«…El tren se puso suavemente en marcha justo a su hora. Mientras iba cogiendo velocidad y atravesando los barrios de las afueras del oeste de Londres, se oyó un anuncio por el sistema de megafonía:
Si ve algo que no le parece bien, hable con el personal o envíe un mensaje de texto a la Policía Británica de Transportes al 61016.
Lo solucionaremos.
Lo ve. Nos lo cuenta. Y asunto solucionado.
Había algo definitivamente molesto en aquel anuncio, aunque la detective no podría haber dicho con exactitud de qué se trataba. Sabía que el sospechoso se bajaría en la estación de Moreton-in-Marsh (un trayecto de una hora y media, más o menos) y esperaba emplear aquel tiempo en organizar sus notas sobre el caso. Pero cada pocos minutos sus pensamientos se veían interrumpidos por aquel mensaje exasperante.
Si ve algo que no le parece bien, hable con el personal o envíe un mensaje de texto a la Policía Británica de Transportes al 61016.
Lo solucionaremos.
Lo ve. Nos lo cuenta. Y asunto solucionado…»
Estas frases son de la novela Las pruebas de mi inocencia de Jonathan Coe, publicada por Anagrama y que desde el 25 de marzo está en todas las librerías. Una novela detectivesca, política y satírica sobre los tiempos de la posverdad, en donde se nos cuenta que, terminados los estudios literarios en la universidad, Phyllida ha tenido que volver a instalarse en casa de sus padres y sobrevive con un trabajo mal pagado en el aeropuerto de Heathrow. En cuanto a sus incipientes planes de convertirse en escritora, de momento no van a ninguna parte. Hasta que un día su madre invita a cenar a un viejo amigo de la familia, Christopher Swann, que tiene un blog político interesado en oscuras conspiraciones y está investigando los tejemanejes de un siniestro conjunto de expertos, fundado en la Universidad de Cambridge en la década de 1980. Este grupo ha estado conspirando para empujar al Gobierno británico hacia una dirección más extremista y finalmente está listo para actuar.
Mientras Gran Bretaña se encuentra bajo el liderazgo de una nueva primera ministra cuyo mandato solo durará siete semanas, la indagación de Chris lo lleva a un congreso que se celebra en lo profundo de los Cotswolds. Aunque enfrentarse al poder puede ser peligroso, y el poder no se detendrá ante nada para mantenerse en la cima… Así que los acontecimientos dan un giro siniestro y pronto se iniciará una investigación por asesinato.
Pero ¿la solución al misterio se encuentra en la política contemporánea o en un enigma literario de hace casi cuarenta años?
Recordemos que Jonathan Coe (Birmingham, 1961) estudió en las universidades de Cambridge y Warwick. Anagrama ha publicado los títulos ¡Menudo reparto! (Premio John Llewellyn Rhys y, en Francia, Premio al Mejor Libro Extranjero); La casa del sueño (Premio Writers’ Guild of Great Britain Best Novel y, en Francia, Premio Médicis Extranjero); El Club de los Canallas (Premio Bollinger Everyman Wodehouse); El Círculo Cerrado; La lluvia antes de caer; La espantosa intimidad de Maxwell Sim; Expo 58; El número 11; El corazón de Inglaterra; El señor Wilder y yo; Bournville y Las pruebas de mi inocencia.
Pues bien, durante el pasado fin de semana, en la Feria del Libro de Madrid, estuvo Jonathan Coe firmando ejemplares de toda su obra. Nosotros hemos tenido la oportunidad de entrevistarle en el hotel H10 Puerta de Alcalá por su última y recién publicada novela, Las pruebas de mi inocencia, para que nos la presente a los lectores de Qué Leer.
Jonathan, por favor, haznos una sinopsis de tu novela.
La respuesta corta es que, bueno, mi intención era la de escribir una historia de detectives simple y, al final, se salió fuera de control y terminé escribiendo un libro cuya trama, creo, es la más compleja que he escrito en mi vida.
