«En una mesa junto al ventanal, la camarera, Adèle, fuma un cigarrillo. Se ha quitado los zapatos y apoya los pies sobre el banco 17corrido. Marie no toleraría este tipo de comportamiento por parte de ningún otro miembro del personal, pero hace la vista gorda con Adèle porque le recuerda a sí misma de joven.
En una amplia propiedad a las afueras del pueblo, una joven viuda, Lucette Barthelme, pega la oreja a la puerta de su dormitorio para determinar el paradero del ama de llaves; quiere poder bajar las escaleras y salir de la casa sin sentir la necesidad de dar explicaciones sobre sus idas y venidas. En el dormitorio situado dos puertas más allá por el pasillo, su hijo adolescente, Raymond, está sentado en una silla de respaldo recto leyendo Los 120 días de Sodoma.
Son las tres de una tarde de noviembre en Saint-Louis.»
Estas frases son de la novela Un caso de matricidio de Graeme Macrae Burnet, publicada por Impedimenta y que desde el 26 de enero está en todas las librerías. Es la tercera entrega de las aventuras del inspector Gorski, un libro elegante y perturbador donde verdad y ficción se confunden y la culpa cambia de rostro.
En la aburrida ciudad de Saint-Louis nunca pasa nada. O eso parece. Pero cuando el jefe de policía Georges Gorski recibe una inquietante denuncia de una anciana que asegura que su hijo, un escritor frustrado, planea asesinarla, comienza a desvelarse un panorama inesperadamente sórdido. Poco después, un empresario local aparece muerto en su oficina. El forense habla de un infarto, pero Gorski sospecha que alguien lo ha liquidado. Todo apunta a que algo oscuro se cuece en el corazón de la anodina ciudad alsaciana. Entre amenazas, mentiras, equívocos y desapariciones, Gorski va perdiendo el control. El hallazgo de un manuscrito titulado Un caso de matricidio, la muerte de una testigo clave en un accidente inexplicable y una confesión velada lo empujarán hasta un punto de no retorno.
Graeme Macrae Burnet nació en Kilmarnock, Escocia, en 1967. Antes de consagrarse a la escritura, fue profesor de Literatura Inglesa en distintas ciudades de Europa. Después trabajó como documentalista en la televisión escocesa. Su primera novela, La desaparición de Adèle Bedeau (2014; Impedimenta, 2021), lo hizo merecedor del Scottish Book Trust New Writers Award, y sirvió para presentar a los lectores al flemático inspector Georges Gorski, personaje que retomaría en 2017 con El accidente en la A35 (Impedimenta, 2023).Pero sería su tartan noir, Un plan sangriento (2015; Impedimenta, 2019), el título que lo lanzaría a la fama. Finalista del Premio Booker en 2016, el libro se convirtió rápidamente en un enorme éxito de crítica y ventas, y desde entonces se ha traducido a más de veinte idiomas. Su novela Caso clínico (2021; Impedimenta, 2022) fue uno de los 100 mejores libros del año según el New York Times. Graeme Macrae Burnet fue nombrado Autor del Año en los Sunday Herald Culture Awards de 2017. Actualmente vive en Glasgow.
Por Un caso de matricidio, su recién publicada novela, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Graeme Macrae Burnet para que nos la presente a los lectores de Qué Leer.
En primer lugar, Graeme, aviso que Un caso de matricidio es el único libro que he leído suyo (¡qué se le va a hacer, nadie es perfecto!). Dicho esto, aparte de felicitarle por lo que me ha gustado, querría decirle que sobresale la parte costumbrista, lo que el inspector Gorski come, bebe; cómo es la comisaría, cómo son los bares, su vivienda.
Lo que se me hace atractivo de una vida, una vida del día a día en un pueblo como Saint-Louis, que es un pueblo real, es lo ordinario. Me atrae el hecho de que el drama sucede dentro de la vida diaria, en interacciones que todos podemos tener en cualquier momento de nuestra vida. Es un poco encontrar el drama en lo no dramático.
Esto no es nada convencional para una novela de detectives, pero es lo interesante. Por eso están los detalles, porque la chicha de la novela, que no es el asesinato en sí, ni una escena grotesca ni sangrienta como tal, sino lo más interesante, lo que más enjundia tiene, es lo que sucede en la mente del personaje. Los detalles son lo que da textura a la vida del personaje y a lo que sucede en su cabeza.
Se habla de francos, al principio se habla de “cuando los nazis”, hay máquina de escribir, se fuma en todos los sitios (por supuesto, no hay móviles). ¿En qué año, más o menos, se enmarca Un caso de matricidio?
