En el podcast Puente Aéreo hemos entrevistado a Toni Montesinos (Barcelona 1972). Es crítico literario de La Razón desde el año 2000, además de director de Qué Leer y colaborador de Cuadernos Hispanoamericanos, Cultura/s (de La Vanguardia) y El Viajero (de El País). Lo entrevistamos para hablar de su libro Historia de la literatura española contada en una hora. El libro es una historia crítica, una visión de la evolución literaria del país de la mano de un gran crítico y escritor.
César Alcalá
¿Por qué en una hora?
Es una iniciativa de mi editor Javier Fernández Rubio que empezó con un clásico de las letras alemanas. Klabund era el pseudónimo de un autor que en su día realizó una historia de literatura alemana breve desde sus orígenes hasta Thomas Mann prácticamente, porque después Klabund tuvo una vida breve y murió joven. Esto lo ha retomado el editor de El Desvelo Ediciones y yo me he encargado de hacer esta historia que viene a proponer un vistazo panorámico, en este caso de la literatura española, desde los orígenes, desde que el castellano empieza a emerger como fuerza expresiva artística, hasta la actualidad. Obligatoriamente debe ser un libro ágil, rápido, pero a la vez con aspiraciones a ser completo porque tenemos una literatura tan rica y tan poderosa que hay que darle brevemente, aunque sea, su importancia en cada etapa.
¿Qué autores marcarían las obras punta y quiénes serían apenas un segundo fugaz?
Pues por encima de todos los autores de todos los tiempos está Miguel de Cervantes, sin discusión y de manera ascendente, digamos, la persona de letras más importante que ha tenido la humanidad; con su obra magna, El Quijote, nos da las respuestas a absolutamente todo realmente. Esta obra marca el centro neurálgico de la historia de la literatura porque toma todo lo que viene de atrás e inventa todo lo que después se ha hecho.
Es una obra insuperable. Cervantes, además, tiene otras obras extraordinarias, como las Novelas ejemplares, sus obras teatrales, pero son obras que se han estudiado mucho menos, o se le ha dado un valor menor del que merecerían. Y alrededor de él, por supuesto, están los otros integrantes de lo que se llama el Siglo de Oro, que es más de un siglo, prácticamente dos, con autores que hoy nos dejan patidifusos por su capacidad poética y capacidad de trabajo. Lope de Vega, Góngora, Quevedo. Estos son casi las estrellas de nuestro firmamento literario. Y antes, por supuesto, ha habido un Jorge Manrique, ha habido un Don Juan Manuel, ha habido un Fernando de Rojas.
Y claro está, más adelante, podemos tener otro astro de las letras nuestras, como es Benito Pérez Galdós. Es decir, hay una cantidad simplemente abrumadora de grandes escritores. En este caso, lo que yo también he tenido que hacer, digamos, es atender a los menos dotados, a los que han contribuido mucho menos a la historia de la literatura, pero que han pasado a la historia de la literatura porque no había mejores.
Así, soy muy crítico con el siglo XVIII, que tan mal hizo las cosas, literalmente hablando, después de la cumbre absoluta del Siglo de Oro. Y ahí doy unos pasos, unos apuntes muy breves de algunos autores casi para olvidar. Menos alguna excepción, por ejemplo, un autor en el que yo reparo mucho y es para mí extraordinario, Diego de Torres Villarroel, que tiene una obra llamada Vida, con la que prácticamente sería el inventor, a mi modo de ver, de lo que hoy se llama tan pomposamente autoficción, con lo cual intento un poco compensar los grandes autores con otros necesariamente que hay que apuntar, pero que obviamente merecen un menor espacio.
Mencionas en el libro que buscas romper mitos. ¿Cuál es el mito más dañino que todavía enseñamos en las escuelas sobre nuestras letras o sobre nuestra literatura española?
Pues el hecho de que es inaccesible al lector. En todo el sistema educacional, político, sociológico, en esta época nuestra que nos ha tocado vivir, en la que predomina la ignorancia, y una ignorancia buscada además, acomodaticia, se ha impedido a las últimas generaciones de chavales a acceder a la gran literatura que tanto nos puede enseñar. Por ejemplo, sin ir más lejos la medieval y la renacentista. Yo ahora me estoy dando cuenta, precisamente al haber acabado el libro, que yo aún soy de una generación que solíamos abrir un libro y leerlo, y que solíamos aprender cosas de alta literatura en la escuela.
