«…Bea señaló a tres ancianos al fondo de la sala. Empujó el carrito de las meriendas hacia ellos. Buscó con la mirada a Noa, la enfermera, para asegurarse de que le había dado a Lali su medicación vespertina y volvió otra vez la atención a la pantalla. El incendio había dado paso a la estampa de un pueblo con mar. Una playa bordeada por un río con un puñado de pequeñas embarcaciones varadas. La marea baja dejaba asomar un conjunto de rocas cerca de la orilla. En el extremo izquierdo de la bahía, una enorme casa de piedra rodeada de un imponente jardín en el que destacaba una gran profusión de flores rosas. Alcanzó a leer el rótulo azul bajo la imagen de la casona. «La Casa Rosa, propiedad de la familia Villamor Piñeiro».
De nuevo volvió la sensación de mareo en la boca del estómago, los labios secos. El techo de la estancia pareció desplomarse y fundirse con la línea del suelo.
Antes de caer desmayada, consiguió pronunciar una palabra.
—Loeiro…»
Estas frases son de la novela Asesinato en el Molino del Cura de Arantza Portabales, publicada por Lumen y que desde el 9 de abril está en todas las librerías. Una obra que pertenece, es su segundo título, a la serie de «Los crímenes de Loeiro», en donde se nos cuenta que, en una noche de 1984, tiene lugar una salvaje matanza en Loeiro. Los habitantes lloran la muerte de Berta, una niña de nueve años, pero ignoran la carnicería que se produce en el Molino del Cura. Cuarenta años después, Alba Mariño vive atrapada en un presente sin memoria. Desde pequeña, su cabeza no es más que un territorio devastado: una enorme cicatriz y un vacío imposible de llenar. Sin embargo, una noticia sobre Loeiro en el telediario reabre y aviva un miedo antiguo. A los cincuenta años, Alba decide trasladarse al pueblo costero para enfrentarse a lo que no recuerda. Con la ayuda de Sinda —la Gestapo—, de César Araújo y de la detective Iria Santaclara, emprende una investigación que la conduce a las siniestras hermanas Freijomil, las nietas del cura, y a su sobrina Berta, cuya muerte nunca terminó de esclarecerse. Un crimen enterrado en silencio, un asesino aún vivo y dispuesto a matar, y unos vecinos que saben tanto como callan.
Recordemos que Arantza Portabales (San Sebastián, 1973) es licenciada en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela. Inició su carrera literaria en 2013 con la microficción. Tras obtener el Premio de Narración Breve de la UNED por «Circular C1: Cuatro Caminos-Embajadores» y el Premio Manuel Murguía de relato por «Xanelas», su microrrelato «Las musas» resultó ganador del concurso de la Microbiblioteca de Barberà del Vallès, que volvió a ganar en 2021 con «Los que observan». Es la autora de la colección de microrrelatos A Celeste la compré en un rastrillo (2015) y del libro de relatos ilustrado Historias De Mentes (2020). En 2015 publicó su primera novela en lengua gallega, Sobreviviendo, que mereció el XV Premio de Novela por Entregas de La Voz de Galicia y que la autora reescribió para su edición en Lumen en 2022 (Premio Tormo Negro Masfarné). Los derechos de su segunda novela, Deje su mensaje después de la señal, publicada inicialmente en gallego y ganadora del Premio Novela Europea Casino de Santiago 2021, fueron vendidos a tres importantes editoriales extranjeras tras la noticia de su edición en Lumen en 2018. Con Belleza roja (Lumen, 2019), ganadora del Premio Frei Martín Sarmiento, inició la serie protagonizada por la pareja de policías Abad y Barroso, que continuó en La vida secreta de Úrsula Bas (Lumen, 2021) y El hombre que mató a Antía Morgade. Asesinato en la Casa Rosa es la novela (Lumen, 2025) con la que inicia la serie de «Los crímenes de Loeiro». En 2024 ha recibido de la Xunta de Galicia el Premio a la autora más leída en los clubes de lectura.
Por Asesinato en el Molino del Cura, su última y recién publicada novela, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Arantza Portabales, para que nos la presente a los lectores de Qué Leer.
Arantza, por favor, haznos una sinopsis de Asesinato en el Molino del Cura.