Cuando visité Saint-Louis por primera vez, una de mis primeras paradas fue un restaurante, Le Bistrot de la Poste, que es como el típico lugar en el que, en España, se tiene el menú del día. Es un sitio muy tradicional y [algo] que puedes encontrar en cualquier pueblo francés. Y estando ahí, me di cuenta de que tenía una sensación de que aquel era un lugar por donde el tiempo no pasaba, un lugar en el que nada cambiaba.
Entonces, cuando escribí la primera novela de la trilogía, La desaparición de Adèle Bedeau, lo que quería intentar conseguir era un ambiente en el que no estés muy seguro de cuándo están sucediendo las cosas.
Intuyo que podría ser entre los 70 o los 80, pero intento dejar de lado cualquier tipo de mención. Por ejemplo, no menciono los euros para no dejar una marca de un salto temporal que tú puedas fijar en una línea. Mi objetivo es la palabra inglesa timeless, como un lugar sin tiempo. Es lo que intento conseguir, aunque sí que es verdad que parece que la saga termina como en los 80.
[Graeme Macrae Burnett dice esto y, mientras la traducción se realiza, hace un gesto y añade a continuación:]
Esta primera visita que hice a Saint-Louis, que fue a este restaurante que te comento, fue en 2000. Y luego, cuando regresé para escribir el libro, que fue en 2010, fui al mismo restaurante y ¡comí exactamente lo mismo!
Era como si no hubiera pasado el tiempo por ahí en ningún sentido, que es lo que intento evocar, un lugar paralizado.
¿Tenía previsto que las investigaciones del inspector Gorski fueran tres libros, desde el principio?
Cuando escribí el primer libro, no tenía en mente hacer una trilogía porque, para empezar, ni se me ocurrió que alguien iba a querer publicarlo. De hecho, empecé a escribir el segundo libro [El accidente en la A35] antes de que se publicara el primero. Y ahí fue cuando empecé a pensar que sí que estaría bien que fuera una trilogía. Pero definitivamente no una serie, una saga de estas infinitas, porque me parece que en estas series que se alargan en el tiempo y tienen cien mil ejemplares, lo único que hace falta es darle al protagonista un nuevo caso y otro caso y otro caso. Y a mí, el caso en sí, no es lo que me interesa, sino que lo que me interesa es la psicología del personaje.
No me apetecía hacer una saga infinita, sino centrarlo en tres libros que conversarán entre ellos. De hecho, en la trilogía, hay un orden cronológico, pero realmente no es esencial que los leas en orden ni que los leas todos. Según como hagas la lectura, conversarán de una manera. Tú irás conociendo al personaje de esa manera.
¿Y qué hizo, Graeme, que, cuando aún no le habían publicado esa primera novela, se pusiese a escribir la segunda?
La locura.
La locura por un lado y, más en serio, por otra parte yo tenía la sensación de que aún no había terminado de agotar a los personajes, ni el ambiente, ni el pueblo, que aún sentía ganas de estar ahí como autor.
Cuando escribí el primer boceto, el más temprano, de la primera novela, Gorski era un personaje súper secundario y fue ya, cuando empecé a escribir la segunda, sin que nada se hubiera publicado de momento, que empecé a dedicarle más espacio al personaje de Gorski, empecé a construir mucha más información sobre su pasado. Y entonces, ahora sí, cuando se fue a publicar la primera novela y yo tuve que reescribir el manuscrito y tal, bebí mucho de lo que había construido en la segunda novela y le aportó mucha más importancia a Gorski como personaje, hasta que se hizo el protagonista.
Desde luego, lo que más resalta en Un caso de matricidio, en mi opinión, es la personalidad de Gorski, no porque sea un personaje especialmente brillante, que no lo es, sino por la manera con que usted lo hace atractivo al lector.
Te agradezco que lo pienses así, porque realmente la trilogía se llama la Trilogía del inspector Gorski, porque Gorski es primero un hombre normal y luego, aparte, es detective. Las investigaciones, el hecho de que esto sean novelas de investigaciones es casi como accidental. Lo que a mí me interesa es como persona, su historia, sus decisiones, que todas las decisiones que toma en el primer y el segundo libro le llevan a la historia de Un caso de matricidio, cómo vuelve a la casa de su madre, a dormir en su cama, a leer los libros de su padre, cómo vuelve a su origen.
Realmente es la historia de Gorski, la historia que yo pretende contar. Lo demás es accidental.
Otra cosa que está bien en su novela es cómo fija, en un momento dado, la acción y lanza miradas a tal o cual personaje y, a la vez, lo que ocurre en tal o cual sitio. Algo parecido a lo que hace el cine cuando divide el encuadre para mostrar simultáneamente dos o más puntos de vista. Así usted, Graeme, amplía el marco de la página del libro y crea una visión similar a la del ojo humano.
Sí, sé a lo que te refieres. Yo lo percibo un poco como si fuera una vista sobrevolando el pueblo, ¿no? Casi como si un pájaro fuera volando y pudiera ver los diferentes momentos. Incluso cómo interconectan: un personaje ve a otro personaje y luego ese otro personaje le ve a él también.