Eso se ha barrido por completo del sistema actual. Y más mitos que tienen que ver con famas o modas que imponen los críticos literarios o los historiadores de la literatura, y que son totalmente vulnerables y caprichosas. Tenemos el mito de García Lorca, que es un gran poeta con un fin terrible y trágico, que ha dado ríos de tinta y del que se ha aprovechado tantísimo el mercado editorial para sacarle morbo, para darle una contextura a él ideológica muchas veces, con lo cual se ha manipulado la obra de un gran autor.
Y sin embargo, por esos azares del destino, a un autor que, bajo mi punto de vista, es mucho mayor que Lorca y es contemporáneo a él, que es Miguel Hernández, no se le ha brindado una importancia semejante, cuando para mí es tal vez el mejor poeta que ha habido desde el Siglo de Oro en España, y además acompañado de que tuvo una vida tremendamente desgraciada, con una muerte, como sabemos, joven, en la cárcel, después de haber estado en otras cárceles durante años pasándolas canutas, siendo perseguido, ¿verdad? Entonces yo intento un poco, y sin prejuicios, tomar las obras tal cual podemos entenderlas y sobre todo traerlas a nuestro presente, por cuanto muchas de ellas nos pueden decir muchas cosas hoy que nos son muy valiosas.
En lo que acabas de decir de Miguel Hernández y Federico García Lorca, ¿puede ser que uno lo haya mitificado más el ser asesinado durante la Guerra Civil y haber tenido amigos como Dalí y Buñuel, y el otro ha pasado así a un segundo plano, y es menos conocido, aunque tuvo un gran reconocimiento con el disco que hizo Serrat? Un olvido también muy marcado por el régimen del momento, a lo mejor, ¿no? Todo eso ha favorecido que Federico García Lorca sea el gran poeta y Miguel Hernández sea el segundón, ¿no?
Sí, exactamente, pero todo obedece también a iniciativas culturales, ideológicas, como te decía, a modas, a sacarle partido de una situación trágica y apuntalar ahí como un estudio que tiene que ver con las dos Españas enfrentadas, con cosas extraliterarias. Yo intento circunscribirme a lo literario, y con ese tipo de asuntos manipulables se han cometido muchísimas injusticias. Por ejemplo, nosotros tenemos un Benito Pérez Galdós, que es un astro de las letras absoluto, y los autores internacionales, incluso los propios españoles, siempre destacan a Balzac, a Zola, a estos autores decimonónicos, sin pensar que muchísimas veces Galdós los supera. Y además tenemos a un Clarín, a Leopoldo Alas, con su novela La Regenta, que puede superar a muchas otras grandes novelas del XIX que se citan continuamente de Flaubert o de otros autores franceses o ingleses, ¿no? Es decir, también voy un poco a eso, efectivamente, a establecer por qué uno ha sido un segundón, porque no se lo merece.
Y siempre eso tiene una connotación de moda, de oportunismo de algunos críticos, de ignorancia de algunos críticos, ¿no? Y sobre todo también este deje extraño español tan nuestro de menospreciar lo propio y alabar a los extranjeros tan estúpidamente, que hace que tengamos a unos autores muchísimo más brillantes que otros de fuera del país, que también son obviamente notabilísimos. Pero está este marchamo de una literatura mayor que se ha empequeñecido a sí misma por una especie de complejo de inferioridad, ¿no? Y trato un poco de reubicar eso y, digamos, dar un valor a muchas obras que son, digamos, la quintaesencia de la inteligencia, del culto al arte expresivo y que nos dicen tantas cosas hoy en día solamente con abrir unos versos de San Juan de la Cruz o de Juan Manrique o de tantos otros.
En esto que estás diciendo, el menosprecio que muchas veces le damos nosotros a nuestra literatura, tenemos las hermanas Brontë o algún otro inglés y en cambio menospreciamos grandes autoras como Fernán Caballero, Pardo Bazán, que casi nadie las lee, es decir, prefieren antes un Cumbres Borrascosas, por decir solamente un título, que cualquier otro de una escritora española que tiene tanta fuerza o más que estas inglesas, ¿no?