Y [cuando me preguntan] cada vez que trato de hacer un resumen del libro, al final termino hablando durante veinticinco minutos, porque, lo siento, he escrito un libro que es muy difícil de resumir.
Muy bien, dejemos así tu resumen… Tengo que decir que, además de por la calidad de tus libros, siento gran admiración por ti, porque ¡eres una máquina escribiendo novelas! Desde 2018, con El corazón de Inglaterra, cada dos años entregas una nueva novela y no precisamente corta. ¡No hay quien te pare!
Para comenzar, muchas gracias por ese cumplido. Si trato de ser objetivo, creo que tienes razón. Justamente fue a partir de El corazón de Inglaterra cuando algo realmente se despertó en mí y comencé a escribir libros de mayor calidad, aparte también del proceso de escritura, que se hizo mucho más placentero.
Yo solía decir que me gustaba haber escrito libros, pero no escribirlos. Y esa situación ha cambiado hoy en día y puedo decir que disfruto mucho escribiendo los libros. Es una sensación nueva y por eso escribo libros cada dos o tres años, sobre todo porque lo disfruto. Y si no tengo un libro en mente, si no estoy trabajando en un libro, no estoy aquí.
¿Y qué suele dar origen a que te pongas a escribir? ¿Alguna imagen, algún recuerdo, alguna experiencia?
Nace, yo creo, de una combinación de ideas. También pueden ser fragmentos de alguna conversación que he escuchado. O puede ser algo que he leído en el periódico, que he visto en las noticias, que he visto en redes sociales.
Puede ser el recuerdo, por ejemplo, de una amistad, una relación que tuve en el pasado. Pero se trata de tal vez dos o tres semillas. Con las semillas, me refiero a estas ideas, estos recuerdos, estas experiencias, estos fragmentos de conversaciones que interactúan.
Ese es el motivo por el cual no escribo cuentos, porque los cuentos, por lo general, suelen girar alrededor de una idea simple y mi imaginación no funciona así.
Para mí, realmente el proceso de escribir implica conectar esas distintas ideas. Eso es lo que encuentro estimulante.
Hablemos de tu estilo literario. Por un lado, es ligero, describes con cierto desenfado las pequeñas historias, las vidas de los personajes. Y por otro lado, es profundo, planteándonos preguntas de largo alcance, como la política nacional o la europea.
Es una característica esencial de toda experiencia humana, ¿no? Por ejemplo, en el mismo día, exactamente en el mismo momento, a la misma hora, podemos sentir dolor porque tal vez nos hemos cortado el dedo mientras estábamos abriendo una lata de alubias y, al mismo tiempo, tenemos de fondo la televisión y las noticias y nos enteramos de que Israel ha lanzado misiles sobre Irán y puede que, en ese momento, ambas experiencias tengan la misma importancia para nosotros, inclusive que el dolor del dedo sea más importante.
Yo creo que en mi literatura tengo que mantener, digamos, un enfoque auténtico con lo que es la experiencia humana, es decir, dándole la misma importancia a los detalles pequeños de la experiencia humana y a aquellos más grandes de la humanidad en su conjunto.
Hablemos ahora de la estructura de Las pruebas de mi inocencia. La estructura de este libro a mí me ha parecido muy ambiciosa: la primera parte contada en tercera persona, la segunda en primera persona, la tercera en segunda persona del plural y a dos voces. Además, transitando por varios géneros literarios diferentes: la novela negra, la literatura académica, la autoficción. Supongo que esta estructura tan ambiciosa tuviste que pensarla y repensarla mucho, al principio.
Sí, el libro tiene una estructura compleja y ambiciosa, como dices tú. Como creo que tienen muchos de mis libros.