[Graeme Macrae Burnett hace una nueva pausa, mientras se sigue con la traducción, y añade:]
El primer y el segundo libro tienen un punto de vista dividido entre dos personas. En el primero es Gorski y otro personaje. Y en el segundo es Gorski y otro diferente.
En el tercer libro el punto de vista principal es únicamente el de Gorski. Lo que yo quería conseguir es que empezase a ser claustrofóbico, que estemos todo el rato dentro de su cabeza y no le dejemos, que sea agobiante.
Estos pequeños interludios que mencionas, de cambios de perspectiva, son como las pausas que nos permiten salir un segundo de la claustrofobia de la cabeza de Gorski, pero a la vez nos hablan de una claustrofobia diferente porque, al tener puntos de vista de la ciudad desde arriba, como desde un plano general, y ver los distintos personajes, que todos se van enterando, que uno sabe lo que ha hecho el otro, este tipo de cosas, transmite una claustrofobia diferente pero real, que es la de un pueblo pequeño en el que tú no puedes hacer nada sin que todo el mundo se entere de lo que estás haciendo.
Esto te permite como un respiro del punto de vista de Gorski, pero a la vez te genera un nuevo tipo de angustia. Un buen ejemplo es la escena en la que Gorski tiene su cabeza en la vía del tren; entonces pasa el tren y se hace el silencio. Inmediatamente se salta a otras escenas, por ejemplo a madame Beck, creo, despertándose, es otro momento que participa en la creación de tensión, porque no sabes qué tipo de silencio es el que se ha producido, no sabes qué pasó con Gorski.
Hablando de madame Beck, hacia la mitad de Un caso de matricidio, qué bien resuelta está la cena de Gorski con madame Beck.
Bueno, para empezar, a mí me encanta el personaje de madame Beck, que es un personaje muy tangencial en los otros libros.
Yo no planeo [esta escena] antes de escribir; me siento y escribo. De alguna manera, las conversaciones incómodas que iban teniendo Gorski y madame Beck iban generando una especie de atracción que no era planeada, pero al final llegan a esa escena que comentas.
A mí [lo que] me interesa de esta dinámica que se creó entre los dos, aunque no fuera planeada, es lo incómodo que se siente Gorski, porque es tan tímido y está tan reprimido, y cómo de esa incomodidad surge también una atracción y cómo [él] combate esas dificultades. Me parece muy interesante la importancia del alcohol en todo esto, cómo el alcohol juega como un personaje para una persona como Gorski.
Y también me ha parecido muy bien resuelta la parte final, con ese McGuffin “suave”, respecto a la madre del escritor frustrado, que oculta hacia donde realmente deriva su novela.
Para mí un McGuffin es otra cosa, es como un mecanismo para iniciar una historia. Pero, bueno, en general yo no tengo una intención deliberada de confundir al lector. De hecho, el libro se llama Un caso de matricidio y es lo que hay. Es un caso de matricidio. Es verdad que yo proveo de una trama que puede servir de maniobra de distracción, un red herring, una pista falsa. Pero me sorprende que todo el mundo se sorprenda del final del libro, porque para mí era algo evidente y no esperaba que la gente no lo viera venir. Pero ha sido así y yo no tenía intención de confundir al lector directamente, sino de distraerle narrativamente.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: (c) Impedimenta
INTÉRPRETE: Elena Iglesias
Graeme Macrae Burnet
Traducción de Alicia Frieyro
Editorial Impedimenta, 288 pp., 23,95 €
Tras La desaparición de Adèle Bedeau y El accidente en la A35, Graeme Macrae Burnet cierra con brillantez la trilogía del inspector Gorski: una novela negra hipnótica, psicológica y cargada de suspense, que se mueve entre Simenon y Patricia Highsmith, y que indaga en la violencia larvada que a veces se oculta tras las fachadas más anodinas.
En la aburrida ciudad de Saint-Louis nunca pasa nada. O eso parece. Pero cuando el jefe de policía Georges Gorski recibe una inquietante denuncia de una anciana que asegura que su hijo, un escritor frustrado, planea asesinarla, comienza a desvelarse un panorama inesperadamente sórdido. Poco después, un empresario local aparece muerto en su oficina. El forense habla de un infarto, pero Gorski sospecha que alguien lo ha liquidado. Todo apunta a que algo oscuro se cuece en el corazón de la anodina ciudad alsaciana. Entre amenazas, mentiras, equívocos y desapariciones, Gorski va perdiendo el control. El hallazgo de un manuscrito titulado Un caso de matricidio, la muerte de una testigo clave en un accidente inexplicable y una confesión velada lo empujarán hasta un punto de no retorno.