Sí, claro, la propaganda cultural hace mucho daño y realmente algunas literaturas que se saben vender bien, como en el caso celebérrimo de Shakespeare, que obviamente era un buen poeta, pero el poeta bueno de la época era Christopher Marlowe, que tuvo una desgraciada muerte prematura. Shakespeare, más allá de sus virtudes, es un autor muy conservador en sus formas, era Marlowe mucho más innovador y ha sido, digamos, propulsado mediante la publicidad, y la publicidad es algo muy poderoso, que puede encumbrar un autor, el cine lo puede hacer, que siempre es tan ideológico, los ismos, en el sentido de que hoy, por ejemplo, ser mujer es una especie de valor añadido a la literatura; por ejemplo, en los años 90, yo recuerdo que ser joven era un valor en sí, si querías publicar algo. Son modas absolutamente volubles y estúpidas, no se puede decir de otra manera, que se van fuera de lo que a mí me interesa, que es lo puramente literario, me da exactamente igual quién firma la obra, de qué sexo es, o de qué edad, o lo que sea.
Pero ahora todo está regido por lo ideológico, por el enfrentamiento entre partes, y se buscan cosas que no son meramente artísticas, y en eso hay una hipocresía enorme, y además acaba siendo lo que acabamos pagando con impuestos los ciudadanos mediante un montón de campañas publicitarias o de departamentos que intentan atender a una autora, por ejemplo, pero no por destacar su valor o interpretarlo de manera inteligente, sino usando esa imagen de esa persona para crear algún tipo de incentivo feminista, ideológico, me da igual, ¿no? Es decir, nos estamos yendo a una deriva absolutamente estéril, porque esto también nos aleja de lo principal, que es interpretar bien las obras literarias, escriba quien las escriba.
¿Hemos sido injustos con Lope de Vega?
Muchísimo. Yo en el libro apunto que un autor inglés ꟷes el único que he encontrado en esto precisamenteꟷ destacaba a Lope de Vega como el que tenía que haber sido el Shakespeare de la época si hubiera tenido un apoyo propagandístico como el que tuvo Shakespeare. En la última página de su libro tuvo la decencia de decir que el gran autor de la época era Lope de Vega.
Y realmente, si leemos a alguno de sus sonetos, que a lo mejor escribió 1500 al lado de los pocos que escribió Shakespeare… realmente cualquier autor de la época a uno se le cae de las manos al lado de Lope de Vega y de su maravillosa manera de entender lo poético, de llevarlo a lo teatral y, digamos, comulgar con el gusto de la plebe, sacarle partido también, más que editorial, económico y teatral en aquel momento, y llega a unas cotas de expresividad poética inigualables, y además con unas innovaciones también extraordinarias dentro de este contexto maravilloso, gongorino, quevedesco, cervantino, que nos lleva a analizar con una profundidad, con una filosofía tan grande la vida, que cualquier pensamiento posterior de cualquier filósofo, incluso de cualquier escritor, se queda muy corto. Lope de Vega tendría que ser aquí para nosotros un Shakespeare abundante y lo hemos rebajado a una placa de una calle de Madrid.
Hablas del equilibrio de la actual literatura. ¿Es una cuestión de falta de talento o es un exceso del ruido comercial?
Es una amalgama de cosas, yo creo, porque yo detecto que cada vez la autoexigencia que un artista de la palabra debería imponerse brilla más por su ausencia. Se editan obras absolutamente mediocres y que no aportan absolutamente nada al río de la literatura, muchísimas veces incrustadas dentro de un cliché, ya sea novela histórica, novela policíaca; se publica una poesía que no va a desentrañar la condición humana y abordar las posibilidades del lenguaje y, por tanto, se queda en lo conservador. Creo que es una etapa bastante penosa dentro de nuestro panorama que no atiende a la innovación que ha de tener la literatura siempre. La literatura es un espacio de libertad, de búsqueda, de pensar de otra manera las cosas, de rompimiento de los prejuicios, de enfrentamiento al poder. Y eso creo que la literatura actual lo está desatendiendo muchísimo.