Por eso yo creo que muchas personas asumen que tengo cientos de notas, que tengo la estructura, planificación, post-it por todos lados. Y no es así, porque para mí lo más importante es pensar, planificar y estructurar el libro, sobre todo en mi cabeza. Y si doy con una estructura clara y sólida, entonces la recuerdo y no tengo por qué escribirla.
Suelo citar algo que dijo una vez Paul McCartney: que cada vez que compone una canción nueva no la graba de inmediato, sino que se va a la cama, duerme y, si al día siguiente, la recuerda, eso quiere decir que era una buena canción; si no la recuerda, quiere decir que no era una buena canción. Y realmente me parece una imagen muy apropiada también para describir las ideas que yo tengo acerca de un libro: si las recuerdo, es que eran buenas ideas; si no, no.
Por ejemplo, tengo muchos libros de anotaciones antiguos donde escribía ideas que me parecían brillantes para una novela y, por lo general, las vuelvo a leer hoy en día y digo: ¡en qué estaba pensando!, eran ideas absolutamente despreciables.
Realmente me ciño a esa regla. Si lo recuerdo, es que era una buena idea, perfecto.
Al hilo de esto, en Las pruebas de mi inocencia, con sus diferentes partes, con sus diferentes subestructuras, pareces fiarte plenamente de la confianza del lector, que no se va a desconcertar al principio de cada parte. Como si tú, de alguna manera, le estuvieras diciendo: tranquilo, que vas a seguir enterándote de la historia, aguanta, que es buena, confía en mí…
¿Si confío en el lector?, no estoy seguro de eso. Yo más bien creo que tengo que ganarme la confianza de los lectores. Esto me parece absolutamente importante. Es el mayor reto al que nos enfrentamos los escritores. Tenemos que lograr que los lectores confíen en nosotros.
En el caso de este libro, de Las pruebas de mi inocencia, realmente tomé un camino fácil, porque puse en el centro del libro el misterio de un asesinato. Es una manera muy eficaz y muy fácil de ganarme la curiosidad de los lectores, porque quieren saber quién fue, quién asesinó a esta persona, qué pasa después. Eso es lo que mantiene a los lectores enganchados al libro y comprometidos con la lectura del libro.
En ese sentido, creo que el tema tiene que ser interesante, original, auténtico, para mantener despierta la curiosidad del lector, porque, si no, corremos el riesgo de perder la atención del lector.
Entonces, más que confiar en los lectores, es ganarnos su confianza.
Vayamos con los personajes de tu libro: Phillida, Phil, el personaje principal.
No surgió de manera instantánea. Tuve que escribir varios inicios y me tomó un tiempo hasta que pude realmente escuchar su voz.
El personaje de Phil está inspirado en una de mis hijas, porque, como sabes, todos los personajes de ficción nunca nacen absolutamente de la nada. Son una combinación entre la fuente de inspiración y luego muchos elementos que provienen de la imaginación.
Para dar con el personaje de Phil tuve que experimentar mucho, hasta que pude conocerlo de manera suficiente como para poder percibir la historia desde su perspectiva.
Otros personajes importantes son Christopher Swan y Emeric Coutts. Este último, da cierto miedo, ¿no?
El personaje de Christopher fue un personaje bastante fácil, porque esencialmente está inspirado en mí. Surgió de manera bastante natural.
Y el personaje de Emeric es una combinación de distintos académicos que conocí en el periodo en que estudié en la Universidad de Cambridge, que daban todos mucho miedo, sobre todo para un joven de diecinueve años de provincias inocente como yo, que llega a la universidad en 1980 y que tiene que conocer a toda esta serie de personajes que hablan con un acento distinto, que juegan estos pequeños juegos intelectuales con uno, que son al principio muy difíciles de descodificar y de entender.
Y si Emeric Coutts da miedo, qué decir de Liz Truss. ¡Este personaje sí que dio miedo, durante su breve mandato en la realidad!
Sí, un poco es la personificación del significado mismo del libro, porque transmite muy bien cómo algunas ideas políticas, que parecen absolutamente tangenciales, minoritarias, excéntricas, imposiblemente extremas, diez años más tarde se pueden convertir en parte del discurso dominante o mainstream.