Asesinato en el Molino del Cura es la historia de una mujer que se presenta en un pueblo porque piensa que en él puede encontrar su pasado, de una mujer que tiene amnesia y se encuentra con un pueblo que no quiere recibirla, en el que hace 40 años hubo una matanza. Así que simplemente hay que acompañar a Alba Mariño hasta Loeiro para que el lector descubra qué pasó hace 40 años, quién es Alba Mariño, qué cicatriz tiene en la cabeza, qué cicatriz tiene por dentro, y por qué no recuerda nada.
¿Cuál fue la chispa para escribir esta segunda novela de la serie “Los crímenes de Loeiro”? ¿O ya la tenías pensada, cuando terminaste la primera?
Pues una vez que acabé Asesinato en la Casa Rosa tenía muy claro que la novela siguiente iba a ser más oscura. Quería una novela en la que los personajes estuvieran más atormentados, Casa Rosa era una novela muy fresca. Yo estaba en un momento vital mejor ahora, y eso me permite acometer mi novela más cruel. Quería hablar de lo cruel que era la sociedad con las mujeres en los años 70; quería saber qué puede llevar a alguien a blandir un cuchillo y cortar una cabeza- quería que el lector lo entendiese; quería hablar de lo difícil que es no tener pasado. Con todo eso hice un match mix y así surge Asesinato en el Molino del Cura.
Hablemos de los personajes de tu novela. Por supuesto, tenemos a Iria Santaclara, a quien ya los lectores conocen de Asesinato en la Casa Rosa. Se nota la evolución desde la primera novela de “Los crímenes de Loeiro”.
Iria Santaclara es un personaje magnífico. Es una mujer que en este momento está tan triste que no puede vivir, sobrevive, se reinventa, es fuerte. Es una tía normal, una tía que se está recomponiendo, que está triste. Reivindico mucho el derecho a estar triste en un mundo en el que nos pasamos la vida riendo para redes sociales, y desde luego yo creo que los lectores agradecen personajes a los que les pasan las mismas cosas que a nosotros, que simplemente han perdido a alguien o necesitan cambiar de trabajo… No sé, es una chica muy normal que yo creo que todos entendemos. Todos hemos sido alguna vez un poquito Iria Santaclara.
A su lado César Araújo, un tándem que me encanta, un señor jubilado que cuida de ella. Hay un momento en que él la cuida, tiene esta relación paternofilial. Hay un momento en que Iria dice que César cuida de ella como te cuida la gente que te quiere, “sin pedir permiso”. Yo creo que eso define perfectamente la relación entre ellos, un tándem basado en el respeto profesional y luego en el personal, también.
Y no nos olvidemos de la Gestapo, Sinda, ese personaje que triunfó tanto en Casa Rosa, que al final no es más que una mujer que también es una maestra de pueblo, que vivió como no vivían las mujeres de su época, que no tuvo hijos, que se dedicó a dar clase, que ahora vive con sus rosas, con sus prismáticos, vigilando a los vecinos, pero no juzgándolos, que es algo muy importante que hace que nos caiga bien.
Otro personaje destacable es el antiguo jefe de Iria, César Araújo. ¿Quizá ese ha sido tu mayor reto, mantener la coherencia de estos personajes que venían de la anterior novela? ¿Qué sigan pareciendo vivos y no simples personajes de novela de intriga?
No ha sido un reto. Es que los personajes están cada vez más vivos. Cuanto más los conoce el lector, más los siente, y yo creo que no están para nada impostados. Creo que ese está siendo el éxito de la saga de Loeiro.
No podemos olvidarnos de Mikel Ugarte. Qué decir de él, Arantza, a nosotros nos ha parecido uno de los personajes “más atractivos” de Asesinato en el Molino del Cura. Porque, según avanza la trama, va creciendo en importancia.
Yo tenía una deuda pendiente con personajes del País Vasco. Quería volver al País Vasco, el lugar donde yo nací y viví hasta los 12 años, y tengo un personaje complejo. Al final Mikel Ugarte es un personaje muy herido, al igual que Alba Amariño. Yo creo que se entienden a la perfección. Hay momentos en que no son primos pero se tratan como si lo fueran, como primos políticos que vienen de familias heridas. Están heridos porque sus familias están como amputadas desde el punto de vista psicológico, por lo que han sufrido. Miquel es hijo de una mujer yonqui que fallece de sida, y Alba se quedó huérfana muy joven y no tiene pasado… Entonces yo creo que es ese apoyo que ella necesita en ese momento.