Pero, claro, todo eso obedece también al mercado editorial y también obedece a la degradación del público lector. Desde que apareció Internet todos somos más tontos. Es decir, la infinitud de conocimientos que nos puede brindar algo tan increíble, tan maravilloso como la red de redes, nos ha rebajado a espectadores de una pantalla y no podernos ya concentrarnos en las páginas o en la literatura. Eso, por supuesto, ha incidido en nuestros hábitos lectores y ha hecho que la literatura en mayúsculas, por completo, desde mi punto de vista, haya muerto.
¿En qué momento el libro dejó de ser un objeto artístico para convertirse, como tú dices, en un mero producto mercantil?
Esto lo dijo muy bien Germán Gullón, que desapareció hace unos meses entre nosotros, en un libro extraordinario y muy valiente, Los mercaderes en el templo de la literatura, yo creo que es del año 2005 o 2006, que publicó. Él analizó muy bien el declive, este declive del que hablamos, digamos, con el 2000 y con el hecho de que el consumo se había cambiado de lugar. La página había sido sustituida por la pantalla, eso había incidido ya en un punto de inflexión. La edad dorada de la literatura ya formaba parte del pasado. Y eso contribuyó a que nuestros hábitos, incluso de exigencia a un libro, sean menores.
Es decir, nosotros ya estamos acostumbrados a pedirle muy poco a un libro. Y, por lo tanto, ¿qué pasa con esto? Que cualquier obra premiada, cualquier obra impulsada por los poderes fácticos, por los medios de comunicación, por los premios, todo eso, sean obras que en absoluto tienden a mejorar nuestra capacidad de entendimiento de la vida o de ayudarnos a comprender que la literatura es un campo de expresividad poética, de indagación existencial, de un millón de cosas. Y creo que además esto no solamente es una anécdota, por cuanto a que ese punto de inflexión ya es definitivo, sino que no hay marcha atrás desde mi punto de vista, porque los poderes fácticos han decidido que la literatura no sirve, porque la literatura es un campo de reflexión, de pensamiento, de juicio crítico, de análisis personal, y eso a los poderes no les interesa.
Y por supuesto todos los gobiernos de turno querrán sacar la literatura porque es una manera de hacer pensar al individuo, y sobre todo darle herramientas para pensar por sí mismo con el lenguaje, con la capacidad lingüística que todos tenemos, y por eso en tantísimas épocas y en tantísimos países la literatura ha estado perseguida. Hoy mismo hay muchísima cancelación de obras literarias, como si fueran peligrosas. Con lo cual es un terreno ya en el que solo uno puede aspirar a individualmente seguir cultivándose como buenamente pueda, y si uno es capaz de alentar buenas lecturas con algunos libros, como este mío por ejemplo, si llega a algo o a alguien, pues ya con eso ya podemos quedarnos satisfechos.
La contestación que acabas de hacer es muy Orwell.
Es Orwell. Vivimos en este mundo orwelliano, efectivamente, en el que la vigilancia está siempre afectándonos, es un mundo kafkiano, en el que una pantalla, una cámara de seguridad, un ministerio de Hacienda siempre te está vigilando y siempre te está culpabilizando por algo, y por lo tanto también nos culpabiliza el sistema si nos atrevemos a hacer grandes obras, obras provocadoras, obras que vayan más allá de lo consabido, porque entonces no las van a publicar, no las van a premiar, no las van a destacar de ninguna de las maneras, porque son raras, incomprensibles, perniciosas.
Y estamos en estas. Tanto Huxley, como se suele decir, y como Orwell, como el autor ruso Zamiatin, el autor de Nosotros, que es un precedente de estas obras de estos autores ingleses, ya nos pusieron sobre aviso. Estamos en una sociedad de consumo, consumo rápido, fulgurante, un consumo en el que no hace falta pensar nada, y de ahí tantísima televisión totalmente típica y tópica y llena de clichés para que no nos hagan pensar.
Estamos en esta sociedad acomodaticia de consumo de dinero y en el que la culturalización de las nuevas generaciones es imposible, porque el sistema educativo ya no va a hacerlo, y los padres, como son hijos también ya de esta idolatría a la pantalla y a la satisfacción instantánea, ya no van a educar a sus hijos en el cultivo de las bellas artes, que realmente es la salvación a tener una vida trascendente, por decirlo pomposamente, para elevarnos a unas categorías de pensamiento y de expresividad que nos hagan un poco más inteligentes. Por lo tanto, efectivamente, es una sociedad orwelliana y silenciosa, porque ahora ya no hacen falta grandes cosas para cancelarnos o silenciarnos, ya la sociedad entera lo hace por nosotros.
