones, que siente miedo, que intenta huir del dolor y que tropieza más de una vez en el camino.
Por eso no creo que represente una superación perfecta, sino una superación real.
La fuerza de Luna no está en ser valiente todo el tiempo, sino en seguir avanzando a pesar de todo lo que le ocurre.
Porque al final, la vida no consiste en superar el pasado, sino en aprender a vivir con él.
P: – Por más que busquemos fuera, ¿la única salvación posible está dentro de nosotros?
R: – Creo firmemente que la mayor parte de nuestra salvación depende de nosotros mismos, aunque el apoyo de quienes nos rodean también tiene un valor incalculable.
Las personas que nos quieren pueden acompañarnos, escucharnos, tendernos una mano e incluso guiarnos cuando nos sentimos perdidos. Pero toda ayuda es insuficiente si nosotros no estamos preparados para recibirla. Por experiencia propia, hubo momentos en los que me apoyé tanto en las personas de mi alrededor que estar sola conmigo misma se convirtió en una pesadilla. Cuando desaparecía esa compañía, el dolor seguía allí, esperándome.
Con el tiempo entendí que aferrarse a los demás puede ayudarnos a mantenernos en pie, pero que el verdadero trabajo interior tenemos que hacerlo nosotros. Nadie puede recorrer ese camino por nosotros. Por eso creo que es importante pedir ayuda, tanto a nuestros seres queridos como a profesionales cuando sea necesario, pero también aprender a convivir con nosotros mismos y reconstruirnos poco a poco.
P: – ¿El mundo exterior obstaculiza las respuestas?
R: – Creo que las respuestas siempre están ahí, esperando a que estemos preparados para verlas. El mundo exterior puede convertirse en una distracción. Las opiniones de los demás, el ruido, las prisas o incluso nuestros propios miedos pueden alejarnos de aquello que necesitamos comprender. Pero no creo que sean el verdadero obstáculo. La mayoría de las veces, los obstáculos los ponemos nosotros mismos. A veces porque no estamos preparados para afrontar una verdad, porque nos duele demasiado o porque seguimos buscando fuera algo que solo podemos encontrar dentro.
P: – ¿En esta novela Luna gana su batalla personal o la historia continuará?
R: – Mientras yo siga viviendo, la historia continuará, aunque eso no significa que sigan apareciendo más libros. Luna es mucho más que un personaje. Es una parte de mí, mi niña interior, la voz que me ha ayudado a entenderme y la que ha dado nombre a una etapa muy importante de mi vida. Por eso siempre le estaré agradecida. Con “Un invierno nuevo” cierro su historia. No porque haya desaparecido el dolor o porque todas las heridas hayan sanado por completo, sino porque Luna encuentra algo muy valioso: paz. Aprende a convivir con su pasado, con la ausencia y con una cicatriz que la acompañará toda la vida. Pero también comprende que esa cicatriz es el reflejo del amor tan grande que sintió por Ángel.
Luna no gana su batalla porque deje de sufrir, sino porque vuelve a elegir vivir.
P: – ¿La literatura siempre tiene que ver, de algún modo, con la vida de quien escribe?
R: – En mi caso, sí. He escrito dos libros basados en hechos reales, por lo que es inevitable que mi vida esté presente en sus páginas. Pero tampoco me atrevería a responder por todos los autores del mundo, porque cada escritor vive la literatura de una forma diferente.
Lo que sí creo es que, incluso cuando una historia es completamente ficticia, siempre hay algo de quien la escribe. Puede ser una emoción, una forma de entender el amor, un miedo, una ilusión o una manera de ver la vida. De hecho, el próximo proyecto que tengo en mente será muy diferente a los anteriores. No estará basado en hechos reales, aunque seguirá moviéndose entre el romance y el drama. Y, aun así, sé que dejaré parte de mi esencia en los personajes.
P: – Si tuvieras que colocar tu libro en una librería, ¿en qué sección lo ubicarías?
R: – Realmente creo que es una novela que podría encajar en varias secciones: romance contemporáneo, drama romántico, narrativa emocional o incluso crecimiento personal. Sin embargo, si tuviera que elegir un lugar en una librería, la ubicaría entre el romance contemporáneo y el drama romántico. Al final, el amor es el eje principal de la historia. No solo el amor de pareja, sino también el amor hacia la familia, los amigos y hacia una misma. Pero también hay una parte importante de dolor, pérdida y reconstrucción que acompaña a los personajes durante todo el camino.
Por eso considero que esas dos categorías representan mejor la esencia del libro: una historia de amor que atraviesa momentos difíciles, pero que también habla de la capacidad de seguir adelante y volver a encontrar la luz.
P: – ¿Qué te transforma más, leer o escribir?
R: – Sinceramente, lo que más me transforma es vivir, equivocarme y ser fiel a mí misma. Tanto la lectura como la escritura han sido herramientas muy importantes en mi vida, pero creo que las experiencias son las que realmente nos cambian. Son las que nos enseñan, nos ponen a prueba y nos ayudan a crecer. Leer me transporta a otros mundos con los que conecto profundamente. Transformo las historias en una película dentro de mi cabeza, empatizo con los personajes y, en muchas ocasiones, me veo reflejada en ellos. Sin embargo, escribir tiene algo diferente. Me obliga a entender lo que quiero expresar, a profundizar en las emociones y ponerles nombre. Me permite comprender mejor a mis personajes, pero también comprenderme a mí misma. Por eso no podría elegir una sola opción. Leer me ayuda a mirar el mundo desde otras perspectivas, pero escribir me ayuda a mirar dentro de mí.