Liz Truss escribió con otros diez miembros del Parlamento un libro en 2013 que se llamaba Britannia Unchained, un libro que prácticamente era como una fantasía libertaria para imponer un capitalismo extremo en Reino Unido y, obviamente, fue motivo de burlas. Todo el mundo pensó: estas personas se han condenado a sí mismas a la oscuridad de la escena política. Y, sin embargo, Liz Truss luego se convirtió en primer ministro años después.
Yo creo que realmente escribí el libro también para explorar cómo había sido esto posible.
A mí me parece que eso lo haces muy bien, convirtiéndote en una especie de oftalmólogo que opera de cataratas al lector, para que pueda ver lo miserable que es una sociedad que enfrenta a jóvenes y mayores, que frena la movilidad social, que antes era posible, y tantas cosas más.
Me parece muy preocupante. Y entre todos los distintos tipos de polarizaciones de lo que estamos siendo testigos en los últimos diez, quince años, yo creo que la peor es aquella que se da entre distintas generaciones.
Se da una paradoja, porque claramente la generación de los padres quiere hacer todo lo posible, lo mejor por sus hijos. Pero al mismo tiempo vemos que hay un enorme resentimiento, enfado y amargura, que siente la generación de personas mayores por, digamos, la generación más joven y por los valores de los más jóvenes.
Y yo creo que realmente el epítome de esta polarización se dio en el momento del referéndum para el Brexit, donde la generación mayor condenó a Reino Unido a un futuro que no iban a experimentar.
Y yo, en este sentido, por ejemplo, me siento especialmente orgulloso de mi madre, porque cuando le pregunté qué iba a votar para el referéndum, y mi madre en aquel entonces tenía ochenta y dos años, me dijo: es un voto para un futuro que yo no voy a vivir; lo que voy a hacer es que voy a preguntar a mis nietos. Y eso hizo. Les preguntó a sus nietos. Sus nietos dijeron: queremos seguir siendo parte de Europa. Y así, votó por quedarse en Europa.
Pero no es una actitud típica de esa generación.
También tengo la sensación de que la generación mayor está sintiendo una suerte de nostalgia muy tóxica, y muy poco saludable, y una voluntad de retrasar el reloj a los setentas, a los ochentas, a los noventas, antes de que se dieran una serie de cambios sociales. Y eso es absolutamente imposible.
Tenemos que adaptarnos a los cambios, adaptarnos a los tiempos. Y a menos que sea así, vamos a seguir siendo testigos de esta enorme oposición entre las generaciones, no solo en Reino Unido, sino en el resto de Europa también.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Johanna Marghella
INTÉRPRETE: Vilma Crovetto
Las pruebas de mi inocencia
Jonathan Coe
Editorial Anagrama, 432 pp., 23,90 €
Sinopsis:
Jonathan Coe ha orquestado una sugestiva y amenísima pirueta literaria, ambientada durante el breve y desastroso gobierno de la conservadora Liz Truss, que juega con la descripción de los sucesos narrados al más puro estilo Agatha Christie, el recuerdo de lo ocurrido años atrás que recogen unas memorias universitarias de Cambridge, y un ensayo de autoficción a dos voces donde la colaboración de Rashida, la hija adoptiva de Swann, resulta imprescindible.
No es la primera vez que el autor despliega este tipo de virtuosismo ni que nos deleita con su aguda e implacable mirada sobre las miserias políticas de la Gran Bretaña actual, para acabar demostrándonos que la clave para comprender el presente a menudo se encuentra en los rincones más oscuros del pasado.
Inteligente, perspicaz, ingeniosa y muy divertida, esta novela deslumbrante que va saltando entre géneros y décadas es una nueva muestra del talento de un escritor que ya se ha convertido en un clásico contemporáneo.