Con lo cual, aquello que se decía antiguamente: que este hombre parece un hombre del Renacimiento, esto ya desaparece completamente, claro, porque se va a perder el oficio, se va a perder el pensamiento, se va a perder todo, con lo cual, por poner un ejemplo, un Leonardo da Vinci, es imposible que salga en el siglo XXI.
Sí, bueno, Leonardo da Vinci tenía su punto cutre, a él le encargaban muchas obras que no terminaba, se comprometía con un montón de trabajos que no llevaba a cabo, tuvo unas iniciativas tremendas. Yo hace poco estuve en Roma y vi un museo en el que estaban sus inventos, o sea, sus proyectos de inventos que nunca se llegaron a realizar. Era un hombre que estaba un poco a mitad de camino y tuvo esta gran suerte de que la Mona Lisa adquiriera una fama absolutamente descomunal, hiperbólica, y claro, para el imaginario colectivo, la cultura popular ya es un autor referente, pero ya no hay nadie que tenga esta capacidad para interesarse por determinadas manifestaciones culturales, ya sea la música, la pintura, la escultura, la arquitectura, no hay renacentistas ya, o los que hay se van a ir muriendo y van a desaparecer y en sustitución de ellos ya viene una generación meramente pragmática, muy imbuida de lo norteamericano, del consumo, de la ganancia económica, y por lo tanto yo no veo ahí nadie, no veo ninguna esperanza, por así decirlo, de que lo artístico sea una médula espinal nuestra de nuestra civilización y de nuestra manera de encarar el día a día. En ese sentido, solamente creo que se puede ser pesimista y lo único que podemos hacer es, como te decía, individualmente tratar de cultivar eso, quedarnos en ese huerto, ese huerto libresco, para intentar encontrarle un sentido también artístico a nuestras vivencias.
Después de todo lo que hemos estado hablando, ya sé la contestación que me vas a dar: ¿crees que la literatura española actual está a la altura del legado que recorres en el libro?
Claro, es una pregunta dura, que solamente puede tener una contestación muy dura. Yo realmente el siglo XXI lo reviso ahí de manera casi anecdótica porque no nos ha dado absolutamente nada de valor por ahora, con alguna excepción honrosa, por supuesto que las hay, pero en general ha sido una degradación continua y además todo esto se conecta con otro síntoma de nuestra decadencia como civilización, que es el narcisismo extremo, en el sentido de que tantísimos autores que con una obrita ya quieren ser el centro del universo, que con unos textos quieren ya ganar todos los premios, que con una cosa que ni se han revisado quieren que les publiquen y además ganarse la vida con eso.
Claro, ese tipo de ejemplos que son tan habituales hoy en día, en comparación con la vida además de mera supervivencia de nuestros autores del Siglo de Oro, que publicaron millones y millones de palabras, y además con una injundia verbal, con una métrica, con una capacidad de ahondar en todo…; hasta la última línea de cualquier prologuito de estos autores es una lección de inteligencia, de expresividad, y esa gente pasó vidas realmente peliagudas y aun así escribieron, escribieron, escribieron, manifestaron ese don verbal que les había dado la naturaleza, lo llevaron a puerto de una manera prodigiosa. Realmente si vemos todo eso, casi nos tenemos que sonrojar por el hecho de que nosotros nos creemos algo al lado de ellos.
¿Cuál es la lección más importante que el pasado le da a un escritor de hoy en día si se sienta frente a una página en blanco para iniciar una novela, un relato, una poesía, o lo que tú quieras?
Pues la modestia y la persistencia por cuanto el verdadero autor, si es grande, sabe que nunca va a alcanzar el propósito que se propuso, porque es inalcanzable siempre; siempre se puede mejorar, siempre se puede ir más allá. La permanencia, la persistencia, por cuanto uno tiene que trabajar, picar piedra duramente, de manera concentrada, sin tener expectativas, la única expectativa es llevar a cabo el desafío estético que te has planteado, y ese es el éxito de la literatura, individualmente hablando, y sobre todo el hecho de que uno siempre tiene que ir abriendo caminos, planteándose nuevos retos que supongan un desafío a las normas establecidas para romper patrones; una novela, una poesía, una novela teatral original es aquella que incide en el fondo y la forma.