Hablando de la trama, qué perfilada está, todo cuadra. Se nota el cuidado que has puesto en ella.
Tiene que encajar todo milimétricamente. Es algo que yo creo que es marca de la casa. Siempre pongo mucho cuidado en que todo cuadre en mis tramas, aunque a mí lo que más me importa son las personas y los personajes. Para eso los diálogos son fundamentales; diálogos que yo reconozco que son ágiles y son importantes, pero sobre todo que nacen del hecho de que yo a mis personajes los oigo hablar en mi cabeza todo el día – lo cual no habla muy bien de mi estabilidad mental-.
También a destacar los escenarios, los sitios donde se desarrolla Asesinato en el Molino del Cura (y la novela anterior): Loeiro y las demás localizaciones gallegas. ¿De qué manera condicionan la trama?
Loeiro es la playa de Loira, que yo bauticé Loeiro para que no nos llevara a Francia, que es a lo que nos conduce siempre Loira. Loeiro es maravilloso, tiene mar, río, playa, un río con 10 kilómetros y 54 molinos, y luego es un microcosmos en el que la naturaleza humana está a flor de piel, con lo cual es el caldo de cultivo perfecto para este rural noir.
Asesinato en el Molino del Cura está contada desde diferentes localizaciones y también épocas (1984 y 2024-2025), con un estilo limpio, ritmo constante, muy dinámico. ¿Lo trabajas mucho o prefieres que sea lo más natural posible?
El ritmo lo trabajo mucho porque yo creo que no puede decaer. Hay que ofrecerle al lector, hay que darle información, la justa para que no adivine de más. Hay que mantenerlo en tensión, y combinar tramas de distintos momentos. Es algo que yo creo que al lector le ayuda. El pasado siempre explica al presente.
¿Junto a qué libros colocarías el tuyo en una estantería?
Pues me encantaría entre El nombre de la rosa, que es un policial, que aunque todo el mundo lo considera una novela histórica, yo con mi venita negra me gusta considerarla un policial; y junto a Macbeth, por ejemplo, que estas señoras oscuras… o incluso La casa de Bernarda Alba, estas hermanas Freijomil me remiten un poquito también a ellas.
El final de tu novela: ¿lo tenías así previsto?, ¿o fuiste cambiándolo mientras escribías el libro?
No cabía otro final, solo lo voy a decir así. Tenía muy claro el quién, y luego ya el desenlace final lo tuve muy claro ya a mitad del libro y no cabía otro.
¿Qué va a pasar con la serie “Los crímenes de Loeiro? Aunque ahora estás presentando Asesinato en el Molino del Cura, supongo que tenemos Iria Santaclara para rato…
En cuanto a los crímenes de Loeiro, pues vamos a resumirlo en una frase: en mi cabeza y en mi ordenador ya está muriendo gente.
Carlos Castrosín
FOTOGRAFÍA: © Editorial Lumen
Asesinato en el Molino del Cura
Arantza Portabales
Editorial Lumen, 392 pp., 21,90 €
Sinopsis:
Una noche de 1984, tiene lugar una salvaje matanza en Loeiro. Los habitantes lloran la muerte de Berta, una niña de nueve años, pero ignoran la carnicería que se produce en el Molino del Cura. Cuarenta años después, Alba Mariño vive atrapada en un presente sin memoria. Desde pequeña, su cabeza no es más que un territorio devastado: una enorme cicatriz y un vacío imposible de llenar. Sin embargo, una noticia sobre Loeiro en el telediario reabre y aviva un miedo antiguo. A los cincuenta años, Alba decide trasladarse al pueblo costero para enfrentarse a lo que no recuerda. Con la ayuda de Sinda —la Gestapo—, de César Araújo y de la detective Iria Santaclara, emprende una investigación que la conduce a las siniestras hermanas Freijomil, las nietas del cura, y a su sobrina Berta, cuya muerte nunca terminó de esclarecerse. Un crimen enterrado en silencio, un asesino aún vivo y dispuesto a matar, y unos vecinos que saben tanto como callan.
Tras Asesinato en la Casa Rosa, Arantza Portabales regresa con un nuevo caso en la Galicia profunda: una intriga brutal que avanza sin piedad hacia un final implacable.