Eso es absolutamente algo inexistente hoy en día, hay un conservadurismo estilístico enorme, y vemos cómo los premios, los más dotados, económicamente hablando, se los dan a escritores de una mediocridad aplastante que no han aportado absolutamente nada, como decía, a este frenesí de la literatura, que es tan vivo, tan acuciante; así que, si queremos, los grandes autores nos pueden dar mil y un ejemplos para convertirnos en escritores buenos nosotros; eso sí, hay que tener la humildad y el interés por conocer la historia de la literatura, eso es muy importante, porque uno es escritor cuando uno siente que se ha incorporado al río de la literatura.
Uno puede leer o escribir al margen, escribir porque así lo estima oportuno, le apetece, lo que sea, pero a veces uno ya se mete en ese río porque se siente que ya está dentro de la tradición, y para escribir hay que estar dentro de la tradición y por tanto conocerla, y por tanto si uno se quiere ver escritor o ser digno de llamarse escritor, cómo no va a entrar en La Celestina, en El Quijote, en Fortunata y Jacinta, en La Regenta o la poesía de Miguel Hernández.
Ahora te voy a poner en un compromiso: Javier Cercas ha dicho, recientemente, que su sueño es escribir un libro que pertenezca a todo el mundo como El Quijote; ¿qué te parece esta reflexión?
Bueno, pues es muy respetable cualquier opinión o cualquier aspiración que él tenga; es muy normal, muy legítimo querer hacer una gran obra, pero eso solamente es una frase retórica que no dice nada; las buenas obras no se anuncian, las buenas obras se escriben, y la mejor afirmación de eso para este señor sería ponerse a escribirla, y realmente que fuera tan buena que los demás la interpretáramos de manera loable, y que significara algo para nosotros.
Es un gran deseo de esas obras, de esas personas que dicen…, de esos cantantes que dicen: mi mayor aspiración es que yo tuviera una canción anónima, que nadie supiera que yo la he escrito, pero que ya hubiera calado en todo el pueblo, como el «Cumpleaños feliz»; eso es una afirmación que jamás me he creído, porque el cantante claro que quiere que reconozcan su buen nombre y apellido y todo eso; para mí eso es totalmente falsario; obviamente, cada uno es libre de tener sus ensoñaciones, y yo a lo mejor tengo algunas peores, pero en realidad la literatura es algo que se hace en silencio, en soledad, sin ningún tipo de autopromoción, aunque ahora sea inevitable, porque tenemos que vivir vendiéndonos, como si fuéramos meros productos nosotros, los escritores, pero la literatura de verdad se hace así, de esa manera se escribe, se escribe, se escribe, a pesar de los pesares, a pesar de la pobreza, a pesar de la soledad, a pesar del dolor, a pesar de la época censora, o de persecución en tantos países, por ejemplo en el orbe comunista; estos autores que escribieron y escribieron pese a todo, y que se jugaron el pellejo literalmente, nos tienen que dar un ejemplo de dignidad, y de entereza, de nobleza, frente a algo que ellos tenían que hacer, porque la llamada de lo artístico es muy poderosa, y uno tiene que atenderla; aquello que dicen que un talento es una gran responsabilidad, pues sí, claro que sí, si tenemos algún talento y queremos explotarlo, también tenemos que ser dignos de él, y en ese sentido el panorama para mí es desolador.
Y finalmente, tras leer tu libro, ¿el lector debería sentirse orgulloso, o más bien preocupado por el estado de nuestras letras?
Orgullosísimo, porque mientras haya alguien que coja un libro de Cervantes y lo abra, y encuentre esas maravillas que nos ofrece cada línea, pues habrá un motivo del que van a vanagloriarse; realmente estoy convencido de que si un lector empieza a interesarse por las grandes literaturas nuestras de otras épocas, y de otros países por supuesto, pero ya en el contexto nuestro español, encontrará un pensamiento que para mí es unívoco: ¿por qué no lo he hecho antes? ¿Por qué no he ido antes a estos autores? ¿Por qué no me he dejado maravillar? ¿Por qué no he pertenecido a esta tradición que tanto me puede aportar, y que tanto me enseña, que tanto me inspira, que tanto hace?







